La gata sobre el tejado de zinc
8,0
23.484
Drama
La inminente muerte del anciano patriarca de una acomodada familia sureña crea una gran tensión ambiental. Uno de sus hijos, Brick, indeciso y apático, se refugia en el alcohol y se muestra completamente indiferente ante la situación, pero Maggie, su mujer, no está dispuesta a contemplar impasible su destrucción. El otro hijo, Gooper, al igual que su esposa, es ambicioso y oportunista. (FILMAFFINITY)
17 de febrero de 2008
17 de febrero de 2008
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
A 50 años de su estreno, no puedo encontrar esta película más vigente. Y es que ésa es una de las virtudes de las grandes películas: el no envejecer; así Richard Brooks consiguió hacer una de las mejores películas de los 50's en esta fabulosa adaptación de la estupenda obra teatral del talentoso Tennessee Williams.
Aquí hay de todo como en botica: envidia, resentimientos, desamor, hipocresía, ambición, frustración, celos, muerte....... y en medio de todo esto una mujer dispuesta a todo por salvar su matrimonio. Personajes inolvidables encarnados por un puñado de grandes y extraordinarios actores.
Elizabeth Taylor es la gata del título: sensual, aguerrida, pero frágil y vulnerable a la vez todo en una interpretación memorable que la hacía vislumbrar como una de las grandes actrices de la historia del cine. Paul Newman es su atribulado marido quien esconde un secreto que sumado a sus resentimientos le impiden ser feliz pese a que tiene todo para hacerlo, una delicia de personaje a quien Newman dota de gran humanidad y aporta tremenda credibilidad.
Aquí hay de todo como en botica: envidia, resentimientos, desamor, hipocresía, ambición, frustración, celos, muerte....... y en medio de todo esto una mujer dispuesta a todo por salvar su matrimonio. Personajes inolvidables encarnados por un puñado de grandes y extraordinarios actores.
Elizabeth Taylor es la gata del título: sensual, aguerrida, pero frágil y vulnerable a la vez todo en una interpretación memorable que la hacía vislumbrar como una de las grandes actrices de la historia del cine. Paul Newman es su atribulado marido quien esconde un secreto que sumado a sus resentimientos le impiden ser feliz pese a que tiene todo para hacerlo, una delicia de personaje a quien Newman dota de gran humanidad y aporta tremenda credibilidad.

Paul Newman & Elizabeth Taylor
El gran Burl Ives es el plato fuerte en una excelente actuación interpretando a Big Daddy, el patriarca de la familia que quiere controlar todo y a todos, pero que en el interior no es menos sensible que cualquiera de nosotros. La talentosa Judith Anderson interpreta a su amante esposa, tan perfecta que raya en lo insoportable al punto de tolerarle todo al marido incluso el gran desprecio que él en algún momento de la película le evidencia. En la contraparte figuran Jack Carson y Madeleine Sherwood como el hijo mayor del matrimonio y su esposa, cuya ambición desmedida puede llegar al punto de fomentar la destrucción de la relación de la pareja protagónica.
Perfecta por donde se vea, este es un film que seguirá perdurando.
Perfecta por donde se vea, este es un film que seguirá perdurando.
5 de abril de 2020
5 de abril de 2020
14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tenemos que hablar bien del señor Brooks, de los actores, del resto de técnicos, carpinteros y tramoyistas porque consiguen el reconocimiento de la crítica. Pero hasta ahí. Era lógico llevar al cine novelas de este escritor, Tennessee Williams, que tuvo su etapa de gloria pero que el paso del tiempo le fue relegando al puesto de actualidad; al olvido.
Y es lógico que haya pasado de moda porque estos dramas familiares del señor Williams no es que no lleven a nada interesante, es que además, como en este caso, el planteamiento tanto técnico como narrativo es cansino, encumbra el favoritismo, y da a la belleza una importancia primordial sobre los valores, ya que lo hace por medio de comparativas injustas. La belleza está bien, pero NO hay que comparar a nadie con nadie.
Para ello el señor Brooks te traslada ruido a mansalva y, a ese horrible estruendo de trompetas malsonantes y platillos chillones, les pone nombre y apellidos. Esos ruidos son fruto de los niños, de los nietos del viejo barrigudo, el grosero y zampabollos abuelo que no los soporta, unos inocentes niños que no hacen más que obedecer sin ningún ánimo malvado, pero tú, sufriente espectador, los tienes que aguantar de igual forma porque el señor Brooks no quiere que por algún motivo -que no va a suceder-, vayas a tomar partido por el hermano gansote, su horrible mujer, y los pelmas de sus hijos. Tú tienes que estar del lado del guaperas de ojos azules y de la imponente Elizabeth porque así lo dice el guion y no puedes salirte de él.
