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Amores perros

Drama En Ciudad de México, un fatal accidente automovilístico afecta trágicamente a tres personas. Octavio, un adolescente, decide escaparse con Susana, la esposa de su hermano; el Cofí, su perro, se convierte en el instrumento para conseguir el dinero necesario para la fuga. Al mismo tiempo, Daniel, un hombre maduro deja a su esposa y a sus hijos para irse a vivir con Valeria, una hermosa modelo. El mismo día en que celebran su nueva vida, ... [+]
Críticas 171
Críticas ordenadas por utilidad
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10
15 de noviembre de 2008
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Plagada de imágenes fascinantemente crudas, un brillante guión, actuaciones poderosas y una música nada despreciable; aparece "Amores perros". Una película que rompe los prototipos establecidos, no se deja engatuzar por el cine comercial, se crea su propia historia de una manera asombrosa. Cuentos urbanos que dejan plasmada la realidad de las entrañas del ser humano, historias ensombrecidas que estan unidas por los hilos de una urdimbre que destila sangre. Una crítica directa a las bajas pasiones humanas(ambición, frivolidad, sexo...)las cuales los convierten en esclavos de sí mismos. La película transcurre de brillante manera, en ningún momento llega a aburrir, las imagenes dicen mucho: dejan impactado. Si quieren ver buen cine esta es la cinta indicada, es imprescindible y algunas escenas entran dentro de una obra maestra.
10
26 de febrero de 2008
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película rescata al cine mexicano, una verdadera joya, nos muestra el lado débil de las personas sin importar sexo, religión o posición social, la tragedia es igual para todos.

Es como estuvieras viendo tres películas en una sola, algo totalmente innovador y diferente llegando a una situación fatal que hace que se enlacen estas tres historias.

Mi historia favorita fue la segunda, la historia de Daniel, personificado por el gran actor Álvaro Guerrero, y Valeria (Goya Toledo), nos muestra como de una vida llena de glamour y reflectores te puede llevar en un instante al su lado opuesto, al rechazo social y fracaso profesional, pero una historia llena de amor y pasión.

Una película que nos lleva de la euforia a la reflexión para así llegar a la entera satisfacción del público.

Cuenta con un gran libreto, una gran dirección y sobre todo de una brillante actuación por parte de todos los actores participantes en esta ópera prima. En verdad vale la pena verla.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La parte que logró conmoverme fue cuando Daniel busca al perro de Valeria y empieza a romper el piso, fue una actuación realmente perfecta por parte de Alvaro Guerrero.
10
7 de junio de 2005
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película es desde su primer fotograma un mazazo cruel, irritado, de una crudeza que no se da desalojado del todo de la mente del espectador, pues incluso en los pocos momentos dulces que tiene, la angustia siempre asoma por la rendija.
Con una vigorosa secuencia de arranque que nos transporta por un México DF caótico y brutal (estamos en pleno tiroteo) llegamos a un accidente que será el nexo de unión entre tres historias totalmente diferentes, pero que comparten la crueldad de un destino que se ceba en cada uno de esos personajes, que quitados de ese anonimato se hacen universales.
Es curioso como siendo una historia muy localista, enseguida te metes en la piel y en las entrañas de cada uno de los protagonistas. El mérito de González Iñarruti es apartar los pudores, sin juzgar ni condenar, para que el espectador quite sus propias conclusiones de lo que le va a mostrar durante las próximas dos horas.
Con tres historias diferentes, podría ocurrir que una parte estuviera mejor que otra; pero están trenzadas tan magistralmente que nada falta y nada sobra. El amor no aparece aquí como un bálsamo redentor, sino como una tregua débil, en ocasiones interesada, en la despiadada lucha que sostienen. La visión es pesimista, de una negrura abismal, pues ninguna de las capas sociales que aparece en la película logra salir de ese círculo vicioso de “ser un lobo para el hombre”. Sin embargo, las tres historias son hermosas, de una lírica perturbada pero llena de una verdad indiscutible. Parte de este mérito corresponde a los actores, todos ellos llenos de una intensidad tal que, en ocasiones, tienes la impresión de que “no estás viendo una película”, sino asaltando la intimidad de una vida. Aparece Gael García Bernal que en una mirada expresa más que muchos en largos parlamentos y gestos; Goya Toledo está estremecedora. En mi opinión es la que mejor está en toda la película ya que su papel es el que sufre el proceso más devastador de todos pasando de la dulzura del papel couche a la desolación de su abandono. El terceto protagonista se completa con Emilio Echevarría, interpretando al “Chivo”, un idealista de todas las revoluciones que cambio la lucha armada por el crimen. Su caracterización es sorprendente. No es una labor de maquillaje, sino que parece recién cogido de la calle, pues tiene todas las heridas y la rabia de esos perros abandonados que permanentemente le acompañan.
Emilio Echevarría
Todo esto estructurado de una manera sorprendente, casi imitando a la vida, pues en esta estructura episódica habrá, aparte del nexo del accidente, otros vasos comunicantes que siendo casuales, refuerzan las historias y aumentan el alcance, como si todos nosotros formáramos parte de esa lucha.
Obra maestra absoluta.
9
6 de octubre de 2006
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Había oído y leído muy buenas palabras sobre esta película y este director, pero cuando vi “21 gramos” (film que me decepcionó) hace ocho meses, reconozco que eliminé “Amores perros” de la Lista de Espera de mis Próximas Pelis a Ver. Acabo de verla y tengo que aceptar que es una buena película, muy dura y no excesivamente violenta. Son tres historias contadas con un ritmo magistral, sin decaer ni un solo segundo. La vi embelesado, sin un parpadeo. Casi dos horas y media de verdadera atención a la pantalla y eso sólo lo consigue el verdadero buen cine. Espero que Iñárritu continúe por este camino y no se deje mangonear por productoras y actores made in USA.
10
9 de noviembre de 2007
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sublime película que crea un paralelismo entre el perro y el hombre llegando a la conclusión que el hombre no es más que un sucio perro que actúa por impulsos sin llegar a utilizar el cerebro o la capacidad de decidir que le ha sido naturalmente otorgada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se crea un paralelismo entre el personaje, que mata por dinero, y su perro y queda recogida la dicha de que "cada perro se parece a su dueño", típico tópico, sin duda, que en este caso es relevante no pasar por alto.

