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| 11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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"El asesinato de Richard Nixon" tiene un tema que interesa, pero es lenta con avaricia. Leyendo las criticas veo que no soy el único que lo pienso. Es imposible verla sin echar unas cabezadas. En esas estaba yo, intentando no hacerme una luxación de cuello, cuando por fin espabilo para comprobar para mi sorpresa que Sean Penn también estaba echando una cabezada en la película. El colmo de una película lenta: que se duerma hasta el protagonista.
Aparte de esto me quedo con la temática. A ver cuando se le hace un homenaje al currante medio que tiene que tragarse el orgullo todos los días para llevar el pan a casa. Más vale que comiencen a tratarlos bien si no quieren que empiecen a salir Sams Bickes por todos lados...
"Me llamo Sam Bicke, y me considero un granito de arena en esta playa
que se llama Estados Unidos. Hay 211 millones de granos de arena…, 3.000 millones
en la playa que llamamos Tierra. Si tengo suerte lo que estoy a punto de hacer mostrará el poder que incluso un pequeño grano de arena tiene para destruirlos"
Favio Rossini 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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'El asesinato de Richard Nixon' es un retrato desolador de la derrota. Una derrota que sufre una buena parte de la población mundial de hoy en día. Aquí se centra en un tipo de clase media, Sam Bicke, interpretado maravillosamente, como casi siempre, por Sean Penn.
El desgraciado de Bicke encuentra el mundo al revés. Sin mujer, sin familia, sin empleo. Harto de la palabra vender, del culto al dinero. Él sólo reclama una parte del sueño americano, no quiere más. Es un tipo honrado al que la vida ha tratado muy mal.
“El sistema no va bien” cuenta él en sus confesiones. Se sabía conocedor de sus limitaciones. No era más que un grano de arena en todo un desierto. Sin embargo, quería demostrar que hasta el más minúsculo de los granos de arena podía tumbar a los poderosos, provocar un cambio.
Sam Bicke, con un aire que recuerda mucho en todo a Travis Bickle, desata su ira hacia ese gilipollas que aparece en la pequeña pantalla prometiendo el oro y el moro a pobres desgraciados como él. Estamos en 1974. Ha decidido borrar del mapa a Richard Nixon y a toda su cúpula. Hacer historia.
A través de ese pretexto, Sean Penn ha bordado uno de los mejores papeles de su carrera y nos ha retratado la derrota, la amargura y la soledad de los millones de granos de arena que hay en el mundo. El sistema no va bien, hay que hacer algo para cambiarlo.
'El asesinato de Richard Nixon' ha puesto nombres y apellidos a cada uno de los verdugos del sistema. Desde el presidente del gobierno, pasando por tu jefe, el lameculos de tu compañero de trabajo que si te puede pisar la cabeza te la pisará, el arrogante director del banco o hasta tu propio hermano a quién pesa más el verde del dólar que el sentimiento familiar.
Todos están en el sistema. Todos buscan lo mismo: dinero y poder. Son retratados, infinidad de veces, como mitos. Sin embargo, hubo un tipo al que no atraía eso. Un tipo honrado. Se llamaba Sam Bicke. Un tipo sensato y cuerdo al que la desesperación, la crueldad del capitalismo y todas sus consecuencias, le hicieron estallar. Un simple loco, en cambio, del que reírse para todos los subordinados fieles al sistema.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Aquí la voz en off no es ningún lastre, más bien todo lo contrario. A través de ella Bicke rezuma toda su amargura, su tristeza y desesperación. Grandiosas son cada una de las palabras con las que se confiesa hacia el maestro Leonard Bernstein.
The Motorcycle Boy 
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| 6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
11 de Agosto de 2007 |
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"El asesinato de Richard Nixon" es otro de esos episodios donde política y drama se mezclan para contarnos la historia de otro de esos personajes que, influenciados por su entorno y su situación, decidieron poner sus cartas sobre la mesa y dar un vuelco a todo (otra cosa es que lo consiguieran o no), aunque poco contenga de política y el drama esté más o menos bien aderezado, pero no termine de cicatrizar en ningún momento.
