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Críticas de "El gran silencio"
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Costa Bávaro-Punta Cana (Rep. Dominicana)
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Su valoración:  |
7 de Abril de 2007 |
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Película muy interesante y silenciosa. Excelente para ver un día como hoy, un viernes de Semana Santa en que todo el populacho anda haciendo bulla de cachondeo o bulla de trompetas, masas y religiosidad de jarana por las calles, parece ser que en honor de la crucifixión de Jesús, aquel tipo extraordinario, nazareno-judío, que vivió hace unos dos mil años.
Me ha parecido llamativo, bello y deliciosamente captado, la lluvia, su sonido y su imagen sobre el bosque casi cubierto de nubes; también ver a los monjes comiendo, charlando al sol o jugando sobre la nieve de una ladera, y además en su día de cortarse el pelo de la cabeza; así mismo, ver lo bien equipados que están hoy en día los monjes de clausura —pues si esta es una de las congregaciones más austeras, ¿qué comodidades no tendrán en las menos austeras?—; e igualmente me ha gustado mucho la escena donde un monje joven da masajes a otro anciano, con pomada, sobre sus brazos y espalda desnudos, y hermoso el acompañamiento de un monje anciano que ya no se vale por sí solo, de otro más joven.
De todos los monjes que salen en el documental, el que más feliz me ha parecido, y con toda lógica, ha sido el viejo encargado de la huerta y las tareas campestres, al que se le ve que pasa más horas al aire libre y en tareas directas con la naturaleza; pues como es sabido por todos desde que el mundo es mundo religioso, la mejor oración y la que más satisfacción da es la que se hace en el templo de la naturaleza, no en los templos construídos por la mano de hombres.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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rafiky
Conil de la Frontera (España)
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Su valoración:  |
1 de Marzo de 2007 |
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Título correcto para una película en la que hay apenas diálogos y ninguna banda sonora. Solamente vemos la vida de estos tíos del monasterio sin un hilo conductor, sino cachos que en su conjunto duran tres horas y entre medio poniendo frasecillas de la biblia.
La fotografía hay que reconocer que es excelente y que vemos bien reflejada esta vida. El montaje en general no está mal, pero tal vez se ha excedido en el tiempo. Tres horas seguidas siguiendo este ritmo tan lento y silencioso hace que uno se desespere y se quede dormido. Escuché a un par de personas roncar de vez en cuando, aparte de alguna nariz tapada. Estoy de acuerdo con una de las críticas que he leído en donde dicen que sintió paz cuando finalizó la película. Paz la verdad es que sí, con todo tan silencioso y tan tranquilo, paz si que hemos sentido a lo largo de toda la película. No hay sobresaltos en dicho convento, todo el mundo vive tranquilo y les envidio.
Como es un documental, no tengo nada más que opinar. Sería mejor que la vieran a cachos en lugar de toda entera si son ustedes impacientes. No es un mal documental pero lo mejor hubiera sido llevarla de otra forma, más amena, con más diálogos y comentarios de los frailes esos ( o como se llamen ) y sobretodo que la hubiera hecho más corta. Solamente estuvo bien el final, el cual no comentaré. Con todo, le pongo un 5'5, puesto que se me ha hecho muy pesada, bostezando continuamente y todavía tengo el sueño encima.
rafiky 
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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crissvm
o pueblecillo..estoy buscando (España)
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Su valoración:  |
19 de Junio de 2007 |
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El tiempo, el paso del tiempo, de las estaciones y todo envuelto en la rutina, una rutina escogida. La fotografía es maravillosa, ya no solo de los paisajes, del monasterio... capta imágenes monótonas, del día a día como la de una gota que cae, otra gota, otra gota, otra gota....
Paz, transmite paz, hay escena llena de alma, en la que en un principio solo se vé una lucecita roja al fondo, muy al fondo, la luz del sagrario, todo está en oscuridad, los monjes entonan sus cánticos y comienza a abrir la imágen hasta mostrarnos un cielo limpio, despejado, abarrotado de estrellas.. libre interpretación por supuesto.
Trabajo, duro trabajo, tranquilidad, conformidad con uno mismo, la recompensa del sacrificio (monje de la gran barba)... el director filmó una "mirada espontánea" de uno de ellos al tropezar... como puede transmitir tanto esa mirada?
Película para ver con los ojos muy abiertos e implicando todos los sentidos, los "ruidos" son magníficos, un monje-sastre cortando tela, creándo un hábito, el ras-ras de las tijeras, el agua, los pasos...
Una maravilla para un mundo en el que hay demasiado ruido
crissvm 
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ludovico
Ávila (España)
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Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2007 |
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En los dieciséis años de espera, Gröning se lo podía haber pensado un poco más. El proyecto, cierto, era difícil, pero si no se tienen dotes, al menos hay que tener prudencia, o, dicho de otro modo, una mínima conciencia de las limitaciones propias para no meterse en berenjenales de los que no se va a poder salir airoso.
El tema ofrecía la posibilidad de proyectar una mirada afín y consecuente al marco del monasterio, a la vida del monje en soledad compartida, a sus actividades sencillas y esenciales, a la realidad cartujana —en definitiva—, pero todo se queda en unas imágenes más bien planas, trabajadas de forma no muy diferente a si se tratara de un convencional documental turístico. Sucesión de pinceladas más bien inconexas y caóticas que no dan una idea clara ni de la vida «exterior» del cartujo ni, mucho menos, de su vida «interior». La película carece de la sensibilidad visual y el ritmo sutil que hubiera sido necesario para sugerir esa pausada alternancia de trabajo y oración que constituye la vida del monje. Apenas nada nos evoca ese pulso interior que busca transformar la acción en contemplación, hacer del silencio algo más que mera ausencia de sonido, provocar la dilatación del instante en lo intemporal… Ése era el gran reto que esta película planteaba —convertir el tiempo en espacio, podría decirse también aquí— y que su director, me temo, ni siquiera ha llegado a intuir.
