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| The Wire (Bajo escucha) (Serie de TV) |
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| David Simon (Creator), Joe Chapelle, Ernest R. Dickenson, Clark Johnson, Ed Bianchi, Steve Shill, Daniel Attias, Timothy Van Patten, Agnieszka Holland, Brad Anderson, Clément Virgo |
(2002)  |
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| DVD |
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| 28 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sus iniciales títulos de crédito avisan que vamos a ver imágenes residuales de la propia temporada montadas con ritmo y sin aparentes intenciones. “The Wire” funciona como ese mosaico que se nos muestra sobre un mismo tema: diferentes imágenes amoldadas a una versión distinta en cada temporada de la misma canción compuesta y escrita por Tom Waits.
La serie de David Simon está simplemente tan bien armada que un breve tirón de un hilo estira y tensa a otros tres, que a su vez mueven a otros cinco y así, sucesivamente, alargando toda una pequeña madeja, que cabía en la palma de una mano, hasta abarcar una ciudad completa. “The Wire” es y funciona como suma de elementos orgánicos en pequeñas secuencias que forman un resonante conjunto. Todo está orquestado mediante innumerables personajes secundarios que forman un conjunto coral demoledor. No se puede valorar como partes de un conjunto, como una simple dosis introducida en nuestro cuerpo en dos o tres episodios porque solamente podemos valorarla en un completo abanico y conjunto. Es toda la cadena de distribución al completo. Pura simbiosis de la serie que genera su trama con breves aleteos que se convierten en feroces huracanes.
“The Wire” es una serie grande, monumental y una de las más completas vistas en pantalla pequeña porque ilustra una ciudad al completo. Desde la burocracia política y policial pasando por la que habita en la ley de las calles, comparadas con un tablero de ajedrez, hasta la que forma parte de la educación, un puerto o la de un periódico.
La construcción de la secuencia se realiza por breves ecos. Directos y sencillos. Economía en estado puro. La belleza de su construcción de guión oscila sobre un completo conjunto. En su episodio final se cierran tramas incluso circulares, ciclos vitales e instintos de supervivencia. Es la gracia del encanto artístico, de la clase conciliadora sobre fondos y leyendas, de puestos sobre puestos y de magnificencia como una apisonadora.
Genialidad que nos demuestra que la marcha es sueño en vida y las series de televisión captan una breve porción de un camino de miradas, acciones y momentos. Personajes que intentan luchar frente a un mundo hipócrita y se dan cuenta que la hipocresía es una regla y requisito más del sistema. Tal vez el leitmotiv de la serie sea el precio que hay que pagar por sobrevivir intentando ser fiel a principios. Ese es el de ser expulsado del sistema. En un mundo donde mentir es la ley y su motor la injusticia explotando los principios.
El mundo marcha porque tiene que marchar y nada puede detenerlo. Si lo observas mucho desde el exterior seguramente veas la ironía y simpleza de un objeto, que ya es difuso, dando vueltas sobre un eje inamovible. Si estás dentro e intentas ir contra su rotación acabarás mareado y vomitando todo lo que llevas dentro. El mundo marcha, míralo desde la excluyente distancia, déjate llevar o acabarás muerto en tus propias nauseas.
Maldito Bastardo 
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| 24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Davilon
Cádiz (España)
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Su valoración:  |
20 de Octubre de 2008 |
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El comienzo de The Wire comparte con otras series de HBO, como Deadwood o Los Sopranos, ese desarrollo pausado, sin estridencias, que impide que enganche como otros productos con más concesiones de guión al divertimento inmediato (Lost, Héroes o Dexter por ej.), sin menosprecias a éstas últimas. The Wire hace una apuesta por mostrar desde varias ópticas una realidad muy compleja, y además confía ciegamente en la inteligencia del espectador: no hay diálogos "aclaratorios" que expliquen al televidente lo que está pasando, no hay un repaso tipo 'previosuly on...' al principio del capítulo, no hay subtramas personales "telenoveleras" para dar un respiro al público del argumento central (lo único que se muestra de la vida personal de los personajes es lo necesario para darles una dimensión realista y comprenderlos mejor).
Con todo esto, no me sorprende que a algunos les resulte una serie árida, sobre todo al principio. Pero si persistes, ¡amigo, cómo te compensa! Una temporada-un caso, lejos de los convencionalismos de otras series policiacas donde cada capítulo está cerrado, donde todo sale como la seda para que al final el malo acabe condenado. Aquí la calle es de verdad, los policías no son adalides de la justicia, el sistema está corrupto a todos los niveles, y jueces y senadores son una maraña que dificulta una investigación que no saben si les puede salpicar, y los medios con los que se cuenta son precarios y miserables, lejos de los brillantes laboratorios de CSI.
