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| 29 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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nhikinhakapu
Galiza (Gambia)
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Su valoración:  |
11 de Marzo de 2007 |
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Me da igual si está rodada en 15 días o en 15 años, si los actores son memorables o de andar por casa. Incluso me es indiferente si el director hace aquí un buen o mal trabajo, de hecho creo que la labor de dirección es más que digna, con algunos encuadres, llevando la acción al fondo, excelentemente escogidos. El principal problema de la película no se encuentra en la mayor o menor “profesionalidad” del rodaje. Es más, ese aire de improvisación y falta de medios podría potenciar la credibilidad de la historia. El verdadero problema, para mí, radica en el guión: burdo, zafio, maniqueo, tramposo.
El partidismo con que nos venden las desgracias de esta insólita pareja coloca Todos nos llamamos Alí en el mismo escalafón que Raza, o cualquier película realizada en tiempos de guerra para motivar al pueblo. El escalafón de las historias pre-digeridas, las de papilla para bebés sin tropezones, donde no hay ni el menor matiz y todo es blanco o negro, bueno o malo. Por favor, ya sabemos que los humanos somos malísimos, que todos somos racistas, sexistas, egoístas,... Pero además de todo eso, también somos hipócritas, por lo menos tenía que haber un personaje, sólo pido uno, ya no que fuera de los buenos, pero que al menos se tomase la molestia de disimular.
Visto este film de Fassbinder, lo de Ken Loach son tics de lo más sutiles y los guiones del Equipo A tesis doctorales de sociología.
A las altas puntuaciones que recibe sólo les encuentro una justificación: su MENSAJE. MENSAJE así en mayúsculas, porque este película te grita a la cara lo que quiere decir sin importarle trampear la realidad para lograrlo, y es una pena por que tanto exceso puede quitarle parte de la razón cuando la tiene casi toda. Pero a lo que iba, que es políticamente correcta, está con los buenos y todo el mundo le pone de un siete para arriba. Si alguien hiciese la obra simétrica, por ejemplo, del lado del nazismo, la destrozarían y lo harían con toda la razón del mundo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El cólico de Alí en los últimos minutos, no hace sino más ridícula la historia. Por favor, si era más creíble Manquiña en Airbag con su “Ah!, muero. Malditas setas”.
nhikinhakapu 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LennyNero
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
18 de Mayo de 2009 |
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En la interesante aunque por momentos pretenciosa Tale of cinema de Hong Sang Soo se asistía a un planteamiento en los planos basado en la dificultad de establecer una distancia con los personajes y sus vicisitudes dramáticas. Un problema que el director surcoreano solucionaba mediante planos generales con la función de enmarcar y de dar protagonismo al entorno y aproximarse a la reacción humana mediante zooms constantes. Una solución que, aunque a priori pueda parecer apropiada, visto el resultado final da una sensación de reiteración y de hastío pero sobre todo de confusión entre la distancia y la implicación moral de lo que filma.
Es este mismo problema el que parece plantearse Fassbinder en Todos nos llamamos Ali, sin embargo el realizador alemán presenta, con la ventaja de ser una obra anterior, una solución que se antoja más adecuada, o al menos que demuestra que si bien no se pretende dramatizar ni caer en un realismo de tragedia folletinesca, sí hay un interés y una implicación a todos los niveles.
Es esta una película que permite explorar y entender mejor la expresión godardiana sobre la cuestión moral del travelling. Efectivamente Fassbinder quiere ofrecer un relato que en su base puede parecer mínimo, una historia de amor interracial, pero que en su contexto ofrece la tentación del exceso sentimentaloide, más pendiente de las lágrimas derramadas que de las circunstancias ambientales. El gran mérito radica en la valentía de afrontar el reto moviéndose en el alambre y apostando por un enfoque de sobriedad, de distancia sin renunciar a ello a mostrar sin tapujos las emociones humanas.
