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| Léolo |
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| Jean-Claude Lauzon |
(1992)  |
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| 19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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paki
Madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Enero de 2010 |
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No le pongo un diez porque no es bueno revolcarse en la tristeza. Ni disfrutar tanto con ella como yo lo he hecho al ver esta película. No le pongo un diez porque me he mirado en el espejo de ese niño y me he reconocido ahí detrás. Me he recordado hace mil años cuando la niña que me miraba era pálida, fea, larguirucha, cuatroojos y sabihonda; y yo la quería linda, dulce, simpática y popular. No le he puesto un diez porque he reconocido a mi madre y mi padre y mis abuelos y mi hermana y primos y todos los seres maravillosos e inolvidables de mi infancia que nunca supe reconocer y querer en la medida que se lo merecían, que era inconmensurable. No le pongo un diez porque no me di cuenta que la imaginación eran unas gafas mal graduadas que idealizaban el mundo de los sueños, engrandeciéndolo, mientras me hacían la realidad tan pequeñita y desenfocada que nunca pude disfrutar de ella. No le pongo un diez porque, con los años, yo también me he perdido en la cordura, y no he sido capaz de mantener viva a la niña que fui: la que leía con la luz de la nevera o la linterna debajo de la manta; la que se enamoraba del vecino porque era idéntico al Ulises de vuelta a Ítaca, del dibujo marrón-azul de su libro preferido; la que cruzaba todos los días los puentes de su barrio de "entre vías" como si fuera una espía del orient express entre Estambul y París; la que iba en autobús con su madre, a visitar al médico, sintiéndose una pionera del viejo y lejano oeste; la que bailaba el lago de los cisnes en el descansillo del tercero mientras aplaudían los millones de sabanas de la casa de enfrente. Y la que escribía todo eso. Sin destino. Escribir para que nadie lo lea, solo para crearlo y recrearlo en el fondo de tu cabeza, dentro de un armario o en el fondo del mar... Lugares llenos de luz donde uno estaba a salvo y no acechaba la vulgaridad, la miseria, la rutina, la enfermedad o la locura. Ni el miedo. Lugares donde uno era libre.
Y no le pongo un diez porque, entre los sueños y la realidad, caímos en una tierra de nadie donde flotamos a la deriva, pero solos no, Léolo, yo contigo y tu conmigo. Tu te pareces a Ulises y yo soy una chica morena de finos tobillos que sabe canciones de islas blancas en medio del mar azul...
paki 
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| 29 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
24 de Marzo de 2007 |
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Léolo zarandea el intelecto del espectador desde el primer minuto de metraje, sin apenas darle tregua. Su particular poética surge de la capacidad dialéctica que le permite a Lauzon orquestar y dar sentido a una película que alterna secuencias tremendamente crueles y sórdidas con otras imbuídas de una belleza y un sentimiento absolutamente embriagadores.
Si todo ello lo aderezamos con un ligero toque onírico ( a ratos surrealista ) nos situaremos sin grandes dificultades en el prisma de este pequeño rebelde, cuyas experiencias preadolescentes adquieren el relieve de un auténtico manual de supervivencia en un entorno social y familiar verdaderamente lúgubre y deprimente.
Puede que Léolo no sea una obra maestra, pero se le acerca.
Taylor 
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| 16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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AGF
Noplace (Togo)
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Su valoración:  |
23 de Diciembre de 2008 |
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Era un buen cinéfilo, con mucha geta. Con mucha geta, porque yo tenía un bono para nosecuántas películas y cerró el videoclub sin que yo pudiese gastar ese bono, y sin darme una alternativa. Ese hombre me debe dinero. Pero era un buen cinéfilo, porque me aconsejó Léolo...
Léolo es una de esas películas mágicas, con vida propia. Con alma. Es un tristísimo retrato, filmado a la perfección, sobre un niño. Su historia. La retorcida e inolvidable historia de su infancia. Ante nosotros desfilan, durante toda la película, acontecimientos y personajes peculiares a más no poder. Únicos. El chavalín clava su papel. Hay momentos (esa reunión de chavales en la que aparece un gato de por medio...) que dejan a uno clavado en su asiento, inmóvil y, supongo, con cara de gilipollas. Léolo no tiene tabús. Y, a pesar de lo triste de su historia, hay lugar para un humor tan entrañable como el resto de la película.
Dedicada al dependiente del videoclub: eres un cabrón, pero tus consejos cinéfilos fueron útiles. En el 'videotiendas' el personal es mucho más distante... capullo.
