La naranja mecánica
1971 

8,2
171.881
Drama. Ciencia ficción
Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de ... [+]
8 de noviembre de 2009
8 de noviembre de 2009
74 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
La segunda de las DOS obras maestras de Stanley Kubrick. Y en esta tambien me extenderé bastante.
Una de las pocas películas de la historia del cine cuyo protagonista es un auténtico cabronazo. Es decir que el protagonista de este film es malo. Pero no es que sea malo porque tuviera una infancia dura o traumática, no es que se haya visto empujado hacia el crimen para sustentar a su familia hambrienta... Que no! Que el tío es malo y punto! Es un maldito hijo de puta sin ninguna justificación.
Ese es el punto de partida, estamos hablando de un individuo que disfruta con la violencia. Un muchacho que siente placer agrediendo a ancianos indefensos y violando a mujeres. Partiendo de este planteamiento, la película ya me hizo plantearme una primera pregunta:
¿Podemos decir que si una persona siente placer con el sufrimiento ajeno es una mala persona? ¿Podria decirse que está haciendo algo inmoral?
Bueno, lo cierto es que no elegimos que es lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Yo no puedo decidir, por ejemplo, que a partir de mañana me van a gustar los guisantes y que no me va a gustar la pizza, como mucho puedo fingirlo. Del mismo modo Alex no puede decidir que la violencia no le gusta, lo que puede decidir es ejercer o no ejercer la violencia. Por lo visto en este caso el protagonista decidía egoístamente ejercer la violencia que tanto le hacía disfrutar.
Una de las pocas películas de la historia del cine cuyo protagonista es un auténtico cabronazo. Es decir que el protagonista de este film es malo. Pero no es que sea malo porque tuviera una infancia dura o traumática, no es que se haya visto empujado hacia el crimen para sustentar a su familia hambrienta... Que no! Que el tío es malo y punto! Es un maldito hijo de puta sin ninguna justificación.
Ese es el punto de partida, estamos hablando de un individuo que disfruta con la violencia. Un muchacho que siente placer agrediendo a ancianos indefensos y violando a mujeres. Partiendo de este planteamiento, la película ya me hizo plantearme una primera pregunta:
¿Podemos decir que si una persona siente placer con el sufrimiento ajeno es una mala persona? ¿Podria decirse que está haciendo algo inmoral?
Bueno, lo cierto es que no elegimos que es lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Yo no puedo decidir, por ejemplo, que a partir de mañana me van a gustar los guisantes y que no me va a gustar la pizza, como mucho puedo fingirlo. Del mismo modo Alex no puede decidir que la violencia no le gusta, lo que puede decidir es ejercer o no ejercer la violencia. Por lo visto en este caso el protagonista decidía egoístamente ejercer la violencia que tanto le hacía disfrutar.

Malcolm McDowell
¿Podemos decir que realmente es esta decisión y estas acciones las que convierten a alguien en una mala persona? ¿Acaso no es esto lo inmoral?
Con el método Ludovico se pretende haber convertido al protagonista en una "buena persona". Se consigue que el protagonista ya no sienta placer, sino un intenso sufrimiento físico cuando presencia o comete actos violentos. Pero su comportamiento sigue obedeciendo a "decisiones egoístas" ya que el único motivo por el que ya no agrede o viola a personas es el evitar su propio malestar físico.
Sigo en el spoiler.
Con el método Ludovico se pretende haber convertido al protagonista en una "buena persona". Se consigue que el protagonista ya no sienta placer, sino un intenso sufrimiento físico cuando presencia o comete actos violentos. Pero su comportamiento sigue obedeciendo a "decisiones egoístas" ya que el único motivo por el que ya no agrede o viola a personas es el evitar su propio malestar físico.
Sigo en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No es absurdo pensar que pudiera funcionar esa técnica (Ludovico) si tenemos en cuenta que nuestro subconsciente en muchas ocasiones realiza asociaciones que nuestro raciocinio no puede romper. Aquí el sujeto relaciona su malestar con las imágenes que ve y eso queda grabado en su subconsciente.
