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Críticas de "El Desvío"
El Desvío
Buena
Edgar G. Ulmer
(1945)


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Página: 3
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil.
directorscut   Andorra la Vella (Andorra)
Su valoración: Notable 15 de Diciembre de 2009
Es increíble lo que se puede llegar a hacer con un solo puñado de dólares y con todo el entusiasmo expuesto en llevar a cabo su objetivo. Eso es lo que consiguió el director Edgar G. Ulmer con un modesto presupuesto y seis días de rodaje. La mejor forma de definir este bizarro trabajo es que se trata de una road movie de cine negro de serie B. Ulmer se sirve de una historia inquietante y enormemente perturbadora para adentrarnos a lo más cercano de vivir una pesadilla. Ciertamente creeremos estar en una dado la demasiado generosa dosis de fatalidad y de mala suerte que el director nos otorga.

El film es intensamente fiel a lo que supone que debería tener cualquier película del género, como tener sus dosis de intriga, numerosos flashbacks, voz en off y una femme fatale. Ulmer nos deleita ofreciéndonos los mayores tópicos del género, pero mostrados de forma intensa y con enorme fuerza, con una perspectiva tan bizarra como desagradable. Pocas veces nos sentiremos tan fatigados y hartos de su personaje femenino, clave de las desgracias del protagonista, y es que aquí el término de femme fatale no podría cobrar más sentido. El protagonista de la historia es un tipo corriente y pobre, que movido por el amor, lleva a cabo un viaje a Hollywood para reencontrarse con su amada. El personaje se servirá del auto-stop para llegar a su destino, pero por una serie de fatales circunstancias, se verá envuelto sin ningún remedio en una trágica cadena de acontecimientos que a medida que avanzan no hacen más que empeorar la situación.

Lo desagradable a la vez que extraordinario, es que Ulmer consigue crear una atmosfera perturbadora e inquietante. Vuelve la fatal situación en algo irritable, donde fácilmente a cualquiera le pueden estallar los nervios, incluso a nosotros. El cineasta consigue adentrarnos en su pesadilla, logrando que la vivamos en carne viva. Algo tan desalentador como increíble por haber conseguido sumergirnos en ella. Es fácil sentir todos los sentimientos que siente su protagonista, des de la paranoia, el nerviosismo, la irritabilidad o incluso el asesinato. Pocas veces el cine a conseguido que empatizemos tanto con la fatal sensación de su protagonista, y que además la lleguemos a vivir tan intensamente. Todo ello se debe a su extraordinaria narración, atrayente e interesante como pocas, y con una pareja protagonista extraordinaria. Es fácil ponerse en la piel del personaje de Tom Neal, debido a las desgracias que le causa la presencia de Ann Savage. La actuación de ésta última es, simplemente, auténtica y genuina. Savage se podría convertir fácilmente en el mayor símbolo de femme fatale por excelencia. Lo tiene todo para adorarla, y sobre todo para odiarla tremendamente. Todo aquel que le guste el cine negro tendrá un enorme vacío hasta que no vea “Detour”, un film modesto pero increíblemente creíble y mordaz. Es adentrarse en una montaña rusa de pesadillas y de emociones desagradables increíbles. Un viaje tan inolvidable como extraño.
directorscut
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Semeocurre   Ronda (España)
Su valoración: Interesante 8 de Mayo de 2010
Sorprendente película fatalista, de intriga, suspense y blanco y negro negrísimo.

Sorprendente el actor Tom Neal, aquél a quien llamaban "el otro Marlon Brando" o el "Brando de serie B", por su parecido, aunque con peor suerte a la hora de recibir ofertas de papeles protagonistas.

Se trata de una película rarísima dentro del "género raro" o "género de rarezas". Se la recomiendo a Pablo Kurt y a Daniel Nicolás Aldea, para que le echen un vistazo, ya que seguro que fliparán viendo una obra de arte tan oscura, intrigante, pesimista y con un final tan absurdo e incierto (todo esto al fin y al cabo también ha contribuido a hacer de la misma una película de culto).

Nos plantea el destino de un hombre cualquiera que en un viaje haciendo auto-stop desde la costa Este hasta la Oeste de los EE.UU., la vida se le complicará de una forma casi increíble. Y no por maldad sino por simple casualidad, mala suerte o imantismo de ése que poseen algunas personas de mentalidad negativa, que irremediablemente atraen la negatividad existencial y los acontecimientos más nefastos.

A tener en cuenta este escueto diálogo entre el protagonista (Tom Neal) y la mujer que encuentra en el camino (Claudia Drake), cuando él hace un comentario ante el cual ella le pregunta qué ha dicho, entonce él contesta:

