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Críticas de "El rayo verde"
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| 6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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josejoseluis
barbera del valles (España)
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Su valoración:  |
1 de Octubre de 2007 |
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Como Woody Allen en Match Point, Rohmer nos da una pista muy valiosa sobre cómo interpretar esta película cuando nos muestra a la protagonista leyendo El Idiota de Dostoievski en la estación de Biarritz ( en el caso de Match Point era Crimen y Castigo la novela del genio ruso, y creo que cualquiera que haya visto el film de Allen sabrá reconocer las similitudes entre la novela y el film de Allen ). He leido algunas críticas y están bien; que si la soledad, que si Rohmer aburre, etc..A mi me gustaría penetrar un poco más y no quedarme en la mera superfície. Creo que Delphine ( el personaje principal ) , ya desde la primera escena, la del teléfono, se presenta como una psicótica, una idiota en su más estricto sentido; alguien que no entra en el juego del marco simbólico en el que vivimos ( de ahí quizás el sentimiento de soledad ) ; alguien que no hace más que exponerse ante los demás sin mesura (como el protagonista de la novela de Dostoievski ) , sólo hay que recordar los absurdos diálogos en los que siempre dice lo que piensa , lo que no le gusta ; mostrando sin parar lo más profundo de su ser sin pensar en lo impropio de ese proceder en una conversación banal. Pero lo bueno de la obra ( a mi entender ) es que en el fondo se da una visión positiva de esta, digamos, idiotez, pues se presenta como una forma de romper lo cotidiano, de rasgar el marco simbólico, de no aceptar lo que todos damos por hecho, no conformarse e ir más allá. Recordemos por ejemplo la siempre recurrida relción entre el genio y la locura. ¿No son los genios los que, en última instancia hacen "avanzar" a la humanidad? Y ¿no están todos los genios un poco locos? Un nueve para Rohmer.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Delphine no acepta la realidad ( el novio que no existe, por ejemplo) , es alguien que constantemente cree ver señales en la naturaleza ( Lacan diría lo real ) dirigidas a ella, como las cartas, el color verde, los anuncios o, como de hecho, el propio título del film,El rayo verde. Al final el grito de éxtasis al ver la gran señal que esperaba por parte de la realidad exterior nos confirma su psicosis.
josejoseluis 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
29 de Abril de 2008 |
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Verne, como todo gran genio, era polifacético y no sólo escribió novelas de ciencia-ficción. La fama que ha alcanzado debido a su faceta de visionario de la ficción científica y de la novela de aventuras suele relegar casi al olvido alguna de sus obras que se centran en temáticas más corrientes y sencillas, como las románticas, aunque "El rayo verde" sabe aunar su lado científico y el romántico. El fenómeno óptico de la refracción de la luz solar durante el ocaso, que en unas condiciones atmosféricas y geográficas concretas da lugar a la visión de un destello verde justo cuando el sol termina de ocultarse tras el horizonte, es el hilo conductor de una historia basada en la leyenda de que si dos personas contemplan juntas el rayo verde, se enamorarán.
Rohmer parte de ese fenómeno óptico que parece pura leyenda mágica y lo sitúa como el ideal de búsqueda de una mujer que ha llegado a un punto muerto.
Delphine es una mujer joven, vive sola en París y trabaja como secretaria. Aún no se ha hecho a la idea de que su relación con su ex-novio Jean Pierre se rompió hace tiempo. En la rutina de sus días corrientes va acumulando una tristeza indefinida, un vacío pesimista que la hace replegarse en sí misma. Cifrando buena parte de sus esperanzas en un viaje a Grecia que iba a efectuar con una amiga, se viene abajo y se siente muy contrariada cuando el viaje se anula. Con sus planes para las vacaciones deshechos, Delphine siente que se ahoga en París pero tampoco se decide a marcharse sola de vacaciones. Su carácter cauteloso por naturaleza, sumado a su negativo estado de ánimo, la impulsan a verlo todo muy negro y a ser muy reacia a vivir aventuras, a dejarse llevar y a seguir los consejos de sus amigas para marcharse a cualquier parte y divertirse.
Entre muchas dudas y objeciones, sus vacaciones se convertirán en una serie de tumbos sin rumbo fijo. Cherburgo, la montaña, Biarritz, San Juan de Luz... Pero nada consigue erradicar la depresión que se adueña de ella. Ni las personas que va conociendo, ni los lugares... Tal vez, si algún día consigue avistar el esquivo rayo verde, su suerte cambie...
Rohmer, maestro de la cotidianeidad, de las conversaciones normales de la gente y minimalista que observa detalladamente a través de su miscroscopio personal, despliega el encanto de la simplicidad, de los pequeños acontecimientos diarios de personas que son como nosotros. Aquí pasea su cámara por los días de una mujer desencantada e invadida por una vacuidad existencial que desearía vencer pero no sabe cómo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Buceando en las urdimbres más complejas del alma, a la vez tan comunes a todos nosotros, se nos planta delante la pura infelicidad que se cierne sobre tantas personas en esta civilización de nuestros tiempos. Y quizás la base de todo ello la encontremos en la insatisfacción porque, pese a no tener carencias materiales y a disfrutar de los bienes y privilegios fundamentales que hoy día todas las clases medias y trabajadoras se pueden permitir, con más o menos dificultad (estabilidad económica, bienes materiales, acceso a la cultura y a la educación institucionalizada, asistencia sanitaria, la cada vez mayor importancia y culto al ocio...), sin embargo la sociedad también tiende a crear, posiblemente, carencias afectivas, inseguridades, baja autoestima y la sensación de fracaso cuando no se consigue alguna (o ninguna) de las metas que dicha sociedad marca como supremas, en ese código no escrito pero que se queda grabado en el alma prácticamente desde que nacemos. El medio que nos rodea bombardea constantemente con lo que se supone que deben de ser nuestros máximos objetivos en la vida. Pero, ¿qué ocurre si no nos ajustamos a ellos, o ellos no se ajustan a nosotros, o por lo que sea no podemos acceder a su logro?
