El manantial de la doncella
Drama
Suecia, siglo XIV. Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a su hija Karin en compañía de Ingrid, una muchacha que odia a Karin en secreto. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y abandona a la princesa, pero la muchacha prosigue su camino y se encuentra con unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida. (FILMAFFINITY)
2 de enero de 2014
2 de enero de 2014
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Qué razón es aquel dicho que dice que cuantas más expectativas te crean hacia una u otra cosa (en este caso, película) más te defrauda una vez que lo experimentas. En ningún momento quisiera referirme a que la considerada una de las obras más importantes del señor Bergman me haya disgustado lo más mínimo o que me haya parecido una aberración, eso ni mucho menos, pero sí es verdad que en ningún momento de los 85 minutejos que dura esta fábula medieval me he encontrado con la maravilla prometida u obra de arte absoluta y sin paliativos que muchos comentaban.
El argumento en cuestión (al cual parece que el amigo Wes Craven copia descaradamente en su actualizada y muy muy post-medieval 'La última casa a la izquierda'), realmente no da ni para media hora escasa. Otra cosa es que en el tiempo de relleno ya se pretenda rellenar con el típico sermón metafísico al que nos tiene acostumbrado Ingmar. El guión en sí aporta mucho más para ser debatido en un coloquio post-película en el que comentar la abundante simbología y metáforas que nos encontramos dispersas en el film, que en sí para disfrutar de su visionado, pues a que pesar de que en cierto modo pasa casi volando y la peli en sí no aburre en absoluto, durante todo el metraje nos encontramos con la molesta e intermitente sensación de estiramiento absoluto de una historia que, en el fondo y debido a su simplicidad, daba para mucho menos.
El argumento en cuestión (al cual parece que el amigo Wes Craven copia descaradamente en su actualizada y muy muy post-medieval 'La última casa a la izquierda'), realmente no da ni para media hora escasa. Otra cosa es que en el tiempo de relleno ya se pretenda rellenar con el típico sermón metafísico al que nos tiene acostumbrado Ingmar. El guión en sí aporta mucho más para ser debatido en un coloquio post-película en el que comentar la abundante simbología y metáforas que nos encontramos dispersas en el film, que en sí para disfrutar de su visionado, pues a que pesar de que en cierto modo pasa casi volando y la peli en sí no aburre en absoluto, durante todo el metraje nos encontramos con la molesta e intermitente sensación de estiramiento absoluto de una historia que, en el fondo y debido a su simplicidad, daba para mucho menos.

Gunnel Lindblom & Birgitta Pettersson
La mayor incógnita que deja en mí la obra es, ¿qué cojones significa exactamente la religión para el señor Ingmar Bergman? Durante todo el rato nos la muestra como algo que debe ser inseparable del ser humano, absolutamente imprescindible en nuestra vida cotidiana si queremos que la fortuna nos sonría y estemos alejados del Mal. Pues, a pesar de que cumplamos como buenos cristianos, acabaremos siendo puteados hasta extremos indefinibles, y una vez que desatemos nuestra ira a través de la venganza, volveremos a implorar el perdón de nuestro dios, ya que solo a través de él podemos ser capaces de obtener algo así como la redención eterna. En esta extraña y caprichosa dualidad podría consistir el mayor misterio del que se compone la religión, y que quizás sean nuestras propias debilidades psicológicas las que jamás nos permitan prescindir de ella.
Otro ejemplo de este hecho es el sinónimo de castidad sexual e inocencia representado en Karin, siempre vestida de blanco y que parece que siempre obtendrá protección divina, siendo ella la cara y la cruz la bastarda y preñada Ingeri, la cual por su mente solo circula envidia y malos deseos hacia su compañera, y que sin embargo tras su muerte solo el más profundo arrepentimiento y liberación tras lavarse las manos en las aguas (símbolo de vida) que aparecen tras levantar el cadáver de la joven doncella simbolizan su redención y el perdón a sus pecados.
Otro ejemplo de este hecho es el sinónimo de castidad sexual e inocencia representado en Karin, siempre vestida de blanco y que parece que siempre obtendrá protección divina, siendo ella la cara y la cruz la bastarda y preñada Ingeri, la cual por su mente solo circula envidia y malos deseos hacia su compañera, y que sin embargo tras su muerte solo el más profundo arrepentimiento y liberación tras lavarse las manos en las aguas (símbolo de vida) que aparecen tras levantar el cadáver de la joven doncella simbolizan su redención y el perdón a sus pecados.