El plano general contextualizador suele mostrarse frío, desangelado, un ambiente de calles vacías y cielos plomizos, donde los colores son opacos y el contexto urbano se presenta gris, monótono. Un contexto que cae como una amenaza opresora y silenciosa sobre unos personajes desdibujados al fondo del plano, como si fueran dos niños asustados huyendo de una conspiración susurrada que no atisban a entender. Sin embargo hay una curiosidad de exploración casi científica del director sobre sus personajes, un interés por conocer sus reacciones más allá de la intuición. Es por ello que la aproximación en travelling resulta rápida, serpenteante, furtiva. Un recorrido inexorable por las actitudes y gestos de los personajes, pero del mismo modo igual de rápida es su retirada, como si se esperara encontrar a unas vícitimas propiciatorias del entorno y sin embargo encuentra en ellos la misma podredumbre que los rodea. (sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Aunque a priori parece este un relato sobre las consecuencias nefastas del racismo, esto no deja de ser una concepción errónea; en el fondo lo que subyace es la vocación de Fassbinder de ejercer de retratista del alma humana, de tejer un relato pesimista y amargo donde se produce el fenómeno de la igualación como factor negativo. Una igualación que no se produce a través de amplios planos corales, sino que se articula en pequeñas escenas cotidianas, siempre enmarcadas por rejas, barandillas o puertas. Unos elementos que ejercen de metáfora visual y encierran a sus protagonistas en la prisión de sus más bajas pasiones, en el pulso incontrolable de su carnalidad, en la envidia malsana, en su miserable soledad.
Nos encontramos pues, ante una lección de cine de planificación, de riesgo en las formas y por supuesto de valentía en el fondo, ya que no se puede ni se debe olvidar el contexto real en el que se realizó el film, una Alemania pretendidamente normalizada en la democracia y que aparentemente había aprendido la lección sobre las consecuencias del rencor, la envidia o el prejuicio. Por todo ello Todos nos llamamos Ali, es más que una película, es una bofetada en toda la cara, un lamento profundo y a la vez íntimo de un director en busca de una denuncia social y que encuentra que no hay víctimas, sólo verdugos.
LennyNero 
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| 19 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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¿Cuál fue la verdadera razón por la que Fassbinder eligió a El Hedi Ben Salem para el papel principal?
A) Era su amante.
B) Era un buen actor y en la película así lo demuestra.
C) Calzaba bien para los desnudos frontales.
Respuesta y consecuencias: si ha elegido la opción B) entonces puede puntuar a esta premiada obra de Fassbinder con una nota superior al siete.
“Una hermosa poesía, escrita en una servilleta de papel vieja y mojada, seguirá siendo una hermosa poesía.” Cierto es, pero sería mejor como no sucede en “Todos nos llamamos Ali” si estuviese escrita en un libro de tapa dura y letras doradas.
Lo mismo mostrado y contado mejor es el doble de bueno.
¿Hubiese sido la misma película "Ciudadano Kane" rodada con el presupuesto, medios y actores de "Kárate a muerte en Torremolinos"? En esencia sí, pero obviamente nunca hubiese encabezando las listas de mejores películas de la historia.
De todos modos, en "Todos nos llamamos Ali" se percibe la esencia en forma de notable puesta en escena e interpretación principal. El resto, muy mejorable.
Maldito Bastardo 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pues satisfecho después de la segunda toma de contacto con el cine de Fassbinder. Recuerdo ver El Matrimonio De Maria Braun hace una eternidad y salir del trance tan fascinado como aturdido por la densidad de la propuesta. Ahora que tengo ya el estómago un poco más a prueba de bombas por fin me decidí a retomarlo. Y lo hice con esta preciosa película, tan imperfecta como hermosa, de un sentimentalismo crudo y contenido, de una caligrafía funcional pero personal, muy especial. A destacar las secuencias en las que Fassbinder acaba por ubicar a sus personajes al fondo del plano, filmando tras puertas y cristales, en sus momentos de soledad y sorda desolación. Puede que le sobren algunos subrayados, que se emborrache un poco de concepto, de "mensaje" y que algunas situaciones se sientan un poco forzadas. Cuando dicen que es un amigo de lo extremo no se equivocan. Todo un precedente de mi estimado Kaurismaki en lo que a minimalismo emocional se refiere, aunque el alemán no gasta ni una pizca del humor que suele abundar en el finlandés. Pero, en esta película al menos, hace gala de una narrativa sumamente ágil para lo dramático de la propuesta y un amor por sus personajes que recuerda a aquél. Aunque en realidad sus miradas poco tienen que ver, y lo comparo por comparar, por que me gusta el deporte. De todos modos, el mayor lastre de la película es el Tarzán negro que interpreta a Ali, llamarlo actor bascularía entre el piropo y la falacia, como su actuación bascula entre lo efectivo y lo risible. Y para acabar, muerte lenta para el lumbreras que tradujo el sangrante título original, Cuando El Miedo Se Come El Alma, por el absurdamente reivindicativo Todos Nos Llamamos Alí. Muerte para ti.
