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Críticas de "Érase una vez en América"
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| 13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Impresionante Obra Maestra de principio a fin con todos los fundamentos que requiere el Séptimo Arte para ser todo perfecto. "Érase Una Vez en América" es la mejor película de Cine Negro (Gangsters) y posiblemente de la historia en general, es la máxima pura perfección que puede llegar el Séptimo Arte. Leone en 4 horas cuenta una historia con un inmenso trasfondo poético que tradicionalmente se tardaría más de 10 horas en contarse, dejándose ver enigmas a lo largo de la película para que el espectador vaya resolviendo toda la complejidad de la historia. Es una historia de círculo vicioso que le hace que tenga una infinita complejidad e interpretaciones y que a la misma vez que hace una historia particular de esos personajes también lo hace contando la historia de los Gangsters, desde que se creó la mafia hasta el fin de la misma dejando el recuerdo, sueños o imaginaciones de una época pasada.
Tyler Durden 
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| 12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
25 de Enero de 2008 |
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Insobornablemente fiel a su libreto de estilo, Leone emprende con “Once upon a time in America” su segundo proyecto de despedida u homenaje al cine genuinamente americano. Esta vez situando el marco de acción en la Nueva York de los convulsos años 20 y 30. Quizás, en esta ocasión, el gran Sergio no alcanza por muy poquito la inigualable apoteosis conceptual y artística que había conseguido previamente con “Once upon a time in west”. Tal vez pedirle a Leone tocar el cielo por segunda vez y conseguir que todos los ángeles del firmamento ondeen nuevamente banderas celestiales resulte abusivo. Cuestión de matices. En cualquier caso eso no significa que la peli en cuestión sea floja. Ni mucho menos. Es sublime.
Leone imprime a su trabajo el habitual tono operístico que le caracteriza y que brota de una serie de puntales que siempre le han proporcionado excelentes resultados. El italiano intuye como pocos el efecto estético y emocional de sus movimientos de cámara en el propio espectador y exprime al máximo su rendimiento. No contento con ello, el meticuloso cineasta concede a la puesta en escena la valía que se merece, obteniendo con ello ese empaque lírico que ha forjado su prestigio. Pero eso no es todo. El gran Sergio sabe que esto del cine es un trabajo en equipo y que tanto la música de Ennio Morricone como la fotografía de Tonino Delli Colli son casi siempre garantía de éxito. Por si fuera poco el elenco de estrellas que configuran el reparto es espectacular: Robert de Niro, James Woods, Danny Aiello, Joe Pesci, Elizabeth McGovern, Treat Wiliams, una jovencísima Jennifer Connelly… La obsesión, la efervescencia, la avidez de Sergio no tiene límites. El entusiasmo le empuja a desarrollar, a su ritmo, una hermosísima y melancólica historia de cuatro adolescentes de los suburbios de Manhattan (Noodles, Max, Patsy y Cockeye) que, al abrigo del hampa neoyorquina, llegarán a lo más alto. Sin límite de metraje, por supuesto. Tres horas y media de duración dan fé de ello. No obstante, la peli no aburre en ningún momento. El pulso narrativo es brillante y la trama no decae. Cierto es que las elipsis enriquecen el conjunto y que las contundentes dosis de violencia y sexo que nos suministra Leone nos mantienen enchufados a esta soberbia epopeya de gángsters como perritos falderos pero, insisto, sujetar al espectador inmovilizado en su asiento durante cerca de cuatro horas tiene su mérito. Pocos directores son capaces de manejar semejantes metrajes esquivando el sopor como lo hace el italiano.
(sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Un único pero. Pequeñito.
“Once upon a time in America” tropieza superficialmente por sus irrefrenables excesos, por el lastre de una ambición desmesurada. El postrer epílogo leoniano, a mi entender, carece de la mística, de la magia, del pálpito que infundió su director a “Once upon a time in west” y con el que nos hizo levitar al resto de los mortales. Sólo eso la separa del diez, de la perfección. Aún así, el segundo testamento de Leone sigue siendo una incontestable obra maestra.
Un nueve.
