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El mayordomo

6,6
14.629
votos
Sinopsis
Cecil Gaines (Forest Whitaker) fue mayordomo jefe de la Casa Blanca durante el mandato de ocho presidentes (1952-1986), lo que le permitió ser testigo directo de la historia política y racial de los Estados Unidos. (FILMAFFINITY)
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user-icon Sibila de Delfos   Madrid (España)
Pasable
26 de septiembre de 2013
16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
No se comprende el éxito crítico y comercial apabullante de El Mayordomo.
Al margen de su interés como interesante repaso de los acontecimientos más importantes de las últimas décadas en Estados Unidos, el film de Lee Daniels no pasa de ser una película pasable, agradable de ver, pero poco más. No hay nada en la narración que genere pasión por lo que se nos está contando. El guión es frío y de ritmo demasiado lento, el metraje se extiende más de lo que debería, y todo sabe a rancio porque es un dejá vu inmenso. En ningún momento la película se aparta de los caminos más convencionales del biopic, de esos que pueden verse cualquier tarde en la sobremesa. Hay ciertas escenas poderosas, como la posterior al asesinato de Kennedy o el final con el anuncio de la victoria de Obama, pero son momentos puntuales que desgraciadamente no se contagian al resto de la película.
Así, el mayor atractivo de la película es disfrutar del inacabable desfile de estrellas e intérpretes conocidos que se han prestado a aparecer en la cinta. Merecen ser destacados Oprah Winfrey, en su primera aparición como actriz desde Beloved en el 98 (cabe preguntarse si sólo lo hizo porque Daniels es amigo personal suyo), el siempre maravilloso Alan Rickman (sería interesante hasta leyendo un contrato de iTunes) y por supuesto Forest Whitaker, que remonta el vuelo de una carrera que ha sido poco brillante y poco destacable después del Oscar (¿la maldición?).
En definitiva, una película poco estimulante, agradable y con algunos momentos conmovedores, pero en general olvidable y sin nada realmente destacable más allá de su reparto.

Lo mejor: El reparto y los últimos minutos de película.
Lo peor: No aporta nada, es olvidable y algo lenta.
Sibila de Delfos
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user-icon Crotalus   Argentina (Argentina)
Mala
29 de noviembre de 2013
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
No tenía grandes expectativas puestas en esta película; luego de haber visto“Precious” sabía que su director es un especialista en manipular al público distraído y de lágrima fácil.
Esta vez la apuesta de Lee Daniels fue un intento descarado para ganar la estatuilla en los próximos premios Oscar. Como la astucia de Daniels se nutre de las limitaciones de su público, haciendo jugadas de la misma conveniencia política que quienes siguen detentando el poder, lo más probable es que este farsante del séptimo arte logre su objetivo en el 2014.
La película es banal. Y a la vez es perversa, ya que utiliza el sufrimiento que los negros han padecido en EE.UU. con el fin de hacer propaganda política para Obama. Lo hace contando un fragmento de la historia del país que le enseña al mundo entero sobre derechos y libertades desde la mirada de Cecil Gaines, un mayordomo afroamericano de la Casa Blanca, cuyas virtudes más allá de llevar bien la bandeja no podría precisar. En la sucesión de presidentes desde Eisenhower hasta Reagan, todos excepto estos dos y Nixon (por razones obvias: eran republicanos y uno de ellos fue además el borracho protagonista de un escándalo) son presentados como personajes afables, casi inocentes, llegando al paroxismo de la banalidad perversa el la figura de Kennedy: muchachito tierno de ojos claros y buen padre de familia que nada parece haber tenido que ver con la Guerra Fría, las intervenciones de la CIA asesinando jefes de estado, el ataque a Cuba o el sostenimiento de la guerra de Vietnam.
El poster que publicita la película merece un párrafo aparte. Presenta a este mayordomo con el puño en alto, en signo de protesta y a la Casa Blanca en su otra mano. Si algo no fue Eugene Allen (el verdadero nombre del hombre en quien se inspiró la historia) es un revolucionario. Fue un negro dócil, un “negro de casa”, como se decía siguiendo la lógica racista de la mayor parte de la población norteamericana. Como a cualquier negro de aquella época no le faltarían razones para crecer y vivir con miedo, y es entendible que así fuese, pero no es honesto que lo presenten como un Martin Luther King infiltrado en la Casa Blanca.
A los personajes les falta profundidad, nunca llegamos a sentir empatía con el pobre Cecil, a pesar del talento de Forest Whitaker, y mucho menos con los demás personajes. Demasiadas historias de vida cruzadas con el fin de mostrar la posibilidad de la pluralidad. Daniels nada por la superficie, no se pone el snorkel ni por medio minuto y el resultado es que el espectador sólo llega a construir sospechas sobre la naturaleza de los personajes y de los EE.UU. como nación que resulta luego demasiado aburrido tratar de confirmar.
La historia de Cecil está desprovista de ideología pero no de sus consecuencias. Como le sucede a mayoría de la gente. Quizás por eso, cuando la película terminó mi asombro fue inmenso al comenzar a escuchar los aplausos -conducta colectiva para mí inexplicable en el cine, salvo que se encuentre presente en la sala el director- de un público complacido con el producto mainstream que acababan de consumir. Y eso no fue todo: cuando se encendieron las luces pude ver que a mi izquierda una mujer sostenía un pañuelito para secarse las lágrimas y a la derecha de mi prima, sentada a mi lado, otra mujer estaba en idéntica situación. No pudimos evitar la carcajada ni comentar: “Qué mal que estamos”.
El Nobel de la Paz para Obama y el Oscar para Daniels. Esa es la realidad. De cine, mejor no hablemos.
Crotalus
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user-icon lourdes lulu lou   valencia (España)
Buena
12 de octubre de 2013
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia norteamericana vista a través de los ojos de un hombre de color, desde su niñez como esclavo hasta su vejez como votante del primer presidente negro de los estados unidos de Norteamérica; un diferente punto de vista basado en una experiencia real. Una vida de mayordomo, de negro doméstico al servicio de los blancos, ocultando su verdadero rostro pero en primera línea de todo los sucesos más importantes hasta llegado el punto de no saber dónde esta, quién es, totalmente perdido ante tantos cambios y emociones vividas. Un impresionante Forrest Whitaker, excelentemente acompañado -son muchos los actores de renombre que intervienen- en su futura premiada interpretación para contar toda una vida y todo lo que ello implica. Mucho más impactante para el pueblo protagonista de la historia que para ti mismo, eres capaz de ver el esfuerzo realizado, la gran tarea conseguida y la importancia de lo relatado; pero siempre como espectador no involucrado, a una distancia inevitable cuya consecuencia es la no implicación emocional, ausencia de cualquier afinidad posible aunque, al mismo tiempo, impresionado por lo narrado. Confirmas lo vendido, verificas la gran campaña publicitaria -es todo un peliculón-, estarás de acuerdo con todos los premios venideros que obtendrá pero lo haces racionalmente, con un pensamiento consciente, lógico y deductivo no porque pasionalmente, con entusiasmo llegues a sentir la propia película como tuya; espectadora que mira pero no participa; observa, contempla pero no logra ver ni experimentar en primera persona.