La opción más cómoda para llevar este tipo de personalidades a la gran pantalla, es escoger uno de esos actores que tanta vida saben insuflar a sus caracterizaciones, y que tanta garra suelen poseer, y así lo hace Niels Mueller, dejando gran parte de su trabajo tras las espaldas de un gran intérprete como Sean Penn, que sabe como defenderse ante este tipo de papeletas, y más de una vez lo ha demostrado.
Y probablemente, la comodidad que le de Penn a la trama, es del todo necesaria tras observar un relato falto de la intensidad y energía que hubiese requerido una propuesta de estas características. Además, el realizador tampoco no logra insuflar más que un mínimo de la atmosfera necesaria para que todo resulte palpitante, y es por ello que su funcionamiento no termina de ser el deseado.
Entre los secundarios, contamos con actores de lujo como Watts o Cheadle, la primera llevando con naturalidad su personaje, como suele acontecer con los papeles que se le dan, y el segundo aportando la sobriedad que ya le viene caracterizando.
En definitiva, uno de esos trabajos, que pudo ir a más, pero se quedó a medias por un guión que, aunque nos introduce en los motivos que inducieron a Bicke a actuar como actúo, pues no va más allá, y eso es una lacra, una lacra muuuy grande.
Grandine 
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| 5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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En contra de lo que su equívoco y -¿Por qué no admitirlo?- sensacionalista título pueda dar a entender, no nos encontramos ante un thriller político; El asesinato de Richard Nixon, primer largometraje del estadounidense Neils Mueller, no es un film conspirativo, y poco tiene que ver con películas como J.F.K o La tapadera. Magnicidio haylo, pero su presencia, que responde al delirio paranoide de su amargado protagonista, no se debe a un complot sedicioso que amenace realmente la vida del dirigente político más poderoso del planeta.
Lo que acontece, en lo que a acción narrativa se refiere, es más bien poco: el descenso a los infiernos de un ciudadano medio que, plenamente frustrado y ninguneado por todos, irá llenándose de desazón y de ira, encauzándolas hacia el presidente de su país, Richard Nixon, también conocido como Tricky Dick (Tramposo Dick), omnipotente mandatario al que considerará el máximo responsable de todas sus desgracias personales y de las de la humanidad en general.
Nos hallamos, pues, ante una esplendida construcción de un personaje extremo, magistralmente interpretado por Sean Penn, para cuyo desarrollo Mueller se basó en Sam Byck, un sujeto real que tramó asesinar a Richard Nixon en 1974 y que también sirvió de inspiración a Martin Scorsese a la hora de realizar Taxi Driver.
La historia se desarrolla en los convulsos años 70 (Watergate, las panteras negras, la guerra del Vietnam), por lo que, no nos engañemos, la crítica política -que también la hay- se debe más a motivos circunstanciales y de contexto que a una manifiesta voluntad de denuncia. Y es que individuos como Sam Bicke, entendiéndolo como la personificación de la ira ante una sociedad cruel y enferma que únicamente se rige por la competitividad, el dinero y la mentira, los habido, los hay, y los habrá en todos los sitios: en la América de Nixon, la Italia de Berlusconi y en la España de Aznar.
FERNANDO BERMEJO 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ROMAN
MADRID (España)
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Su valoración:  |
11 de Julio de 2006 |
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Una historia profunda, de un personaje que se autodestruye, que los demás le desprecian, le apartan del mundo cotidiano.
Pero nada sería en esta película igual si no fuera por el rostro de Sean Penn, sus pliegues, sus expresiones, sus silencios, sus miradas al cielo...es realmente uno de los mejores. Nos muestra su desesperación sin necesitar las palabras para transmitirlo. Solamente por él merecería ver esta película.
ROMAN 
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