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Dallas Buyers Club

7,4
22.398
votos
Sinopsis
Basada en la vida real de Ron Woodroof, un cowboy de rodeo texano, drogadicto y mujeriego, al que en 1986 le diagnosticaron SIDA y le pronosticaron un mes de vida. Empezó entonces a tomar AZT, el único medicamento disponible en aquella época para luchar contra tan terrible enfermedad. (FILMAFFINITY)
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user-icon Sibila de Delfos   Madrid (España)
Notable
19 de Enero de 2014
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jean-Marc Vallée, gusten o no sus películas, tiene un algo único. Algunos directores pasan toda su vida buscando su línea y su estilo, y este canadiense ya lo tiene desde hace años, cuando asombró al mundo con su estupenda C.R.A.Z.Y. Dicho estilo se aprecia en el peculiar uso de los colores y la iluminación, siempre tirando a oscuras y reflejando los ambientes deprimidos que retrata la cámara, y en los planos cuidadosamente desenfocados que sin embargo acercan más a personajes y espectadores (ver el comienzo de la cinta, con Woodruff practicando sexo antes de que comience el rodeo, o el flashback fragmentado en que recuerda cómo se contagió del VIH).
Aquí, Vallée pone todo su saber cinematográfico, que es mucho, al servicio de una historia con el trasfondo del SIDA en los 80. Sin embargo, aunque es un buen testimonio sobre los efectos de la enfermedad y el rechazo social a los enfermos, lo que más interesa es el retrato de una amistad insólita entre dos hombres condenados en principio a no entenderse y del espíritu de supervivencia de los seres humanos, forzando incluso los límites de las leyes para hacer más llevadera la estancia de muchos desamparados en ese fatídico club en el que nadie quiere estar.
Por supuesto, de lo que más se habla y con razón es de la interpretación de los dos protagonistas. No es fácil decir si esta es la mejor versión de Matthew McConaughey, porque en Mud, su gran película de 2012, también estaba excelente en un registro muy distinto. Lo que sí se puede decir es que en la piel de este hombre tan valiente como difícil y ciertamente reprobable en muchas cosas que es Ron Woodruff (reprobable y a la vez admirable por ser el único que parecía hacer algo útil por os enfermos, aunque fuese lucrándose a costa de ello), McConaughey se come la pantalla cada vez que aparece en una actuación llena de fuerza y matices. Es el papel de una vida, sin duda, y de una carrera, la suya, que ha experimentado un giro de 180 grados desde Magic Mike. Ya nadie se acuerda hoy del actor normalito tirando a mediocre que hacía comedias románticas sin demasiado fondo. Ojalá siga por este camino. Y lo mismo se puede decir de Jared Leto, ejemplo de actor que nunca llamó la atención de nadie por sus dotes interpretativas, siempre mejor músico e incluso director (atención a los videoclips que ha grabado para su magistral banda, Thirty Seconds to Mars) que actor. Llevaba cuatro años sin trabajar en el cine, y ha resurgido con esta película con una fuerza arrolladora, en la que es casi la primera demostración de su carrera de que tiene madera para mucho más que para ser un intérprete del montón. A una transformación física y vocal espectacular, Leto suma un desgarro emocional y un encanto que hacen adorable al personaje de Rayon, un ser que inspira ternura, compasión y amor hasta en el espectador más duro. Su fragilidad (atención a la escena en que habla con su padre) y buen humor a pesar de todo llegan al alma.
En definitiva, una buena película, muy buena a ratos, sin duda, pero a la que le falta un paso para estar a ala altura de otras de las mejores del año. Un paso llamado "emotividad".