Sólo puedo decir que me encanta esta serie, tras ver la primera temporada alucino con David Simon. Agradezco que no pretendan contarme una historia de buenos y malos y mandarme a la cama feliz de lo bien que funciona el sistema. Gracias por enseñarme los entresijos de la investigación policial, por no quedarse en lo tópico y evidente, y describir la realidad del tráfico de drogas como nunca antes lo había visto, enseñando todos los niveles, desde los trapichas que venden el producto hasta los senadores que se benefician permitiéndolo. Gracias por una serie que, cuando gana inercia, se lanza, te agarra y no te suelta hasta el último minuto.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Lo que redondea la primera temporada es ese final agridulce, en el que tras tanto esfuerzo apenas se consigue nada y, en esencia, todo sigue igual. En su afán de mostrar la realidad sin concesiones, sin contaminarla con los recursos de la narración televisiva, al final ni siquiera ganan los buenos.
Davilon 
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| 23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Herr Jasper
Una criatura (Antigua y Barbuda)
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Su valoración:  |
19 de Octubre de 2010 |
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Cinco temporadas para construir Baltimore. Para trazar minuciosamente -con el detalle con el que Lester pule sus miniaturas- cada rincón de la ciudad y cada colectivo que lo conforma: los yonkis y sus chabolas en Amsterdam, los camellos que venden en las esquinas y los que se la suministran desde un todoterreno, los mafiosos que se reúnen con Prop Joe para repartirse el cotarro, el colegio donde Preszbaluski se convierte en héroe, los gimnasios donde algunos se atreven a plantar cara a la realidad, el diario local, los juzgados, el departamento de homicidios con sus 22 cadáveres, los muelles y la que se arma por una maldita vidriera, los despachos de abogados y fiscales sedientos de sangre, o el del alcalde que se curte en el duro mundo de la política, la cárcel, el hoyo y los mendigos amenazados por asesinos ficticios, los bares donde todos se juntan para beber sus penas, las casas donde sobreviven, los trasteros donde se refugia Omar Little, las vías del tren donde McNulty y Bunk van a refugiarse de toda la mierda a su alrededor.
Donde todos están hasta el cuello. Donde no hay ni buenos, ni malos, sino supervivientes. Donde la línea entre el bien y el mal únicamente la dicta la propia conciencia de los personajes (enorme final para esta serie). Baltimore. En lo más hondo del hoyo.
El universo más vasto, real y profundo que jamás he visto en una pantalla. Los personajes más sabiamente desarrollados que puedan concebirse para una serie. Una obra descomunal, inmensa, irrepetible. Una OBRA MAESTRA.
Herr Jasper 
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| 20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Adriana
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
7 de Junio de 2009 |
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The Wire es una serie para los amantes del cine. Tiene alma. Vida propia. Es real. Es tangible y verosímil. Sin adornos ni estridencias. Algunas de las frases que se pronuncian en los diálogos de esta obra maestra son aplicables a la vida de cualquiera, pero los silencios, eso ya es otra cosa. Los silencios en The Wire son la prueba de que todavía hay alguien ahí. Todavía existe gente con gusto por el audiovisual y el producto de calidad, que no trata al espectador como un necio llenando cada segundo de metraje con frases que intentan ser más o menos lapidarias o memorables. Gente que entiende que, en la vida, no siempre decimos algo gracioso, o definitivo, u ocurrente en el momento preciso. De hecho, casi nunca sucede así.
Muchos de los capítulos de The Wire terminan con escenas tan normales que despistan. No intentan que acabes mordiéndote las uñas en esos 2 últimos minutos. Te las muerdes porque el guión es tan poderoso y atractivo que no puedes dejar de pensar en él. Porque da la impresión de que todos esos personajes existen, y tienen que vivir en Baltimore todos los días de su jodida vida, así que para qué mostrarte a un personaje nuevo en el final de un capítulo, o dejar a medias una persecución. The Wire se paladea, y agradezco a HBO el haber hecho 5 temporadas de ésta, la mejor serie que yo haya visto jamás.