Taylor 
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| 11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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mikel
Vigo (España)
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Su valoración:  |
10 de Enero de 2007 |
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La primera vez que la ví, era un mozalbete, sin prestar mucha atención, y amante de otro tipo de cine mas directo, y algunas de las escenas me parecieron algo artificial y gratuitamente violentas con el fin de provocar facilmente, como muchas peliculas de su época, los 80, la siguiente vez que la ví ya me pareció diferente.
Pero ya en esta primera vez, y en mi juvenil gusto e incultura cinematográfica, me dejó algo de huella, habia algo que yo no sabia describir y que después decubrí que era ese sutil toque de poesia que falta en muchas buenas peliculas, y de verdad la habia, y mucha como en toda la obra de Leone.
Leone es un poeta del cine o así lo veo yo, la forma es lo que prevalece por encima de lo que se cuenta, aunque lo que se cuenta tampoco carece de interés sinó todo lo contrario, y así sucede en muchas de sus películas anteriores, en Hasta que llegó su Hora por ej. hay mucho de poesia de un salvaje oeste relatado y descrito con sus tópicos pero de manera distinta. Hay un enfoque donde prevalece la belleza en la forma, sin dejar esa poesia de describir toda la dureza y crueldad de aquella epoca. No entro a juzgar toda sus westerns, pues los hay también menos buenos, pero Hasta que LLegó su Hora junto con El Bueno el Feo y el Malo son sus obras maestras en el género, y junto con Peckinpah en La balada de Cable Hogue, y alguna de Ford, son el máximo exponete de esa descripción poética del Far West,
En Erase una Vez en América, Leone se luce y hace su , para mí, obra maestra. Vale que su metraje puede ser excesivo, pero contar algo a su manera es imposible de otra forma. Y precisamente por eso es una obra maestra, porque contar algo en tantos minutos,sin que deje de ser por un solo instante intrigante, sin que deje de ser un relato que con la hábil maestria del flash back resulta ser un retrato magistral del mundo mafioso al que describe con una maestria solo comparable con Il Padrino, pero con ese toque poético en el relato que le imprime Leone.
El valor añadido de este film es su música, para mi la mejor banda sonora de la historia o al menos una de las 3 mejores (no sabria decir cuales serian las otras 2, pero esta esta seguro entre las 3), pero también son valores añadidos un De Niro en su mejor papel (el de gangster)y en su mejor época, pero además la adornan las interpretaciones de Wood, Pesci y otros.
Yo como muchos otros, descubrí o valoré a Leone tardiamente, pero con mis mas de 40 años , he visto mucho cine y hoy por hoy me doy cuenta de su valor en la historia de este arte, pues el cine es un arte y por ello hay que valorarlo como la forma de contar algo con imagenes y ahí Leone fué un genio que,con su muerte, dejó a este arte huérfano de poesia, y es una pena que no hubiese vivido más y nos hubiese dejado mas obras de este estilo.
Para mi una de las mejores obras maestras de la historia del cine.
mikel 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Mikhaeltitan
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
12 de Febrero de 2008 |
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Podría decir que esta película me encanta por ser del género que es, pero no es por eso. No es una película ni de gángsters, ni sobre la mafia, es una película sobre la vida. Una historia sobre la amistad, el amor y principalmente, el paso del tiempo, los recuerdos del pasado, las oportunidades perdidas, la nostalgia, el ayer.
Podría decir que Sergio Leone y Ennio Morricone, consiguen juntar sus fuerzas nuevamente, para conseguir alcanzar la perfección absoluta. Que por mucho que me esforzara en expresarlo con palabras, ni siquiera me acercaría a describir, lo que realmente se siente al ver esta película.
Podría decir que contiene el mejor flashback de la historia del cine.
O podría escribir algo sobre el gran trabajo de los actores. De la belleza angelical de Deborah (Elizabeth McGovern); la edad no la marchita. De la no menos bella Tuesday Weld, o del personaje de Cockeye (William Forsythe) con la flauta de pan, con la que va a todas partes y que sirve de vehículo, para introducir los preciosos temas de Zamfir. O el personaje de Moe, uno de los grandes olvidados y que deja junto a Noodles, unos cuantos momentos grandiosos, sobretodo en ese reencuentro después de tantos años. Aunque aquí con razón, pues la magnífica presencia de De Niro, eclipsa todo a su alrededor.
