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Críticas de "El hombre elefante"
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| 20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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David Lynch es famoso por sus pesadillas surrealistas, pero demuestra que también deslumbra de igual manera en las películas digamos un poco más "convencionales", como esta.
Basada en hechos reales, nos narra la vida de John Merrick, un hombre que llegó al mundo para conocer la perversidad y la crueldad humanas como pocos. Víctima de una terrible enfermedad que lo deforma de manera monstruosa, su juventud transcurre siendo la atracción principal de una feria decadente en el Londres victoriano, hasta que es rescatado por un médico que lo lleva a un hospital, comenzando así el descubrimiento de un gran ser humano.
Hubiera sido fácil caer en el cliché de la sensiblería y hacer sentir al espectador mera lástima hacia Merrick, pero Lynch es un maestro y hace que suceda todo lo contrario, uno termina sintiendo gran respeto y admiración hacia ese hombre tan profundamente inteligente y sensible.
John Hurt está todo el tiempo cubierto por maquillaje, pero su actuación es completa y conmovedora.
"The elephant man" es todo un clásico, un trabajo brillante y magistral, además de ser un bello homenaje al que debe ser el valor primordial de todo ser humano: la dignidad.
Demian de Megara 
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| 16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El Fauno
S/C de Tenerife // Madrid (España)
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Su valoración:  |
17 de Junio de 2008 |
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Existen películas que te hacen reír, otras que te hacen llorar, otras que te enternecen, otras que te hacen olvidar la realidad, otras que te hacen consciente de su injusticia, otras que sencillamente te tocan el alma y su centro mismo. Existen muchos tipos de películas pero solo unas pocas tienen el privilegio de adentrarse con honestidad, humildad y ante todo Verdad, en los más apreciados rincones de tu memoria. En mi caso, “El hombre Elefante” ha sido una de ellas. Me ha hecho derramar amargas lágrimas, que sé que Lynch me ha sacado sin trampa ni cartón, sin sensiblerías ni efectismos, sino con la más devastadora de las realidades. La de un Ser Humano, que ante todo era eso, una persona. Un hombre que tuvo la desgracia de nacer deforme, que fue víctima del patetismo, la inmundicia, la injusticia y la decadencia humanas, testigo de cómo las personas podemos ser a veces tan sumamente merecedoras de desaparecer de la manera más cruel posible de este mundo, teniendo en cuenta los actos que somos capaces de cometer sin piedad ninguna. Mentiría si dijera que no he sentido nada, que no he pensado nada, que no he querido pegarle un tiro en cada ojo a todas y cada una de esas personas que tan cruelmente trataron a John Merrick, a los que le miraron y se rieron de él, a los que humillaron, a los que le maltrataron. Sería hipócrita decir que realmente no he sentido la necesidad de hacerlo. Tal vez parezca exagerado para algunos verme pronunciar palabras tan tajantes en torno a una película. Pero no es demasiado descabellado si tenemos en cuenta que estos hechos ocurrieron y ocurren diariamente a muchas, muchísimas más personas de las que si quiera podamos imaginar. Para desgracia de los que tienen un poco de decencia y corazón, todavía quedan personas en el mundo capaces de los más terribles actos. Personas capaces de maltratar a una joven de 16 años en el sótano de una casa y hacer partícipes a sus hijos de semejante depravación, personas capaces de matar su vecino por una simple disputa, personas capaces de maltratar y aún matar a su antigua pareja por puros celos y por pura cobardía, personas capaces de burlarse sin piedad ninguna de otra hasta el punto de provocar su suicidio. Si… realmente somos patéticos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y películas como esta me lo confirman. Sencillamente me dicen que, si, podemos enseñar la felicidad máxima a una persona que jamás en su vida la ha conocido hasta entonces, podemos construir civilizaciones, podemos crear obras de arte de una belleza sobrecogedora, películas que nos toquen el corazón, cuadros que nos remuevan el alma, canciones que nos ericen la piel, libros que nos hagan viajar, atardeceres que se conviertan en instantes mágicos, manos que se entrelacen, besos apasionados en mitad de una playa, instantes de lo que significa la verdadera hermosura de la vida humana, de sus mágicos detalles y momentos. Pero verdaderamente no sé si todo eso compensa el daño que somos capaces de hacer. Se puede tardar años en pintar un cuadro, siglos en levantar un imperio pero solo un segundo en destruirlo. Es algo aplicable a casi todo. La creación no es instantánea, la destrucción si. Un corazón roto puede cicatrizar pero la muestra del daño siempre permanecerá. Probablemente divague, sé que lo hago, pero necesitaba desahogar todas las reflexiones que esta obra maestra me ha provocado. El eterno dilema de si somos merecedores del preciado bien de la vida, o realmente deberíamos desaparecer de este mundo para no acabar destrozándolo por completo, a él mismo y a las personas que lo habitamos.
John Merrick lo supo en el último momento. Se dio cuenta de que nunca podría conocer felicidad más hermosa y efímera que esa. Sabía, o al menos intuía, que a final la crueldad volvería por otra vía, porque en la vida real siempre sucede. Decidió aprovechar el momento más feliz de su existencia, para morir con toda la dignidad que la humanidad le había arrebatado durante toda su vida.
Se acabó… Nada morirá Jamás…
El Fauno 
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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chago77
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
14 de Enero de 2008 |
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Lynch se sabe extraño. Diferente. Tal vez no físicamente, pero sabe que en el interior de su cabeza se trabaja de manera distinta. Quizá por ello, David Lynch supo como no hacer “El hombre elefante”.
