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El mayordomo

6,6
14.150
votos
Sinopsis
Cecil Gaines (Forest Whitaker) fue mayordomo jefe de la Casa Blanca durante el mandato de ocho presidentes (1952-1986), lo que le permitió ser testigo directo de la historia política y racial de los Estados Unidos. (FILMAFFINITY)
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user-icon Jose Luis   Toledo (España)
Buena
9 de Septiembre de 2013
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin duda alguna ésta "El Mayordomo" va a ser candidata desde ya a todos los galardones posibles cuando llegue la temporada de premios.

Rodada de forma muy íntima y sin grandes alardes, supone la mirada personal de un hombre que a priori podría pasar desapercibido, pero que sin embargo fue testigo de como a su alrededor se iba gestando una época de cambios drásticos en lo referente a los derechos de la comunidad afroamericana. Un hombre, un mayordomo, que fue casi la mano derecha de los numerosos presidentes a los que sirvió durante años.

Forest Whitaker interpreta a ese mayordomo, Cecil, y realiza una intensa interpretación que, sin embargo, ofrece un personaje ante todo, discreto, pues su participación en lo referente a temas presidenciales se basaba en ser el hombre de confianza más cercano al líder. El que oía y veía todo pero sabía que ganaba más si se mantenía al margen y callado. Obviamente y dado el avance de las circunstancias llegará un momento en el que no podrá seguir ajeno a lo que ocurre a su alrededor.

La cinta va alternando entre épocas según los mandatos presidenciales (Eisenhower, Reagan, Johnson, Nixon, Kennedy...) y la situación en cada uno de ellos de la comunidad afroamericana en lucha por sus derechos civiles. Aparecen por lo tanto los movimientos de Martin Luther King, el nacimiento de los Panteras Negras, la difícil situación del apartheid sudafricano, la Guerra de Vietnam... todo ello tratado con veracidad, con muchísimas imágenes de archivo, pero al mismo tiempo con el suficiente tacto como para dotar a la película de un sentido de la humanidad bastante notable.

Es también veraz en el sentido de las discrepancias subyacentes dentro de la propia comunidad afroamericana acerca de la posición ante los diferentes gobiernos o su papel dentro de una sociedad dominada por una mayoría blanca (véase por ejemplo la conversación en la cena familiar a propósito de Sidney Poitier), al mismo tiempo que ofrece reflexiones acerca del papel de personas, en principio subyugadas, pero que resultan ser los principales baluartes de la lucha por el reconocimiento de los derechos civiles (por ejemplo la magnífica reflexión de M.L. King, acerca de como los mayordomos negros simbolizaban los primeros elementos insurgentes al dar ejemplo de trabajo duro realizado con dignidad, fidelidad, respeto y confianza).

Pero la película no trata solo de elementos políticos y lucha social, sino que al mismo tiempo se realiza un pequeño retrato de la difícil situación familiar que atravesaba Cecil, pues su hijo era un activista político bastante comprometido con la lucha del pueblo afroamericano, y el propio Cecil tenía que mantenerse fiel a un presidente de otra raza, con lo cuál la situación no era precisamente sencilla, más cuando él mismo se siente en muchos momentos como si no supiera dónde está realmente o qué hacer.

A destacar el papel de Oprah Winfrey como Gloria, la esposa de Cecil. Es innegable la buena química que existe entre ella y Whitaker mostrándonos un matrimonio creíble y cercano (atención a la escena cerca del final que aclaro en el spoiler) que dota de aún más sentimiento a la propuesta.
Obviamente esto tiene una doble lectura según el rasero con que se mida, pues puede resultar muy maniqueo y artificial para dirigir y controlar los sentimientos del espectador, tal y como hizo Lee Daniels con su obra precedente "Precious". Pero esos momentos funcionan (aclaro en el spoiler) porque ocurren alrededor y en la vida de un hombre sencillo. Un hombre que no aspiraba nada más que a hacer bien su trabajo y poder sacar adelante a su familia. Un hombre que estuvo al lado de los hombres más poderosos del planeta y supo mantenerse en su papel en todo momento, callándose incluso cuando por dentro estaba deseando alzar la voz (la decisión de Nixon sobre los Panteras Negras, por ejemplo).