Una película triste y envenenada.
La disfruté bastante.
Peter Gabriel 77 
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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janto
palma (España)
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Su valoración:  |
7 de Septiembre de 2009 |
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Rainer W. Fassbinder es, sin lugar a dudas, un director singular. Su prolífica carrera, su apabullante capacidad creativa, la voluntad de desplazar hacia el ámbito del discurso político los fundamentos genéricos del melodrama y su interés por experimentar con las formas del lenguaje cinematográfico, lo convierten en un referente obligado de la cinematografía de la década de los 70 y principios de los 80. Su prematura muerte en 1982 privó al viejo continente de uno de sus más radicales creadoras, junto al malogrado Pier Paolo Pasolini.
"Todos nos llamamos Alí" es una película de inaudita vigencia. Como un nuevo Tiresias, el director germano nos ofrece un premonitorio discurso sobre el fenómeno de la inmigración, el desarraigo que padecen tantos hombres y mujeres que han de huir en busca de oportunidades que su país de orígen les niega y cómo los resortes del odio, de una xenofobia apenas embozada, despierta a los viejos fantasmas del nazismo...
A partir de un originalísimo tratamiento melodramático que le sirve a Fassbinder para huir del discurso directo, tan fácil de ser desautorizado por los hipócritas, voceros de ideologías ultraconservadoras, "Todos nos llamamos Alí" cuenta la historia de un extraño romance. Emmi (Brigitte Mira), una mujer de más de 60 años, viuda y que de joven había formado parte de la sección femenida de las Hitlerjugend, conoce en un bar nocturno a Selim (El-Hadí Ben Salem), un marroquí mucho más jóven que ella. Selim, sólo en una sociedad hostil que apenas a digerido la barbarie nazi y que trata con indisimulado desprecio al extranjero, se enamora de Emmi, la única capaz de ofrecerle atención y ternura. No es casualidad que Fassbinder elija a dos personajes que pueden clasificarse entre los sectores más marginados de las sociedades actuales, los inmigrantes y los ancianos. Puede resultar chocante pero no deja de ser coherente que los nuevos parias encuentren en mútua compañía el afecto que les niega una sociedad neo-liberal y salvajemente competitiva.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La relación amorosa entre Emmi y Selim desafía las barreras que la raza, la edad, la nacionalidad, la religión y las clases sociales levantan entre los seres humanos. Ella ve cómo sus hijos la abandonan cuando descubren que su madre se ha casado con un hombre de 30 años y ...¡que además no es alemán!. Él ha de soportar los insultos y el desdén de los que le rodean (el tendero se niega a venderle mantequilla y los vecinos afirman que desde que Selim vive en el mismo inmueble la escalera apesta). Sin embargo, Fassbinder huye del maniqueísmo y no idealiza a la pareja, que ha de enfrentarse no sólo a los prejuicios sino también a sus propios problemas. Selim tiene una aventura con una camarera y la pareja se rompe. La complejidad de las relaciones se impone donde había fracasado el odio social.
Fassbinder ya había tratado anteriormente el tema de la inmigración en una de sus primeras películas, "Katzelmacher" (1969), pero aquí consigue una de sus obras maestras, junto a "Las amargas lágrimas de Petra von Kant" (1972) y "La ansiedad de Veronika Vösss" (1982), galardonada con el Oso de oro del festival de Berlín. "Todos nos llamamos Alí" es una película necesaria para atestiguar el peligro que se oculta tras el turbio velo de palabrería travestida de gravedad que algunos políticos, sobre todo de derechas, como el impresentable de Berlusconi (socio europeo del P.P.), vomitan en los oídos de ciudadanos descontentos, y también que los seres humanos, indistintamente de los pueblos y las razas, hemos de lidiar todos con los mismos retos que nuestra naturaleza social nos impone.
janto 
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