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Críticas de "Lost in Translation"
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| 72 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
25 de Febrero de 2007 |
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Vamos a ver, Sofía. Está muy bien que quieras escribir una historia sobre el hastío vital y te propongas, para ello, hacer la película más aburrida de la historia del cine reciente (y casi lo consigas). Lo que me parece incomprensible es que te hayan premiado el guión de una película cuyos mayores defectos están, precisamente, en su propia escritura: la historia, aparte de ser la expresión evidente de una única idea que se podría expresar con dos palabras (ME ABURRO; o bien: SOY INFELIZ, así, con mayúsculas, que es como lo has rodado, de la forma más redundante posible), aparte de esto, la película es deshilachada, cansina, forzada, casi ausente de toda gracia (con alguna excepción, debida siempre al personaje de Murray). Es difícil que despierten en mí ninguna compasión estos personajes fashion perdidos en hoteles de lujo en el otro extremo del mundo, que van de la sauna a la cafetería del rascacielos y se sienten incomprendidos e infelices: todo es pura retórica para producir la autocompasión de las clases privilegiadas. Esta película está rodada para que Victoria Beckham o Ana Obregón o Enrique Iglesias exclamen: "Ay, cómo me identifico, aunque la gente me critique, yo también tengo mis problemas", y apuren su vaso de whisky mientras le rascan el pubis a quien tengan al lado.
Con todo, la película es elegante, presenta un retrato de nuestra sociedad en sus aspectos más elitistas y desaforados (aquí no hay gente normal que estudie, tenga un trabajo basura o problemas de dinero), tiene algún momento cómico (pocos) y tiene su punto de exotismo (pequeño, porque lo que demuestra es que el mundo está realmente globalizado). A mí lo que más gracia me hace es el concepto que tiene la Coppola de lo que es una licenciada en Filosofía por Yale: una tipa alérgica a los libros y a la cultura que lo más intelectual que hace es pintarse los morros, hacer una excursión desganada a Kioto y escuchar una absurda cinta de autoayuda (anda guapa, licénciate en Filosofía por Yale para acabar en las garras de Bucay o Coelho). Eso sí, la chica es muy mona y muy fashion y se pasa el día en bragas.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Esta la vi con mi cabra Rafuti en el dvd: acabamos los dos tan aburridos como Bill Murray y la Johansson cuando hacen zapping en sus habitaciones de hotel, completamente identificados con su hastío. Ahí acertaste de pleno, Sofia
Macarrones
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| 28 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Demussot
Montgat (España)
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Su valoración:  |
19 de Octubre de 2007 |
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Destripe y análisis en un texto corto:
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: "Lost In Translation" es el feo parto de una sociedad de pisaverdes, diletantes, bohemios e infatuados que detentan el poder de la industria. Reducida a manifiesto pop, el aborto creativo de Coppola tiene algunos elementos que merece la pena recordar. En primer lugar, la incomunicación y la soledad en la que se encuentran Murray y Johansson son consecuencias de sus decisiones, algo que deberían saber de antemano: el primero por aceptar trabajos estúpidos y la segunda por acompañar a su pareja a dónde sabe que no pinta nada. Ese victimismo autoinfligido, que nadie debería creer ni legitimar, es su premisa. A partir de ahí se precipitan sus despropósitos: un "swing" -deporte occidental- contra un paisaje emblemático japonés, la rechifla por los gallos de Anna Faris -la única diferencia entre su "karaoke" reside en que la canción es peor-, la huida infantil hacia ninguna parte como elemento falsamente liberador, etc. Hay que decirlo claro: los delirios de la burguesía por el paisaje desolador que ellos mismos han sembrado no son más que el infierno que merecen dos personajes cuya única misericordia que despiertan es la haber sido tan necios.
Demussot
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| 16 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
24 de Septiembre de 2007 |
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Imagino que el que más, el que menos, ha experimentado alguna vez ese vacío doloroso de la soledad.
Sentirse solo entre millones de personas.
Sentirse solo entre los seres a los que se ama.
Y, sobre todo, sentirse solo en el centro de uno mismo.