Y es lógico que haya pasado de moda porque estos dramas familiares del señor Williams no es que no lleven a nada interesante, es que además, como en este caso, el planteamiento tanto técnico como narrativo es cansino, encumbra el favoritismo, y da a la belleza una importancia primordial sobre los valores, ya que lo hace por medio de comparativas injustas. La belleza está bien, pero NO hay que comparar a nadie con nadie.
Para ello el señor Brooks te traslada ruido a mansalva y, a ese horrible estruendo de trompetas malsonantes y platillos chillones, les pone nombre y apellidos. Esos ruidos son fruto de los niños, de los nietos del viejo barrigudo, el grosero y zampabollos abuelo que no los soporta, unos inocentes niños que no hacen más que obedecer sin ningún ánimo malvado, pero tú, sufriente espectador, los tienes que aguantar de igual forma porque el señor Brooks no quiere que por algún motivo -que no va a suceder-, vayas a tomar partido por el hermano gansote, su horrible mujer, y los pelmas de sus hijos. Tú tienes que estar del lado del guaperas de ojos azules y de la imponente Elizabeth porque así lo dice el guion y no puedes salirte de él.

Paul Newman & Elizabeth Taylor
Pero ¡ay!, amigo, yo no soy un corderito y me doy cuenta que el hermano desagradable ha tenido hijos, unos niños que los cuida, los educa y con ellos busca complacer a su padre porque si algo va a heredar, va a ser para ellos. Sí, es interés, de acuerdo, pero si el grosero del abuelo no fuera tan cabrón (un cabezón increíble), él mismo debería percatarse que quienes cuentan no son los hijos suyos, ya creciditos y bastantes subidos de tono, los dos, si no que son los niños, sus nietos; esas inocentes criaturas son los verdaderos valores de la familia.
Admítelo. Brooks te ha engañado. Has aceptado a Paul y Elizabeth porque son guapos y resultones, mientras los cuñados son feos y la mujer cada vez que abre la boca sube el pan, es verdad, pero no es justo que estés contra ellos porque a la cuñada la pinten así, fea y acusica. Y lo demás es más de lo mismo en este peculiar escritor: Una discusión paterno filial, dar voces, llorar, suplicar... En concreto: Una película ruidosa, desagradable y de ambiente nepotista.
Admítelo. Brooks te ha engañado. Has aceptado a Paul y Elizabeth porque son guapos y resultones, mientras los cuñados son feos y la mujer cada vez que abre la boca sube el pan, es verdad, pero no es justo que estés contra ellos porque a la cuñada la pinten así, fea y acusica. Y lo demás es más de lo mismo en este peculiar escritor: Una discusión paterno filial, dar voces, llorar, suplicar... En concreto: Una película ruidosa, desagradable y de ambiente nepotista.
14 de noviembre de 2006
14 de noviembre de 2006
10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente mezcla entre el teatro y el cine. Gran actuación de Burl Ives y no menos de Paul Newman y Elizabeth Taylor. Un drama fuerte y real de la vida tomándola esta vez desde la clase alta, pero que igual nos toca a todos. Quien en cualquier parte de la vida no ha estado en ese túnel y no poder hacer nada ante las situaciones de la vida. Inmejorables diálogos y toda una clase de como hacer buen cine. Para verla varias veces y aprender de su maestría y vitalidad.
"Como puede ayudar un hombre que se está hundiendo,
a otro que también se está hundiendo"
"Los héroes del mundo real...
viven 24 horas al día,
y no las dos horas de un partido."
"Como puede ayudar un hombre que se está hundiendo,
a otro que también se está hundiendo"
"Los héroes del mundo real...
viven 24 horas al día,
y no las dos horas de un partido."
25 de marzo de 2011
25 de marzo de 2011
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
De entrada quería empezar diciendo que una película con un titulo tan sugerente como el de “La Gata sobre el tejado de Zinc” no puede defraudar y a fe que así ha sido.
Creo que la cinta de Richard Brooks puede considerarse como la mayor historia de trapos sucios jamás contada, al menos yo no había visto hasta la fecha semejante conglomerado de calumnias, imputaciones y achaques de tal calado como el que aflora de ese magistral guión (tiene doble mérito) adaptado para la gran pantalla proveniente de la obra de Tennessee Williams.
Desde el morboso comienzo en que el espectador no sabe muy bien cuales son los motivos por los que nuestro protagonista reniega del amor hacia esa espectacular Taylor hasta su esperanzador final, todo se va desvelando poco a poco. La película es un sinfín de diálogos y situaciones en los que la hipocresía reina a sus anchas, el significado de la codicia queda ejemplarmente retratado, la fidelidad otro tanto de lo mismo y por encima de todo, el encumbramiento de ese sentimiento paternal que parecía perdido y que aparece, te atraviesa, te conquista y acaba emocionándote sin remedio cuando deciden subir juntos la escalera. Todo ello es un único emplazamiento físico, esa espectacular residencia enclavada “al otro lado” del Mississippi que interactúa como otro personaje más, en el piso de arriba la habitación de Brick y Maggie, todo emoción, el de abajo para los reproches y el sótano.. ese sótano es puro sentimiento.
