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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Danielle
Salamanca (España)
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Su valoración:  |
27 de Septiembre de 2008 |
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Yo siempre digo que el cine ha de sentirse con el corazón, y no siempre se ha de percibir con la mente. Es decir, que para mí el cine es algo puramente sentimental, algo más que un proceso mecánico en el cual se ponen en marcha todo tipo de tecnologías y expertos. Por eso, mi método de puntuación es tan personal, y por eso, supongo, no tengo ningún alma gemela.
Porque yo veo las películas con el corazón, más que con la mente. Porque prefiero que una película serie B me emocione a una superproducción, superalabada que contenga sentimientos de cartón-piedra y caducados por lo tópico en el asunto. Algo así me pasa con El club de los poetas muertos; mi mente me dice que no se merece el 10, pero mi corazón sentencia todo lo contrario con una fuerza inusual.
Reconozco que algunas partes de la película son un poco histriónicas, exageradas y que no mantienen el nivel completo. Pero la enseñanza que nos propina (aquí entra en juego mi corazón) es tan bella, está tan bien contada y es tan cierta que no puedo sino obviar esos minúsculos fallos que en otras películas bajarían un poco la nota. Por supuesto las características de la película son excelentes: fotografía, vestuario, música... Y es entretenidísima.
Y como no hablar de las actuaciones. Ese Robin Williams que nos robó el corazón y que hizo que todos nuestros profesores palidecieran ante su único método de enseñanza. La mejor actuación de su carrera, y la mejor representación de la historia del Cine de un profesor (y eso que hay muchas). También estaban los jóvenes: ese Robert Sean Leonard, un rebelde y soñador que al final nos partió el alma a todos los espectadores, el encantador Ethan Hawke y demás de jóvenes que dieron vida magistralmente a un grupo de estudiantes de mentalidad romántica, de esos que en la vida real apenas encuentras. Excelente.
El final me rompió por la mitad, me desconsoló, me bajó los ánimos, me hizo odiar al guionista..... y me parece excelente, y nada fuera de lugar. Peter Weir es un buen director y este, es, sin duda, su mejor trabajo. Una obra maestra imperfecta, pero imperecedora. Bellísima y entretenida. Única. Porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Danielle 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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manuel
Zürich-Varsovia (Polonia)
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Su valoración:  |
30 de Abril de 2009 |
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El club de los poetas muertos ha sido una película que marcó a una generación de adolescentes y a todo aquel que la sabe ver con buenos ojos.
Con su frase famosa, todos aprendimos algo de latín y el valor de esta frase, Carpe Diem, aprovecha el momento.
Si se ve la película con 15 años entusiasma, te dan ganas de leer poesía y de lanzarte a la vida, con ganas de todo, si se ve con 25 años, los estudiantes te empiezan a parecer un poco tontos pero te sigue pareciendo acertado la base moral de la película y cuando se vea con 35 años, ya os contaré.
La he visto varias veces, me la se de memoria y a pesar de que haya evolucionado como persona, me sigue pareciendo una película imprescindible, sobre todo por la base moral que esta encierra.
Un drama universitario, cierto es, pero con valores humanos eternos, vivir y disfrutar del momento, saborear el arte, la amistad, el amor, luchar por los ideales sin perder la cabeza, amar la vida y de todas esas cosas que esta nos pueda dar, en fin, Carpe Diem, una frase que nuestros adolescentes llevan a punto extremo, haciendo perder la esencia principal y el valor de dicha frase acabando en un drama innecesario.
Claro está que la película busca inculcar la lucha por la esencia del individualismo, en contra de la mente conjunta, mentes librepensadoras en contra de la tradición, una tradición que busca una mente conjunta, una mente que no piense por sí sola.
La esencia de la película es muy compleja y eso es lo que hay que buscar, los valores eternos que en sus diálogos entre maestro y alumno hay, valores muy humanos y en mi opinión, muy correctos.
Esa es la genial esencia de esta película dirigida a unos adolescentes, un drama universitario más complejo que en lo que apariencia pueda parecer.
La película a su vez está muy bien ambientada y dirigida al igual que actuada, cosas necesarias para llegar a un buen fin, trasmitir un buen mensaje, Carpe Diem.
Los cuatro pilares, alumnos jóvenes, un profesor demasiado para aquellos pobres jóvenes, un todo inolvidable.
