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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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DUKITO
BARCELONA (España)
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Su valoración:  |
10 de Septiembre de 2011 |
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Siempre me ha parecido injusto el sistema de puntos que tiene el tenis para situar en el ranking. Pero ese sistema es una metáfora de las relaciones de pareja. Un día eres el número uno, has ganado todos los torneos habidos y por haber, eres el único, tienes tantos puntos que hasta te sobran. Iluso. Pasa el tiempo, los torneos siguen jugándose. Y claro, si el año pasado ganaste Wimbledon, como ahora llegues a la final y no triunfes, ya pierdes puntos. ¿Por qué? porque no partes de cero, sino que defiendes los del año anterior, o sea, todos. Cuando estás en la cumbre sólo puedes caer, nunca ascender, y mantenerte es una quimera. Lo más gracioso es que hay otros jugadores, que incluso puede que tuvieran 15 puntos frente a tus 19456, y estuvieran perdidos en la tabla, pero que, amigo, precisamente por eso tienen todo a ganar. Cada golpe que a tí se te da por descontado, en ellos es un drive fuera de serie. Ahí estás muerto. Suben 500 puestos de golpe al ganar el trofeo de la galleta, y tú vas caminando hacia atrás irremediablemente. Y si se te ocurre lesionarte tres mesecitos...adiós. Cuando te quieres dar cuenta, has pasado a ser un segundón pasto de la compasión ajena en el mejor de los casos. Y tienes dos opciones: o te retiras asqueado del sistema, o sigues en él peleando trofeos, intentando ganar el máximo posible para recuperar prestigio, honor y gloria.
Me gusta mucho Hannah y sus hermanas, y me gusta porque Woody, a su inteligente y mordaz forma, nos muestra el amor tal y como es, hermoso y fugaz, divertido y triste, cambiante. Y él lo acepta así, con ese irrepetible Caine adúltero enamorado como un chiquillo, con gente que deshace y rehace sus relaciones de forma a veces dolorosa pero con una soltura de la que muchos no somos capaces. Porque todo sistema tiene sus inadaptados, que no son capaces de integrarse, y eso les lleva a una infelicidad permanente, a tener un poso de tristeza incluso en los momentos más dichosos. Por eso me encanta la película, porque me sirve de espejismo mientras dura, me veo en ese mundo y me veo sin tanto drama, no pasa nada porque la vida sea una rueda donde nadie es imprescindible, ni siquiera uno mismo, que se cree tan único, en la que la persona que te quería con devoción ahora hace el amor con otra y le mira igual y le dice las mismas cosas. Incluso tú mismo puedes llegar a hacer lo mismo. Mejor, ¿no?, sin esa capacidad de mutar el ser humano estaría anclado en la tristeza de los amores pasados. Hay que seguir viviendo, dicen. Y seguro que tienen razón. Todo Allen es un poco eso, es romántico, es nostálgico, pero sus personajes viven al día, se enamoran, se desenamoran, sufren, ríen, se encuentran y desencuentran....Es un conocedor del ser humano, de las cualidades buenas y malas que tiene, y las plasma en la pantalla, no haciendo un juicio sumarísimo a nadie, al revés, todos son tratados con cariño, todos deberíamos ser tratados así, tan imperfectos, tan a la intemperie.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Me enternece ver a Caine persiguiendo a Bárbara Hershey por las calles, tan enamorado, tan vulnerable, tan desastroso, tan humano.
DUKITO 
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| 12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
24 de Mayo de 2006 |
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Porter, Bach, Harry James...; la música y las canciones, fundamentales en las películas de Allen, devienen en Hannah and her sisters en conductoras del relato, en complemento emocional de los brillantes diálogos. La busca de felicidad y de amor, y las dudas que conlleva, asaltan la vida de los personajes, una vida plena en altibajos (en dramas y en comedias) y llena de borrones y cuentas nuevas.
Una sociedad urbana llena de soledad urbanita; ¿sería posible la carrera de Elliot alrededor de la manzana para forzar el encuentro casual con Lee en otro escenario que no fuera la gran ciudad? Si no fuera una canción rural, seguramente Allen hubiera incluido en la banda sonora la canción de Violeta Parra: “Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto...”
Kick'Em Ars 
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| 9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Oscar
Las Palmas (España)
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Su valoración:  |
26 de Febrero de 2007 |
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Estamos sin ningún género de dudas ante una de las mejores películas de Woody Allen. Es una película maravillosamente escrita, filmada y dirigida. Podemos decir que marca una ruptura con las anteriores, aquí vemos a un Allen más reflexivo y donde ya no se coloca como protagonista, sino como un personaje secundario, aunque evidentemente destacando genialmente.
Es una película que rica y compleja que se ha ido imponiendo en el tiempo. Una película que habla y reflexiona sobre la pasión, el amor, el sexo, la angustia, el vacío, la soledad, la familia, la religión, los judíos... Es una película en la que se deja entrever ese amor de Allen por su ciudad, aquí más que nunca retrata parques, avenidas, librerias, apartamentos, calles, clubes, restaurantes... de su Manhattan.
Se trata de una comedia humana, de toda una crítica de costumbres y todo narrado con un virtuosismo maravilloso que deja patente que estamos ante un genio del cine, con una manera de contar historias original. El guión es una obra maestra, hay frases y diálogos en esta película que tocan el alma, que pertenecen ya al icono de nuestra cultura.
Muchos críticos coinciden que fue rodada en la etapa de mayor equilibrio y cuajo de Allen. Hay que destacar por supuesto a los actores, un verdadero prodigio. Allen introduce una mirada conmovida hacia los personajes. También destacar la banda sonora, yo creo que nunca ha sonado tan bien como en esta película ese sublime concierto número 5 en fa menor de Bach.
