Dioses y monstruos
1998 

7,1
9.204
Drama
Relato de los últimos días de vida del realizador James Whale, autor de Frankenstein. En principio su única compañía en esos momentos es su ama de llaves, pero pronto entabla relación con su nuevo jardinero, un apuesto joven al que confía su historia en el Hollywood de los años 30 y por el que se sentirá irresistiblemente atraído. (FILMAFFINITY)
10 de abril de 2016
10 de abril de 2016
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es la segunda vez que la veo, y me ha gustado igual que la primera, no envejece, se añeja como los buenos vinos.
Magníficas interpretaciones de Mckellen y Fraser, sin olvidarnos, por supuesto de Rdgrave.
Un importante relato donde todos los personajes tienen carne, emociones, y contradicciones; exactamente igual que nuestra cotidianidad.
Diálogos elocuentes, muy cuidados, planteamiento divergente que se proyecta a través de la visión de su protagonista, pero sin caer en la sensiblería, aunque tratada con una fuerte sensibilidad. Buena película para una lluviosa tarde de domingo.
UN ocho.
Magníficas interpretaciones de Mckellen y Fraser, sin olvidarnos, por supuesto de Rdgrave.
Un importante relato donde todos los personajes tienen carne, emociones, y contradicciones; exactamente igual que nuestra cotidianidad.
Diálogos elocuentes, muy cuidados, planteamiento divergente que se proyecta a través de la visión de su protagonista, pero sin caer en la sensiblería, aunque tratada con una fuerte sensibilidad. Buena película para una lluviosa tarde de domingo.
UN ocho.
9 de junio de 2006
9 de junio de 2006
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me ha gustado cómo está narrada le amistad que vá surgiendo entre estos dos personajes tan dispares, y los diálogos son bastante sabrosos.
Ya se ha comentdo la memorable interpretación de Ian McKellen, pero también es la mejor actuación que he visto hasta ahora del monolítico Brendan Fraser, aquí verdaderamente inspirado.
Un film pausado intimista y emotivo, que discurre a contracorriente del cine "made in Hollywood" actual.
Recomendable para espíritus sensibles.
Ya se ha comentdo la memorable interpretación de Ian McKellen, pero también es la mejor actuación que he visto hasta ahora del monolítico Brendan Fraser, aquí verdaderamente inspirado.
Un film pausado intimista y emotivo, que discurre a contracorriente del cine "made in Hollywood" actual.
Recomendable para espíritus sensibles.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Verdaderamente admiro el valor de éstas personas lúcidas que cuando son conscientes de que han transpuesto las puertas hacia una decadencia fisica y mental irreversible, son capaces de decidir sobre su propio destino.
14 de enero de 2012
14 de enero de 2012
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cine es filosofía, filosofía que remedia el sufrimiento del ser humano. Cine es aprehender, aprehender para la vida verdadera, fin último que da sentido a la fugacidad de nuestras vidas. Cine es vivir, vivir con curiosidad, no dormir sin soñar. Cine es experiencia, fuente de todo conocimiento. Cine es historia, historia de una gran nación que paulatinamente se autodestruye. Cine es la vida de todos, condensada en tan solo una palabra. Y es que el cine es un eficaz remedio natural para los temores humanos. El cine realista, el que se puede trasladar a nuestra propia vida, es el que realmente nos concierne. Y es que Dioses y Monstruos lo es, es cine de verdad; realismo en estado puro. La historia se nos presenta como una verdadera y trágica realidad accesible por todos. Los personajes, materia prima, y sus primeros planos, contribuyen a que la historia se haga aún mas entrañable, contribuyen a que en ciertos momentos del filme no sepas si las lágrimas se derraman por un ser querido o por un simple desconocido. Triste y pasional papel el de James Whale, fabulosamente interpretado McKellen, e inocente, puro, virgen e inmaculado el del joven Fraser. La soledad de Whale es tratada con astucia. La astucia del sabio experimentado y rechazado por la sociedad, reflejada en la fiel mayordoma, por los pecados continuos que comete. El sabio astuto que, con la aparición de un joven y espontáneo jardinero,
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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verá la oportunidad de acabar con sus largos días de sufrimiento por la enfermedad que padece. Serán sus últimos días. Éstos, serán su pasado, serán su belleza, serán su frustración, serán su fama, su éxito, serán su dolor, serán sus deseos; serán su resurgir. Simplemente bellísima. El buen cine es arte. Dioses y monstruos lo es.
21 de septiembre de 2012
21 de septiembre de 2012
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay muchas personas que cuando van a un restaurante esperan, como poco, saciar el hambre. Del mismo modo que la gente critica (yo entre ellos) a la alta cocina y a sus platos cocinados en vapores de meteorito por no ser comida para comer sino para experimentar; esta película no es película de entretenimiento, no va dirigida simplemente a "saciar el hambre"; sino que busca otros medios de alcanzar al espectador.
La película se plantea de modo que parece no ocurrir nada digno de mención durante su primera parte, para después descubrirse el argumento en toda su grandeza. La originalidad viene dada por su montaje, sus tomas, a veces inclinadas e inquietas, su guión; y la magnífica interpretación de sus actores. La película se resuelve en dos o tres escenarios principales, y los impulsores del argumento son básicamente tres personajes: El perturbado Ian Mckellen, alma humana que se desmorona corrompida por su pasado, el simpático Brendan Fraser, que me sorprendió después de haberle visto tan sólo en películas de aventura explosiva, y la fantástica Lynn Redgrave, discreta pero necesaria.
La película se plantea de modo que parece no ocurrir nada digno de mención durante su primera parte, para después descubrirse el argumento en toda su grandeza. La originalidad viene dada por su montaje, sus tomas, a veces inclinadas e inquietas, su guión; y la magnífica interpretación de sus actores. La película se resuelve en dos o tres escenarios principales, y los impulsores del argumento son básicamente tres personajes: El perturbado Ian Mckellen, alma humana que se desmorona corrompida por su pasado, el simpático Brendan Fraser, que me sorprendió después de haberle visto tan sólo en películas de aventura explosiva, y la fantástica Lynn Redgrave, discreta pero necesaria.