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
lourdes lulu lou
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user-icon Tio Penthal   Ciudad Real (España)
Pasable
13 de octubre de 2013
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El verde, of course. Yo me imagino que habrá sectores dentro de los negros (¿se puede decir así?) que disfruten una barbaridad, e incluso un buen puñado de rostro-pálidos que purguen sus pecados raciales viendo The butler y derramando alguna lagrimita por el pueblo oprimido, pero ¿donde encajamos el resto de la humanidad?.
Pues asistiendo a como nuestros productores favoritos hacen caja y Lee Daniels opta un saco de Oscars castigando nuestros intelectos y pateando nuestras almas, como hizo en Precious. Lo cierto es que The butler es una película eficaz accionando los resortes que todos los aficionados al cine conocemos (y tememos), pero es a la vez tramposa, manipuladora y mediocre a más no poder. Películas sobre el sufrimiento de los afroamericanos hay muchas, y todas mejores que esta especie de Forrest Gump en la que un gran Whitaker ve pasar presidentes por su lugar de curro y los guionistas tratan de hacernos creer que ha influido en ellos. Entiendo perfectamente que los historiadores, y amplios sectores de la gente de color se sientan ofendidos por el carrusel de inexactitudes, verdades a medias y tópicos con los que somos obsequiados. Para empezar, se asume que el espectador es o experto en el tema o lerdo, puesto que se nos sugieren hechos importantes sobre la lucha por los derechos civiles que no se explican, se dan saltos en el tiempo sin aclarar que ha pasado o, lisa y llanamente, se falta a la verdad: el tratamiento dado a los presidentes blancos es un disparate, dando un par de lineas de dialogo a tipos maquillados a lo Chanante ("¡Hola, soy Ronald Reagan...Reagaaaanrrll..!!"), mostrando imágenes de apaleamientos y demás, pero sin dar una narración coherente de donde se parte, a donde se llega y por qué.
Se puede argumentar que en realidad la película se centra en la historia familiar del protagonista, pero eso no es verdad: todo el desarrollo es un panfleto con intención de reivindicar temas concretos (absolutamente respetable), y lo menos que podían haber hecho es una recapitulación didáctica, y no limitarse a juntar en el casting a todos los negros famosos del país (Lenny Kravitz, qué poco molas...) y recurrir a la lágrima fácil. En definitiva, cine de intenciones muy concretas pero concebido para llegar a grandes sectores de público y con una calidad artística cuestionable a excepción de algunas interpretaciones. Eso sí, si Oprah Winfrey la ha recomendado, habrá que verla.
Tio Penthal
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user-icon Maldito Bastardo   Raccoon City (Estados Unidos)
Regular
22 de diciembre de 2013
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me parece curioso que “El mayordomo (The Butler)” hable sobre Sidney Poitier, a modo de esa idealización y fantasía del hombre blanco sobre cómo debería ser el hombre negro, cuando Lee Daniels —habitual provocador de amor y odio a partes iguales— ha embellecido hasta la nausea el viaje de su protagonista para mostrar la evolución de la segregación racial en el Siglo XX y principios del Siglo XXI con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca con final ¿feliz? de un cuento familiar. Aunque más que el emperifollado académico con todos los trucos bien aprendidos de “Precious” —2 estatuillas de 6 nominaciones en los Oscars de 2009— se ha asociado correctamente con Weinstein (& Company) y marcado con su propio nombre el título como única composición autoral de una película que es simple suma de clichés y placas conmemorativas. Si las desventuras de Clareece ‘Precious’ Jones nos remitían a “Dos mujeres” de Vittorio de Sica —y su memorable reinterpretación con el perfecto «Mange, mange... Mange puttana»—, en “El mayordomo” somos condesados al influjo de Poitier en el Hollywood (de alfombra roja) de los años 60 como parte de la maquinaria de la integración social de una de las principales industrias del país, que ahora da la impresión de cumplir una cuota tanto de mercado como de premios para este tipo de producciones que van de negro pero que resultan ¿tan-tan blancas como el algodón? A Daniels, no obstante, le faltó dedicar unas palabras finales a sus haters del tipo «Mange, mange... Mange puttana» a modo de sal de frutas o agradecido laxante para evacuar rápidamente todo lo visto en su última premeditada y pretendida obra ¿maestra?