Sofia Coppola nos regala un bello, llamativo y melancólico estudio del ostracismo. Ese aislamiento emocional que parece ser un síndrome de nuestros tiempos, de la fascinante, discordante y chirriante variedad, de los choques interculturales, de la convivencia forzosa entre millones de seres que buscan su espacio vital en medio del anonimato y de la aglomeración de la gran urbe.
¿Quién no ha tenido en más de una ocasión esa impresión de rutina, de desgaste, de desorientación, de perder el rumbo o desesperar de llegar a encontrarlo alguna vez? ¿De encontrarse en un lugar extraño, rodeado de personas que hablan en un idioma que no entiendes (y no me refiero sólo a la lengua), alejado de tu familia e incluso de ti mismo?
¿Quién no se ha sentido como una isla a la deriva, náufrago que pierde pie desesperadamente en mitad de un mar embravecido en el que nadan denodadamente muchos otros náufragos, todos perdidos en un océano infinito que parece no tener orillas?
¿Quién no ha mirado a su alrededor y se ha visto a sí mismo como un extraño en medio de extraños condenados a no entenderse?
¿Quién no ha mirado alguna vez hacia adelante y se ha sentido atascado, falto de propósitos, de alicientes, aspiraciones o simplemente de confianza en uno mismo?
Bob y Charlotte son dos islas perdidas en el inmenso mar urbano de Tokyo.
La fotografía es deslumbrante y abundan los planos de la ciudad (las luces de neón, los carteles publicitarios, los variopintos edificios, las multitudes, los transportes...), recreando hermosas escenas que parecen casuales y mostradas como el que no quiere la cosa, pero que en realidad encierran significados espirituales, vinculados a la visión subjetiva de los personajes. Esos planos de Charlotte sentada en el alféizar de la ventana, mientras ella observa melancólicamente la abrumadora ciudad que se extiende ante sus ojos, encierran una rara belleza; así como la mirada algo hastiada de Bob, que contempla el paisaje con recelo... La fotografía es increíblemente expresiva y posee una elocuencia que va de lo sosegado a lo vibrante, comunicando mensajes mucho más hondos de lo que lo hacen los propios diálogos. Las conversaciones, sencillas e intrascendentes, como podría ser cualquier conversación corriente, con sus rasgos de humor, de ridiculez, de sinceridad, de falsedad, de diversión y de tristeza; los personajes con los que se cruzan los protagonistas, a menudo chocantes y llamativos en su variedad...
Sigo en el spoiler.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Y, sobre todo, el estar perdido (como indica el título) en un lugar cuyo idioma no entiendes, cuya cultura es diferente a la tuya, sintiéndote incómodo y desubicado, con los horarios de sueño trastocados, padeciendo insomnio y, más que nada, el sempiterno síndrome de la incomunicación.
Pese a todo, los protagonistas intentarán buscar un puerto al que arrimarse y que les sirva como apoyo, y tratarán de vencer sus inseguridades con la ayuda de la amistad y el sentido del humor.
Historia sencilla sin nada extraordinario a la vista, pero que oculta en sus venas un latido que transporta fragmentos del alma y del corazón, y que terminará por ofrecernos un cierre a la historia que ya cuento entre los más románticos y con más contenida belleza que he visto en bastante tiempo.
Para todos ustedes, los que se han perdido alguna vez en sí mismos o en las revueltas del entorno y de la falta de comunicación.
Vivoleyendo
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| 13 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Mikhaeltitan
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
31 de Diciembre de 2007 |
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El nirvana es un concepto budista e hindú que significa 'extinción'. Es el estado supremo de liberación de todas las ataduras. La absoluta felicidad, el culmen de la iluminación, la serenidad sin límites. Quien llega al nirvana se libera ya de la necesidad de otra reencarnación. Ha vencido a la muerte y al dolor.
Algo parecido se podría sentir, en ciertos momentos de la vida, al ver esta película.
La primera vez que vi el comienzo de la película en el cine, al ver el maravilloso paisaje, con el que nos deleita, Charlotte (Scarlett Johansson), me quedé entre impactado y expectante, pero no me esperaba lo que vendría a continuación.
La fascinante urbe de Tokio, vista desde los ojos de Bob Harris (Bill Murray), un veterano actor que ha venido a la ciudad japonesa, para hacer un anuncio de Whisky.