Max von Sydow & Birgitta Pettersson
Interesantísima me parece la transformación de Max Von Sydow que en un principio aparece contenido y que después es capaz de asesinar al más inocente de esos jinetes de la muerte que el destino le ha enviado. La interpretación de Gunnel Lindbloom como Ingeri también me parece que sin duda roza el sobresaliente.
Aguas de manantiales y sapos negros aparte, una curiosísima reflexión sobre la religión, el pecado y la redención que me ha dejado un cierto pozo de insatisfacción tras las expectativas creadas pero que a pesar de todo, conserva esa tranquilidad tan inquietante y esa oscuridad tanto en guión como en atmósfera del maestro Bergman, a la que no dudo que más adelante le permitiré una nueva revisión del clásico.
·LO MEJOR: Las numerosas dudas que crea acerca de la auténtica "utilidad" de la religión.
·LO PEOR: El estiramiento del argumento provoca que el guión decaiga en intensidad y en efectos.
Aguas de manantiales y sapos negros aparte, una curiosísima reflexión sobre la religión, el pecado y la redención que me ha dejado un cierto pozo de insatisfacción tras las expectativas creadas pero que a pesar de todo, conserva esa tranquilidad tan inquietante y esa oscuridad tanto en guión como en atmósfera del maestro Bergman, a la que no dudo que más adelante le permitiré una nueva revisión del clásico.
·LO MEJOR: Las numerosas dudas que crea acerca de la auténtica "utilidad" de la religión.
·LO PEOR: El estiramiento del argumento provoca que el guión decaiga en intensidad y en efectos.
29 de noviembre de 2012
29 de noviembre de 2012
25 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este es un cuento de ogros, en el que un señor medieval envía a su hija a atravesar el bosque, cargando con unos cirios que ha de llevar a la iglesia para hacer una ofrenda. Son todos muy religiosos. Pero por el camino la doncella se topa con unos ogros, y se monta el cirio. Y ya no cuento más, que luego todo se sabe.
El cuento es corto, aunque el autor lo alarga aparatosamente con interminables secuencias de gente que se mira pero no se dice nada, o que meten ranas en un bocata, o que eligen modelito, o que comen sopas. También es sencillo de contar y de entender, aunque complicado de digerir por su desabrida chungez.
La película es pintoresca, curiosa, pero aburrida a más no poder. Las interpretaciones son de una teatralidad tan ostentosa, que hoy en día no hay quien las aguante. Y ya está, como curiosidad se deja ver, pero jodó, qué rollo.
El cuento es corto, aunque el autor lo alarga aparatosamente con interminables secuencias de gente que se mira pero no se dice nada, o que meten ranas en un bocata, o que eligen modelito, o que comen sopas. También es sencillo de contar y de entender, aunque complicado de digerir por su desabrida chungez.
La película es pintoresca, curiosa, pero aburrida a más no poder. Las interpretaciones son de una teatralidad tan ostentosa, que hoy en día no hay quien las aguante. Y ya está, como curiosidad se deja ver, pero jodó, qué rollo.
14 de octubre de 2018
14 de octubre de 2018
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos años después de la icónica “Det sjunde inseglet” (El séptimo sello, 1957) y sin abandonar la ambientación medieval, Ingmar Bergman demostraba seguir en una envidiable forma cinematográfica. Porque esta “Jungfrukällan” es otra obra maestra, a la altura de su celebérrima predecesora, hasta un punto tal que el entusiasmo que me afiebra desde su visionado me impide discernir cuál de las dos es mejor, caso de que dicha discriminación venga a cuento, que lo dudo. Baste reconocerles a ambas la merecida condición de maravillosas.
Bergman vuelve a recrear con suma fidelidad el extrañísimo e inquietante mundo de la Baja Edad Media. A la acostumbrada denuncia de los excesos casi sadomasoquistas connaturales al fervor religioso suma “Jungfrukällan” un interesante estudio histórico en torno a la ardua cristianización de las regiones nórdicas y la resistencia ofrecida por los viejos cultos paganos. La invocación al dios Odín por parte de la torva fámula embarazada con que arranca la película constituye un ejemplo escalofriante, lo mismo que su sórdido encuentro con esa especie de pontonero rijoso del que a duras penas consigue escapar.