Se agradece que una película deje claramente sus intenciones en sus primeros cinco minutos y que el discurso de “El mayordomo” nos narre el viaje vital desde un campo de algodón en 1926 en Macon (Georgia) hacia el mismísimo despacho Oval de la Casa Blanca partiendo de una cita de Martin Luther King: «La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacer eso». Y Lee Daniels sabe, al parecer, aquello que es un buen puñado de oscuridad: violación, asesinato, locura y un niño como motor del cambio y futuro. Que Cecil Gaines sirva a siete presidentes de Estados Unidos o que su historia esté inspirada (desconocemos el porcentaje de veracidad) en la vida Eugene Allen poco debe importar en ese juego de pelucas y cosmética que acaba siendo en sí mismo mero maquillaje. Que Lafayette Reynolds de “True Blood” se convierta en Martin Luther King, Jr., que Alan Rickman y Jane Fonda jueguen a ser Ronald y Nancy Reagan, que John Cusack sea Richard Nixon y mienta en la cara de los protagonistas, o que James Marsden sea Kennedy así como Robin Williams se meta en la piel de Eisenhower no deja de ser parte del espacio cómico… Sobre todo cuando Obama es Obama, aunque, eso sí y ya puestos, ¿por qué no hubiera sido interpretado por Will Smith? ¿Y por qué no Jaden Smith con kilos de maquillaje? Los 50 años de historia evidencian la escalada social hacia la igualdad de los afroamericanos y nos recuerdan como colofón el síndrome pre-electoral del primer mandato de Obama y el mítico «Yes We Can» como elemento disonante (e incluso irónico y socarrón) desde nuestra perspectiva presente.

Que desean removernos las entrañas con el asesinato de Martin Luther King Jr. y John F. Kennedy es evidente pero aquí Daniels muestra sus mejores armas para salir de la tangente emocional dentro del sobrepeso dramático de su obra. Pudiéramos ceñirnos a que se trata de una dramatización en su sentido práctico y no un documental, pero el director de “El chico del periódico” utiliza resortes e instantáneas sacadas de hemeroteca para respaldar la maniobra emocional. Da lo mismo, cualquier crítica aquí queda simplificada a su éxito comercial: ¡EEUU ama a “El mayordomo” de Lee Daniels y, por supuesto, a Oprah! ¡Oprah for the Oscar! «Yes We Can» Sí, nos toca mangiare... ¿y callarnos también como puttanas?
Maldito Bastardo
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