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Upstream Color

6,3
3.002
votos
Sinopsis
Casi nueve años después de su aclamadísima ópera prima, "Primer", Carruth vuelve a ponerse tras la cámara -y vuelve a ejercer de guionista, compositor y director de fotografía- para contar la historia de un hombre y una mujer que se atraen el uno al otro para verse enredados en el ciclo vital de un organismo inmortal. La identidad se vuelve una ilusión mientras luchan para unir los fragmentos perdidos de sus destrozadas vidas. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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5 de diciembre de 2013
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las obras más desconcertantes, enigmáticas, rompedores, complejas y brutales que he visto luce el nombre de 'Primer'. Ciencia-Ficción, realidades paralela, máquinas del tiempo y un montaje aparentemente caótico forman uno de los mayores puzzles que puedas ver en el séptimo arte, ni si quiera después del segundo visionado fui capaz de entender por completo el entramado de la historia que subyace en lo más profundo de ella. Pero me impactó tanto que marcó mi atención. Aquello fue obra de Shane Carruth, un físico e ingeniero que se atrevió a todo con escasos 7.000$, siendo él mismo el encargado de prácticamente todo, en especial los dos años de montaje. El trabajo fue recompensado, consiguió una de las películas que bien podrían definir el cine experimental. Nueve años después este polivalente hombre de ciencias ha vuelto para hipnotizarnos de nuevo, esta vez la culpa recae sobre UPSTREAM COLOR.

La calidad estética y acústica de su obra ha mejorado considerablemente, ha aparcado a un lado los 16mm de 'Primer' para utilizar las últimas técnicas de saturación, tratado y digitalización de la imagen, además de la captación y el tratado del sonido para lanzarnos hacia una experiencia sobrecogedora y extenuante. Esto se convierte en su principal atracción de cara a un público que pueda parecer reticente al cine de corte independiente. Carruth promete estimular tus experiencias sensoriales con un juego audiovisual sutil aunque desordenado. La película puede llegar a trasmitir tanto desde tantas variantes de una misma escena que nos vemos obligados a centrar la atención en alguna de ellas hasta empaparnos, dejando a un lado la propia trama de la película, lo cual termina siendo un apunte secundario que acapara la última fila de intereses.

No es tanto lo que cuenta, si no cómo nos hace llegar esa historia. El guión, aunque complejo, es más breve de lo que podamos pensar a simple vista y no resulta demasiado trascendental, puede que incluso defraude. Es el juego de silencios, cortes de cámara, montaje redundante y la historia paralela de ese creador de sonidos lo que nos aturde en una nauseabunda espiral de sensaciones, creemos perder la orientación dentro del guión (recordando a su primera obra) hasta que enlazamos fragmentos dispersos y cerramos un círculos extraordinario, diferente y sensacional. ¿Una posible explicación a la película? Más abajo, pero solo es apta para aquellos que la hayan disfrutado previamente ya que no contiene spoiler, si no que es un SPOILER en sí misma.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
CarlosDL
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28 de marzo de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
(...)

¿El cine como entretenimiento? Es un concepto equívoco. Upstream Color entretiene, entretiene el cerebro y el alma. Y los sentidos. El cine también debe dejar huella. Si no, solo es un pasatiempo, un juguete de usar y tirar. Una gran parte de las propuestas que llegan cada semana a las carteleras no son más que caramelos, golosinas para chupar durante 90 minutos. Y olvidar lo más pronto posible.

El cine se infantiliza y el espectador asiente. Espectáculos visuales y ligeros que explotan la mitomanía y la nostalgia cinéfila. Siempre lo mismo y de la misma manera.

(...)

Upstream Color es un soplo de aire fresco en la cartelera. Una cinta ambiciosa y original dirigida a un espectador exigente. Cine que traza un camino diferente, que explota nuevas posibilidades de este maltratado arte. Carruth combina ciencia-ficción, estructura elusiva, puzles narrativos y romanticismo marginal.