Lo mejor: McConaughey, Leto y la realización de Vallée.
Lo peor: Quizá por evitar la saña y lo lacrimógeno, la película peca de fría en su narración. La intensidad procede de los actores en vez de del guión, algo mecánico, poco emotivo y con un ritmo irregular durante todo el metraje. Es más una cinta de escenas, momentos y miradas que de conjunto.
Sibila de Delfos
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user-icon Spark   MADRID (España)
Notable
8 de Enero de 2014
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esto es lo que tiene el cine estadounidense: entre tantas y tantas cintas comerciales e independientes siempre hay alguna al año que resulta ser una "gran pequeña joya" llena de enjundia, talento e intelecto. No falla.

No esperaba que "Dallas Buyers Club" fuera a ser una de esas joyitas, pero el caso es que es una película que me ha sorprendido y personalmente me ha enamorado.

Basada en un hecho real, la cinta se nos presenta como un biopic muy poco convencional, que nos narra la vida de Ron Woodroof: el estandarte de lo que llamamos un "viva la virgen". Este amante de los rodeos, promiscuo, drogadicto, alcohólico, homófobo y machista ve su irresponsable vida trastocada cuando los doctores le diagnostican el SIDA, una enfermedad que en los 80 (época en la que se sitúa la cinta) era tan desconocida como mítica (un virus lleno de mitos infundados que mataba en cuestión de semanas a cientos de personas).

La verdad es que me dispuse a verla sin saber de su argumento y, tras visionar los primeros minutos del largo pensé que me encontraba ante otra cinta de "rollo indie" que no contaba nada, con una interpretación protagonista asombrosa eso sí, pero con acontecimientos rutinarios sobre un hombre reprobable. Pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que su comienzo puede resultar un tanto plano, pero en menos de 10 minutos la cinta nos invade con unos hechos tan sustanciosos y variados que empieza a elevarse hasta cotas espléndidas.

La trama se torna totalmente profusa y diversa, con múltiples y perfectos desarrollos de importantes temas. Y con personajes llenos de aristas y desarrollados con inteligencia. Tenemos al enérgico Woodroof, obligado a cambiar a la fuerza y experimentando una transformación vital con mayúsculas (que no tópicamente redentora) purgándose por fuera y por dentro, y al que su adoración por vivir el presente le hace más luchador y astuto. Tenemos las nuevas pruebas de medicamentos de las industrias farmacéuticas, y sus luchas cainitas por hacerse con el "nuevo mercado". Tenemos a los enfermos desinformados que no encuentran la solución en la medicación "oficial" buscando alternativas... todo este coctel de recientes situaciones que impactan en los personajes conforman una historia de averiguaciones y supervivencia excelente.

La cinta toca todos los poros de su temática... y todos los toca con sensibilidad (que no sensiblería), humanidad, viveza, tensión y madurez. Desde la feroz lucha contra la enfermedad, hasta la infinita avidez a la hora de encontrar una cura, pasando por la experimentación de la marginación y la incomprensión por primera vez, o por el entendimiento común y la amistad con un círculo que nunca se pensó el protagonista que llegaría ni a rozar.

Y es que Ron Woodroof tiene el SIDA en los 80, pero no se va a quedar de brazos cruzados sabiendo que hay una salida contra la muerte prematura (tanto para él como para los que comparten su situación) y, siempre con ánimo de lucro (el personaje jamás deja de ser lo que es), Woodroof dará esperanza a los contagiados con el virus y pondrá de morros a la industria hospitalaria y todas las normas sanitarias.

El guión se desarrolla siempre con un enorme acierto en todos sus momentos y ensamblaje, y deja con energía o delicadeza mucha intriga, drama y hasta humor. Y el abanico de personajes resulta ser el modelo de como deben construirse éstos en un libreto.