Tampoco es absurdo pensar que en nuestra propia sociedad hay cosas comparables a ese "método ludovico". Es decir que ese tratamiento ficticio puede servir como metáfora para representar cosas que existen en nuestra realidad. La religión por ejemplo nos habla de un "infierno en el que los pecadores aullan en una eterna agonía y el fuego les devora las entrañas" (palabras pronunciadas por el cura de la película). Asi que se está sugiriendo a la gente que no haga el mal porque de ese modo se librarán del infierno, por lo tanto también en este caso se procura que las personas tomen una decisión autointeresada y egoísta, pretendiendo que lo que realmente se ha conseguido es convertirlas en personas buenas y con valores morales.
Tampoco es absurdo pensar que en nuestra propia sociedad hay cosas comparables a ese "método ludovico". Es decir que ese tratamiento ficticio puede servir como metáfora para representar cosas que existen en nuestra realidad. La religión por ejemplo nos habla de un "infierno en el que los pecadores aullan en una eterna agonía y el fuego les devora las entrañas" (palabras pronunciadas por el cura de la película). Asi que se está sugiriendo a la gente que no haga el mal porque de ese modo se librarán del infierno, por lo tanto también en este caso se procura que las personas tomen una decisión autointeresada y egoísta, pretendiendo que lo que realmente se ha conseguido es convertirlas en personas buenas y con valores morales.

Malcolm McDowell
Ya he hablado suficiente del fondo de la película (aunque seguro que se puede hablar mucho más), pero otra cosa que también admiro de ella es la forma.
Para empezar está la música de la película.
Ya con 2001 Kubrick había demostrado que es el mejor con el uso de la música en el cine. Pero en esta película lo hace también de forma excelente.
Aquí tenemos la imponente y tétrica banda sonora de Walter Carlos (quien posteriormente se convertiría en Wendy Carlos), varias fragmentos de la Novena de Beethoven (que es una parte importante del argumento sin duda), el tema "Singing in the Rain" (que tambien tiene su importancia en el argumento) y temas de Rossini como "La Urraca Ladrona" y una parte de "Guillermo Tell" (reproducida en un tiempo acelerado cuando Alex practica el mete y saca).
Y por otro lado está esa estética que la envuelve y que la hace tan original. La vestimenta de los personajes y la decoración de diversos lugares es algo que llama la atención. Seguro que a algunos les habría gustado que en este sentido la película fuera más convencional, pero a mi no. Me alegro de que no lo pintaran todo de forma aburridamente convencional. Me alegro porque esta historia realmente se merecía una estética especial.
En definitiva.
Una película perfecta.
Para empezar está la música de la película.
Ya con 2001 Kubrick había demostrado que es el mejor con el uso de la música en el cine. Pero en esta película lo hace también de forma excelente.
Aquí tenemos la imponente y tétrica banda sonora de Walter Carlos (quien posteriormente se convertiría en Wendy Carlos), varias fragmentos de la Novena de Beethoven (que es una parte importante del argumento sin duda), el tema "Singing in the Rain" (que tambien tiene su importancia en el argumento) y temas de Rossini como "La Urraca Ladrona" y una parte de "Guillermo Tell" (reproducida en un tiempo acelerado cuando Alex practica el mete y saca).
Y por otro lado está esa estética que la envuelve y que la hace tan original. La vestimenta de los personajes y la decoración de diversos lugares es algo que llama la atención. Seguro que a algunos les habría gustado que en este sentido la película fuera más convencional, pero a mi no. Me alegro de que no lo pintaran todo de forma aburridamente convencional. Me alegro porque esta historia realmente se merecía una estética especial.
En definitiva.
Una película perfecta.
13 de febrero de 2013
13 de febrero de 2013
98 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al ser un intelectual católico, Anthony Burgess está convencido de que la esencia del comportamiento humano es el libre albedrío. Él ha sugerido muchas veces que la tesis de “La Naranja Mecánica” es una obviedad para todo católico: no tiene sentido el Bien si no existe la libertad de hacer el Mal. Alex es un chaval de 15 años y Burgess está hablando fundamentalmente –aunque de una manera metafórica- de la educación, su necesidad, su abuso y su degradación.