¿De qué va Upstream Color? La película de Shane Carruth reflexiona sobre la identidad, sobre el ciclo de la vida, sobre la vinculación física y espiritual entre seres humanos. Y sobre nuestra conexión con la naturaleza. Upstream Color aborda también el amor como salvación, como esperanza, pero sobre todo como unión espiritual, como refugio de las almas perdidas.

Kris vive una vida sencilla, independiente, volcada en su trabajo. La terrible experiencia vivida con su captor cambia abruptamente el escenario. Llegan las pastillas, el aislamiento. Pero Jeff entra en su vida. Poco a poco, Jeff descubrirá que ambos están unidos por algo más que por la atracción física. Ambos comparten vigilante…

Upstream Color maneja una estructura narrativa singular, extremando los hallazgos de su imprescindible Primer. Son las imágenes, y no las palabras, las que cuentan la historia. Cine. Carruth rechaza la tiranía del guión clásico como vertebración de una narración cinematográfica. El director californiano sincopa escenas para construir un relato intelectual y emocional. Es fácil detectar el influjo de Terrence Malick a nivel formal, pero Carruth maneja otra sensibilidad y persigue otros objetivos. Tal vez Upstream Color sea laberíntica, pero tiene un final. Solo hay que poner un poco de empeño para llegar. Merece la pena.

Lo Mejor: cine que se toma en serio a sí mismo. Y al espectador. La música. El final.

Lo Peor: algunos de sus diálogos, más que crípticos, son antinaturales.

[crítica publicada en alucine.es]
david
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26 de diciembre de 2013
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sombra de Nolan sobrevuela el metraje de Upstream Color. Sería la película que haría un Nolan al que no le importase lo más mínimo fracasar en taquilla. En Memento u Origen, te hace jugar a un juego retorcido y complejo, pero se asegura de darte las instrucciones, Carruth no te dice ni a qué estáis jugando. No sólo te da el puzzle sin montar, sino que muchas piezas no están ni en la caja. El resultado es una experiencia extraña, fascinante y sobre todo retadora.

De vez en cuando da gusto que una película te trate no ya como a una persona inteligente sino que te proponga un desafío intelectual. El “problema” de la película (o del cine) es que no es un objeto estático, es un objeto temporal y fugaz que atraviesa al espectador, y cuando te quieres parar a analizarlo ya se ha desvanecido. Por ello una película como esta requiere varias incursiones. No se trata de que los acontecimientos carezcan de sentido y el espectador tenga que inventarse alegorías que le den uno. Se trata de que la historia está cubierta por un velo.

¿Está ocultando Carruth carencias como narrador entorpeciéndonos la visión? El climax final, por ejemplo, resulta anticlimático simplemente porque en un primer momento no se entiende qué está pasando exactamente. Una vez entendido todo (o casi), tras revisar la escena, da rabia que no se haya recurrido en momentos como ese a una mayor claridad expositiva para disfrutar de la historia cuando más emocionante es. Pero es el juego de Carruth y son sus reglas. Y está claro que la abstracción narrativa, la sensación de estar sumido en una ensoñación irreal, es una de las claves de la película y que seguramente esta historia contada de manera tradicional no funcionaria.

El velo que ha tejido Carruth no sólo está para no dejarnos ver, es un fin en sí mismo, pues resulta que Upstream Color es visualmente preciosa. Un viaje astral. Las texturas te golpean, la luz te acaricia. Carruth filma un apartamento como si fuese el Museo del Prado, el suelo como si fuesen Las Meninas. El sonido de una roca merece la atención de una partitura de Beethoven. Y desperezarse en la cama se convierte en un acto de pura belleza. Hay una gran atención a lo sensorial. Gran parte del metraje es mudo.

Personalmente amo cuando una película me coge de la mano y me cuenta la historia con sensaciones, con miradas, sin palabras. El cine es el arte de contar historias con imágenes. El de contar historias con palabras es otro. Las palabras merecen ser tratadas con mimo, que se usen cuando estén cargadas de significado, de contenido, de mensaje, de belleza, no como parloteo porque el director no es lo suficientemente hábil como para desarrollar una historia con imágenes y tienen que ser los personajes los que la cuenten.