Ya de joven, con una escena en la que le daba un pastel a uno de los amigos, con una sola mirada se atisba la bondad del personaje.
También podría dedicar un breve repaso a los momentos de emociones, con sentimiento, que hay en cada rincón de esta historia.
Una mirada en el espejo de la estación, Yesterday, el tiempo ha pasado, todo ha cambiado... Sin palabras.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Cuando Noodles abre la puerta del mausoleo y empieza a escucharse la música, que va muriendo conforme se cierra. La bellísima Jennifer Connelly, bailando en la trastienda.
En la conversación con Moe (Larry Rapp) se producen algunos más. Como cuando Noodles le dice a Moe, que se reconoce a los ganadores y a los perdedores en la línea de salida, este le contesta, que él habría apostado todo por él. A lo que Noodles finalmente le responde...Si, y habrías perdido.
En realidad cualquier escena, en la que el viejo Noodles dirige su mirada abatida, hacia cualquier detalle, cualquier foto o espejo, instantes antes de empezar a recordar, tiene que ser destacada. Y toda esa parte final, desde el encuentro con Deborah en el camerino...
-La edad si me marchita Noodles. Los dos hemos envejecido. Nos quedan los recuerdos, nada más.
Podría decir que casi siempre me emociono en esta parte y seguramente no seré el único.
Podría criticar esta película...¿Podría?.
Podría decir tantas cosas, pero ustedes ya lo saben y sino es así, deberían.
Acabaré dedicando estas últimas líneas a Robert De Niro y James Woods, Noodles y Max, ahí quedan y quedarán para siempre sus nombres. Y ahí quedará también ese final entre los dos personajes, para demostrar que Érase una vez en America es una de las mejores películas de la historia del cine.
-Yo te arrebaté toda tu vida. He estado viviendo en tu puesto. Te lo quité todo. Te quité tu dinero, Te quité tu chica. Solo te dejé treinta y cinco años de dolor por haberme matado. ¿Por qué no disparas?.
Por la mente de Noodles empieza a pasar la película de su vida, que ya es parte de nosotros.
-Es cierto. He matado a gente, señor Bailey. Algunas veces para defenderme, otras veces por dinero. Muchas personas acudían a nosotros. Socios de negocios, rivales, amantes. Unos trabajos los aceptábamos, otros no...El suyo no lo hubiéramos aceptado.
-¿Esta es tu manera de vengarte?.
-No. Es mi manera de ver las cosas.
Max saca el viejo reloj...
-Son las 10:25 y no tengo nada que perder. Cuando un amigo te traiciona, se la devuelves. Hazlo.
-Verá, señor secretario. También tengo una historia. Un poco más sencilla que la suya.
Hace muchos años tenía un amigo, un querido amigo. Le entregué para salvarle la vida, pero le mataron. Aunque era eso lo que el quería. Fue una gran amistad. Acabó mal para el, y mal para mi también.
Buenas noches, señor Bailey.
No puedo evitar emocionarme con este final.
Tampoco puedo olvidarme de dar las gracias a Leone y quitarme el sombrero ante esta obra maestra.
Mikhaeltitan 
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Barbarello
(España)
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Su valoración:  |
9 de Mayo de 2005 |
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Tras muchos años intentando llevar a buen puerto la adaptación de "The Hoods", será a mediados de los 80, cuando Sergio Leone
se espolse del poncho vaquero una obra maestra absoluta. Todo en esta película es necesario, desde la primera imagen hasta el plano
congelado de Robert De Niro (y no desvelo nada), es esplendorosa, una joya a descubrir por muchos.
El reparto magnífico y la banda sonora del genio Ennio Morricone un ejemplo de como la música debe acompañar a las imágenes,
complementándolas y dándoles un significado.
OBRA MAESTRA
Barbarello 
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