El hecho de llamarse Alfred Hitchcok no debería conceder licencia para rebasar ciertas fronteras que otros realizadores con menos talento jamás se atreverían a franquear. Son las fronteras que separan la honestidad del embuste. La legítima tergiversación de unos hechos mediatizada a través de personajes o apariencias, del engaño directo sin intermediarios. La recreación en imágenes con voz en of de una versión subjetiva, de la exposición de una falsa realidad en forma de flash back , a pesar de que el autor, consciente del terreno que pisa, intentará auto justificarse dándonos pistas que sólo podremos reconocer a posteriori.
spoiler:
La teatralidad evidente de la interpretación de Marlene Dietrich en el flash back en contraposición con su naturalidad en las escenas reales es un dato que, por su premeditada sutileza, no invalida en mi opinión lo expuesto anteriormente.