Es necesario, para hacer reaccionar al personaje, un hecho crucial, como lo es la muerte a manos de su perro de sus otros fieles compañeros, que le hará verse reflejado en su perro y por el cual cambiará su modus vivendi.

Magnífica escena que plasma sublime y sutilmente la manera en que un factor externo llega a tergiversar toda una vida aunque, sea dicho de paso, en este caso es necesario para la toma de consciencia que experimenta el personaje de los derroteros por los que ha sido encauzada su vida.
En una primera lectura el hecho en sí puede ser percibido como una lástima y se puede, como el vagabundo, sentir una terrible ira y un odio que puede desembocar en expulsar al factor externo de nuestra vida. No obstante, tras una inspiración profunda, el personaje cae en la cuenta de que todo aquello no es más que una mera imagen de él mismo. Un mercenario que mata por ser su oficio y, como en todo oficio, el hombre es el responsable de adiestrar, por una parte, y de compensar el esfuerzo con una compensación económica.
Gael García Bernal
Tanto él como el animal, han sido adiestrados para matar. La única diferencia estribe en la causa. La suya, directa (le pagan los humanos para que mate) la del perro, indirecta, los humanos lo utilizan como herramienta y como fuente de ingresos en las peleas de perros callejeras. El caso es que ambos han desarrollado un instinto asesino automático sin cuestionarse el porqué de sus actos, sin ir más allá en sus reflexiones.

La vida te va llevando hacia un sitio u otro pero el dejarse llevar depende se uno mismo. En el caso del perro, el animal actúa por impulso, es el de supervivencia pues mata o le matan, el hombre no. Es la mayor diferencia entre el uno y el otro, la capacidad de razonar. No obstante, los humanos son pintados como meros animales que se abandonan al tiempo y a los hechos que van sucediendo. Sucumbimos a las presiones externas. Aprendemos a reaccionar en función de unas pulsiones y de unos impulsos que la sociedad trata de enmascarar con la supuesta civilización pero que, al final, al ser inherentes al ser humano o al ser vivo, acaban por salir o manifestarse de un modo u otro. Y, de repente, te encuentras en el ocaso de tu vida, maldiciendo tu pasado, arrepintiéndote por haber tomados ciertas decisiones, lamentando haberlas adoptado a oscuras o bajo el influjo de unas emociones no educadas y que no han sabido gestionarse adecuadamente.

Con esta escena, se nos comunica que cada uno es artífice de su propia tumba. Pocos son los que se dan cuenta de esto a tiempo. Pocos son los que llegan a parar la inexorable, y aquí recojo una visión Lynchiana de lo que es el mundo, rueda de la vida.
El resto, como vemos al final de la película, perros nacieron y perros permanecerán.
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