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Críticas de "El tercer hombre"
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| 13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
6 de Febrero de 2008 |
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Dicen que “El tercer hombre” es una Obra Maestra. Un clásico de los buenos, de toda la vida. De visión imprescindible y onerosa. Considerada unánimemente como la máxima aportación británica a la historia del cine. Y, por si fuera poco, orquestada desde la sombra por el mismísimo Orson Welles.
Impresionante.
Pero que quereis que os diga... Disculpadme la blasfemia, pero no le voy a otorgar un diez. Ni un nueve. Un ocho y va que chuta. Pasemos a puntualizar las razones de mi roñoso notable.
El filmo de Reed engancha, y mucho, desde su inicio. Curiosamente no se trata de una peli de suspense, ni de género negro, pero mantiene al espectador pegado a la butaca desde el principio. El guión es brillante y encadena la sucesión de los acontecimientos con una precisión irreprochable. El pulso narrativo es magistral, y tanto los diálogos como la progresiva irrupción de los personajes se desarrollan con una naturalidad insultante. La puesta en escena y la fotografía son impecables. Pocas veces una peli ha recreado una atmósfera tan sombría y bella a la vez. La estética barroca, decadente y lánguida de una Viena devastada por la 2ª Guerra Mundial resulta sencillamente fascinante. Joseph Cotten y Trevor Howard interpretan sus papeles como solo saben hacerlo. Magníficamente. Orson Welles, como no, borda a Harry Lime, el ‘personaje McGuffin’, en sus breves pero intensas apariciones. Alida Valli, por su parte, inunda la pantalla con esa rutilante y melancólica belleza.
(Sigue en spoiler por 'recomendación' expresa de la validadora nº 14. Un besito, guapa).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Sin embargo, algo hay que empaña “El tercer hombre” y que, a mi entender, le arrebata la eminente condición de Obra Maestra. Tal vez su cota dramática no sea lo suficientemente poderosa; tal vez el chasco que supone comprobar como nuestro enigmático Lime no es más que un vulgar traficante de penicilina sin escrúpulos resulte excesivamente doloroso; tal vez Bogart hubiera encajado mejor que Cotten en el papel de Holly; tal vez planea sobre mi cabeza la embarazosa sospecha de que Harry es una especie de ilusionista que me está tomando el pelo... Qué sé yo. “El tercer hombre” es un peliculón, que duda cabe, pero no es la Obra Maestra que me vendieron. Una lástima.
Taylor 
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| 10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
16 de Mayo de 2006 |
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Cuando uno empieza a visionar esta joya, y escucha la genial melodía extraída de las cuerdas de la guitarra tocada por Anton Karas mientras lee los títulos de crédito, se empieza a mentalizar de que está punto de ver una película diferente.
Carol Reed reúne a un reparto importante comandado por el actor fetiche de Welles, el imponente Joseph Cotten, y secundado por la importante e inestimable ayuda de todo un GENIO, Orson Welles.
Reed crea toda una galería de personajes, giros de trama y ambiente de misterio como pocas veces se han visto nunca.
Inolvidable la escena de la noria y el comentario (por supuesto en versión original, siempre en versión original por favor) de Harry Lime (Welles) sobre el reloj de cuckoo y los suizos, así también como la aparición de Harry Lime en los claroscuros soportales de una decadente y corrupta Viena, y con la presencia delatora de un gato en los pies, así como la persecución a través de los subterráneos de la ciudad austríaca.
PERDERSE esta película significaría haberse perdido todo un MANUAL magistral sobre cómo hacer una película REDONDA.
burton 
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| 15 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ArturoGMaiso
logroño (España)
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Su valoración:  |
24 de Marzo de 2006 |
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Si “El tercer hombre“ se hubiera estrenado en la actualidad, se podía haber calificado argumentalmente de típica y simple. Pero esto es debido a las innumerables veces que ha sido plagiada y que ha servido de inspiración a muchos otros directores para rodar posteriormente sus películas
Las interpretaciones son correctas, tanto Joseph Cotten en el papel del escritor de novelas policíacas Holly Martins, como Alida Valli en el papel de Ana. Pero destaca por encima de estos, Orson Welles , que ha conseguido las alabanzas de todo el personal encarnando a Harry Lime.
