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Críticas de "El festín de Babette"
El festín de Babette
Buena
Gabriel Axel
(1987)


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El Festín de BabetteEl Festín de Babette
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
boogyeman   Temuco (Chile)
Su valoración: Muy buena 14 de Diciembre de 2009
¿Cómo explicar la grandeza de este film?
Es sencillo y minimalista, y muestra como era la vida hace no muy poco, me explico: la modernidad de un mundo globalizado ha hecho que el ser humano de las nuevas generaciones este perdiendo su capacidad de asombro, y esto es muy grave.
Los niños y adultos jóvenes de hoy en día están convirtiéndose en seres completamente insensibles ante los cambios y su entorno, todo lo asimilan de manera "fácil y sin esfuerzo alguno", el resultando es, que todo los aburre y nada es suficiente.
El festín de Babette nos muestra el lado perdido del ser humano moderno, y nos enseña el estilo de vida un grupo de aldeanos que viven en un recóndito lugar, alejado de la civilización, acostumbrados a una vida monótona y simple (para nosotros).
A la llegada de Babette, se enfrentan a una situación totalmente inusual para ellos, cuando son invitados a un singular banquete digno de reyes.
La forma que se logra este encuentro (entre los comensales y las delicias que cocina Babette), hace que uno sea partícipe de los sentimientos de sorpresa, felicidad, fascinación e incredulidad que rodea a todos los asistentes de este singular festín.
Todos y cada uno de ellos se sienten un poco abrumados y experimentan sensaciones únicas y totalmente novedosas (salvo uno de ellos, que se percata de lo exquisito y exclusivo del menú).
En fin una historia muy bonita, original e interesante.
Una película altamente recomendable, de buen cine europeo.
boogyeman
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Shinboneniná   Abroad (de momento) (España)
Su valoración: Pasable 28 de Octubre de 2010
La vida en una apartada aldea danesa de la segunda mitad del XIX gira en torno al liderazgo espiritual ejercido por un pastor protestante y sus dos hermosas hijas, que comandan una diaria actividad de rezo y monotonía que constituye una perfecta explicación al alto índice de suicidios y alcoholismo que caracteriza a algunos países nórdicos. No es de extrañar, pues semejante modelo de vida, tan aburrido como hipócrita, es para pegarse un tiro.

Pero la hermosura de las zagalas concita la atención no solo de los aldeanos y vecinos de otras comarcas, sino incluso la de apuestos oficiales e incluso afamados cantantes de ópera franceses. Pero ellas, nada, castas, puras, enteras y verdaderas, dando calabazas a todo Cristo menos al auténtico. Con el paso del tiempo llega, desesperada y huyendo de la violencia generada por la Comuna parisina, una misteriosa cocinera avalada por la carta de recomendación de uno de los antiguos pretendientes de las hermanas vírgenes. Y la cocinera se queda muchos, muchos años. En agradecimiento a su generosidad, decide compensarlas con un exquisito banquete que contrasta con el austero día a día de la comunidad.

Una de esas películas de estilo escandinavo, pausado y en apariencia trascendente, pero claro, no es ni de Bergman ni de Dreyer y ese carácter casi metafísico de sus historias y sus planos aquí quedan reducidos a mero pasaje costumbrista con bastante poca enjundia y limitado talento. Una sucesión de imágenes y personajes que intentan imitar el minimalismo expresivo de los grandes maestros nórdicos que por momentos entretiene y en otros deja completamente indiferente, cuando no aburre. Ni siquiera el dilatadísimo banquete sabe transmitir el amor por la comida ni el supuesto efecto catártico que el festín ejerce en los comensales. Una idea encomiable, bonita y tal vez no original pero sí infrecuente. Se ve sin gran esfuerzo, pero a pesar de ser una película harto celebrada en su momento, ha ido cayendo en un creciente olvido. Como la alta cocina, mucha forma pero menos contenido del que aparenta.
Shinboneniná
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Xavier Vidal   Amposta (España)
Su valoración: Buena 18 de Julio de 2011
Antes de ganar el Oscar a la mejor película de habla extranjera por encima de la superior Adiós, muchacos, El festín de Babette se impuso en Cannes 1987 con el máximo premio de la sección Un Certain Regard. En esa competición figuraba Epidemic de Lars Von Trier, que no ganó, y que para colmo se convirtió en un sonoro fracaso de taquilla incluso en Dinamarca (en España no se estrenó y la Fnac la editó en dvd veinte años después). Resultaría divertido, por no decir perverso, comparar el discurso religioso de la película de Axel ya no sólo con Epidemic sino con Rompiendo las olas o en general con toda la filmografía del director danés por excelencia. No es extraño que Von Trier confesase 'detestar' El festín de Babette, si bien tanto las buenas intenciones de ésta como la incorrección del otro forman parte de la variedad del cine danés reciente.

