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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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SteppenManu
Murcia (España)
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Su valoración:  |
2 de Marzo de 2010 |
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Ya tenía ganas de ver esta película. La tan famosa Metrópolis, inspiradora de tantas, precursora de tanto.
En la crítica al cine siempre hay que saber establecer una distinción entre el mensaje de una película y su aspecto técnico, entre su guión y su expresión artística.
En su faceta meramente artística, Metrópolis es un gran paso en lo que llamamos cine, y nadie le va a restar méritos en ello. Obra ejemplar del expresionismo alemán, donde la prevalece la intención de provocar sensaciones subjetivas mediante el impacto visual, en vez de mostrar realidades objetivas. Su ambientación atrayente y cautivadora sirve de escenario a una ciudad del año 2026 que es inmensa y claustrofóbica al mismo tiempo. Una de las primeras piedras de la ciencia-ficción se colocó así en clave distópica y futurista. De la misma manera que la banda sonora y el fondo musical hacen un trabajo que compensa mucho la ausencia de diálogos sonoros (es cine mudo, recordemos).
Ahora bien, si entramos en la parte del mensaje, siento decir que llega a ser indignante.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Lo que comienza siendo un símil hiperbólico pero acertadamente planteado de la explotación del hombre por el hombre con la ayuda del dominio de la tecnología por los pudientes, termina dando una moraleja del todo pasmosa. Aunque quizás lo es menos cuando advertimos que esta película ha sido nombrada patrimonio artístico por la ONU y que su guionista, Thea von Harbou, mujer del director, Fritz Lang, simpatizó con el Tercer Reich, siendo esta precisamente la causa de su ruptura.
Yendo al grano, el final nos da un mensaje que no pretende abolir esta explotación, sino que pretende, con esa ambigua sentencia rodeada de estética religiosa a lo largo de toda la película, que "entre el cerebro y las manos medie el corazón", lo cual se traduce, mediante una interpretación literal de la escena final, en que los explotados acepten su rol y los explotadores lo sigan siendo. Pero, eso sí, con una sonrisa y buen voluntad, oye. No se dejen llevar por radicalismos utópicos (muchas reminiscencias al ludismo), que sólo traen consigo libertinaje y relajamiento moral, sean moderados, acepten con religiosa, cristiana resignación su papel, su jornada laboral interminable, que los de arriba, con cerebro y buen corazón, sabrán hacer las cosas bien.
SteppenManu 
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| 9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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McCunninghum
Villacanicas del Hoyo (Santo Tomé y Príncipe)
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Su valoración:  |
1 de Abril de 2010 |
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Metrópolis es un tratado sociológico de pacotilla, increíblemente pueril.
Este titular, que nos lo concede El Crítico ya aposentado y con contrato editorial, nos resume la habitual reacción frente al film de Lang. La candidez argumental, que nos invita a la creencia (des)corazonadora en la mediación entre el Cerebro y la Mano, no puede menos que sonrojarnos.
Por todos es sabido que Fritz renegaba del guión que la por entonces su mujer Thea von Harbou –ulterior seguidora nazi- había pertrechado. Más allá de la obsesión germana por la “mediación”, trastorno que tiene su origen en el idealismo de Hegel, Fichte y Schelling, la de Fritz es la posición de Schopenhauer: frente a la dialéctica de la superación, el fatalismo de la existencia.
Metrópolis, más que por la panfletada que menciona Gubern, es y será recordada por ser la primera película de ciencia ficción mítico-épica, fundando un género que ha sido y es transitado aún hoy (los casos ejemplares son Blade Runner y Matrix). Como película que representa la decadencia del expresionismo alemán –en un salto de lo pictórico a lo arquitectónico analógico al de Malevitz y el suprematismo nihilista soviético (otra forma de fatalismo)-, Metrópolis evidencia igualmente las altísimas cotas de modernidad que el cine mudo estaba alcanzando, cotas que quizá serían anuladas de cuajo por la inmediata llegada del sonoro: pensamos en películas como Amanecer de Murnau, Napoleón de Gance o La caja de Pandora de Pabst, por citar algunos filmes que, a finales de los años 20, dibujaban una profunda evolución en el quehacer fílmico y el desarrollo de sus posibilidades.
La de Lang, una producción que le salió a la UFA por cinco millones de marcos y casi le llevó a la bancarrota –obligando a Lang y su productor Erich Pommer a salir de la productora que, poco después, acabaría haciendo películas al mismo tiempo que Krupp fabricaba armamento militar: tiempos del cine-fábrica y el director-obrero- es una película mutilada por la historia.
No sólo en la práctica, con la pérdida de casi una cuarta parte del metraje y sus múltiples versiones, hasta que Pattalas consiguiera la edición más cercana a la original. Sino también en la teoría. La crítica ha denostado frecuentemente Metrópolis como un film fallido, ingenuo y aburrido. Los defensores de Metrópolis han acabado siendo los discotequeros como Giorgio Moroder (que hizo una versión coloreada de unos 80 minutos), los ciberpunks lectores de William Gibson o los tecnócratas de Detroit, que han hecho una versión musicada por el dj Jeff Mills.
(sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pero lo que esa prótesis que es la memoria no olvidará son ciertas imágenes que Lang propone: los obreros en las fábricas, la fábrica como un Moloch gigante, María perseguida por la linterna de Rotwang, el baile esquizo de Maria 2, la leyenda de Babilonia… Inolvidables imágenes logradas por el arquitecto Lang y sus adláteres Freund y Schüfftan, y un sinfín de hallazgos técnicos. Por que Metrópolis es sobre todo eso: un ejercicio de arquitectura experimental, un libre hacer de la fantasía. Sabemos que el origen del escenario –Gran Personaje- lo encuentra Fritz al toparse con el skyline de New Cork, imaginándose qué vida habitaba en el interior del monstruo metropolitano.