Pero, ante todo, el máximo objetivo, el del amor, que seguramente sea uno de los pocos por los que realmente valga la pena luchar, es el que más sinsabores suele causar. Tal vez porque es el más difícil de lograr.
No hay mucho más que el deambular de Delphine, arrastrando su melancolía por playas, montañas y bosques de belleza incomparable que no llenan su vacío, conociendo a gente y conversando para sentir que está más sola que nunca.
Pero su soledad es la que tantos hemos experimentado alguna vez. Por eso esta película trasciende más allá de su fachada de simplicidad y se convierte en una parte de la historia de cada uno.
Vivoleyendo 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gort
Marte (España)
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Su valoración:  |
20 de Noviembre de 2008 |
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“Ah! Que llegue la hora/
En que los corazones se enamoren.”
Sí, pero, ¿cuándo?, ¿cuándo?
La dama de picas carga con su pregunta no formulada a las puertas de un verano que se anticipa solitario, largamente solitario. Los demás, en reuniones a media tarde con galletitas, o en la incipiente oscuridad de una cena campestre, notan la puntiaguda arma bajo los ropajes, temen que del contacto con ella emerja de sus propias carnes el negro metal. Para evitar el contagio, se encierran en el castillo de la incomprensión, esperan que no sea demasiado tarde.
Sola, vaga por la ciudad y la montaña, a ver si el mal que la acucia (¿cuándo?, ¿cuándo?) se despista. Pero no hay escondite posible: ni tan siquiera confundida entre el gentío de la playa ni en compañía de una pasajera amistad, se deshace de la incertidumbre, una molicie nebulosa que se yergue en las hojas del calendario.
En uno de sus muchos paseos caza una conversación al azar, la glosa de una historia de Verne, ‘El rayo verde’: quienquiera que lo vea, a la hora en que se pone el sol, se enamorará de su acompañante. Un atisbo de esperanza brilla entonces en sus ojos, un momento, un hito, es marcado en su camino.
Como ladrón en la noche, aparece el príncipe idiota, y como le pasa a éste en sus ataques de epilepsia, la clarividencia anhelada se confundirá con las convulsiones.
¿Llora porque ama o porque por fin sabe que ama?
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Nada más escapársele el hilo de las manos comprendió que estaba perdido, atrapado para siempre en el laberinto.
Por mucho que recorriera sus galerías -haciendo marcas e inscripciones en las paredes, recreando mentalmente una y otra vez una topografía que no cesaba de aumentar- siempre llegaba el momento en que, esperando encontrar su espada tras la esquina, daba a parar con una destartalada alberca que no recordaba haber visto nunca, o con los restos putrefactos de los duraznos que había comido dos días antes.
Pasaron los años. Su cabello fue emblanqueciendo y, gradualmente, perdió la vista. La ceguera sin embargo no mermó su empeño. Fue el tiempo quien le fue conformando con su destino, acabó tomando cariño a ciertos rincones de su prisión: una fuente en la que a veces nadaban patos, un pasaje elevado desde el que creía oír el mar… Incluso, en ciertas noches, una dulzura inexplicable acababa sustituyendo a los tormentos provocados por el enigma.
En una de sus muchas expediciones, apoyado en el pilón en el que se lavaba los pies tras un alto en el camino, le llegó un rumor desconcertante. Como si aún pudiera ver, se giró hacia los pasos que se aproximaban, titubeando a causa del olvido. Un remolino amarillo parecido a todos los días vividos en el laberinto, sintetizados en la forma de una caricia, se revolvió bajo sus pies azotándolo con su luz, haciéndole comprender. Fue sólo un momento.
Trémulo, supo al fin qué decir:
-¿Eres tú?
Ella, sin duda ninguna, respondió:
-Soy yo.
Gort 
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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neugierige
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
16 de Abril de 2006 |
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Extraño retrato de ese difícil período en que, tras haber roto con tu pareja, tienes demasiado tiempo muerto.
Si a ello le añadimos unas vacaciones en que no sabes qué hacer ni adónde ir y que, a pesar de estar con gente, nada ni nadie te satisface por mucho que lo intentes, nos encontramos con esta película sencilla, cálida y a la vez sugerente sobre esos difíciles paréntesis vitales.
neugierige 
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| 5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LeonNewman
Leon (España)
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Su valoración:  |
26 de Marzo de 2007 |
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Delphine es mujer, guapa, francesa. Yo soy hombre, español, feo. Sin embargo, por debajo de la piel, esta chica y yo somos almas gemelas. Yo, como ella, también huyo asustado de la estupidez humana, también busco una soledad retirada donde encontrarme, también espero el amor -no de un hombre en mi caso- que me devuelva la esperanza y el sentido de la vida... Yo, como ella, también espero el rayo verde.
De lo mejorcito de Rohmer. La prota, absolutamente preciosa y deseable.
LeonNewman 
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