La puesta en escena es sobria y elegante, la fotografía en tonos muy apagados dota de una atmósfera clásica a la cinta y la banda sonora es minimalista y agradable. Es decir, todos los ingredientes que suelen tener este tipo de películas para conseguir premios.
Atención también a la labor de maquillaje para representar a los diferentes presidentes, interpretados entre otros por Alan Rickman, James Marsden, Robin Williams o Liev Schreiber, aunque John Cusack no me parece que pegue mucho como Nixon.

Un 7 en definitiva. Obras como esta son necesarias para que no se olvide el trabajo y el esfuerzo que supuso y supone, la lucha por los derechos civiles de todos los ciudadanos (ya no solo afroamericanos) del mundo, sean de la raza, etnia o religión que sean. En la línea de la reciente "42", pero con un toque menos épico y deportivo, Lee Daniels construye un drama salpicado de pequeños momentos cómicos (la cinta tiene muy pequeños detalles de humor bastante funcional), muy bien interpretado y con un guión que resulta veraz, acertado y respetuoso.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Jose Luis
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user-icon Crotalus   Argentina (Argentina)
Mala
29 de Noviembre de 2013
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
No tenía grandes expectativas puestas en esta película; luego de haber visto“Precious” sabía que su director es un especialista en manipular al público distraído y de lágrima fácil.
Esta vez la apuesta de Lee Daniels fue un intento descarado para ganar la estatuilla en los próximos premios Oscar. Como la astucia de Daniels se nutre de las limitaciones de su público, haciendo jugadas de la misma conveniencia política que quienes siguen detentando el poder, lo más probable es que este farsante del séptimo arte logre su objetivo en el 2014.
La película es banal. Y a la vez es perversa, ya que utiliza el sufrimiento que los negros han padecido en EE.UU. con el fin de hacer propaganda política para Obama. Lo hace contando un fragmento de la historia del país que le enseña al mundo entero sobre derechos y libertades desde la mirada de Cecil Gaines, un mayordomo afroamericano de la Casa Blanca, cuyas virtudes más allá de llevar bien la bandeja no podría precisar. En la sucesión de presidentes desde Eisenhower hasta Reagan, todos excepto estos dos y Nixon (por razones obvias: eran republicanos y uno de ellos fue además el borracho protagonista de un escándalo) son presentados como personajes afables, casi inocentes, llegando al paroxismo de la banalidad perversa el la figura de Kennedy: muchachito tierno de ojos claros y buen padre de familia que nada parece haber tenido que ver con la Guerra Fría, las intervenciones de la CIA asesinando jefes de estado, el ataque a Cuba o el sostenimiento de la guerra de Vietnam.
El poster que publicita la película merece un párrafo aparte. Presenta a este mayordomo con el puño en alto, en signo de protesta y a la Casa Blanca en su otra mano. Si algo no fue Eugene Allen (el verdadero nombre del hombre en quien se inspiró la historia) es un revolucionario. Fue un negro dócil, un “negro de casa”, como se decía siguiendo la lógica racista de la mayor parte de la población norteamericana. Como a cualquier negro de aquella época no le faltarían razones para crecer y vivir con miedo, y es entendible que así fuese, pero no es honesto que lo presenten como un Martin Luther King infiltrado en la Casa Blanca.
A los personajes les falta profundidad, nunca llegamos a sentir empatía con el pobre Cecil, a pesar del talento de Forest Whitaker, y mucho menos con los demás personajes. Demasiadas historias de vida cruzadas con el fin de mostrar la posibilidad de la pluralidad. Daniels nada por la superficie, no se pone el snorkel ni por medio minuto y el resultado es que el espectador sólo llega a construir sospechas sobre la naturaleza de los personajes y de los EE.UU. como nación que resulta luego demasiado aburrido tratar de confirmar.
La historia de Cecil está desprovista de ideología pero no de sus consecuencias. Como le sucede a mayoría de la gente. Quizás por eso, cuando la película terminó mi asombro fue inmenso al comenzar a escuchar los aplausos -conducta colectiva para mí inexplicable en el cine, salvo que se encuentre presente en la sala el director- de un público complacido con el producto mainstream que acababan de consumir. Y eso no fue todo: cuando se encendieron las luces pude ver que a mi izquierda una mujer sostenía un pañuelito para secarse las lágrimas y a la derecha de mi prima, sentada a mi lado, otra mujer estaba en idéntica situación. No pudimos evitar la carcajada ni comentar: “Qué mal que estamos”.
El Nobel de la Paz para Obama y el Oscar para Daniels. Esa es la realidad. De cine, mejor no hablemos.
Crotalus
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user-icon lourdes lulu lou   valencia (España)
Buena
12 de Octubre de 2013
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia norteamericana vista a través de los ojos de un hombre de color, desde su niñez como esclavo hasta su vejez como votante del primer presidente negro de los estados unidos de Norteamérica; un diferente punto de vista basado en una experiencia real. Una vida de mayordomo, de negro doméstico al servicio de los blancos, ocultando su verdadero rostro pero en primera línea de todo los sucesos más importantes hasta llegado el punto de no saber dónde esta, quién es, totalmente perdido ante tantos cambios y emociones vividas. Un impresionante Forrest Whitaker, excelentemente acompañado -son muchos los actores de renombre que intervienen- en su futura premiada interpretación para contar toda una vida y todo lo que ello implica. Mucho más impactante para el pueblo protagonista de la historia que para ti mismo, eres capaz de ver el esfuerzo realizado, la gran tarea conseguida y la importancia de lo relatado; pero siempre como espectador no involucrado, a una distancia inevitable cuya consecuencia es la no implicación emocional, ausencia de cualquier afinidad posible aunque, al mismo tiempo, impresionado por lo narrado. Confirmas lo vendido, verificas la gran campaña publicitaria -es todo un peliculón-, estarás de acuerdo con todos los premios venideros que obtendrá pero lo haces racionalmente, con un pensamiento consciente, lógico y deductivo no porque pasionalmente, con entusiasmo llegues a sentir la propia película como tuya; espectadora que mira pero no participa; observa, contempla pero no logra ver ni experimentar en primera persona.

