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Sinopsis
Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jam... Leer sinopsis completa
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15 de Mayo de 2011
65 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La verdad es que la voy a puntuar con un escuálido cuatro aún después de ver las sobredimensionadas puntuaciones de los 16 primeros críticos. Y es que no entiendo cómo gente que ve tanto cine, puede acabar poniendo un 8 a esta película (o quizás sí que lo sospecho...)
Como suele ocurrir últimamente con las películas de Allen, la idea está bien pero ahí se acaba todo. La película carece de emoción y tensión. Los diálogos no son rápidos, ni chispeantes. Que París es muy bonito, ya lo sabemos. Que tiempos pasados siempre parecen mejores, también.
Mención especial para los secundarios que hacen de Hemingway, Picasso, Toulouse Lautrec, etc, totalmente inexpresivos...
Finalmente, decir que es que no haya guionistas/directores que tengan tanta imaginación como Woody Allen, es que si un realizador fuese a pedir dinero para hacer una película como Midnight in Paris, seguramente lo echarían a patadas del despacho.
PD. Soy admirador de Woody Allen pero esta película es mala. Las cosas como son.
candle  |
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15 de Mayo de 2011
51 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Woody Allen dedíca esta película a homenajear a París, pero lo hace sin salirse del camino trazado por la guía turística más tópica. La ciudad luce esplendorosa pero fría y distante. Con la película sucede lo mismo. Todo se trata, en definitiva, de un gran cliché.
Se trata de una película en la que los personajes son los típicos ya no de las películas de Allen, si no clichés en general, escritor que quiere destacar, novia rica, amigo snob, los franceses vistos según los americanos, los personajes históricos,... todos clichés.
La película se dedica a realizar guiños intelectuales, el espectador "avispado" lo pilla y queda encantado consigo mismo, pero, no nos engañemos estos guiños no van más allá del mero cliché, los artistas son los típicos, reconocibles aún sin saber nada de ellos, los guiños que realiza no van, tampoco, más allá (Sorprende el echo de que un amante del jazz como él no se fijara en el París de los años 30 con Django Reinhardt y Stéphane Grapelli, o quizás pensó que eran demasiado poco conocidos para el gran público)
El gran defecto de la película, no es que se dedique a hacer guiños que algunos pillan y otros no, es que no hay nada más, parte de una idea, coge a ciertos personajes y su desarrollo es mero cliché, nada nuevo ni por desgracia nada del bueno de Allen, sus diálogos, pese a lo dicho en otras críticas, son totalmente olvidables, sus chistes diminutos, un par pueden hacer gracia, pero pese a ello no merece la pena ver la película.
La película no aburre y por ello su aprobado, pero poco más se puede allar en ella.
Para ver como un viaje al París del cliché, simpática pero no hay nada más que un bonito envoltorio. Esperemos que el próximo Allen vuelva a divertirnos o sorprendernos, pero con algo verdaderamente digno de él.
Meinster  |
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31 de Octubre de 2011
37 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tiene mérito financiarse viajes del Imserso a costa de los cinéfilos. Esa es la única "genialidad" que me hace gracia de Allen en estos últimos... ¿quince años?
Parece que el molde es fijo: paseíto por la ciudad y cháchara. Lo demás da igual, alguna idea prestada por aquí, algún chiste gastado por allá, y a vivir del cuento ¿qué más da? Hasta el mismo Allen lo reconoce en la escena que vale más la pena que es toda una confesión de parte: un pedantorro alabando un cuadro de Picasso, y el prota desvelando la realidad de esa obra fallida.
Hay que reconocer que está más trabajada que la vikingada que hizo con Barcelona. Es lo que tiene la experiencia en viajes organizados, que uno va captando que postalita le gusta más al turista.
En fin, que si esto lo filma un tal John Smith la media no alcanza el cinco ni de coña.
Próxima parada: Roma. Vayan comprando sus billetes que el guía siempre suelta lo mismo y no varía el itinerario, no se preocupen.
Gilbert  |
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17 de Septiembre de 2011
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La última película de Woody Allen es bastante mejor que la penúltima.
Es una película que, si bien puede dejar al principio indiferente, te das cuenta una vez analizada que, desde luego, te invita a soñar un rato.
Es cierto: los nostálgicos siempre querrían vivir en otras épocas, imaginar otros mundos, otras historias.
Esta película nos transmite que, sea cual sea la época que nos ha tocado vivir, puede ser mágica.