Ian McKellen & Brendan Fraser
En definitiva considero a la película un acierto por la atención que se le concede al alma perturbada del ser humano, y por la gracia con la que esta alma perturbada encuentra su camino hacia el equilibrio. Personalmente dejó un gran sabor de boca, y una sensación muy curiosa que difícilmente podría describir. Puede que no sacie el hambre, pero ha sido un plato de mi agrado. Se la recomiendo a todo aquel que quiera descubrir algo distinto y experimentar.
16 de enero de 2013
16 de enero de 2013
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dice ViejoTrueno en su crítica que la exposición de temas en esta película es tal que es imposible aprehenderlo todo en un primer visionado. Eso es cierto. Lo que pasa es que yo ya la he visto unas cuantas veces.
La primera vez que la ví me impresionó sobre todo la música, la dicción inglesa de Ian Mckellen ,su ritmo pausado. La película se anunciaba como el plato fuerte de la jornada en el Fancine de Málaga y la ponían en versión original. Fue, en efecto, el plato fuerte. Nada que objetar.
Luego la he visto veces varias veces más y me he dado cuenta de por qué funciona: se trata de una obra de teatro hábilmente adaptada al cine. Coge lo mejor de teatro y del cine y el resultado de la fusión es un ejemplo de cómo aprovechar los recursos que nos brinda cada medio y toda una lección para directores miopes.
El tema es otro asunto. A primera vista, pudiera parecer que es la homosexualidad de un excéntrico director británico que apura sus últimas horas consumido por la nostalgia del pasado. Sus películas eran las más taquilleras y él era respetado. Pero eso ya se acabó. Por otro lado, nos encontramos con la soledad, una soledad cada vez más acuciante en la mansión en la que vive retirado y que sólo es mitigada por la compañía de su peculiar y fantástica ama de llaves
La primera vez que la ví me impresionó sobre todo la música, la dicción inglesa de Ian Mckellen ,su ritmo pausado. La película se anunciaba como el plato fuerte de la jornada en el Fancine de Málaga y la ponían en versión original. Fue, en efecto, el plato fuerte. Nada que objetar.
Luego la he visto veces varias veces más y me he dado cuenta de por qué funciona: se trata de una obra de teatro hábilmente adaptada al cine. Coge lo mejor de teatro y del cine y el resultado de la fusión es un ejemplo de cómo aprovechar los recursos que nos brinda cada medio y toda una lección para directores miopes.
El tema es otro asunto. A primera vista, pudiera parecer que es la homosexualidad de un excéntrico director británico que apura sus últimas horas consumido por la nostalgia del pasado. Sus películas eran las más taquilleras y él era respetado. Pero eso ya se acabó. Por otro lado, nos encontramos con la soledad, una soledad cada vez más acuciante en la mansión en la que vive retirado y que sólo es mitigada por la compañía de su peculiar y fantástica ama de llaves

Ian McKellen & Brendan Fraser
( el personaje que interpreta Lynn Redgrave es tan genial que merecería una crítica aparte). Todo eso es cierto. Sin embargo, últimamente me ha dado por pensar que el tema central que atraviesa toda la película es el problema del orgullo. Siendo más concretos, la pregunta sería:
"¿ cómo conciliar el deseo de ser libre/independiente con el deseo de ser reconocido/querido/aceptado?".
El protagonista no puede o no sabe. En cada encontronazo, en cada conflicto, va soltando lastre hasta que por fin rompe la baraja. De eso va la película, creo yo , y ese es también el dilema que se le plantea al espectador: si se puede ser libre a cualquier precio.
"¿ cómo conciliar el deseo de ser libre/independiente con el deseo de ser reconocido/querido/aceptado?".
El protagonista no puede o no sabe. En cada encontronazo, en cada conflicto, va soltando lastre hasta que por fin rompe la baraja. De eso va la película, creo yo , y ese es también el dilema que se le plantea al espectador: si se puede ser libre a cualquier precio.
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