La música, perteneciente a Anton Karas, a pesar de la opinión de prácticamente todo el mundo, me parece que no va acorde con la atmósfera de suspense de la película. Particularmente me parece más conveniente para una comedia o una película ligera, pues la considero de algún modo alegre.
El guión de Graham Greene contiene algunos buenos diálogos y diversas afirmaciones cargadas de ironía, como por ejemplo al principio, cuando esta presentando la ciudad; “Viena era una ciudad sin peor aspecto que otras ciudades Europeas, bueno, quizá un poco destruida por las bombas”. Aunque también cuenta con algunas conversaciones algo tontas.
Es en cuanto a la dirección se refiere, donde el largometraje destaca. Con un ritmo elevado y un pulso narrativo firme, Carol Reed consigue que la película no decaiga en ningún momento.Solo la escena final en la que Holly Martins espera a Ana, pero ésta al llegar a su altura pasa de largo se da en un tiempo más pausado. Un final que se aleja del típico “happy end”, y con el que estoy totalmente de acuerdo.
Durante toda la película aparecen numerosos planos de la ciudad, pero salvo los primeros que salen en la introducción, todos son nocturnos.
También salen multitud de picados y contrapicados, que opino no tienen como función responder a la regla engrandecimiento-empequeñecimiento del personaje en cuestión. Creo que simplemente es utilizado como un recurso más, con el fin de conseguir planos menos convencionales.
En la obsesión por no ofrecer planos al uso, aparecen continuamente planos desequilibrados, torcidos, unas veces con línea ascendente y otras descendente, que en ocasiones ayudan a crear emociones. Otras perspectivas se sitúan a la altura del suelo. Esto se observa claramente en una persecución en la que una bota tapa prácticamente todo el encuadre.
Conclusión
Es en mi opinión una película que contiene unas cuantas escenas de una calidad más que notable, un Orson Welles fantástico, y un final acertado (dice muchísimo a favor suyo que Martins y Ana nunca lleguen a estar juntos). El resto es simplemente entretenido. ¿Pero es esto realmente poco? Creo que para ser considerada una de los mejores filmes de la historia, si es escaso, aunque como he comentado al principio es un juicio personal.
ArturoGMaiso 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Toledo (España)
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Su valoración:  |
29 de Junio de 2008 |
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Tal vez la película número uno. El tercer hombre es puro arte. Como en literatura o en pintura, se advierte enseguida la obra maestra. No me voy a extender por la era donde está ya todo trillado. Me gustaría señalar lo que yo he visto en esta película y es lo siguiente: tres niveles y tres escenas.
El primer nivel se alcanza en la noria, en las alturas. Ahí Harry Lime dice: "si miras desde aquí a los hombres, parecen hormiguitas; qué más da una más o menos..." Eso mismo diría Dios si no se hubiera hecho un día hombre. Porque el caso es que cada hormiguita tiene su esperanza, su amor, su reunión mensual para hablar de literatura, de Beckett o de Zane Gray...
El segundo nivel está en la superficie, donde el hombre lucha por sobrevivir. Ahí están dos escenas grandiosas en el cine: cuando Lime aparece entre sombras bajo un portal porque el gato le descubre y la escena final de la película que es el desencuentro más explícito jamás filmado. La primera alcanza un momento nostálgico difícil de olvidar con una preciosa melodía de esas que a lo largo de la vida tendrás más de una ocasión de volver a oír (en mi caso la llevo de tono de llamada en el móvil).
Harry Lime es nuestro amigo de toda la vida: el más guapo, el que de joven se llevaba de calle a todas las chicas, el más gracioso, el que todos querían estar a su lado, el que siempre tenía dinero cuando no había un duro en las casas... ¡Cuánto quisimos a Harry Lime! ¡Cómo no se iba a enamorar de él la mujer más bella y sensata! No es extraño que una chica guapa, seria y con lo pies en la tierra termine locamente enamorada del hombre más soñador y sinvergüenza que conozca; al fin y al cabo trabajadores y de apariencia estólida hay más que botellines.