En la película, Alex es un adulto casi formado, quizás no hubo otra opción por el momento en que se hizo, pero la película es la que vemos y no otra. La alteración es muy significativa porque ayuda a Kubrick, como cientificista moral que es, a llevar el dilema a un escenario abstracto completamente neutro. A pesar de ser una adaptación casi literal, al director le importa más dejar claro que el problema clave no es de libertad de elección, sino de identificación: qué es el Mal. Y si existe la convención de que es rechazable, el espectador debe responderse a sí mismo por qué disfruta con las escenas de violencia extrema. O por qué le cae simpático Alex. “La Naranja Mecánica” siempre me pareció una película cuyo tema central es una supuesta reflexión sobre el uso estético de la maldad, en la que el espectador está forzado a comprometerse.
En la película, Alex es un adulto casi formado, quizás no hubo otra opción por el momento en que se hizo, pero la película es la que vemos y no otra. La alteración es muy significativa porque ayuda a Kubrick, como cientificista moral que es, a llevar el dilema a un escenario abstracto completamente neutro. A pesar de ser una adaptación casi literal, al director le importa más dejar claro que el problema clave no es de libertad de elección, sino de identificación: qué es el Mal. Y si existe la convención de que es rechazable, el espectador debe responderse a sí mismo por qué disfruta con las escenas de violencia extrema. O por qué le cae simpático Alex. “La Naranja Mecánica” siempre me pareció una película cuyo tema central es una supuesta reflexión sobre el uso estético de la maldad, en la que el espectador está forzado a comprometerse.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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Personalmente acepto sin problemas el envite. Mi opinión sobre esta película, y en eso creo coincidir con todos los que la adoran, no se basa en una cuestión moral, sino estrictamente artística. No comulgo con lo que Kubrick piensa que es estéticamente atractivo. “La Naranja Mecánica” me parece un compendio de propuestas visuales tramposas y efectistas. Es posible –es más, es seguro- que me sienta atraído por la representación artística de la abyección, pero apelo a mi libre albedrío para decidir que en esta película la abrumadora oferta técnica sirve de coartada para un trabajo de puesta en escena falto de auténtica imaginación.
Además, creo que Kubrick hace trampas en el solitario, en especial cuando en la segunda parte muestra otro tipo de maldad, más consciente, institucionalizada y socialmente respetada. ¿Han notado que aquí el discurso estético cambia? Al socaire de las antipatías del director por el “establishment”, de repente el mal y la violencia se muestran como repugnantes sin más, y se sirve de lo grotesco para expresar distanciamiento e ironía. Es muy lógico que sea la película favorita de David Lynch, puesto que éste es un procedimiento habitual en sus obras.
Además, creo que Kubrick hace trampas en el solitario, en especial cuando en la segunda parte muestra otro tipo de maldad, más consciente, institucionalizada y socialmente respetada. ¿Han notado que aquí el discurso estético cambia? Al socaire de las antipatías del director por el “establishment”, de repente el mal y la violencia se muestran como repugnantes sin más, y se sirve de lo grotesco para expresar distanciamiento e ironía. Es muy lógico que sea la película favorita de David Lynch, puesto que éste es un procedimiento habitual en sus obras.

Malcolm McDowell
La secuencia de la representación pública de la curación es muy significativa. Partiendo de la confrontación entre el Derecho positivo y Derecho natural (el gobierno y el sacerdote), la obsesión de Kubrick por no apoyar el punto de vista de ninguno de los personajes le lleva a rebajarlos, caricaturizarlos y convertirlos en, efectivamente, grotescos. De esa forma, ni siquiera muestra el conflicto sobre el libre albedrío, más bien arroja una fatua mirada de superioridad sobre él.
Reconozco que esa mirada esperpéntica, quizás inspirada por el Fellini más agresivo y pesimista, puede ser coherente en la medida en que se quiere diferenciar estéticamente ambas secciones de la película ya que su protagonista actúa primero como sujeto y luego como objeto de la violencia. A mí no me convence porque inunda toda la segunda parte de “La Naranja Mecánica” y no deja espacio alguno a la mirada del espectador, con lo que no sólo se elimina a mi entender la riqueza que suele proporcionar la sugerencia, sino que me temo que se obtiene el efecto contrario que nominalmente persigue Kubrick. Todos los personajes son unos canallas, cierto, pero es más que eso: todos son idiotas. Eso puede ser científicamente irrebatible para Kubrick, pero convendrán conmigo que es muy desagradable de aceptar.
