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Críticas de "París, Texas"
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| 30 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
30 de Mayo de 2008 |
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Un hombre de expresión serena y rostro firme vaga por el desierto con pesar.
Ante su presencia, un coche se para y de él baja un hombre que le reconoce. Dice ser su hermano.
Sin oponer resistencia, sube al coche, pero permanece callado. Impasible.
El conductor insiste, intenta arrancarle palabras, pero sin lograrlo.
Acto seguido, termina cediendo y hablándole sobre sueños rotos y el tiempo pasado.
Finalmente, querrá salir del agujero, despojarse de sus temores y afrontarlos, deslizarse del submundo en el que habitaba y retomar los cabos que quedaron sueltos, debido a su temor, y la culpabilidad...
La soledad y la culpa son monstruos que nos transforman en bestias, incapaces de reaccionar, de tomar el peso en una relación y de salir de nuestro propio mundo en el cual nos sentimos refugiados, pero jamás a gusto.
Ese es el principal inconveniente que Travis halla ante sí, el sentimiento de culpabilidad le desborda y no logra encontrar un sistema de apertura, pues tras su expresión sosegada se encuentra un ser reprimido por sus emociones, por sus remordimientos.
La interpretación de Harry Dean Stanton viene como anillo al dedo al personaje que interpreta, pues con agriedad encauza un papel complicado, y va girando las tornas hasta desenvolver sus verdaderas intenciones.
Ese ritmo impasible que Wenders impone resulta perfecto, rudo y descorazonador, tanto como algunas de las secuencias finales si cabe, que rezuman sentimiento, profundidad y una complejidad tremendas.
Las punzantes notas que suenan a lo largo del film, no hacen más que acrecentar esa angustia, ese dolor.
Imprescindible película. Gracias, señor Wenders.
Grandine 
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| 31 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Deckard
Alicante (España)
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Su valoración:  |
12 de Enero de 2008 |
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París, Texas
París, Texas
París, Texas
Papá y mamá hicieron el amor allí por primera vez.
Es donde empecé.
Yo empecé allí.
Una chica muy joven y guapa, ¿entiendes? y un hombre mucho mayor, algo alocado, rebelde...
Creo en el poder de la imagen, el cine es eso, en mi opinión. Siempre lo he defendido, por encima de la palabra o la música (en el cine, no como artes independientes, en ese caso la valoración es la misma) como ya he dicho, el guión (literatura) y la música pertenecen a otras artes; pero ¿qué importa? cuando ves París Texas, no importa nada. Nada, excepto lo que sientes viéndola, exacto, eso es lo que de verdad importa, porque eso es el arte.
París, Texas, es sencilla, no tiene florituras, ni grandísimos planos, ni un guión propio de un absoluto conocedor del lenguaje. Como ya he dicho no importa, pero importa que no importe; jajajajaja creeréis que estoy de broma. No, es cierto, porque sobra con el sentimiento, no necesita ser recargarda con nada más, la sencillez lo es todo, el amor lo es todo, porque el amor puede volver loco, y no hay nada, por muy cursi que suene, como que te digan:
Te quiero...
Te quiero más que a mi vida...
No hay más que decir sobre esta obra maestra, esta joya para mentes sensibles; siéntense, disfrútenla con calma, déjense llevar por las emociones y todo saldrá bien por París, Texas.
Deckard 
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| 27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
28 de Marzo de 2008 |
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El alemán Wim Wenders, de cuya extensa filmografía yo sólo conocía la peculiar "El cielo sobre Berlín", me ha hecho transportarme esta vez a los entornos silenciosos y ásperos del desierto de Mojave, en el que el viento trae los lamentos de dramas familiares que quedaron en el aire, sin concluir y en una expectativa vacía y dolorosa.
A veces el amor se vuelve destructivo, y lo que era una continua fuente de alegrías se convierte en un calvario. A veces el amor se torna en obsesión y en prisión y termina por destrozar.
