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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
2 de Mayo de 2009 |
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Uno de los inconvenientes de ser un niño prodigio en los tiempos en que Austria era una de las más preeminentes cunas de la música, era que no te permitían tener infancia.
Ludwig van Beethoven, de orígenes humildes, tenía un padre que admiraba sin límites al gran monstruo de Wolfgang Amadeus Mozart. La música estaba presente en la familia del pequeño Ludwig, pero su padre no se conformaba con que el apellido de su estirpe se perdiese en la indiferencia de lo mediocre. Veía en su hijo a un nuevo Mozart.
Y esa obsesión marcó al pequeño de por vida.
Haciéndolo estudiar duramente, lo privó de una infancia corriente y se empeñó en presentarlo a personalidades influyentes. Incluso persisten rumores de que el mismo Mozart llegó a conocerlo, y que le auguró un brillante futuro, rumores que nunca han podido ser confirmados.
Pero, presionado o no, no cabía duda de que el talento del pequeño Beethoven era extraordinario. Dio con buenos maestros que supieron orientarlo y encauzar sus cualidades.
Y así, el joven compositor, de personalidad turbulenta y poco social, llegó a ser uno de los mayores genios de la historia de la música. Marcado por el estigma de su padre obsesionado y alcohólico, por la prematura muerte de su madre, por las dificultades familiares y económicas, por desengaños amorosos (sobre todo debidos a las diferencias de clase social) y por el irónico inconveniente que para un compositor supone la sordera (que empezó a padecer a temprana edad), Beethoven fue encerrándose en sí mismo y en las notas que sonaban sin cesar en su cabeza. Llevaba una existencia bastante solitaria generalmente, y austera. Le había sido asignada una pensión para que, a diferencia de Mozart, no acabase en la indigencia. Esos ingresos fijos le libraban de la pobreza, pero tampoco lo convertían en rico. Y, además, estaba su único heredero, su sobrino Carl van Beethoven, a quien él iba a legar sus escasas posesiones terrenales, y cuyo apellido ya había sido tocado por la inmortalidad.
El insigne compositor desarrolló un carácter cada vez más agrio y amargado. La directora cinematográfica Agniezska Holland le dio los rasgos de Ed Harris y lo confrontó, en los últimos años de su vida prolífica y atormentada, con una joven aspirante a compositora, encarnada por Diane Kruger.
En una época en la que está muy mal visto que las mujeres aspiren a ocupaciones que se consideran masculinas, la joven Anna Holtz, dotada con talento y pasión para la música y brillante copista de partituras, quiere demostrar al gran y curtido maestro que ella es tan capaz como cualquier hombre, y desea mostrarle sus progresos para que él la guíe por los pasos de la música.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Maestro y copista van desarrollando una difícil relación de dependencia y comunión, en la que sus espíritus llegan a tocarse, en la que Anna aprende a observar la esencia pura de la que brota la música. Beethoven le muestra que la música es mucho más que matemáticas, notas, ritmos... Le muestra la importancia del silencio entre las notas. De apreciar esa unión entre corazón y sonido.
Le enseña a transcribir los sentimientos en partituras.
Ella, a su vez, se transforma en los oídos que él necesita cuando dirige a la orquesta. En el espejo que le hace ver su propia conciencia. En ese resto de ternura que estaba perdiendo. En la franqueza que le coloca delante las verdades.
Para él, no existe el genio sin alma.
Vivoleyendo 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Trascripción bastarda de la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven:
«Naaa naaa naa naa naa naa naa naa naa naa naa naa naaaa naa naaaa nana. Naaa naaa naa naa naa naa naa naa naa naa naa naa naaaa naa naaaa nana. Naaaa na na na naaaa na na na na nananana naaaa naaaa.»
Pues eso, que na de na. Ed Harris mutado de Beethoven es como si ponemos a Constantino Romero una peluca rubia para hacer un homenaje a “Con faldas y a lo loco”. Absolutamente turbador como Greta y su peluca en “Gremlins 2. La nueva generación”.
Destaca únicamente la dirección en algunos momentos con ese seguimiento inestable y vibrante a Beethoven. ¿Canta?, en todo lo demás: Beethoven se bañaba jodiendo al vecino y hacia chistes escatológico-musicales. Todo un genio. La película de Agnieszka Holland y su dirección académica sólo sirve para ver muchos trajes de época y sus licencias históricas. ¡Y se supone que la música se debe filmar sola! ¿La novena? Aunque aquí si la hubiesen llamado la décima y Diane Kruger fuese madridista tendría su gracia y con todo lo visto hasta hubiese sido más coherente. Beethoven sordo, eso sí.