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
lourdes lulu lou
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user-icon Tio Penthal   Ciudad Real (España)
Pasable
13 de Octubre de 2013
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El verde, of course. Yo me imagino que habrá sectores dentro de los negros (¿se puede decir así?) que disfruten una barbaridad, e incluso un buen puñado de rostro-pálidos que purguen sus pecados raciales viendo The butler y derramando alguna lagrimita por el pueblo oprimido, pero ¿donde encajamos el resto de la humanidad?.
Pues asistiendo a como nuestros productores favoritos hacen caja y Lee Daniels opta un saco de Oscars castigando nuestros intelectos y pateando nuestras almas, como hizo en Precious. Lo cierto es que The butler es una película eficaz accionando los resortes que todos los aficionados al cine conocemos (y tememos), pero es a la vez tramposa, manipuladora y mediocre a más no poder. Películas sobre el sufrimiento de los afroamericanos hay muchas, y todas mejores que esta especie de Forrest Gump en la que un gran Whitaker ve pasar presidentes por su lugar de curro y los guionistas tratan de hacernos creer que ha influido en ellos. Entiendo perfectamente que los historiadores, y amplios sectores de la gente de color se sientan ofendidos por el carrusel de inexactitudes, verdades a medias y tópicos con los que somos obsequiados. Para empezar, se asume que el espectador es o experto en el tema o lerdo, puesto que se nos sugieren hechos importantes sobre la lucha por los derechos civiles que no se explican, se dan saltos en el tiempo sin aclarar que ha pasado o, lisa y llanamente, se falta a la verdad: el tratamiento dado a los presidentes blancos es un disparate, dando un par de lineas de dialogo a tipos maquillados a lo Chanante ("¡Hola, soy Ronald Reagan...Reagaaaanrrll..!!"), mostrando imágenes de apaleamientos y demás, pero sin dar una narración coherente de donde se parte, a donde se llega y por qué.
Se puede argumentar que en realidad la película se centra en la historia familiar del protagonista, pero eso no es verdad: todo el desarrollo es un panfleto con intención de reivindicar temas concretos (absolutamente respetable), y lo menos que podían haber hecho es una recapitulación didáctica, y no limitarse a juntar en el casting a todos los negros famosos del país (Lenny Kravitz, qué poco molas...) y recurrir a la lágrima fácil. En definitiva, cine de intenciones muy concretas pero concebido para llegar a grandes sectores de público y con una calidad artística cuestionable a excepción de algunas interpretaciones. Eso sí, si Oprah Winfrey la ha recomendado, habrá que verla.
Tio Penthal
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user-icon Kikivall   Granada (España)
Muy buena
20 de Octubre de 2013
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
El film trata la vida real de Cecil Gaines (Forest Whitaker), mayordomo jefe de la Casa Blanca a lo largo del mandato de ocho presidentes (1952-1986). Esta circunstancia, permitió a Gaines ser testigo directo de la historia política, presidente a presidente, y también de los avances antidiscriminación en los Estados Unidos.