Reconozco que esa mirada esperpéntica, quizás inspirada por el Fellini más agresivo y pesimista, puede ser coherente en la medida en que se quiere diferenciar estéticamente ambas secciones de la película ya que su protagonista actúa primero como sujeto y luego como objeto de la violencia. A mí no me convence porque inunda toda la segunda parte de “La Naranja Mecánica” y no deja espacio alguno a la mirada del espectador, con lo que no sólo se elimina a mi entender la riqueza que suele proporcionar la sugerencia, sino que me temo que se obtiene el efecto contrario que nominalmente persigue Kubrick. Todos los personajes son unos canallas, cierto, pero es más que eso: todos son idiotas. Eso puede ser científicamente irrebatible para Kubrick, pero convendrán conmigo que es muy desagradable de aceptar.
26 de enero de 2010
26 de enero de 2010
70 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
Saben bien quienes algo me conocen que siempre he profesado una especial devoción por cineastas como Hitchcock, Huston, Lean, Leone o Wilder. Realizadores cuyo buen hacer jamás renegó de ese inestimable e impagable grado de complicidad con el espectador medio y cuyas pelis constatan de forma fehaciente que el buen cine no tiene porque ser, para nada, un producto destinado única y exclusivamente a gafapastas de solvencia contrastada.
¿Significa eso que paso de devanarme los sesos? ¿Qué no me gusta cuestionarme nada? ¿Qué lo quiero todo masticadito y bien masticadito?
Pues no, tampoco es eso. Es más, yo situaría a Kubrick, por ejemplo, un pasito por delante de los monstruos anteriormente citados. No porque lo considere mejor cineasta, sino porque la exigencia intelectual de su cine es mayor. Una exigencia intelectual, eso sí, más llevadera y provechosa que la de Tarkovski, Bergman o Lynch y que convierte a este director, por esta misma razón, en una de mis niñas bonitas del séptimo arte. La que mejor supo exprimir todos y cada uno de los recursos expresivos de su medio y la que mejor supo desplegar, bajo ese imponente paraguas audiovisual, historias cuya dimensión discursiva o metafórica daría para estar organizando charlas, conferencias, tertulias, debates, coloquios, cursos, cursillos y seminarios hasta el día del juicio final.
¿Significa eso que paso de devanarme los sesos? ¿Qué no me gusta cuestionarme nada? ¿Qué lo quiero todo masticadito y bien masticadito?
Pues no, tampoco es eso. Es más, yo situaría a Kubrick, por ejemplo, un pasito por delante de los monstruos anteriormente citados. No porque lo considere mejor cineasta, sino porque la exigencia intelectual de su cine es mayor. Una exigencia intelectual, eso sí, más llevadera y provechosa que la de Tarkovski, Bergman o Lynch y que convierte a este director, por esta misma razón, en una de mis niñas bonitas del séptimo arte. La que mejor supo exprimir todos y cada uno de los recursos expresivos de su medio y la que mejor supo desplegar, bajo ese imponente paraguas audiovisual, historias cuya dimensión discursiva o metafórica daría para estar organizando charlas, conferencias, tertulias, debates, coloquios, cursos, cursillos y seminarios hasta el día del juicio final.

Malcolm McDowell
Y aunque cualquier hija del inefable Stanley me serviría para refrendar dichas afirmaciones, permitidme que eche mano de “La naranja mecánica”, concretamente, porque considero que ésta es -con “2001”- su obra más redonda, rotunda, polémica, paradigmática y mediática. Su obra cumbre, vaya.
Recuerdo que cuando la ví por primera vez, con diecises o diecisiete añitos, lo que más me impactó fue su vertiente efectista y ultraviolenta. Me estoy refiriendo, obviamente, a la terrible secuencia de la paliza y la violación en aquel chalé de diseño al son de “I’m singing in the rain” y a los escalofriantes primeros planos de Alex con ese estrambótico artilugio ocular. Desde entonces, cada vez que mi mujer se riza las pestañas no puedo evitar salir por patas del baño de mi casa.
La segunda vez que la vi, con veintitantos, lo que más me interesó fue su faceta patológica y sociopolítica. Ya sabéis: el inexplicable y depravado proceder de tribus urbanas como la de Alex y sus Drugos, la dudosa eficacia y las terribles consecuencias del método Ludovico, la manipulación gubernamental a la que es sometido Alex, etc. etc. Normal, estaba en la uni y mi espíritu reivindicativo se encontraba en su máximo apogeo.