Y sus interpretaciones no hacen sino engrandecer el conjunto. Matthey McConaughey jamás había estado mejor, esta es la interpretación de su vida (al menos hasta el momento) y por primera vez demuestra que es mucho más que un "tío bueno" que luce palmito en banales cintas de aventuras y comedias románticas. Su interpretación es de Oscar, dejando de lado su impresionante transformación física (que es superlativa y recuerda a John Hawkes el año pasado en "Las sesiones), el actor aporta una perfecta naturalidad, unos manerismos maravillosos y consigue un carisma que jamás se le había visto. Y desde Jennifer Garner como agradable y perspicaz doctora hasta Steve Zahn como ese compañero "australopitecus" están de 10. Pero quien más destaca y sobresale en "Dallas Buyers Club" es Jared Leto (al que ya le deben de estar grabando el nombre en el Oscar a mejor actor secundario del año) como el adorable, tierno, carismático y dulce Rayon (un personaje que tampoco es ningún ángel y que también está roto por su enfermedad y sus conflictos internos, pero con el que siempre se querría estar acompañado). Leto jamás se sale del personaje, y aporta una sensibilidad y complicidad arrolladoras, resulta memorable.

La dirección por su parte es muy grande, con un acierto en todos los ángulos de los planos (la mayoría de ellos cerrados o subjetivos) hiperrealistas, un despliegue de medios maravilloso, una fotografía deliciosamente desvencijada y un buen sonido.

En definitiva, "Dallas Buyers Club" es un largo dramático de libro en su conjunto (pero no de estilo academicista para ganar Oscars). Totalmente disfrutable una y otra vez, siendo suspicaz y emocionante, y no intentando sacarnos la lágrima de modo facilón pero sí invitándonos a muchas reflexiones.

Lo peor: Sus primeros 7 minutos.
Lo mejor: Jared Leto y Matthew McConaughey.
Spark
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user-icon Xavier Vidal   Amposta (España)
Buena
29 de Septiembre de 2013
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia de Ron Woodroof es una de esas biografías que no aparecen en los libros de historia, que no merecieron ningún tipo de homenaje y que nadie a posteriori se ha encargado de reivindicar. Un hombre como él, adicto a las mujeres, al alcohol y a la mala vida, se puso el mundo por montera, toreó a la FDA y dio muchísima esperanza a muchísimos enfermos de SIDA a mediados de los 80, una enfermedad que él mismo padecía y que le obligó a cambiar su ética y estilo de vida.

Dallas Buyers Club es la historia de una evolución, de una reconversión, de una lucha y de un terror inmenso: el que sufrieron millones de heterosexuales y homosexuales al ser portadores de un virus para el que no existía cura y que iba acompañado de un enorme prejuicio social. Jean-Marc Vallée, director con nervio y muy respetuoso con la realidad queer, se encarga de dar brío a este biopic capitaneado y eclipsado por la grandísima interpretación de Matthew McConaughey: de él emana el drama, surgen las risas y nacen todos los conflictos de la película. El ex adicto a las comedias románticas ofrece un trabajo portentoso, tan exagerado y excéntrico como dictan los cánones académicos, y con una transformación física de vértigo.

Por lo demás, la película comparte muchos de las atributos del cine queer indie norteamericano, algo que ya pudo detectarse en otras nominadas a la estatuilla como Boys don't Cry, Mi nombre es Harvey Milk o Transamérica: aunque el personaje retratado ofrece un amplio abanico de luces y sombras al final siempre prima la parte más luminosa, la libertad inicial acaba cediendo a la conclusión azucarada y las ataduras del biopic (hay que ser fiel al caso real) restan espontaneidad al film.

En conjunto, Dallas Buyers Club es una propuesta un tanto grosera y con una tendencia al humor pasado de rosca que no termina de funcionar tan bien como sucedía en C.R.A.Z.Y. Pero si por algo la película destaca y triunfa es por McConaughey: él es Dallas Buyers Club, y la película es su particular vehículo de lucimiento para conseguir la nominación al Oscar que tantos años viene tanteando (pensamos, claro está, en Mud, Killer Joe y Magic Mike). Una película dinámica y fresca, algo que los presentes en Donosti hemos agradecido tras tanto film europeo de larguísimos planos fijos y ausencia de diálogo.