—Pensaba en voz alta.
Recibiendo de ella esta antipática respuesta:
—La gente se busca problemas por eso.
Semeocurre
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john thorthon   barcelona (España)
Su valoración: Excelente 16 de Diciembre de 2009
Maravillosa película de cine negro dentro de la serie b en la que se demuestra claramente, que con muy poco dinero y muy pocos recursos se puede hacer una gran obra, siempre claro está que haya un gran cineasta detrás de la cámara con una visión clara de lo que está haciendo, y un gran talento como el director de origen austriaco Edgar G. Ulmer. Fue ayudante de dirección de grandes maestros expresionistas como el gran Murnau, y eso se nota claramente en este film donde la puesta en escena utiliza a la perfección la técnica del claro oscuro aprendida en Alemania en la época de esplendor del expresionismo. El film es una de las grandes muestras del destino y la fatalidad tan típica en el cine noir americano, cubierta de un pesimismo atroz en todo momento en la que un hombre desgraciado y anodino se ve envuelto en un viaje en autoestop donde las casualidades del destino son crueles e irremediablemente sin salida satisfactoria. La mayoría de las secuencias son por la noche reforzando así con mucho sentido la oscuridad mental de una persona que no puede escapar de su fatal destino, e incluso al haber rodado por la falta obvia de dinero prácticamente solo planos de carretera sin mostrar escenarios, y casi siempre dentro de un vehículo o con una densa niebla, también le da a la cinta un toque de decadencia absoluta apoyada por una voz en off pesimista del protagonista en la que se convence a sí mismo de la fatalidad de su angustiosa vida. Las pobres interpretaciones de los actores van marcadas en este sentido, y no le resta credibilidad a un relato que busca esas imperfecciones de una manera evidente para darle un aire de penosidad y de desgracia. Además tiene a una de las femme fatales más extrañas y poco glamurosas del género al ser tan antipática y rudimentaria y no tener la belleza ni el carisma habitual de estas damas que arrastran siempre a los hombres hacia un trágico destino. Es uno de los viajes de costa a costa de los Estados Unidos más curiosos y emblemáticos que se hayan rodado nunca, y es sin duda una de las grandes películas de cine negro hecha con muy pocos medios de la historia del cine de Hollywood.
john thorthon
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McCunninghum   Villacanicas del Hoyo (Santo Tomé y Príncipe)
Su valoración: Excelente 18 de Julio de 2011
(viene de "Viaggio in Italia", de Roberto Rossellini)

Pero tomemos el medio de transporte y cojamos un desvío, que nos llevará un poco más atrás en la historia. Marcha R. Nueve años atrás. Rossellini también instauró, por aquel entonces, una época: la edad del silencio ("Roma, citta aperta" (45) y en adelante). Pero lo que en esta historiografía del coche-cinematógrafo nos inquiere nos es ningún filme de Rossellini.
Hito en la posibilitación del cine low-tech y de serie-b, "Detour" (45) fue llevada a cabo por el exiliado Edgar G. Ulmer con un presupuesto verdaderamente exiguo y apenas tiempo de rodaje (ni espacio). La idea básica (como la de Roberto) se convirtió en arquetípica. Sin lugar de rodaje, el coche apareció como la solución al enigma: centro de la película, ésta se desplegó allí donde la llevaba el coche, iniciando una suerte de género iconoclasta: la road-movie que no lleva a ninguna parte. Elemento fun(da)cional de la estética moderna: work in progress, deriva y proceso. Subirse al carro... y adelante. Ésta será también la trama principal de otro hito de la modernidad fílmica (aquí americana): "Carretera asfaltada en dos direcciones" (71), dirigida por Monte Hellman en el 71 (ver mi textículo ad hoc = http://www.filmaffinity.com/es/film432335.html). En ese mismo año, el enfant terrible y cocainómano Steven Spielberg dirigía su primera película siguiendo la máxima germinal, pero añadiendo un dantesco camión homicida y dejando a la chica al otro lado del teléfono. Todas demuestran, como si fueran empíricos escolios al axioma epifánico-godardiano, que para realizar cine (o llevar a término "obras maestras", si se quiere), no se necesita gran cosa. Aquí en Detour, de hecho, la chica es el final del camino y el viaje, muy precisamente.

(continúa en "Rendezvous", de Claude Lelouch)
McCunninghum
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Talladal   Valencia (España)
Su valoración: Buena 17 de Abril de 2011
El férreo destino, al final, lo gobierna todo. Muchas veces creemos que elegimos y gobernamos nuestras vidas, pero estamos equivocados, ya que, como en esas pesadillas en que hay un mal prefijado al que sucumbimos paulatina y fatalmente, las desgracias nunca vienen solas. En tales casos las casualidades se tornan causalidades en un diseño cósmico que nos abruma con su colosal horror. En estos momentos es cuando nos sorprendemos pellizcándonos por si habitamos en un sueño. El desvío a la desgracia es el sino del ser humano. Condenados a desear, jamás cumpliremos nuestros deseos más anhelados, como el autoestopista que se expone a que el fortuito encuentro le separe de su destino. La muerte es la parada final y su aciaga presencia clandestina brinda cínicamente el fruto envenenado de una ilusoria felicidad, tanto más amable como desgarrador será el desvanecimiento de la apariencia. La escasez de dinero, potencialidad pura, libertad concentrada, se empleará en repetidas ocasiones para intensificar la claustrofobia. El sísifo autoestopista escoge lo que la muerte le dicta en sucesivos actos de falsa libertad. Primero eligirá no ser libre para ser otro hombre. Después decidirá unir su destino a la femme fatale, embajadora de la muerte y la necesidad. La historia se nos cuenta con la artificiosa libertad del relato, donde es tan fácil encubrir la causalidad con el libre albedrío y, ante la desmesura de las funestas desdichas, se llega a desconfiar de tanta mala suerte, y a pensar si no será todo la mera racionalización de la coartada de un autoestopista asesino que podríamos ser cualquiera de nosotros.
Talladal
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