Un profesor o su “capitán” será la cabeza central de alumnos muy diferentes entre ellos, personajes muy bien definidos para llegar a un mismo fin, trasmitir un mensaje conjunto.
A su vez la película sirve de crítica para aquellos centros escolares donde parecen ser más prisiones que otra cosa, una crítica muy dura a ese sistema educativo, bastante pasado de moda, un sistema manipulador y controlador, un poco…comunista.
Para mí una película todavía muy querida e inolvidable, la cual de vez en cuando me gusta volver a ver, como un buen libro…independientemente de que ya no sea adolescente sigo apreciando los valores de esta película que marcó a tantos jóvenes que más tarde la han visto como un poco infantil e idiota y creo que no hay que equivocarse y confundir lo que hacen los alumnos y el mensaje que el profesor les trasmite.
Inolvidable.
manuel 
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
24 de Abril de 2011 |
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Protagonistas: Alvaro Vitale y Robin Williams.
El padre de Jaimito le pega una patada en el culo y lo manda a un colegio de pago, interno. Jaimito llega al colegio y se da cuenta que la película es muy buena película, pero está llena de cepos y de gente muy muy rarita. El primer rarito es el Sr. Robin, el capitán Araña, en un papel histriónico y pesadísimo que le va como a nadie en la élite de los papeles trágicos.
Todo el transcurso de la película es artificial y, por supuesto, presuntuoso. Pero Jaimito se ha dado cuenta porque no es tonto.
-A ver, Jaimito, recita un verso, le pide el profesor Araña.
-Sí, señor profesor: No hay dolor más doloroso, no hay dolor más inhumano que pillarse los…
-¡Jaimito, me cago en tu padre! Fuera de clase.
Jaimito sale de clase y quiere ir a llorar con la profesora de Educación Sexual, pero se encuentra con que no hay más clases que la de literatura. ¡Un colegio de pago, de élite y sólo hay clases de literatura! Es normal que los poetas muertos acaben mal de coco.
Al día siguiente, el capitán Araña le da una nueva oportunidad:
-Recita un poema, pero sé tú mismo, haz que nos emocionemos todos.
-Sí profe. La manta. Me acuesto y me subo la manta. Me tapo hasta la cara pero se me salen los pies. Me tapo los pies pero se me sale la cara. Me tapo la cara pero se me salen los pies. Me tapo los pies pero se me sale la cara. Me tapo… ¡Sabe a Mixta!
-¡Jaimito! Fuera de clase.
Jaimito descubre que en el colegio hay muchachas. Otra increíble muestra de un guión malintencionado totalmente artificial porque está dirigido a crear falsas emociones; todas las alumnas parecen mamás que vienen de la compra. Todos tienen el patrón de personalidad de los poetas muertos. La tragedia es absoluta en ese colegio de pago. El mismo tema para todos los personajes. Menos Jaimito. Jaimito no desespera. El capitán Araña confía en él.
Jaimito va a ser el prota de la obra de teatro para el APA. El padre le ve y ve a su hijo vestido de trovador con medias y una flor en sus manos llenas de ramas, recitando, y se mosquea. Lógico. Normal. ¿Es que no hay más clases que éstas? Este colegio es un timo.
El padre se lleva a Jaimito a casa de las orejas.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y entonces le echa la bronca y Jaimito se quiere suicidar. Abre la ventana. ¡Dios mío, se va a lanzar al vacío! Ah, no, porque vive en un bajo. Es que tiene calor. En realidad ha nevado pero la película quiere que veamos que Jaimito abre la ventana para soltar su espíritu libre. Es una escena metafórica que no vale un pimiento. Se va al despacho de su padre, que ya se ha acostado, y abre el cajón de la mesa. Coño, hay un pistola a punto, cargada y a la vista, bien preparadita para la escena crucial; qué casualidad ¡Jaimito, no lo hagas!
Todos lloran la muerte de Jaimito. Había aprobado por fin Literatura en clase y Educación Sexual por libre y la tiene que diñar. Yo no me lo quiero creer, bueno, es que no me lo creo aunque lloro desconsoladamente. Sigue la acción.