Especialmente absurdas me parecen esas imágenes rápidas —¡y encima el «hallazgo» se repite varias veces!— con las nubes a toda pastilla (recurso tramposo, vulgar y trillado) o esos insistentes primeros planos de unos personajes que si por algo se caracterizan es por la búsqueda del más radical anonimato, pero a los que el director parece curiosamente empeñado en sacar el carné de identidad. Fuera de lugar, también, esas imágenes falsamente «pictóricas» de exteriores o esas otras con trazas de postal turística. Todo con un aire de espiritualismo blando, moderno, aceptable, y en definitiva superficial, a lo Khalil Gibran o lo Anthony de Mello.
Si todavía le pongo un 4 es sólo porque el proyecto, como antes dije, entrañaba una importante dificultad y porque la idea me resulta atractiva.
Uno no puede dejar de pensar lo que Dreyer o Bresson habrían hecho en la Grand Chartreuse. Si éstos eran capaces de sacralizar hasta la realidad aparentemente más banal, de infundir el espíritu en la materia más tosca, Gröning hace justamente lo contrario, reducir lo sagrado al nivel de lo profano. Lástima.
Ludovico 
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| 7 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
9 de Diciembre de 2006 |
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El típico cuñado pesado que se ha comprado una cámara digital se extravía en la comunión del sobrino y se queda un año en una cartuja, espiando a los monjes con su tomavistas y tomando planos (que él considera muy poéticos) de la lluvia, la nieve, los arbolitos y a veces de los rostros de los monjes. Este es el resumen que puedo hacer de esta película (lo del cuñado es para explicar la perspectiva que toma el señor Gröning respecto a lo que rueda). Al principio parece que quiere rodar una versión casera y sin crímenes de "El nombre de la rosa", con su monasterio en las montañas, su ciego, sus monjes calvitos y barbados, pero todo se queda en un ¿documental? (por dar algún nombre a lo que en realidad es un amontonamiento informe de imágenes inconexas y desvertebradas sobre la vida de clausura). Como documento de la vida monástica es bastante pobre, lioso y muy superficial. Si este fuera el único testimonio del que dispusieran los historiadores del futuro dirían que los monjes eran personas muy raras que se pasan el día haciendo cosas absurdas, pendientes del reloj y de los campanazos, van corriendo a todas partes -además todos renquean-, se dedican al bricolaje sin mucho esmero, a encender y apagar luces como niños, lo tienen todo manga por hombro, poca afición a la higiene y se aburren bastante. La cámara siempre se queda en el exterior de la cabeza y el corazón de los cartujos, su mirada es completamente ajena. No entiendo muy bien qué pretendía el director: huye de lo psicológico, de lo narrativo, de lo informativo... yo diría que su único interés es el paisajístico. En realidad no le interesa la vida espiritual o contemplativa, sino el paso de las estaciones: le atrae más el clima que la liturgia.
El estilo de la película es muy variado, dentro de su aire amateur y chapucero. A veces las imágenes parecen de "El proyecto de la bruja de Blair", otras tienen la calidad de las de la llegada del hombre a la luna y las más parecen cualquier secuela del Dogma danés (sin desnudos ni escenitas sexuales, por desgracia).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: "El gran silencio" se titula esto: bueno, lo del silencio es relativo. Las salas del cine Renoir-Princesa de Madrid (donde yo vi la película) están mal insonorizadas, con lo que se escucha todo el tiempo la banda sonora de la película de al lado. Es falso también que no haya diálogos: hombre, no es precisamente una película de Woody Allen, pero tampoco están callados estos cartujos (para lo que dicen, mejor que no abrieran la boca, porque sus charlas son de sonrojo, tanta meditación para eso). En la cartuja esta, además, todo cruje, chirría, retumba y hace ruido: urge comprar a estos monjes un poco de aceite para engrasar las puertas y las ruedas de los carritos.
Me hizo gracia comprobar que uno se va a la cartuja a apartarse del mundo y resulta que (al menos el prior) acaba con la mesa llena de facturas, como un ejecutivo cualquiera (seguro que es un tiburón de las finanzas y especula con la producción del chartreuse como la OPEP con el petróleo). Por otra parte, san Bruno les dice que beban de los manantiales y luego compran agua mineral embotellada (por no hablar de las frutas con pegatinas, a ver de dónde salen: esta comunidad me parece muy poco autárquica, la verdad).
En mi sesión el público (compuesto en buena medida por monjas, curas y filoclericales) se echó grandes siestas. A mí, pese a todo lo dicho, me gustó la película: no deja de ser una rareza muy valiente, alejada de lo que normalmente se estrena en las pantallas, que nos habla de una realidad muy interesante y oculta. Pero no creo que sea una gran película, ni mucho menos. Aunque a alguno le pueda extrañar esta clasificación, para mí esto es un ejemplo de cine ligero y de verdadero entretenimiento (las películas del agente 007 en cualquiera de sus encarnaciones son infinitamente más complejas y aburridas).
Macarrones 
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