Maldito Bastardo 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
22 de Diciembre de 2009 |
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Film realizado por Agnieszka Holland (Varsovia, 1948), sobre un guión de Stephen J. Rivele y Christopher Wilkinson. Se rueda en escenarios naturales de Budapest, Kecskemet y Sopron (Hungría) y en Mafilm Studios (Hungría). Producido por Sidney Kimmel, Stephan J. Rivele, Christopher Wilkinson y Michael Taylor para Sidney Kimmel Entertainment en asociación con MGM, se estrena el 30-VII-2006 (EEUU).
La acción tiene lugar en Viena, entre comienzos de mayo de 1824 y finales de marzo de 1827. La acción comienza en los días anteriores al estreno (7-V-1824) de la 9ª Sinfonía en el Kärtnertortheater (Viena). Anna Holtz (Kruger), de 23 años, hija de un minero de Silesia, estudiante de composición, es contratada por Beethoven (Harris) como copista de partituras.
La película suma drama, biografía, música y romance. El relato se centra en la figura del compositor, del que se propone construir un retrato que mezcla referencias históricas e imaginarias, sin que el espectador pueda distinguir unas de otras. Beethoven contó con dos copistas varones. El personaje de Anna suma datos fragmentarios de dos mujeres reales. Parece fuera de duda que el artista no dirigió el estreno de la Novena: su sordera era completa desde 4 años antes de este acontecimiento. Son más ciertos los rasgos personales del artista: temperamental, inestable, misógino, desordenado, desconfiado y solitario. Su imagen física está tomada del conocido retrato al óleo que de él hizo (1820) el pintor Joseph K. Stieler.
Entre los aciertos del film se cuenta la explicación de la fuerte personalidad del compositor, su búsqueda constante de innovaciones, su tesón contra los efectos de la sordera, su concepción sobre la trascendencia de la música y su naturaleza superior. Es imaginaria la descripción de su relación tormentosa y prolongada con Anna.
La música ocupa posiciones variables: primeros planos rotundos, planos intermedios y fondos tenues. De la Novena se ofrecen fragmentos de 4 movimientos en una secuencia culminante de 11 minutos, extraídos de una versión más rápida de lo habitual. Se añaden fragmentos de la "Gran Fuga", la Séptima, sonatas, etc. Se agradece la naturalidad del sonido de los instrumentos, gracias a la ausencia de grandes efectos sonoros. La fotografía, de Ashley Rowe, hace uso predominante de una paleta saturada de marrones, ocres y cremas, contrastados con tonos intensamente oscuros. El trabajo de cámara es muy activo, con barridos rápidos, encuadres singulares (mano, manzana, plato...), planos imaginativos (imagen alejada del maestro entre dos platillos verticales en primer término), juegos de imágenes, primeros planos efectistas, travellings, etc. La narración visual trata de acompañar y explicar las variaciones de la música. Buena interpretación de Ed Harris.
Película interesante, mezcla de historia y ficción, especialmente indicada para melómanos.
Miquel 
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| 16 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gilbert
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
27 de Febrero de 2007 |
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El tema prometía, las actuaciones están bien, pero Dios qué dirección más horrorosa.
No se sabe si quiere hacer un Ludwigeus, una historia sobre la copista, y apuntadora, de Beethoven o qué.
Toda la escena del estreno de la novena sinfonía, que es el meollo de la película, está fatalmente realizada. No sabes si están dirigiendo una orquesta, ensayando polichinelas o jugando a las sombras chinescas con las manos. Desde luego hay que hacerlo rematadamente mal para que no te emocione la novena sinfonía.
Gilbert 
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| 10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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maria luisa
madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Noviembre de 2006 |
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Lo único bueno de esta película es la banda sonora. La actuación de Ed Harris es forzada y exagerada, aunque supongo que debe apetecer bastante hacer eso cuando a uno le ponen semejante nariz postiza, mientras que la de Diane Kruger se queda corta.
Horrible el tratamiento que tienen en Hollywood hacia la historia, deberían pedir consejo a historiadores e informarse bien de fechas y acontecimientos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La trama es pobre y poco creíble, una mujer de 23 años a principios del siglo XIX, corrigiendo las partituras de un hombre, y después dirigiendo la orquesta por él, sería lo mas corriente por aquella época, si, si...
maria luisa 
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