Adriana 
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| 19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Rand
Málaga (España)
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Su valoración:  |
16 de Agosto de 2009 |
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Hubo una época, en las sobremesas de las cadenas privadas españolas, que los telefilmes de tres al cuarto copaban la programación. Los actores y el doblaje eran nefastos, y las historias pretendidamente lacrimógenas no resultaban ser mejores. El único interés que sustentaba un producto de tan mínima calidad era que se basaban en hechos reales, algo que en aquellos tiempos era sinónimo de implicación social o humana, y que, en teoría, multiplicaba el interés frente a historias inventadas de un guionista más o menos brillante. La fórmula puede ser que tuviese su éxito al principio, pero tras treinta historias de maltratos en un seno familiar y cuarenta historias de juicios resueltos in extremis por pruebas pretendidamente confusas, cualquier espectador con una mínima capacidad de criterio, cambiaba de canal automáticamente.
Los años han pasado. Hoy por hoy no es un secreto que las series de televisión cuentan con presupuestos similares a muchas de las películas que se estrenan en los cines. Los grandes actores no solo se pueden encontrar en la gran pantalla. Y los mejores guionistas, de repente, ven como se les da la oportunidad de desarrollar historias que no se ven reducidas a dos horas de metraje, si no que pueden alargarlas durante el tiempo que sea necesario para contar una historia de forma elegante y correcta. En esta nueva edad de oro de la televisión, la calidad de muchos de los productos es indiscutible. Series como Los Soprano o A Dos Metros Bajo Tierra han marcado un antes y un después en todas sus facetas, y es poco probable que un producto cinematográfico vaya a conseguir jamás inspirar las mismas sensaciones que estas grandes producciones.
En este punto me encontré con The Wire. Una serie basada en hechos reales, como los telefilmes de antaño, pero desarrollada por la HBO y fuertemente alabada por las críticas y el público, como las nuevas grandes series. El argumento, visto de forma superficial, no me resultaba para nada atractivo. Unos vendedores de drogas en los suburbios de una ciudad norteamericana y unos policías que quieren meterles en la cárcel. Sin embargo, bien merecía una oportunidad. Y agradecido estoy de habérsela dado.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: David Simon, el creador de la serie, fue durante veinte años periodista del Baltimore Sun, el periódico de la ciudad donde se desarrolla la trama. Su trabajo fue el de investigación de homicidios. Como él mismo dice, tardó cuatro años en conseguir sus primeras fuentes, y otros tantos años en empezar a vislumbrar lo que realmente ocurría en la ciudad, detrás de todos los asesinatos, el aumento de la violencia y la incapacidad policial, la distribución de la droga, las guerras de bandas, etc. Lo que ocurría en Baltimore no se diferenciaba prácticamente de muchas ciudades norteamericanas. Y conforme pasaban los años, más iba entendiendo porqué ocurría cada cosa y que lugar ocupaba cada uno de los peones en dicho juego. Por suerte para nosotros, Simon un día decidió poner su talento a trabajar para hacer una serie que mostrase todo esto de forma fiel y sin dejar nada en el tintero. Como resultado quedo The Wire.
A lo largo de todas las temporadas, todas las piezas sueltas de la maquinaria de la ciudad empiezan a encajar. Los vendedores de drogas la consiguen de personas que la introducen ilegalmente a través del puerto. Los jefes de dichos vendedores recaudan el dinero y pagan sobornos a altos cargos políticos de la ciudad. Estos a su vez se mueven pensando solo en el beneficio personal e intervienen en la vida judicial. La influencia de la prensa sobre estos, además, hacen que deban tomar decisiones para contentar a los ciudadanos y les voten en las siguientes elecciones… La máquina está corrupta, pero perfectamente engrasada. Y si algo consigue esta magistral serie es despiezar sus entrañas, y mostrar que la única diferencia entre el vendedor de droga de la esquina y el político de turno, es su nivel de relevancia, ya que ambos forman parte de la gran telaraña.
Destacar a algunos personajes por encima de otros sería injusto. Todos y cada uno de ellos tienen una personalidad profundamente marcada y que va evolucionando a lo largo de los capítulos. Pero a todos, desde los policías que ven arruinadas sus carreras por querer hacer bien su trabajo, hasta el más malvado y ruin de los jefes de los vendedores de droga, todos, son personajes memorables y tienen momentos inolvidables. Nadie se libra de tener puntos oscuros, como el detective McNulty o el teniente Daniels, ni nadie se libra de generar cierta simpatía en el espectador, como Omar o Marlo. En esta serie no existen las pinceladas gruesas ni los manidos clichés. Cada persona es humana, con sus virtudes y defectos, como en la vida misma.
Hasta siempre, The Wire.
Rand 
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