Travis Henderson quizás amó demasiado, de un modo obsesivo y paranoico, haciendo polvo todo lo que amaba. Y todo se rompió. Después, nada le quedaba. Nada más que las ansias de huir. Huir hacia un lugar de silencios, huir de sí mismo, a algún sitio donde no pudiera oír la voz de ella persiguiéndole. ¿Hacia dónde puede ir Travis cuando sabe que toda su vida ha quedado atrás? ¿Qué ha quedado de aquella persona que alguna vez fue, que recuerda vagamente haber saboreado algo que podría ser felicidad? ¿Dónde quedó aquel hombre que era?
En París, Texas, dejó abandonados los sueños que nunca llegó a realizar.
Con el sosiego de una cámara paciente, el polvo desértico arrastra los dolores de la tierra reseca y desolada. Nos hace observar el lento regreso a la vida de un hombre perdido. El vacilante reencuentro de unas personas condenadas a amarse en la distancia. El temor latente a la pérdida definitiva, y a la vez el miedo a tratar de restaurar los fragmentos rotos. Miedo a mirarse en el espejo del pasado y remover el fondo.
Travis regresa desde la dimensión sin memoria en la que ha estado sumergido, resurgiendo de sus cenizas para enfrentarse a los fantasmas que le persiguen. Para buscar el perdón. Para buscar el calor de los rescoldos de aquellas llamas que le abrasaron una vez. Y para ser, por fin y para siempre, el padre que apenas fue. Consciente de que el buen actor sabe retirarse en el momento justo del escenario, cuando ya ha dejado atrás lo mejor que podía dar.
El desierto con sus carreteras interminables como cintas polvorientas que se pierden en la lejanía, es más que un simple accidente geográfico. Es el reflejo de almas portadoras de heridas que no cicatrizan. De personas inconclusas en continuo viaje por las carreteras del corazón, macerando culpas y madurando la difícil aceptación de sus errores, con la esperanza de llegar a un equilibrio en el que sea posible vencer, al menos en parte, los muros de un distanciamiento implacable.
La música triste de Ry Cooder se parece al viento del desierto. Se asemeja a ese paisaje árido, donde el tiempo transcurre más despacio. Notas lánguidas que lloran a solas por esos momentos perdidos que nunca van a regresar.
Así, "París, Texas" es separación y es reencuentro. Es un recordatorio de que el amor es paraíso e infierno, y que es imposible controlar sus arrebatos, a veces más perjudiciales que beneficiosos. Y duele. Duele mucho. Todo el que lleva su marca, la llevará de por vida.
Vivoleyendo 
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| 33 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
16 de Octubre de 2007 |
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Travis Henderson desciende “de Orfeo, que marcaba la cadencia de remo de los Argonautas y que bajó al infierno y volvió a subir, menos vivo que antes de la hazaña, pero vivo al fin y al cabo.” (*)
Travis entrevió la figura de Eurídice, fugaz y temblorosa, detrás de la pantalla infranqueable de un peep show. No quiso ni girarse para ver de cerca aquella sepultura.
Su llanto enternecía hasta las fieras.
Comprendió que una forma del amor es la renuncia, el exilio profundo e interior.
Orfeo ya no canta. Sólo escucha la lira de Ry Cooder.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: (*) La mejor banda ['Entre paréntesis', de Roberto Bolaño]
Servadac 
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| 20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
11 de Enero de 2007 |
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Cuando estrenaron esta película en España y fui a verla, me hallaba yo viviendo un tiempo de melancolia, de modo que comprendí muy bien el sello de soledad, independencia, libertad y fracaso de sus personajes. En un lugar llamado París, del Estado de Texas (EE.UU), con cielos muy azules y tierras anaranjadas, Win Wenders, nos enseña a un hombre ido, extraño, estepario, loco de amor. En un momento determinado este hombre decide dejar su locura de caminar en línea recta sin mirar atrás, para regresar sobre sus pasos y recuperar una pasada vida de amor que ya no existe. Un film muy poético, entrañable, contagiador de la profunda soledad, pesadumbre y pena que arrastran dañados quienes viven y aman. Es lo humano que el que más y el que menos ha vivido en carne propia; por ello nos cala hasta el alma.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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