Lynch rodó “El hombre elefante” me imagino que obligado, porque se veía reflejado en la historia de John Merrick. Pasa que cuando quieres contar una historia cercana olvidas todo lo que has aprendido, dejas de lado tanta enciclopedia y las horas de escuela y tiras del corazón. Sacas todo lo que fluye sin poder evitarlo y ruedas con una ternura inmensa, con una sensibilidad dolorosa, con un poder visual arrebatador y con una banda sonora impecable. Así se hizo esta película.
Técnicamente no es perfecta, pero sabéis, me da igual y no sabéis cuanto. También podríamos decir que el trabajo de John Hurt es imposible de evaluar entre tanto maquillaje, pero yo diré que Hurt está tan inmenso como lo que representa John Merrick. Que me deshago cuando se va a la cama a pesar de casi no verle los ojos. Y quizá por ello, por como puede trasmitir sin mostrar un gesto en ese terrible rostro, me conmueve el Merrick que me ha recreado.
Anthony Hopkins no navega solo, pues. Batalla sólo, eso sí, casi toda la película. Su personaje es, digamos, el ficticio. Alguien que sabe ver a Merrick, no al hombre elefante. Y ya desde su inicio, vemos que no mira con los ojos de la gente normal. Su personaje no evoluciona, no lo necesita, no intenta aprovecharse de su monstruo, pero aún así, se atormenta, vemos a un Hopkins inseguro de sus acciones, del motivo que le atañe el ayudar a su paciente. Hopkins está fascinante, inmenso, tierno. Es el contrapunto entre tanta maldad, entre lo que impera. Entre lo real.
Y para postre, como colofón, nos coloca esa doloroso y hermoso Adagio para cuerdas de Samuel Barber. Que tendrá sus detractores porque rompe con un hilo argumental perfectamente compuesto por John Morris, pero el “Adagio for strings” es una de esas composiciones que personalmente me pone la carne de gallina y humedece mis ojos, así, sin motivo alguno, sin que venga a cuento. Y me imagino que es porque está compuesto con la misma sensibilidad con la que Lynch filmó “El hombre elefante”.
Chago77 
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| 18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tania
Orgasmus (Reino Unido)
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Su valoración:  |
19 de Abril de 2006 |
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Ayer tuve el privilegio de contemplar una obra maestra que nunca podré olvidar: El hombre Elefante. Reúne atmósferas envolventes, una música preciosa, un montaje perfecto con lentos barridos de imagen muy efectistas e interpretaciones excelentes. Combina el encanto de las películas antiguas con las ventajas del cine contemporáneo. ¿Y qué decir del argumento? Es posible que no sea del todo fiel a los hechos, pero ¿qué importa?. Esto es cine (con mayúsculas), y en casi todos los casos hay que modificar las historias de modo que el mensaje traspase, como una flecha implacable, esa armadura que es el cuerpo (aquel que tantas penurias causó a Merrick) para tocar la mente y el alma.
Tania 
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
22 de Abril de 2007 |
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¿No os recuerda a una obra maestra realizada por Tod Browning en 1932 llamada "Freaks" y a una maravillosa novela de Dickens llamada "Oliver Twist"? La belleza de ambas historias es tomada aquí para dar lugar a una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo.
Jamás cae en la sensiblería, arranca lágrimas noblemente. El aspecto técnico además es intachable, con una fotografía que agradezco que sea en blanco y negro, no sólo porque piense que la decisión es más acertada que si hubiese sido en color, sino porque me recuerda al cine clásico, a su magia que aquí se prolonga. Además de los actores, que todos están muy bien, pero si hablamos de la interpretación de John Hurt, los elogios se me quedan cortos, dando además una prueba irrefutable del poder que tiene la voz en la interpretación. Por supuesto, en versión original, no quiero imaginarme lo que habrán hecho con el doblaje.
Si lloro en muchas ocasiones, salvo algo que me moleste de verdad (por ejemplo Jean-Pierre Leaud en "El último tango en París", jamás le perdonaré por haberse cargado una de las tragedias más hermosas con las que he podido sufrir, pero sufrir felizmente) tengo claro que estoy viendo algo excepcional. Me parece que son incontables las veces que lloro aquí, en la conmovedora historia de una persona excepcional llamada John Merrick que a pesar de que la vida le ha jodido todo lo que le podía joder, es un hombre de esos que cree que la gente es buena aunque le hayan tratado como a un animal.
Somos unos hijos de puta. Pero de verdad. Somos prejuiciosos, rastreros, estúpidos, etc, etc. Hasta el punto de que somos capaces de hacerle la vida imposible al prójimo simplemente porque sea distinto de nosotros. ¿Somos así realmente? Quiero creer que no. Me ha dado un subidón comprobar que todas las críticas son positivas, que la mayoría os habéis compadecido y llorado con la historia de este hombre, lo cual me hace pensar que todos tenemos algo bueno dentro de nosotros, que ese algo bueno es lo que prevalece en muchos de nosotros.
Me alegro infinitamente de que John Merrick por fin haya podido dormir tumbado, que el final de su vida lo haya pasado con gente que sabe que le quiere, que haya sido feliz. Jamás me podré olvidar de él, aunque sepa que no haya existido. Si una película consigue que llegue hasta estos extremos de implicación me resulta imposible decir otra cosa aparte de que me parece que es perfecta.
+: Logro llorar. Es una de las sensaciones más impagables que ofrece el cine. Es alucinante lo que llego a meterme en una historia preparada y que consigan que eso no me parezca así.
-: Tener la certeza de que el resto de la filmografía de David Lynch, exceptuando la excelente "Una historia verdadera", representa un concepto de cine que me resulta detestable (perdón para Tomine), pero veré más de él por si acaso.
GVD 
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