Recuerdo que cuando la ví por primera vez, con diecises o diecisiete añitos, lo que más me impactó fue su vertiente efectista y ultraviolenta. Me estoy refiriendo, obviamente, a la terrible secuencia de la paliza y la violación en aquel chalé de diseño al son de “I’m singing in the rain” y a los escalofriantes primeros planos de Alex con ese estrambótico artilugio ocular. Desde entonces, cada vez que mi mujer se riza las pestañas no puedo evitar salir por patas del baño de mi casa.
La segunda vez que la vi, con veintitantos, lo que más me interesó fue su faceta patológica y sociopolítica. Ya sabéis: el inexplicable y depravado proceder de tribus urbanas como la de Alex y sus Drugos, la dudosa eficacia y las terribles consecuencias del método Ludovico, la manipulación gubernamental a la que es sometido Alex, etc. etc. Normal, estaba en la uni y mi espíritu reivindicativo se encontraba en su máximo apogeo.
(sigo en spoiler desvelando, por ejemplo, el por qué del título de mi crítica)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Esta tercera y última vez, sin embargo, me he dejado llevar por la propia peli y eso me ha hecho disfrutar aún más de su cuidada puesta en escena, de su estética psicodélica y de su halo tremendamente sardónico y pesimista.
“La naranja mecánica” es, en cualquier caso, una peli de 10. Una puta obra maestra. La mires por donde la mires. Por encima, por debajo, por un lado, por otro, por el vuelto y el revés. Y punto pelota.
N.d.T.: El título de mi crítica -por si alguien no lo ha pillado- está tan claro como el título de la novela de Burgess y la peli de Kubrick. Según parece, Burgess eligió como título para su relato una vieja expresión cockney: “as queer as a clockwork orange” (“tan raro como una naranja mecánica”). Algo así como el “tan raro como un perro verde” que solemos utilizar por estos lares. Yo solo me he limitado a traducir la expresión castiza al inglés para darle un aire más ¿‘cockney’?. Pues eso.
“La naranja mecánica” es, en cualquier caso, una peli de 10. Una puta obra maestra. La mires por donde la mires. Por encima, por debajo, por un lado, por otro, por el vuelto y el revés. Y punto pelota.
N.d.T.: El título de mi crítica -por si alguien no lo ha pillado- está tan claro como el título de la novela de Burgess y la peli de Kubrick. Según parece, Burgess eligió como título para su relato una vieja expresión cockney: “as queer as a clockwork orange” (“tan raro como una naranja mecánica”). Algo así como el “tan raro como un perro verde” que solemos utilizar por estos lares. Yo solo me he limitado a traducir la expresión castiza al inglés para darle un aire más ¿‘cockney’?. Pues eso.
29 de julio de 2008
29 de julio de 2008
67 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Sin lugar a dudas, me había curado". El mismo Alex acaba siendo como una naranja mecánica. La película termina sin demostrar el libre albedrío de las personas, Alex no madura, si sólo puede actuar bien o sólo se puede actuar mal, no será más que una naranja mecáncica, lo que quiere decir que en apariencia será un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al que Dios o el Diablo ( El Todopoderoso Estado, ya que está sustituyendo a los dos) le darán cuerda. Es tan inhumano ser totalmente bueno como totalmente malvado. Lo importante es la elección moral. La maldad tiene que existir junto a la bondad para que pueda darse esa elección. La vida se sostiene gracias a la enconada oposición de entidades morales. De eso hablan los noticiarios televisivos. Desgraciadamente hay en nosotros tanto pecado original que el mal nos parece atractivo. Destruir es más fácil y mucho más espectacular que crear. Nos gusta morirnos de miedo ante visiones de destrucción cósmica. Sentarse en una habitación oscura y componer la "Missa Soloemnis" o la "Anatomía de la Melancolía" no dan pie a titulares ni a flashes informativos.

