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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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DEKAR
BADAJOZ (España)
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Su valoración:  |
30 de Enero de 2010 |
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La vida no parece mucho más que una serie de idas y venidas a lo largo de un camino que no parece conducir a ningún sítio en concreto. Nos empeñamos en hacerlo rápido, evitando a poder ser las incomodidades que acarrea el tipo de vida moderna en que estamos involucrados. No queda mucho tiempo para ocuparnos ni siquiera de los más allegados, de los verdaderos compañeros de viaje.
Quizás es que no sabemos hacerlo, al fin y al cabo nadie nos dió al nacer un libro de instrucciones, ojalá fuera tan fácil.
La mayoría de nosotros nos enfrentamos a diario a desilusiones, desamores, desarraigos, trabajos estúpidos que no dignifican, enfermedades, etc. Lo mejor que puede pasarnos es al menos no perder la dignidad que se nos otorga como seres humanos.
Sólo quedarán los recuerdos de haber superado todas esa dificultades, espolvoreados junto a los buenos momentos de los sueños cumplidos y los momentos compartidos con aquellos con quienes decidimos compartir el camino.
Por si fuera poco nadie nos asegura que el fin será el deseado, en algunos casos nos enfretaremos también a una enfermedad implacable que atacará sin compasión, se presenterá poco a poco, sin ruidos estridentes, a robarnos lo que nos quede de memoria. Es el el Alzheimer el verdadero ladrón de la memoria.
Esta es una película dura, lenta, de esas que nos hacen recapacitar, no puedes quedarte indiferente, es molesta porque cuenta de la vida, lo que tratamos por todos los medios de evitar a diario.
La historia te acaba atrapando de un modo implacable. Con un lenguaje visual estricto y simplicista, que no simple y con un guión parco en palabras pero efectivo al máximo, este director nos propone reflexionar sobre lo verdaderamente importante de nuestras vidas.
Cabe destacar la interpretación principal, perfectamente sujeta en el resto de las demás interpretaciones, para dar forma a la verdadera premisa de la película que nos es otra que un canto a la vida y como parte de ella también a la muerte.
DEKAR 
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| 13 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Caith_Sith
Salamanca (España)
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Su valoración:  |
23 de Noviembre de 2008 |
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Lo cierto es que no sé de qué me sorprendo. Cuando una película gana el premio más gordo en un festival de cine "independiente", lo más normal es que se ciña a todos los tics del "género", sin arriesgar demasiado y presentando una fórmula extremadamente conocida y, por desgracia, algo agotada. "La caja de Pandora" cumple ese mismo error, intentando dar un enfoque poético a una situación carente de lirismo o encanto de alguna clase. Mezclando el estilo pausado del cine asiático con una dirección similar a la Lucrecia Martel (especialmente la de "La Ciénaga"), la directora turca Yesun Ustanoglo no se come mucho la cabeza y nos presenta la historia de una familia descompuesta, pero unida ante la supuesta desaparición de un personaje.
La cinta avanza a un ritmo lento, pausado, bastante parsimonioso y sin dar demasiados respiros, ni regalando momentos algo más ágiles para que los párpados vuelven a reincorporarse no acaben cediendo al efecto reflejo que supone cerrarlos cuando lo que sale en pantalla no alcanza a ser interesante. Y esto es lo que le pasa al film de Yesim, que pese a tener buenos momentos y, sobretodo, un maravilloso final, todo lo que cuenta o, más bien, cómo lo cuenta, no acaba de ser ni mucho menos lo que podría esperarse desde un primer momento. Una lástima, pues después de recibir el premio en San Sebastián había creído que merecería la pena como obra cinematográfica, más allá, eso sí, de ser perfecta para curar el insomnio.
Caith_Sith 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sinhué
Cáceres (España)
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Su valoración:  |
24 de Noviembre de 2009 |
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La consistente y terrible excusa del alzheimer sirve a Yesim Ustaoglu para contarnos una historia de otro olvido que nos afecta, en mayor grado, que la propia enfermedad neurológica. Se nos ha olvidado que tenemos que amar y la vida sin amor es un negro pozo de desdichas.