Bergman vuelve a recrear con suma fidelidad el extrañísimo e inquietante mundo de la Baja Edad Media. A la acostumbrada denuncia de los excesos casi sadomasoquistas connaturales al fervor religioso suma “Jungfrukällan” un interesante estudio histórico en torno a la ardua cristianización de las regiones nórdicas y la resistencia ofrecida por los viejos cultos paganos. La invocación al dios Odín por parte de la torva fámula embarazada con que arranca la película constituye un ejemplo escalofriante, lo mismo que su sórdido encuentro con esa especie de pontonero rijoso del que a duras penas consigue escapar.

Max von Sydow
Las dudas de Bergman acerca no tanto de la existencia, como de la presencia –más bien ausencia– de Dios en el mundo, y que expondrá plenamente en obras posteriores, vienen aquí apuntadas ya, en concreto durante el estremecedor llanto final de Max Von Sydow, cuyo personaje, roto de dolor, no escatima en reproches al Altísimo. La idea que de éste plantea Bergman es muy interesante, similar en algunos aspectos a la del filósofo Spinoza, y que podría resumirse en que Dios pasa olímpicamente –nunca mejor dicho– de nosotros.
La fotografía a cargo de Sven Nykvist es de una belleza sobrecogedora. En pocas ocasiones he visto extraerle al blanco y negro tonalidades tan hermosas, alegoría de la pureza, a un tiempo divisa y némesis de su cándida protagonista. Abundan asimismo los primeros planos, dolientes y despojados, de eminente raíz dreyeriana los del señor feudal y su esposa, caravaggiescos, o velazqueños, los de los villanos.
En fin, merecidísimos Óscar y Globo de Oro a la mejor película en habla no inglesa y mención especial en el Festival de Cannes de 1960 para una cinta de hechuras pequeñas –una austeridad luterana anida en el cine todo de Bergman–, pero enorme calidad.
La fotografía a cargo de Sven Nykvist es de una belleza sobrecogedora. En pocas ocasiones he visto extraerle al blanco y negro tonalidades tan hermosas, alegoría de la pureza, a un tiempo divisa y némesis de su cándida protagonista. Abundan asimismo los primeros planos, dolientes y despojados, de eminente raíz dreyeriana los del señor feudal y su esposa, caravaggiescos, o velazqueños, los de los villanos.
En fin, merecidísimos Óscar y Globo de Oro a la mejor película en habla no inglesa y mención especial en el Festival de Cannes de 1960 para una cinta de hechuras pequeñas –una austeridad luterana anida en el cine todo de Bergman–, pero enorme calidad.
15 de mayo de 2012
15 de mayo de 2012
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sublime traslación de la Edad Media que está en el subconsciente, pero en un stand muy revisable, de quienes tenemos cierta edad y nuestra infancia transcurrió en boscosos pueblos de montaña, cuando aún las televisiones y los vehículos eran inalcanzables para la mayoría.
La naturaleza feraz sigue siendo la misma, al menos allí donde no ha llegado la motosierra y la especulación, y el hombre sigue siendo un amedrantado individuo que teme a la noche y los aullidos; que se convierte en hormiga y busca refugio bajo una piedra, entre rezos, cuando ruge la tormenta y los árboles amenazan con tirarse al suelo para huir del ventarrón.
Bergman adapta una balada sueca del siglo XIII y la convierte en un cuento de venganza, utilizando el machete de la sencillez para desbrozar el camino de salvajes brotes endurecidos por el tiempo y la leyenda.
Los amores, la inocencia, el odio y la brutal necesidad de satisfacer los agravios, son estados del alma que seguimos compartiendo con nuestros antepasados, por eso el maestro Ingmar nos hace llegar tan próxima esta historia que tal vez sucediera hace setecientos años.
La naturaleza feraz sigue siendo la misma, al menos allí donde no ha llegado la motosierra y la especulación, y el hombre sigue siendo un amedrantado individuo que teme a la noche y los aullidos; que se convierte en hormiga y busca refugio bajo una piedra, entre rezos, cuando ruge la tormenta y los árboles amenazan con tirarse al suelo para huir del ventarrón.
Bergman adapta una balada sueca del siglo XIII y la convierte en un cuento de venganza, utilizando el machete de la sencillez para desbrozar el camino de salvajes brotes endurecidos por el tiempo y la leyenda.
Los amores, la inocencia, el odio y la brutal necesidad de satisfacer los agravios, son estados del alma que seguimos compartiendo con nuestros antepasados, por eso el maestro Ingmar nos hace llegar tan próxima esta historia que tal vez sucediera hace setecientos años.

Ingmar Bergman
El manantial de la doncella (1960) vino tres años después del Séptimo sello, también con temática medieval; y aunque la tragedia está muy ligada a esos tiempos tenebrosos, la primera resulta más cristalina y esperanzadora que aquella partida de ajedrez contra la muerte.
