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A pesar de que la película tenga algunos defectos y puntos débiles, creo que estamos ante la obra cumbre del cineasta más importante de los últimos años. Una película conmovedora que se mueve por distintos frentes de narración, desde la esperanza y el éxito hasta la más cruel desolación. Un film de altísima calidad.
Sus virtudes se apoyan, sobre todo, en la soberbia dirección de Eastwood. Siempre que hablamos de este cineasta nos referimos a su crudeza, a su desgarradora forma de mostrarnos la cosas, a su sencillez narrativa y a su verticalidad fotográfica. “Million dollar baby”, lejos de ser la excepción, nos muestra a un Eastwood más en su línea que nunca.
Al hablar de la historia, hay que decir que cuenta, sobre todo, una fábula de superación y de lucha constante, pero al mismo del saber rendirse y bajar los brazos cuando ya no quedan esperanzas. No cabe duda del afecto casi paternal que Maggie siente por Frankie a medida que su relación se afianza; y Frankie coloca a la joven boxeadora en el lugar vacío que dejó su hija. En este sentido, el longevo entrenador se convierte en todo lo que la chica necesita: alguien que por fin cree en ella. Cuando la tragedia finalmente golpea la trama, Frankie no tiene otro motivo para vivir que no sea Maggie, y es en esos momentos cuando el director, con una excepcional paciencia narrativa, nos muestra escenas que nos dejan al borde de las lágrimas.
En cuanto a la forma de llevar adelante el rodaje, es, como siempre en Eastwood, toda una lección de cine del mejor. Esos ligeros movimientos laterales de la cámara en los primeros planos, o el suave travelling al acercarse la cámara a una ventana en cuyo interior está sucediendo algo interesante, son tan propios del director que es perfectamente reconocible su trabajo detrás de las cámaras. Las actuaciones también son de lo mejor, en especial la de Hilary Swank, que le valió el Óscar. Morgan Freeman, como siempre, en gran forma.
Estupendo el guión de Paul Haggis, contagiado de ese aire desgarrador que conduce a la película hasta sus momentos más trágicos. Muchos pasajes de ternura y de dolor, para nada edulcorados. Muy bien filmadas las escenas de los combates, y bien delimitada las personalidades de cada uno de los personajes, en especial del que interpreta Eastwood.
Acierto de la Academia en este caso, aunque el Óscar obtenido por Morgan Freeman me deja mis dudas, y no precisamente por el trabajo del actor, sino por la poca relevancia de su personaje, cuya principal misión es narrar la historia, pero no participar de forma determinante en la misma. Los de Mejor Actriz Protagónica, Mejor Director y Mejor Película, indiscutibles.
LO PEOR: La inclusión de algunos momentos innecesarios (como cuando castigan a “Peligro” en ausencia del personaje de Freeman).
LO MEJOR: Que el protagonista lee a Yets, el poeta más grande que hubo. El genio Eastwood detrás de las cámaras, regalándonos la que es, para mí, su obra más completa.
LEANDRO PINTO 
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