¿Qué pasa en el capítulo 21? En resumen, Alex, el criminal protagonista, crece unos años. La violencia acaba por aburrirlo y reconoce que es mejor emplear la energía humana en la creación que en la destrucción. La violencia sin sentido es una prerrogativa de la juventud; rebosa energía pero le falta talento constructivo. Su dinamismo se ve fozado a manifestarse destrozando cabinas telefónicas, descarrilando trenes, robando coches y luego estrellándolos y, por supuesto, en la mucho más satisfactoria actividad de destruir seres humanos. Sin embargo, llega un momento que la violencia se convierte en algo juvenil y aburrido. Es la réplica de los estúpidos y los ignorantes. Alex siente de pronto la necesidad de hacer algo en la vida, casarse, tener hijos, mantener la naranja del mundo girando en las manos de Dios, o incluso crear algo, música por ejemplo. Desea un futuro distinto.
A el libro de la versión norteamericana le faltaba y le sigue faltando el capítulo 21, (el último) el editor de Nueva York tenía otro juicio estético, veía el vigésimo primer cápítulo como una traición. Este era muy británico, blando, y mostraba una renuncia pelagiana a aceptar que el ser humano podía ser un modelo de maldad impenitente. Venía a decir que los norteamericanos eran más fuertes que los británicos y no temían enfrentarse a la realidad. El libro británico aceptaba la noción del progreso moral. Pero lo que en realidad se quería era un libro nixoniano sin un hilo de optimismo. Pronto se verían enfrentados a esa realidad en Vietnam.
A el libro de la versión norteamericana le faltaba y le sigue faltando el capítulo 21, (el último) el editor de Nueva York tenía otro juicio estético, veía el vigésimo primer cápítulo como una traición. Este era muy británico, blando, y mostraba una renuncia pelagiana a aceptar que el ser humano podía ser un modelo de maldad impenitente. Venía a decir que los norteamericanos eran más fuertes que los británicos y no temían enfrentarse a la realidad. El libro británico aceptaba la noción del progreso moral. Pero lo que en realidad se quería era un libro nixoniano sin un hilo de optimismo. Pronto se verían enfrentados a esa realidad en Vietnam.
7 de enero de 2009
7 de enero de 2009
90 de 143 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es evidente que hay opiniones para todos los gustos, pero llamar a La Naranja Mecánica una obra maestra es vender humo, y demuestra que una vez más hay películas que viven mucho más de su fama que de realidades. Que quede claro que le reconozco el mérito de una gran dirección. La combinación de música y escenas violentas esta muy lograda y en ocasiones parece casi casi un ballet (como en la escena del teatro). Esto es sin duda lo mejor de la película. No niego que McDowell actua bien. Es obvio también que la película sería muy impactante en su época por su violencia explícita. Por todo ello mi 6. Pero a partir de ahí la película tiene defectos graves. En primer lugar el guión, que no es nada del otro mundo y resulta bastante tonto en ocasiones. Por ejemplo la escena en la que Alex no puede defenderse del hombre que le golpea en un escenario es patética y no consigue que te la tomes en serio. Parece más una broma. Además el metraje es demasiado largo y la película aburre en ocasiones. La evolución del personaje es nula. Si por ejemplo mirais el personaje de Michael Corleone podéis ver cómo no tiene nada que ver el que empieza El Padrino con el que la acaba. Hay una tremenda evolución. Eso es un personaje bien llevado y bien tratado. Por otro lado la película usada como crítica social no funciona en ningún momento. La estética pseudosetentera pero a la vez utópica y muchos elementos que rodean la película hacen que no te tomes la historia en serio. No sé a que vienen chorradas como el pene gigante con el que Alex mata a la mujer, o los ridículos diálogos con los padres, por poner 2 ejemplos. ¿por qué ciertos personajes parecen tontos, como los padres, con sus ropas ridículas (no de los 70)? ¿por qué el guardia de la prisión es estúpido? Esos toques ridiculos de la película no tienen el menor sentido y repito hacen que la película no parezca ir en serio, algo imperdonable si buscas una crítica social. Además esos elementos disparatos chocan frontalmente con la crudad realidad de las escenas violentas. Pensadlo bien: ¿La película nos impacta por su supuesta crítica social, o por lo explícitas que son sus escenas? Si somos sinceros reconoceremos que por lo segundo. En conclusión, es interesante, llama la atención, hay que verla, pero es una película que en lo que es el poso, en el fondo, falla y mucho. Lo que pasa es que es muy bonito decir "no la has entendido".
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