Si no la has visto estás tardando, pasará a ser una de tus favoritas. Yo comienzo hoy a buscar la fuente prístina que brotó bajo la cabeza de Karin, por ver si aún mana y sus aguas siguen siendo las más frías y transparentes.
Si no la has visto estás tardando, pasará a ser una de tus favoritas. Yo comienzo hoy a buscar la fuente prístina que brotó bajo la cabeza de Karin, por ver si aún mana y sus aguas siguen siendo las más frías y transparentes.
30 de junio de 2014
30 de junio de 2014
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para la realización de "El manantial de la doncella" a Ingmar Bergman le bastaron menos de noventa minutos, algo que no está mal como primer apunte ya que todos sabemos que el tiempo es oro y que a la hora de ponerse delante de la televisión la cantidad de minutos que uno de ha de invertir siempre es algo muy a tener en cuenta. El tiempo es subjetivo a menudo, pero también es cierto que a la hora de ponerse una de Bergman es mejor consultar su duración, no sea el caso que se nos haga indigesta y padezcamos demasiado. Bien, he empezado con el complemento circunstancial menos agradable, y para seguir con mejor pie confesaré que es una de las películas más concretas y prosaicas que he visto del director sueco, que siempre esconde segundas interpretaciones y cuyos contenidos van más allá de lo que entra por los ojos.
Nada a reprochar sobre sobre la historia, básica y fundamental, tal y como se lee en la sinopsis es tal y como nos la enseña, por ello opino que en esta ocasión es igual de importante el cómo nos ofrece su película que su contenido. Si la vida de esta gente en el siglo XIV no nos interesa en absoluto siempre quedará la imagen. Para mi gusto, "El manantial de la doncella" tiene muchísimo interés pese a una lejanía tan inmensa tanto a nivel temporal como la no menos importante localización. Hablamos del medievo y nada menos que en Suecia... El que diga que no ha llegado aquí porque esta película la firma Ingmar Bergman seguramente será un extraterrestre. Porque la firma uno de los grandes según la mayoría, ciertamente algo sobrevalorado para algunos, pero lo que ya no entro en dudar es que la historia de la doncella mancillada, asesinada y posteriormente vengada, es la base de una de las películas más potentes que he visto de este director.
Nada a reprochar sobre sobre la historia, básica y fundamental, tal y como se lee en la sinopsis es tal y como nos la enseña, por ello opino que en esta ocasión es igual de importante el cómo nos ofrece su película que su contenido. Si la vida de esta gente en el siglo XIV no nos interesa en absoluto siempre quedará la imagen. Para mi gusto, "El manantial de la doncella" tiene muchísimo interés pese a una lejanía tan inmensa tanto a nivel temporal como la no menos importante localización. Hablamos del medievo y nada menos que en Suecia... El que diga que no ha llegado aquí porque esta película la firma Ingmar Bergman seguramente será un extraterrestre. Porque la firma uno de los grandes según la mayoría, ciertamente algo sobrevalorado para algunos, pero lo que ya no entro en dudar es que la historia de la doncella mancillada, asesinada y posteriormente vengada, es la base de una de las películas más potentes que he visto de este director.

No hay desvaríos psicológicos, no hay líneas paralelas de interpretación alternativa. Max von Sydow agarra el cuchillo que siempre se ha utilizado para los pobres animales para esta vez centrarse en los desgraciados que se cobijan en su casa, nada menos que bajo el techo de su casa. Si eso no es potencia argumental, no sé qué se le puede pedir más. Hay silencios y hay una explosión maravillosa de emociones, con el fastidioso filtro de la religión, qué le vamos a hacer, uno de los pecados capitales siempre ha sido la ira, y si la manera de pagar penitencia es construir una iglesia, una catedral o una ciudad entera en nombre de Dios, pues eso no quita que el padecimiento del pobre padre sea mayúsculo. Un manantial nace debajo del cuerpecito de la pobre asesinada, qué menos, ahí tirada en el bosque, sin su vestido y con su inocencia interrumpida, su imagen produce inequívocamente tristeza.
Así que aplaudo a Bergman, lo mismo que otras veces no me gusta en esta ocasión sí me parece admirable, con un guión sencillo, una idea clara y muchas e intensas emociones transmitidas.
Así que aplaudo a Bergman, lo mismo que otras veces no me gusta en esta ocasión sí me parece admirable, con un guión sencillo, una idea clara y muchas e intensas emociones transmitidas.
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