La belleza de lo que me rodeaba en aquella sala de cine, como la música me envolvía totalmente. Girls de Death in Vegas, de fondo o mas bien en primer término, eso no lo olvidaré en mi vida.
Me había metido en la película, antes incluso de saber lo que me iba a contar.
A partir de aquí, la primera etapa de la película empieza a dejar claros muchos puntos, entre ellos, que Charlotte, acompañando a su novio John (Giovanni Ribisi), está como bien dice el título de la película, perdida, o que la línea que separa a Bob Harris de Bill Murray, es prácticamente invisible y que es un hombre que parece haber vivido ya su momento más dulce, parte de su vitalidad parece perdida, que no su humor, pero conocer a Charlotte, lo cambiara todo.
El paréntesis que necesitaba su vida, llegara en este viaje inolvidable.
Un cruce de miradas en el ascensor y una serie de encuentros. La película va repartiéndose entre las vidas de Bob y Charlotte, hasta que finalmente se juntan en una.
Pero lo genial es que la historia se mezcla, con una banda sonora elegida con gran acierto para cada momento. Canciones y melodías entre las que se encuentran, la ya mencionada girls, On the Subway (Charlotte en el metro) o Sometimes.
Bill Murray está perfecto durante toda la película y Scarlett Johansson, no se queda atrás precisamente.
Cuando están por separado, tienes buenos momentos, pero cuando están juntos, sucede algo mágico. Es en esos momentos, cuando los diálogos se vuelven poderosos.
Dar una vuelta en coche por Tokio o mirar la ciudad por la ventana de un hotel. Esto por si solo, podría ser suficiente para disfrutar de este viaje, pero además viene acompañado, de una gran y a la vez sencilla historia, que transcurre en una ciudad que nos deja viajar al futuro.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Hay unos cuantos momentos en esta película para recordar.
Algunos de comedia protagonizados la mayoría, por Bob Harris (Murray), como el momento Santore, romepa medias, la sesión de fotos o en el bar y ese ... ¿Me guardas un secreto?. Estoy organizando una fuga de presos y busco un cómplice...
Momentos para ver y escuchar. Charlotte con el paraguas transparente caminando, con el diplodocus de fondo. El karaoke con el Too Young, el More Than This interpretado por Bill Murray y ese cruce de miradas entre ambos o la famosa escena, con el Alone in Kyoto, de Air, mientras Charlotte da otro paseo.
Para acabar todo con los dos momentos especialmente mágicos de la película.
El primero en el bar del hotel.
-No quiero marcharme.
-No lo hagas. Quédate conmigo. Formaremos un grupo de jazz.
Y el segundo, la despedida. El abrazo, unas ultimas palabras susurradas al oído, La ultima mirada de Bob a Charlotte justo cuando comienza a escucharse el Just Like Honey.
El mejor final para un viaje inolvidable.
Mikhaeltitan
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| 25 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
2 de Junio de 2005 |
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La película se basa en un guión a cargo de Sofia Coppola construido con extraordinaria habilidad y con el uso reiterado de una ironía sutil, expresada en imágenes nuevas, dicha sin estridencias y expresada con recursos tan diversos como sorprendentes. La historia que se cuenta es una historia de soledades en la que se combinan, contraponen o juxtaponen las historias de Bob y Charlotte. Ambos están solos en la gran ciudad, extraña, ajena a sus experiencias personales y hermética. La soledad de Charlotte deriva del abandono y la de Bob de la inadaptación al entorno. La suma de ambas soledades genera compañía, sosiego, bienestar y a la larga un sincero afecto, limpio y desinteresado, entre un hombre maduro y una joven muchacha. El afecto deriva en amor imposible hacia el final de la narración, pero éste aparece de manera sólo sugerida, como un destello apenas esbozado, imperceptible. El tono de voz con el que hablan los dos protagonistas es bajo y aterciopelado, íntimo. De ese modo la directora-guionista consigue contagiar al espectador la sensación de formar parte de la intimidad que se ha creado entre los dos personajes. La interpretación de Bill Murray es excelente y la de Scarlett Johanson brilla a gran altura. En suma, la película revela sabiduría cinematográfica y una destacada habilidad de expresión y comunicación.
Miquel
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