Creo que la cinta de Richard Brooks puede considerarse como la mayor historia de trapos sucios jamás contada, al menos yo no había visto hasta la fecha semejante conglomerado de calumnias, imputaciones y achaques de tal calado como el que aflora de ese magistral guión (tiene doble mérito) adaptado para la gran pantalla proveniente de la obra de Tennessee Williams.
Desde el morboso comienzo en que el espectador no sabe muy bien cuales son los motivos por los que nuestro protagonista reniega del amor hacia esa espectacular Taylor hasta su esperanzador final, todo se va desvelando poco a poco. La película es un sinfín de diálogos y situaciones en los que la hipocresía reina a sus anchas, el significado de la codicia queda ejemplarmente retratado, la fidelidad otro tanto de lo mismo y por encima de todo, el encumbramiento de ese sentimiento paternal que parecía perdido y que aparece, te atraviesa, te conquista y acaba emocionándote sin remedio cuando deciden subir juntos la escalera. Todo ello es un único emplazamiento físico, esa espectacular residencia enclavada “al otro lado” del Mississippi que interactúa como otro personaje más, en el piso de arriba la habitación de Brick y Maggie, todo emoción, el de abajo para los reproches y el sótano.. ese sótano es puro sentimiento.

Jack Carson & Elizabeth Taylor
Vista la película, uno piensa que no se podía haber elegido a otros protagonistas que no fueran Newman y Taylor, al menos, mi imaginación no alcanza a sustituirlos. Newman borda ese personaje tenue, frustrado y confuso y Taylor derrocha sensualidad y coraje a partes iguales. Pero señores, si por algo recordaré eternamente esta cinta es por ese fenómeno de nombre Burl y apellido Ives. Si algún día alguien me pide un ejemplo sobre el significado de “comerse la pantalla” le recomendaré fervientemente que vea al patriarca. No tengo palabras, de verdad.
En definitiva, una enorme disputa familiar, tres interpretaciones magistrales (de las que marcan por la humanidad de sus personajes), un guión para la historia en el que cada uno intenta buscar “su verdad” y una escena, esa preciosa y emocionante conversación en el desván entre padre e hijo que finaliza con la subida por la escalera, portentosa (la película entera).
PD. Por gustarme, me gusta hasta el sudor que empapa a los personajes en los 108 minutos de metraje.
En definitiva, una enorme disputa familiar, tres interpretaciones magistrales (de las que marcan por la humanidad de sus personajes), un guión para la historia en el que cada uno intenta buscar “su verdad” y una escena, esa preciosa y emocionante conversación en el desván entre padre e hijo que finaliza con la subida por la escalera, portentosa (la película entera).
PD. Por gustarme, me gusta hasta el sudor que empapa a los personajes en los 108 minutos de metraje.
23 de abril de 2011
23 de abril de 2011
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El duelo de actuaciones entre Liz y Paul, son memorables. Esas miradas de ojos zarcos, a veces re huyentes, a veces incisivas como lancetas, a veces frías y gélidas, otras ardientes; son un legado visual de una danza, de un rito de dos bellos animales que se mueven sobre las tablas calientes, no de Zinc, sino de oro fundido, al rojo vivo. Liz y Paul se han ido. Ha caído el telón. Y nos queda la sensación de que la belleza superficial, física, aparente… siempre esconde una caja de pandora de donde afloran las mas devastadoras emociones, tan funestas que eclipsan toda belleza exterior. Como una radiación maligna que marchita la flor del espíritu. Quiero recordar hoy la belleza de la reina Cleopatra del cine y de la apostura y Paul prototipo del “sueño americano” encarnado en esa mirada que conquistaba la cámara en fracciones de segundo.
Obra inolvidable surgida de la mente neurótica de un genio… un dramaturgo llamado Tennessee Williams.
Se escucha la melodía de “La Dernière valse” en una residencia hermosa de Connecticut y Paul Newman va al Olimpo de los dioses del cine, lo mismo que Liz Taylor, quien de vez en cuando visita su amado Puerto Vallarta. Ya que una parte de ella se quedó ahí… y otra en nuestros corazones.
Obra inolvidable surgida de la mente neurótica de un genio… un dramaturgo llamado Tennessee Williams.
Se escucha la melodía de “La Dernière valse” en una residencia hermosa de Connecticut y Paul Newman va al Olimpo de los dioses del cine, lo mismo que Liz Taylor, quien de vez en cuando visita su amado Puerto Vallarta. Ya que una parte de ella se quedó ahí… y otra en nuestros corazones.
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