Si en algo acertaba el realizador de Los idiotas es que El festín de Babette es una cinta acorde con los gustos norteamericanos que esconde un discurso facilón entorno a una pequeña comunidad religiosa trastocada por la entrada de una inmigrante francesa, sus habilidades en el regateo a la hora de comprar y su mano en la cocina. Con esa película el cine de Dinamarca se abrió al mundo y logró galardones de los que nunca antes había podido presumir. No representa la variedad local de su cine ni la generación de autores surgidos de la Escuela de Cine de Copenhague, pero incluso hoy en día sigue siendo una ceremonia armónica que acaba con un festín que nos hace salivar (entraría en ese subgénero de cine gastronómico donde figuran Como agua para chocolate o El cocinero, el ladrón, su amante y su mujer). Una película sobre la austeridad y la misericordia, la felicidad y la moralidad, un cuento sobre férreas convicciones religiosas que se derriten ante los manjares de Babette, cuya ofrenda sirve de agradecimiento a las hermanas del film, homenaje al pastor del lugar y ejemplo de amor hacia todos sus convecinos. Un melodrama de alto copete, familiar, tan bienintencionado como agradable.

La sopa de tortuga y las perdices asadas de la chef derriten las tensiones de los comensales (al estilo de los bombones de Binoche en Chocolat) y de paso las nuestras: es una película que deja buen sabor de boca sin saciar, que invita a la calma y a la reflexión, que deja un recuerdo tan memorable como el regusto de una buena comida. No es que Von Trier no tuviese razón, aunque por su perfil de inconformista nunca hubiera sido invitado a tal cena. El festín de Babette es una buena película, y no la desmerece ni el hecho de que en verdad sea una mera anécdota dentro de todo el cine danés, por lo general menos cálido y más incómodo. Von Trier se sentirá reconfortado: al fin y al cabo, como reza la protagonista, 'un artista nunca es pobre'.

Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities, http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal
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Esparramat   València (Bután)
Su valoración: Muy buena 19 de Enero de 2006
Retrato de una sociedad cerrada en sí misma, desconfiada, tradicional. Acoger a un nuevo integrante supone una auténtica revolución. Meticulosa película que contrasta con la sobriedad de la humilde vida cotidiana donde no hay detalles. Gran contraste entre la riqueza gastronómica del banquete y las sombrías miradas de los personajes.
Esparramat
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david panadero moya   munera (España)
Su valoración: Buena 31 de Agosto de 2011
En un pequeño pueblecito de la costa de Jutlandia dos caritativas y bondadosas ancianas, Martina y Filippa dedican su tiempo y su dinero a ayudar a los pobres con su comida y cuidados y a los feligreses a elevar su espíritu y a mantener vivas la memoria y las enseñanzas de su padre, pastor de esa comunidad al que todo querían y respetaban como consejero y profeta de las palabras del Señor, que les había inculcado la bondad, la sencillez, la austeridad, el amor al prójimo y la fe como principios de vida y guías seguras para conducir sus almas al paraíso. Siendo jóvenes, su belleza y su inocencia hicieron que se fijaran en ellos muchos hombres, incluidos un general de la armada y un prestigioso cantante de Ópera procedente de Francia. Sin embargo ellas prefirieron permanecer juntas l lado de su amado padre y tras la muerte de éste. Y así vivieron muchos años, hasta que un día llegó una mujer, Babette, que buscaba su ayuda para poder escapar de la violenta e insegura situación que reinaba en la capital francesa, y tenía cualidades para la cocina, como les demostró a sus dos señoritas que la acogieron y emplearon en su casa con la mayor diligencia y aprecio.
Es posible que “El festín de Babette” no sea una de estas cintas que impresionan por sus sorprendentes escenarios, historias o efectos, pero sin duda tiene un aire de serenidad, tranquilidad y paz que transmite desde su inicio hasta los títulos finales , y que se agradece igual o más que cualquier superproducción actual capaz de mantener en vilo al público y colmar las salas de cine. Como lugar de desarrollo nos lleva a las costas danesas marcadas por los acantilados, los cielos grisáceos y la salada brisa del mar. Los personajes no serán excesivamente complejos, pero tienen una cotidianidad encantadora y claramente influenciada por su religión, ideas y moral cristiana, que hará que lo vean todo desde el prisma de las enseñanzas y los dogmas de la Biblia y sean bastante reacios a las costumbres extranjeras y suntuosas, que observan con recelo como si tuvieran algo de maligno. Las situaciones son curiosas algunas, como la derivada del acuerdo pactado ante el banquete, y emotivas otras, como la despedida y las sentidas palabras que el general le revela a Martina antes de su marcha y que ha tenido y tendrá presentes durante todos los días de su vida. Las imágenes de los paisajes y los atardeceres nórdicos son una delicia, al igual que abren el apetito las de los manjares que Babette prepara con mimo, cuidado y arte para la cena francesa en honor al pastor. A lo que hay que añadir las angelicales palabras que filippa dice de corazón en el desenlace: cuando el arte se desempeña o se sacrifica por el bien de los demás, el artista que no ha podido brillar como le era propio en este mundo, lo conseguirá seguro en el otro.
david panadero moya
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