Lee Daniels ha sabido tocar la fibra sensible de los interesados por la Historia en general y en particular la de los EE.UU. de Norteamérica. Recurre para ello a una autobiografía, la del mayordomo negro Gaines que durante décadas sirvió en la Casa Blanca, conociendo a presidentes desde Eisenhower hasta Obama, pasando por Kennedy, Johnson, Nixon, Carter o Regan. Y cuenta la historia con el pulso de una gran interpretación de Forest Whitaker, el magnífico guión de Lee Daniels y Danny Strong, junto a la fotografía de Andrew Dunn y la deliciosa música de Rodrigo Leão. The Butler es una película que hay que ver para sentir en el corazón las épocas y los tránsitos por los que ha transcurrido este imperio llamado los Estados Unidos de Norteamérica que para bien y para mal ha gobernado los designios del mundo durante décadas. En la historia participamos de la política, las injusticias y las salvajadas hacia la población de color, las lagunas legales y cómo, al fin, parece que han de pasar más de tres o cuatro generaciones, desde la Guerra de Secesión, hasta recobrar cierta normalidad con la elección en 2008 del primer presidente de color en la Historia norteamericana: Barack Obama.

Pero no sólo está, en el terreno de la interpretación, la magistral actuación de Forest Whitaker; le acompañan celebridades como Cuba Gooding, Oprah Winfrey, David Oyelowo, John Cusack, Vanessa Redgrave, James Fonda, Torrence Howard, Robin Williams, etc., que hacen un coro maravilloso de actores dando el “do de pecho”.

Además, el desarrollo de la historia llega a conmover y a mirar desde dentro las crudas realidades por las que atraviesa no sólo el problema racial, sino la política, las guerras –como Vietnam-, los entresijos de la Casa Blanca, de forma creíble y que sintoniza con el espectador. Sé que algunos críticos la tildan de edulcorada e incluso empalagosa, sin embargo, mi opinión es la de que en esta obra hay una emoción auténtica que parte del corazón de un mayordomo encarnado por un memorable Whitaker, que vuelve a demostrar de lo que es capaz a pesar de su aspecto desgarbado y su ojo caído. Yo la recomiendo y quien la critica mal, querría yo saber qué pelis ven bien. No olvidemos que este film es un producto americano, pero en este caso, de los buenos.
Kikivall
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