Asombroso trabajo de Gondry en el que introduce una vuelta de tuerca más al género drama-romance dotándolo de una estructura narrativa bastante compleja pero atractiva.
spoiler:
Ese comienzo "In ultimas res" le da un regustillo final al filme que lo hace tan especial; pues si suprimiésemos este tipo de estructura anacrónica tan peculiar, la película sufriría un bajón considerable. Tendríamos una más, de tantas, pelis romanticonas y simplonas con algunos puntos de especial genialidad en el guión, nada más.
Por su parte, Jim Carrey, vuelve a dejar ver que su sitio es el melodrama y no la comedia facilona, algo que ya demostró en alguna otra obra como El Show de Truman (The Truman Shows, Peter Weir, 1998).
Fabuloso el trabajo de scrip y montaje en una película con una estructura tan llamativa que complica enormemente su realización. Por otra parte, el paso del tiempo no hace que directores como Gondry dejen de prestar atención a todas aquellas herencias que dejó la Nouvelle Vague en Francia a mediados del siglo pasado. Algunas escenas, como la inicial del tren, la que permite que Joel y Clementine (en ese momento, con pelo azul) se "re-conozcan", muestra muchas de aquellas innovaciones en los tipos de cortes de los planos, en la forma de estos y en el temblor que provoca la técnica de cámara en mano, produciendo en el espectador esa sensación de inseguridad, nerviosismo y expectación.
El juego que se trae el personaje de Clementine con el color de su pelo ayuda enormemente a guiar al público en su comprensión de la historia, algo que se agredece.
En fin, un trabajo magistral que no llega al diez, pero por muy poquito.