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Críticas de "My fair Lady (Mi bella dama)"
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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horacio
Madrid (España)
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Su valoración:  |
29 de Julio de 2008 |
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Lo que hace sonreír también hace sufrir en esta obra teatral en la que un hombre de enorme talento como George Bernard Shaw (1856-1950), adalid de las causas sociales y de la defensa de la independencia de la mujer, no pudo modificar o no supo corregir el rumbo de la historia y de sus propios intereses sociales y sentimentales frente al irresistible y peligroso encanto femenino.
Otros dramaturgos sí se atrevieron a dar un paso más; por ejemplo, el sueco Strindberg (1849-1912) asegurando que la mujer era un demonio castrador del que había que huir de cualquier modo, o bastante antes el noruego Henrik Ibsen (1828-1906), quien nada menos que en 1879 planteó la independencia absoluta de la mujer en Casa de muñecas, probablemente la obra que da comienzo al considerado teatro moderno.
Pero el gran Bernard Shaw que había llegado a resolver satisfactoriamente para el sexo femenino disputas graves entre madre e hija en La profesión de la señora Warren (respetada burguesa tras años de prostitución de alto nivel), escribió Pigmalión aprovechando el mito griego de Galatea, bellísima escultura que cobra vida ante la pasión de su observador. En el manuscrito original de esta pieza teatral convertida en musical que se representa en todo el mundo constantemente, Bernard Shaw deja dos finales: el que todos conocen y otro, ideal, que nunca se representó (ver spoiler).
Quien vea la película se dará cuenta de qué hablo: cuestión de amor con pantuflas. Pero lo más importante es que el prototipo masculino, rico e intelectualmente sabio, es emocionalmente un adolescente maleducado que no sabe expresar sus emociones...
Y aquí que llega George Cukor, un hombre de vida sentimental homosexual que supo como nadie en el cine comprender y adorar a las mujeres, y es capaz de dar precisa, elegante, emocionante forma cinematográfica a esta obra aparentemente pueril y sin embargo profunda, bellísima en todas sus facetas e incluso en su dulce y amargo final.
La elección de la maravillosa Audrey como protagonista levantó ampollas, y justo resentimiento en gente como Julie Andrews que había hecho con éxito la función en el teatro, y todo porque Audrey no canta, hace playback de una chica cuyo nombre sale en algunos créditos en letra pequeña, cantante desconocida, claro está. Realiza una gran interpretación, pero no canta, algo terrible si se tiene en cuenta que, exceptuando un par de números musicales de conjunto y los dos cuadros a cargo del padre de la protagonista, todo el peso de la función está en manos de su voz... Pero la película es tan buena que sobrevive a barbaridades como esa: My fair lady, un delicioso paseo por el interclasismo, la picaresca callejera y el dolor de un bello, sincero y conmovedor amor... dependiente con un gran reparto y maravillosa partitura que todo el mundo puede tararear con facilidad.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En la obra original, GBS deja pendiente el final: el de esta película, que es el que siempre se ha representado, con el retorno de la muchacha a traer las pantuflas de su querido tirano cascarrabias y otro en el que ella no vuelve, se marcha libre al fin: un desenlace ya escrito en 1879 por Ibsen para Casa de Muñecas, pero que Bernard Shaw comprendió que estaba muy lejos todavía de la realidad social de la época.
horacio 
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Veniflu
Algeciras (España)
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Su valoración:  |
2 de Enero de 2008 |
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Aunque de argumento sencillo y nada complejo, lo que hace a esta película impresionante es la vida que le dan los actores a los personajes. Audrey Hepburn está algo "rara" de pordiosera, porque estamos acostumbrados a verla rodeada de Glamour en su época de juventud. Maravillosa banda sonora y música.
Veniflu 
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atlantico
Las Palmas (España)
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Su valoración:  |
8 de Julio de 2008 |
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Todo un gran musical, una historia divertida sobre el mundo marginal de Londres hace más de un siglo, donde las clases sociales estaban muy definidas de antemano. A parte de la historia social y lingüística que todos conocemos (es preferible oir las canciones en inglés con subtítulos, en mi opinión) , se ha hablado muy poco de un tema peliagudo que aparece levemente desarrollado durante la película y que al final de ella da claros brotes de intencionalidad. Me estoy refiriendo a la relación amorosa entre los dos protagonistas, y concretamente a las dos últimas escenas. Higgins (Rex Harrison) siempre aduce que no soporta a las mujeres, y Eliza (Audrey Hepburn) le aguanta todo tipo de desdenes. Se produce así un parelelismo entre la relación profesor-alumna inicial y lo que ustedes verán al final.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Son en estas dos últimas escenas donde el lenguaje da un giro inesperado, cargado de confesiones morbosas que no dejarán indiferente al espectador ante tanta sinceridad sexual. Una clara relación pasional y tortuosa al descubierto en la que parece que ninguno de los dos encaje en los deseos del otro, pero que finalmente queda resuelto por la atracción de los polos. Este final es una manipulación de su original, Pigmalión, donde no existe tal desenlace. Éste es más romántico y pasional pero oculta narrativamente una presunta homosexualidad de su protagonista, bien por cuestiones tanto contextuales de la época como del propio autor, Bernard Shaw. Creo que podrán encontrar algunas pistas de ello durante la película, y espero que la disfruten mucho.
atlantico 
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| 5 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Amor perro
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
4 de Agosto de 2005 |
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Me da igual que sea un absoluto clásico del cine, que ganara 8 Oscar, que tenga esa nota media, que muchísima gente la recuerde, que esté protagonizada por la gran Audrey Hepburn..., ¡sencillamente no la soporto!; por su cursilería, su conservadurismo encubierto, su ñoñería, su envejecimiento, su "encorsetamiento", sus bailes pesadísimos... y pasadísimos... y porque le quitó el Oscar a la genial 'Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?'.
Para musical romántico: ¡¡West side story!!; eso ya es otra cosa.
Amor perro 
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| 3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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My Fair Lady es un viejo barco que cruje peligrosamente. El paso del tiempo lastra su rumbo y es posible que un día se hunda en los bajíos de la crítica. El lastre está en su ñoñería, su machismo (según versiones), y sus números musicales, un poco pobres. Las velas que aún lo impulsan son su excelente producción, la interpretación (tanto de los protagonistas como de los secundarios) y, por supuesto, la historia de amor (que en los años 90 retomaría Pretty Woman) entre la chica pobre y el solterón rico. Los cuentos de hadas (casi) siempre funcionan.
Emilio Cappa Segis 
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