@Xavicinoscar, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal
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user-icon antonalva   Madrid (España)
Buena
15 de Marzo de 2014
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay varias películas dentro de esta cinta. Por una parte está el retrato en claroscuro, lleno de incertidumbre, angustia, dolor y porfía, de dos individuos disímiles que se enfrentan a un mismo destino. Por otra parte está la película que retrata cómo se vence (casi sin proponérselo, ni tan siquiera desearlo) la homofobia visceral y hortera de un cowboy de rodeo tejano. Finalmente está la descripción de una desesperante y opresiva época llena de muerte, sufrimiento, dolor, rechazo, ofuscación, recelo, vacilación e incertidumbre: aquellos años ochenta del ‘cáncer rosa’, de la plaga bíblica contra un ‘estilo de vida’ repudiado por dios y vilipendiado por los hombres.

Apenas han pasado treinta años y sin embargo parece otra época mucho más remota y basta, llena de vulgares tópicos y menosprecios de tugurio arrabalero. Había tanto desconocimiento, tanto recelo, tanto miedo, tanto rechazo, tanta incultura que nos parece un mundo remoto y ajeno cuando en verdad apenas y si hemos avanzado unos pasos, quizás de gigante, pero aún del todo insuficientes. En este contexto – entre la memoria y el olvido – se incrusta este tierno testimonio de unas vidas apenas esbozadas, apenas entrevistas y que por causa del SIDA fueron diezmadas a troche y moche, sin piedad ni compasión. Casi es un homenaje colectivo al ejército anónimo de muertes desesperadas y perplejas que la epidemia dejó a su paso durante los tres primeros lustros de su andadura.

Porque esta película es el reflejo de una contienda por salir adelante, por no dejarse vencer por los prejuicios ni los intereses farmacéuticos, ni por los médicos insensibles o los falsos amigos de taberna y melopea. Es un homenaje a aquellos individuos que sacaron de su flaqueza fuerzas y trataron de luchar por los enfermos, a aquellos médicos compasivos que acompañaron y sufrieron el dolor ajeno y buscaron medios, subterfugios e iniciativas para mitigar el suplicio y aliviar la tortura de la muerte inminente y cierta. Y un retrato admirativo de aquellos enfermos que supieron mantenerse en pie pese a que tenían que enfrentarse a un mundo hostil y ceñudo.

Cabe terminar alabando a dos actores que lo dan todo en la composición de sus personajes hasta volverlos inolvidables y necesarios, permanecen imborrables en la memoria porque han sabido dar con el tono justo de humanidad quebrada sin caer nunca en el patetismo o la conmiseración: Matthew McConaughey y Jared Leto. Sencillamente enormes. Hermosa cinta que se ve con gratitud, esperanza y hasta cierto optimismo.
antonalva
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user-icon Amor Perro   Zaragoza (España)
Interesante
18 de Febrero de 2014
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Dallas Buyers Club" no es gran cosa. Otra que está inmerecidamente nominada a Mejor película en los próximos Oscars, como la fallida y mediocre "La gran estafa americana", inferior a esta.

No está mal la historia (real) que cuenta, y se deja ver. Está producida y facturada con cierta calidad, de acuerdo, pero la manera en qué está contada es discutible, con mucho -y brusco- salto en el tiempo que dificulta empatizar con los personajes al no poder ver bien, por tanto, su evolución. También deja un tanto de lado lo que más podría interesar, como es la relación entre esos dos personajes principales, para centrarse más en otro aspecto que para mí no tiene tanto interés.

Muy buenas actuaciones de McConaughey y Jared Leto, que probablemente ganarán bien el Oscar aunque no estén demasiado mejor que algunos de sus rivales. Quién nos iba a decir que la Raquel Revuelta de Homozapping (o María León, como se prefiera) iba a ganar un Oscar...

6 bajo
Amor Perro
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