El fatalismo de Fritz, que le hizo permanecer incólume toda su vida, le permitió ser un autor dentro de la industria y la política de los géneros y las estrellas de Holywood, tras su huída en 1934. Lo empujaba un férreo y atroz individualismo. Supo vérselas con el negro, con el western, con el cine de aventuras, el thriller psicológico. Y salió, si no indemne (Secreto tras la puerta, Más allá de la duda), sí bien parado: Sólo se vive una vez, Los sobornados, La mujer del cuadro, Perversidad, Los contrabandistas de Moonfleet… Por ello la Nueva Crítica –en palabras de Roland Barthes- supo apreciarle. Por ello Godard le dio el papel de director de cine en El desprecio, introduciendo al Productor y a la Gran Actriz en un coche y tirándoles al agua.
Porque Fritz, desde un principio, siempre estuvo solo y errátil. Solo con su destino: “poder real, llámese dictadura, ley o sindicato del crimen. Se trata de la voluntad de salvaguardar la individualidad y es importante luchar para conseguir el triunfo.” Fatal Fritz, este realizador que pinta y construye gris sobre gris, nos dice lo que Morfeo le dice a Neo al despertar a la realidad, observando un Chicago en ruinas tras una guerra nuclear en Matrix. Mira esos rascacielos y –fatalmente- piensa: esos edificios son ruinas que crecen hacia arriba. Nos mira y –fatalmente- nos dice, guiñando el ojo al otro lado del monóculo: Bienvenidos al desierto de lo real.
McCunninghum 
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| 20 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sines Crupulos
Voy al cine (Emiratos Árabes)
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Su valoración:  |
14 de Noviembre de 2007 |
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Siempre he pensado que es la película más influyente de la historia del cine, más que Ciudadano Kane o El Nacimiento De Una Nación.
Desgraciadamente tengo la peli guardada en la memoria bajo el influjo de un amargo sabor de boca.
Hay cierto "arte" Vanguardista, o Pop, o Bohemio, o Vete Tú a Saber Qué, que sinceramente, ni comprendo ni deseo comprender:
sacó hace un par de años mi novia unas entradas para ir a ver al cine esta película en una sesión especial que iba a ser grabada en directo, pues una orquesta le pondría música para su edición en DVD.
Antes de comenzar la grabación, se nos presionó diciendo por megafonía que no se podía abandonar la sala, ni toser, etc. Es comprensible.
El error que cometimos, de ignorancia, fue pensar que veríamos la peli al estilo "principios de siglo" con unos hombrecillos vestidos de smokin' y tocando el violín bajo la batuta de un director canoso a pie de pantalla.
Craso error. La orquesta estaba formada por "músicos modernos", con jerseys de ochos que silbaban, tocaban flautas electrónicas, chocaban platillos a destiempo y mezclaban sonidos extraños de sintetizador con murmullos y jadeos. No tengo oído, pensé. Esto está a otro nivel.
Pero al llegar a casa fui sincero y me dije: lo que está a otro nivel es el arte de estos músicos. ¿No serán ellos los que no han entendido a Fritz? Imágenes y música carecían de sicronización: ni temporal ni emocional.
Me niego definitivamente a creer que hay un tipo de "creación" que sólo algunos privilegiados pueden entender. Y si la hay, que lo expongan en una fiesta privada, pero por favor, los miembros de la vulgarplebe sólo nos queremos entretener.
Sines Crupulos 
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| 11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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PUCCINI007
(Colombia)
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Su valoración:  |
7 de Noviembre de 2006 |
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En los jardines de la ciudad de Metrópolis, el hijo de un potentado empresario entabla contacto visual con una misteriosa mujer. Su obsesión por aquella desconocida lo llevará a los abismos, donde cientos de artefactos y maquinas producen la energía necesaria para mantener en orden a la población. Mientras tanto un científico misántropo ha terminado su proyecto más ambicioso, un robot capaz de emular a los humanos casi a la perfección.
Basada en la novela de Thea Von Harbou, su esposa en ese entonces, Fritz Lang dirige esta mítica obra que explora los vaivenes y avatares de una ciudad ubicada en el futuro, cuya fuente y motor económico se encuentra en las profundidades, bajo el caos y opulencia del paisaje urbano, en cavernas donde han sido confinados a trabajar forzosamente, día y noche, una incontable población de esclavos obreros.
En el film, Lang reúne y oferta pasajes indelebles, como el del mito de la torre de babel, la persecución de Maria en los oscuros pasajes y cavernas de los obreros, y el festín del club para adultos, en la que realiza un admirable y extraordinario uso del montaje.
Una obra maestra indisputable del expresionismo alemán, epitome del cine de ciencia ficción, que se erige además como una de las obras más grandes y de vital importancia que ha concebido el séptimo arte.
Pierluigi Puccini
PUCCINI007 
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| 9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Travis
Granada (España)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2007 |
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Una de mis muchas lagunas en cine me hacía afirmar que 2001 de Kubrick fue la primera gran película de ciencia ficción. Hace poco tuve que quitarme el sombrero ante esta rudimentaria pero excepcional Metrópolis. Sus arquitecturas futuristas, que seguro influyeron en Blade Runner, y su increíble dinamismo frenético, nada habitual en el cine mudo convencional, la convierten en imprescindible. Tal vez la inocencia de su argumento la haga menos profunda que la ya citada 2001 y, comparándola ahora con sus contemporáneas, puede que no esté a la altura de mitos como el Acorazado Potemkin; sin embargo, se trata de una pequeña obra maestra que la mayoría de usuarios de filmaffinity ni siquiera se molestará en ver. Una pena.
Travis 
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