AGF 
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| 13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kiss_army
Palencia (España)
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Su valoración:  |
30 de Junio de 2009 |
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A Léolo no le gusta su entorno. No es para menos ya que éste es exageradamente sórdido. A Léolo tampoco le gusta su padre; es un obeso bastante repugnante obsesionado con la mierda (literalmente). A Léolo no le puede gustar nada de esto porque es un niño soñador; pero precisamente, como es un niño soñador poco le importa su entorno, poco importan su padre o su disfuncional familia. Aunque su familia entera se vuelva loca él no. Porque sueña. Porque sueña no está loco. Y entonces su entorno es verde e idílico; y su padre es un campesino italiano; su apellido no es Lauzon sino Lozone; y Bianca, su amor, su único amor, canta como los ángeles.
Léolo tiene un libro y está solo. Léolo escribe y aunque está solo alguien lee lo que escribe. Poco importa que ese viejo domador de palabras nazca de su imaginación: éste recoge, lee y colecciona sus palabras, y eso es lo verdaderamente importante. Así esas palabras no son lanzadas al vacío. Léolo además está en deuda con el domador, pues éste, inconscientemente le regaló su libro, su único libro, dejándolo debajo de la pata de una mesa.
Tom Waits canta "Cold cold ground", unos tales Rolling Stones también meten ruido, y mientras, Léolo sueña que su amada vecina Bianca no se somete a las perversiones de su abuelo a cambio de dinero o que su hermana es una reina mientras su familia al completo va hundiéndose en una demencia irremediable.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Que una minúscula piscina sea un océano lleno de tesoros dispuestos a ser descubiertos no significa que no exista la decepción. Que tu hermano se halla convertido en 100 kilos de puro músculo no significa que no le pueda dar una ostia el tío que ya lo hizo cuando pesaba 60. Y quizá no es que Léolo no esté loco porque sueña; sino que sueña precisamente para no volverse loco. La realidad, los hechos concretos (por ejemplo el miedo en el caso de su hermano) se imponen, y si estás rodeado de mierda tarde o temprano acabarás hundido en ella. Y eso le ocurre a Léolo. Como buen Lauzon (que no Lozone) acaba en el psiquiatrico, porque a pesar de soñar también está loco. Y eso duele. A nadie le gusta reconocer que el sueño a terminado. Pero... ¿quién sabe?; quizá Léolo acabe instalado para siempre en ese sueño idílico; pude que ahora esté corriendo agarrado de la mano de Bianca por los verdes campos de la Toscana. Al menos así es como me gusta imaginármele.
La película no tiene un hilo argumental definido, más bien es un retrato de Léolo ofrecido en forma de una sucesión de estampas que presentan su decadencia, su caida a la locura, la desesperanza, la desolación que supone que la realidad acabe imponiéndose y desbarate nuestros sueños violentamente, como un castillo de naipes, dejándonos desamparados, pues siempre la imaginación será más hermosa que la realidad. Por eso Léolo es una película necesaria; porque a pesar de todo, además de amarga es hermosa. Y esto es algo que no se puede decir de muchas películas, a pesar de tener éstas un envoltorio mucho más luminoso y deslumbrante. Pero una vez quitado su precinto de luces de neón no queda sino la nada más absoluta. Léolo puede ser sucia, cruda, terrible, descorazonadora, como hecha por un Jeunet sórdido y escatológico; pero no se le puede negar su arrebatadora belleza. Decía un personaje de Oscar Wilde algo así como: "todos estamos en la cloaca, pero algunos de nosotros miramos a las estrellas". Léolo vive en la cloaca más inmunda, pero vive absorto en las estrellas más inalcanzables. Qué pena que esto no le sirva para evitar la locura, la caída en el abismo. Película desoladora y hermosa: poco más se puede añadir.
kiss_army 
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| 19 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Saruman hace un orco y luego hace un (Uruguay)
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Su valoración:  |
9 de Agosto de 2009 |
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Ah, pero qué difícil es describirla. Hay que leerla no como una frase poética, sino como lo que debería haber sido escrito en los puntos suspensivos con los que concluye. Quizás si dijera que el acto de verla es como el acto de abrir libros al azar para capturar palabras y frases por el simple placer de escuchar el sonido del lenguaje, a lo mejor podría acercarme a una definición que pudierais entender antes de verla. Pero no, quizás no. Hay que verla y empaparse; hay que oponer una voluntad de fiera poesía a la evidencia narrativa, prepararse para lo nunca visto, lo nunca oído. La mierda y la belleza, la música y las moscas, lo puro y lo grotesco.
El agua. Ella. La blancura. El sueño. La fuerza. El placer.
Y sobre todo, él:
"Y si sus pies callosos sobresalen, lo hacen
para mostrar hasta qué punto está fría y muda
Deja que la lámpara concentre sus rayos.
El único emperador es el emperador de los helados"
Neathara 
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