El ambiente parisino, el aire a Van Gohg, la utopía..todo es posible.
Sólo debemos aprender a soñar.
azulada  |
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19 de Julio de 2011
37 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Sé que muchos me mandarán al paredón por escribir esto, pero no lo puedo evitar: Woody Allen siempre me pareció un tipo con muchos complejos. Complejos que siempre pretende superar haciéndonos ver todo lo intelectual que es. Normalmente no hay que hacer un gran esfuerzo para pasar por alto esta circunstancia, pero con Midnight in Paris la cosa se va de madre.
Esta vez Woody Allen se empeña tanto en restregarnos su inmenso nivel cultural que incluso da la sensación de que se olvidó de cómo hacer bien una película: la banda sonora está bien, sí, y la forma de mostrarnos París muy lograda... pero el guión es bastante lamentable (todo en el spoileadero) y la dirección resulta más bien flojita (no se pueden hacer unos planos secuencia/generales encuadrando a la vez a actores tan penosos como Owen Wilson, Rachel Mcadams y los que hacen de sus padres). Todo esto al precio de enseñarnos sus amplios conocimientos sobre la cultura europea. Pues vale, muchas gracias señor.
Pero lo peor de todo es que Allen no sólo alardea de sus conocimientos, sino que lo hace además de forma presuntuosa y muy poco humilde, como si te mirara por encima del hombro. Un ejemplo es la improcedente manera de retratar a los genios pensadores del primer cuarto de siglo XX, sacando a relucir cualidades a las que un verdadero intelectual no le daría importancia: a Picasso lo representa como un mujeriego, a Hemingway como un borracho impresentable, a Dalí como un excéntrico casi perturbado… Muchos dirán que sólo son parodias cariñosas de esos personajes, pero yo las encontré más bien irrespetuosas. El momento en el que lo vi más claro fue en el penoso guiño a El Ángel Exterminador, donde Buñuel queda plasmado como una especie de pánfilo de tres al cuarto y se colma el vaso de la vergüenza ajena.
En cualquier caso, al margen de estas conjeturas, lo que quiero decir es que para mí un verdadero artista es aquel que es capaz de enseñarte su cultura y sus conocimientos sin la necesidad de restregártelos por la cara, de forma implícita y sutil, y no con la pretensión que caracteriza a Woody Allen de “demostrar lo mucho que sabes por encima de todo" . Porque Allen alardea de sus conocimientos de forma explícita, casi arrogante y sin ser capaz de transmitir algo más que un continuo torrente de información. Y el artista que hace eso no es un artista: es un charlatán, y lo seguirá siendo hasta que aprenda que en el cine la sutileza no es una simple opción, sino más bien un dogma que prácticamente siempre debería tenerse en cuenta.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
• Al minuto uno, se nos introduce en el tema de los saltos en el tiempo con cuatro indirectas metidas con calzador.
• Al minuto dos, Woody Allen hace que, con tan sólo un par comentarios, el barbudo pedante del grupo de amigos nos caiga mal, de forma tan obvia que hasta da vergüenza.
• Viajar en el tiempo y aceptarlo al minuto tres, como si fuera algo totalmente razonable es muy inverosímil. Era necesario un mínimo escepticismo por parte del pesonaje (Recordad a Bill Murray en El día de la Marmota, por ejemplo).
• La explicación de la moraleja, la que Owen aclara al final a Cotillard, es totalmente prescindible. Esto es porque dicha explicación, además de casposa, es totalmente evidente y, por lo tanto, redundante (da la sensación de que Woody Allen supone que los espectadores somos tontos y necesitamos de una aclaración de apoyo para entender obviedades como esa).
• Las subtramas se abren y se cierran sin ton ni son y de manera completamente desestructurada (como las del detective o la librera).
• Un claro ejemplo de lo que acabo de mencionar: la discusión de Owen con su novia al final de la película cerrando la historia principal.
- Cariño, Hemingway me dijo que tuviste una aventura con mi amigo barbudo.
- Ups, sí, es cierto, la tuve, me pillaste.
- Ah bien, entonces a lo mejor es que no estamos hechos el uno para el otro.
- Vale.
(entran los padres de la chica)
- Uy, ¿qué pasa aquí?
- Nada, que estamos rompiendo.
- Ah perfecto, pues adiós.
- Hasta luego.
(Owen se va con la de la librería porque es tan intelectual como él)
FIN
Pues vale, gracias otra vez, señor Allen.
Nietzsbender  |
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