Lo que sí deja claro esta película es el amor de Woody Allen por todo aquello que quiere de verdad y le hace vivir con intensidad. Sorprendente es esa declaración de cinefilia que deja patente en esta película, esa fuerza del cine como otra vida de repuesto. O ese amor por su ciudad, sus calles y sus gentes. Y por su puesto su amor por las personas, en esa particular visión del ser humano y de la vida misma
Oscar 
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2008 |
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El megalómano, maniático, verborreico y recalcitrante Woody Allen ha sido uno de los que más sentidos homenajes han tributado a la Gran Manzana. Enamorado hasta los tuétanos de su ciudad natal, ha mantenido con ella quizás la relación amorosa más fiel y prolongada de su vida, y las pruebas de su amor inquebrantable nos las ha proporcionado en algunas de esas obras cinematográficas suyas que llevan ese sello con su estilo único e insustituible.
En “Hannah y sus hermanas”, Woody introduce una historia coral en la que ya su propio protagonismo ante la cámara está compartido con otras grandes figuras de la interpretación. Varias historias unidas entre sí van evolucionando, y Woody, siempre amante de los toques clásicos, presenta cada trozo argumental al estilo del cine mudo, con un cartel que muestra alguna frase representativa. Además, su elección de buena música para resaltar los ambientes siempre resulta acertada. Los ritmos de jazz, de música clásica y de ópera contribuyen a crear cierto sabor atemporal, una mezcla entre melancolía, nostalgia y símbolo del tiempo que pasa, y de las cosas de calidad que perduran pese a todo, pese a la velocidad a la que viven tantos urbanitas que no se paran demasiado a apreciar lo que se están perdiendo. O que no se detienen mucho a analizar los detalles bellos que pueden apreciar en cada jornada, pero que en ocasiones notan sus destellos efímeros.
Woody es un hombre de ciudad, de una de las ciudades más grandes del planeta, y como tal ha explorado con mucha profundidad los entramados de las familias urbanas y sus redes sociales, sus problemas existenciales, sus aspiraciones, su deambular de un lado a otro tratando de encontrar un puerto estable en mitad del caos y de esa competición tácita hacia el éxito.
¿Qué es el éxito cuando eres neoyorquino/a y vas labrando tu incierto destino en esa ciudad agresiva y exigente? ¿En qué consiste?
Allen lo explora con simpatía y agudeza en esta deliciosa comedia en la que Hannah es el referente de éxito para sus dos hermanas y para todo el que la rodea. Actriz solicitada, buena esposa, madre entregada y siempre en buena disposición hacia los demás, Hannah parece haber logrado todos sus sueños… Es feliz y plena. Sus hermanas acuden constantemente a ella para pedirle consejos o ayuda económica, ella es la mediadora en las discusiones entre sus padres, cuando su madre se entrega a la bebida… Y lo sobrelleva todo con una entereza admirable.
Pero a su alrededor, sus hermanas están repletas de dudas y titubeos, su propio marido se siente tentado hacia la infidelidad, su ex-marido es un hipocondríaco con pánico a la muerte y que está sufriendo una crisis espiritual…
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Reuniones familiares, charlas, discusiones, reflexiones íntimas, encuentros y desencuentros, malas rachas y recuperaciones, secretos, mentiras, remordimientos, miedos y alegrías… Todo ello concentrado con gran naturalidad y espontaneidad, con un pulso narrativo ágil, con el humor propio del cineasta neoyorquino, optimismo, cambios y ciclos, evoluciones personales…
Se respira el otoño en Nueva York, se respira el paso de las estaciones, con aroma a asfalto, a salitre, a hojas secas, a hierba nueva, a tráfico, a multitudes, y todo homenajeado con el sonido de esa trompeta que dedica sus melodías a la ciudad inolvidable.
Vivoleyendo 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Juan Rúas
Buenos Aires (Argentina)
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Su valoración:  |
25 de Febrero de 2010 |
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Esta peli no es de Allen. Se podría decir que esta película "transpira" a Allen en todos los aspectos, lo cual es algo muy distinto.
Desde el uso de cámaras que deben filmar el plano justo; ya sea con travellings de ida y vuelta o de planos secuencia que pueden ser verticales, horizontales o librados al capricho de este gran director; ya sea en su espíritu profundamente impregnado de una poesía susurrada, bella y simple que a su vez toma influencia del psicoanálisis, con el fluir de las ideas más racionales o más absurdas y siempre con una duda existencial que lo acapara todo; ya sea por el entrecruzamiento de situaciones dentro de una obra coral donde entran y salen personajes, aparecen y desaparecen conflictos por el mero transcurrir de las cosas, de la vida.
Allen siempre se caracterizó y caracterizó a sus personajes como seres excesivamente reflexivos, irritantemente vacilantes e inseguros. Sin embargo, y este es su mayor mérito, esta película desprende una cotidianeidad que no por eso deja de ser cautivante. Una cotidianeidad donde el fluir de los hechos no hace fricción con la planificación desmesurada sino que la complementa de una forma, diría, cuasi genial.
La película, lejos de presentarse como una sucesión de experiencias intensas, más bien transmite los conflictos de una manera apaciguada, como desde una ansiedad que no es tal. Otro logro, puesto que la narración lleva el ritmo preciso, jamás se advierte una desmesura.
Salvo al final.
Ese final...que se yó...algo decayó...algo estuvo demasiado redondo, demasiado perfecto. Si bien que no empaña una obra, a mi gusto, de gran calibre.
Juan Rúas 
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