Y el tercer nivel es el submundo. El infierno. Ahí no hay reuniones, ni amistad... Sólo huída y peligro, miedo y muerte. Y es bajo tierra donde aparece la tercera escena más lograda del cine: esas manos queriendo salir de la muerte, aferrándose a la vida como es el instinto primario del ser humano. Esos dedos que salen entre los barrotes inútilmente quieren tener ojos en las puntas para ver por última vez el cielo. Todo se acaba así.
No obstante, con un poco de suerte tedrás amigos, camaradas, decepciones, golpes y encuentros en un mundo que siempre será hostil, acabe de terminar la II GM o hayan pasado ya más de 60 años. Pero si bajas del jeep a esperar a una mujer con la gabardina cruzada en el brazo en el paseo del parque más lánguido del mundo, sabiendo que ella no está enamorada de ti ni posiblemente lo esté nunca y tu ya le hayas dicho con tristeza lo mucho que la quieres, y ella pase ante ti sin mirarte siguiendo su camino, habrás tenido la suerte de vivir también una bonita historia de amor.
fantomas 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pedro
Madrid (España)
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Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2007 |
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"En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y... ¿qué tenemos? El reloj de cuco"
(O.Welles a J.Cotten en el diálogo de la noria -The Third Man, 1949-)
.........
En Reino Unido surgió Graham Green, que comenzó casi sin querer, y por encargo de Alexander Korda para una película, la escritura de un libro que iba transformando simultáneamente en guión. Decía que si no veía la historia antes como novela no sería capaz de convertirla al cine. Medio siglo después de su estreno, "El tercer hombre" está considerado como el mejor film británico de todos los tiempos y una de las obras maestras del séptimo arte.
Seguirá siendo inagotable la discusión sobre cuánto influyeron en Carol Reed las ideas de Orson Welles para la realización. Y aunque cualquiera que conozca la filmografía de ambos se decanta porque en el "Directed by" de los títulos debería aparecer también la rúbrica del segundo (inconfundible estilo de composición, planos oblicuos o en ángulos inverosímiles, picados y contrapicados, claroscuros, gran angular alternando con profundidad de campo...), de lo que no cabe duda es que Welles está que se sale en todas las escenas que interpreta; una de las cuales a la postre pasará a la historia entre las mejores presentaciones de un personaje, cuando la inoportuna luz que se enciende en un piso ilumina el portal donde se escondían unos zapatos en la penumbra y nos muestra ese rostro cínico y sonriente.
¡Qué decir de otro actor con trabajos como "La sombra de una duda", "Niágara", "Ciudadano Kane" o "Jennie"! Inolvidable desenlace de Joseph Cotten esperando en la carretera a una Alida Valli que se acerca desde el fondo recorriendo en eterna secuencia con plano fijo la perspectiva arbolada, mientras las hojas del otoño caen y la cítara de Anton Karas deja los últimos acordes... Creo que es el final más hermoso y a la vez melancólico que conozco, y en el que un director consigue aguantar un plano más allá de lo indecible sin que decaiga el interés del momento.
Por si fuera poco, antes de esa culminación se nos ha obsequiado con una de las más logradas escenas de la historia del cine: la huida por las alcantarillas. La combinación de ángulos de rodaje, la clase magistral de fotografía con cambios de plano por las diferentes galerías, las sombras distorsionadas, contraluces, ruidos de pasos, ecos de las voces, sonido del agua, pausas que incrementan la tensión, disparos..., todo se reúne para dejar con la boca abierta al espectador al terminar los diez minutos de secuencias encadenadas en las cloacas de Viena con la impagable mirada entre Cotten y Welles en la que se condensa la hora y media anterior.
Simplemente, sea usted ateo o creyente, es pecado mortal perderse este clásico del thriller y el suspense a la vez que aula magna de la cinematografía.
Pedro 
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