La familia se reúne, con incómoda resignación, alrededor de la madre que quiere perderse en la montaña, antes de que ella se pierda en su cabeza, y, cada uno de sus miembros nos enseña, con la vergüenza del que se sabe equivocado, el patetismo con el que transcurren sus vidas.
Atendemos poco la planta del afecto, el cariño, la amistad; y las consecuencias son que se seca, convirtiendo nuestras vidas en eriales y las ciudades y pueblos en campos desérticos. Perdemos por tanto los frutos del amor: risas, confianza, solidaridad; y los problemas, cualquier problema, nos ahogan porque somos seres sociables y no estamos creados para defendernos desde el individualismo al que nos condenan sistemas y hábitos de vida poco edificantes.
La película de Yesim es un permanente viaje hacia el interior de los personajes y aún cuando nos muestra la impotencia e imposibilidad de cambio de estos, nos hace saber que la única salvación está en la catarsis, en el vaciamiento, en la decisión valiente de ir al encuentro, romper, empezar de cero...; dejando en blanco, de forma indolora nuestro amargo pasado de humanos insatisfechos.
Sinhué 
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| 4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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babel36
Valencia (España)
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Su valoración:  |
22 de Junio de 2009 |
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Relato contundente, radiografía dura y demoledora que no incurre en el melodrama lacrimógeno, hecha con ritmo pausado pero con suficiente sensibilidad, logra adentrarse en cada uno de los personajes y transmitir de forma más que correcta sus contradicciones y sus sentimientos. Y al tiempo que lo hace, nos ofrece un buen retrato de algún que otro asunto latente en la sociedad contemporánea, de la hipocresía, insolidaridad e individualismo frente a los débiles o enfermos cuando ya no cumplen un papel social activo, de los grandes contrastes todavía existentes entre el medio urbano industrializado y el rural y, como no, de la relaciones generacionales siempre conflictivas que, en este caso, se resuelven mediante un extraña pero positiva sintonía entre la abuela, excelentemente interpretada, y el nieto, un adolescente que todavía no ha encontrado su rumbo, con una interpretación menos brillante, aunque aceptable.
Pero la película fracasa a la hora de abordar los temas con pulso y ritmo narrativo suficientes. Insiste machaconamente durante casi dos horas en la misma idea, a base de hacer pasar a la abuela por la casa de los tres hermanos y posteriormente regresándola al pueblo con el nieto, para decir una y otra vez lo mismo, sin avanzar hacia ninguna parte. Y lo que durante la primera media hora resulta interesante, decae en la segunda; hacia mitad del film miradas al reloj y cambios de postura en la butaca porque no se nos ha contado absolutamente nada desde hace demasiado tiempo y no se ha ofrecido otra cosa que reiteración en los aspectos más grises de la realidad humana. Y la sensación que queda es la de haber asistido a una buena radiografía de personajes, tal vez demasiado apagados, intrincados, ásperos, y a un retrato de la vejez que no por su obstinada sensibilidad deja de caer en el exceso enfático sobre un mundo observado desde cierta óptica exageradamente triste y amarga. (Puerta de Babel)
babel36 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Leonel
Buenos Aires (Argentina)
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Su valoración:  |
1 de Mayo de 2010 |
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Un drama familiar construido con el pretexto de la enfermedad cerebral de Alzheimer, degenerativa e incurable desde que la describió el neuropatólogo alemán Alois Alzheimer en 1906. La protagonista es una encantadora anciana, la abuela Nusret, (la longeba francesa Tsilla Chelton, premiada en San Sebastián), octogenaria que vive sola en un pueblito del norte de Turquía, en las bellas montañas próximas al mar Negro. Si bien se muestran algunos problemas típicos de la enfermedad, se construye una historia del tipo del "buen salvaje" ya que la anciana, "salvaje" y enferma de demencia, es más sabia y lúcida que sus hijos, que viven en la moderna ciudad de Estambul, como auténticos salvajes, agresivos desaforados entre sí. El clásico contraste de la vida urbana y rural se desenvuelve así con bellas imágenes de la ciudad y de la montaña que ama Nusret. La historia da un giro inesperado cuando ella se encuentra con su nieto, Murat (Onur Ünsal) un adolescente que empatiza con ella y le da a la película un sentido de esperanza, de comodidad y de ternura que conmueve, donde el destino humano recupera su valor.
Leonel 
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