El capitán Araña sufre las consecuencias. Le han abierto expediente y le expulsan. Toma ya. El director se pone a dar la exclusiva clase de literatura pero no puede porque falta una hoja en el libro; hay que joderse, era la hoja que iba a explicar. Los alumnos recuerdan con emoción al capitán Araña que mandó arrancarla. Entonces abre la puerta el capitán Araña. No ha tenido tiempo el cabrón de recoger sus cosas y tiene que hacerlo en mitad de una clase, venga ya. Con perdón, pero es algo chapucero del todo esa secuencia; más tragedia artificial. Los poetas muertos le quieren, se dan cuenta de lo injusto que es la vida y para demostrarlo se ponen de pie en el pupitre. Horrible. Escena pésima y truculenta que en realidad queda de mal gusto porque parece que están todos colgados del techo por el cuello. Pero al capitán Araña le gusta y se va.
¿A qué es todo increíble? Porque… ¡Jaimito vive! Su padre no quiere que sea actor pero Jaimito sabe decirle que sí, que no, que no le raye, que no va a ser actor, que va a ser ingeniero… Luego será lo que le dé la gana.
Me seco las lágrimas con el pañuelo y le pongo un 10 a Jaimito.
fantomas 
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| 6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Elwood
Oviedo (España)
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Su valoración:  |
26 de Agosto de 2007 |
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Lo primero destacar la interpretación de Robbin Williams( bueno tanto en comedia como en drama) como el Profesor Keatting, brillante, muy buen construido, todo lo que dice, lo que cuenta a los chicos lleva un mensaje; saca lo mejor de ellos, les ayuda, les guía según su propia filosofía "Carpe Diem".
Los secundarios muy correctos, tanto Ethan Hawke como Robert Sean Leonard y el resto de los chicos, familiares, profesores...porque, en mi opinión, no hay separación entre "buenos y malos", es decir, se tiende a señalar a los padres del personaje de Robert Sean o al director como "malos", yo no creo que esto sea así, sino que opino que solo defendían sus intereses, el director los intereses del colegio y de los padres, ya que querrá que los padres lleven a sus hijos a ese colegio y los padres solo querían lo que creían que era mejor para su hijo, veían, digamos, más futuro a una profesión en medicina, por ejemplo, que en la de actor de teatro.
Tiene frases y escenas memorables ( la última escena es de lo mejor que he visto en cine):
"Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre así será."
"Me fui a los bosques porque quería vivir sin prisas. Quería vivir intensamente y sacarle todo el jugo a la vida, para no descubrir en el momento de mi muerte que no había vivido."
"Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta."
P.D: Ésta y "El club de la lucha" son mis 2 películas favoritas, mucha gente cree que es extraño porque no tienen nada que ver la una con la otra (¿Tyler Durden y Mr.Keating?), pero yo encuentro sus semejanzas y sus mensajes, en ocasiones, bastante parecidos.
Carpe diem.
Elwood 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Víctor
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
5 de Enero de 2010 |
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“¡Oh capitán, mi capitán!”, invocaban unos chicos emocionados en honor a su mentor y amigo. Y me pregunto quién no querría cruzarse con uno en su camino para recibir una lección magistral sobre esa asignatura primordial y olvidada que es la vida. Alguien que izase las velas de nuestro barco encallado para atrevernos a navegar libres por el mundo antes de terminar criando malvas.
Muchos podrán tachar de utópica y poco realista a esta filosofía que encumbra al Carpe Diem por encima de todos los lemas. Todo muy bonito, muy poético, pero se te han despegado los pies del suelo. Y es cierto que las personas nos vemos atadas a la cotidianidad y la rutina que nos dirige y oprime. Obligaciones, responsabilidades, expectativas, necesidades… y hasta incluyo la vagancia. Pero qué sería de nosotros si nunca llegaran a existir esos momentos en los que nuestros sueños, nuestras inquietudes y nuestros mayores deseos se abren paso a gritos y luchan por salir a la luz para hacer de esta historia algo que merezca la pena.
En mi caso ha tenido que asomarse el profesor Keating al salón de mi casa una tarde de un día cualquiera para advertirme de que debo coger las rosas mientras pueda, pues veloz el tiempo vuela, y la misma flor que hoy admiro mañana estará muerta.
Pasados ya varios años desde de aquel día sigo revisando siempre que puedo aquel mensaje grabado a fuego, y puedo decir sin vacilar que yo también me pondría en pie agradecido para rendir homenaje a aquel maestro. Más que un maestro. ¡Oh capitán, mi capitán!
Víctor 
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