Finalmente, y quizás por encima de todo, Upstream Color es una obra de pensamiento, no es casual que sea Walden, la obra clave del transcendentalismo, el libro elegido para jugar un papel icónico en la trama. Dentro de lo que le permite su profundo hermetismo, elegancia y minimalismo es una película hasta romántica e idealista. Todo gira en torno a la conexión entre seres, entre personas, e, inevitablemente, entre dos enamorados. Una pregunta parece emerger tímidamente: ¿Quizás nos enamoramos porque nuestras almas se han conectado en un mundo paralelo? ¿Importa eso? Lo que importa es que estando juntos no se sabe dónde empieza uno y acaba el otro, que cuando el peligro acecha el amor sea una fortaleza impenetrable. Como se muestra en dos secuencias consecutivas maravillosas de montaje prodigioso, que culminan en la imagen más hermosa del cine de 2013
Pabloody
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21 de abril de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Upstream Color" es un film más cercano al vídeoarte o el cine experimental que a la ficción como solemos entenderla y es así como hay que acercarse a él para intentar comprenderlo. Se trata de un film extraño y críptico que no dejará indiferente, levantando pasiones y odios por igual. Entre sus mayores virtudes se encuentran una fotografía exquisita, un montaje elegante y una buena banda sonora, además de suponer el descubrimiento de una magnífica actriz, Amy Seimetz, pero después de los primeros inquietantes y alucinógenos15 minutos, la historia toma un rumbo que abandona la ciencia-ficción para adentrarse en el drama romántico con transfondo social y filosófico que a nosotros nos ha dejado bastante fríos.

"Upstream Color" cuenta una historia de múltiples lecturas que acaba creando muchas más dudas donde parece plantear un díptico sobre la alienación humana en la sociedad actual a través de la historia de una pareja que intenta reconstruir sus vidas después de sufrir un experimento donde han sido desposeídos de su voluntad al insertarles una larva de gusano en el interior de su cuerpo. A partir de ahí, el director Shane Carruth, se limita a conducirnos por una reiteración paisajística constante de ideas metafóricas (la interconexión de la granja de cerdos con las personas, etc), a través de bellas y narcotizantes imágenes que parecen inspiradas en el cine de Terrence Malick.

Y es que al final, "Upstream Color", consigue que tanta inclinación hacia el efectismo estético, nos provoque menos fascinación de la esperada después del estupendo arranque y sí una profunda somnolencia. La película se convierte en una dulce decepción donde el ego hipster de su autor parece estar por encima de sus brillantes ideas, eso sí, la capacidad embaucadora de su envoltorio metafísico puede lograr grandes dosis de admiración si se entra en su complejo juego onírico. Una lástima, porque contiene algunas de las imágenes más bellas del cine reciente.

Crítica para www.universocinema.com
@danielfarriol
@Universo_Cinema
CALABACIN
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5 de septiembre de 2015
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alguien ha escrito que los que no apreciamos las dos películas de Carruth es porque estamos acostumbrados a la linearidad en la narrativa fílmica e incluso se llega a mencionar las películas de Walt Disney como paradigma de dicha linearidad.
Seamos serios. El que a mí me aburran los films de Carruth no implica que me gusten necesariamente las películas fáciles, simples o lineales. De hecho, mi película favorita y a la que considero una obra maestra absoluta del séptimo arte es "2001 Una odisea del espacio" que no es precisamente una obra lineal, fácil o simple. Otros ejemplos de películas difíciles que considero obras maestras son Stalker" o la española "Arrebato " por no mencionar algunas de Buñuel o más recientemente "Carretera perdida" de Lynch.
La realidad es mucho más sencilla: descifrar los rompecabezas, inteligentes desde luego, que propone el director no me estimula en absoluto. Es más, logra el efecto contrario y me desconecto de la película al no encontrar la suficiente emoción, tensión fílmica, autenticidad, ni mensaje.
En este sentido, esta segunda película de Carruth me interesa aún menos que "Primer" respecto del argumento pero en contrapartida me parece mejor en la fotografía, logrando algunas imágenes de potencia visual y lírica al final del film.
Por lo demás, y lo siento por sus seguidores, Carruth sigue sin decirme nada especial.
Eliseo
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