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Sinopsis
“Verbo” cuenta la historia de Sara, una chica de 15 años con un sexto sentido. Una joven y tímida heroína del siglo XXI que empieza a intuir que en el mundo tiene que existir algo más que lo que ven nuestros ojos, algo escondido que empieza a obsesionarle. Guiada por su instinto, comienza a encontrar en su gris existencia una serie de inquietantes mensajes y... Leer sinopsis completa
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5 de Noviembre de 2011
21 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Eduardo Chapero-Jackson logró con su trilogía de cortometrajes: A contraluz, multitud de premios internacionales, y no sólo eso, si no que llego a hacerse por derecho propio con un nombre entre la comunidad cinéfila española. El director madrileño que llegó al cine de la mano de Alejandro Amenábar realizaba ahora su tan esperado debut en el largo, un debut que sinceramente podría haberse ahorrado y no filmar jamás, ya que es uno de los mayores horrores perpetrados en los últimos años en este país (al menos de los camuflados como cine de verdad).
Podría intentar explicar de qué trata Verbo pero me parece un esfuerzo estúpido y fútil por lo que no lo haré. Pero seamos justos, en la película de Chapero-Jackson no todo es tan horrible y es que hasta que llega al punto de no retorno, estamos ante una cinta que parece ser interesante y tener algo que contarnos. Tras un prólogo genial y de lo más desconcertante, el realizador nos trata de acercarnos hasta la adolescencia perdida actual, lo hace a través de una joven totalmente cuya única obsesión se limita a encontrar a un personaje llamado “Lirico” que siente que anda detrás de ella. No es que Jackson filme una obra maestra, pero sí que firma un interesante cortometraje que incluso tendría un final esplendido, pese a la pasada vuelta de rosca buscando la metáfora, algo que se convertirá en una constante en toda la película. El realizador sabe perfilar bien los personajes, jugar con ellos y montar algo que sea atrayente para el espectador en apenas tiempo, pero justo entonces es cuando se le va completamente la cabeza, llegando a un momento en el que el ridículo se hace con el control de la película.
Es entonces cuando entran en escena especie de escuadrón de ángeles protectores con estética rapera y montados en patinetes cuando empieza a convertirse en algo demencial que da auténtica vergüenza. El problema no está sólo en lo demencial de lo asunto, ver a Chapero queriendo jugar a ser Tarkovsky resulta bastante lamentable, más aún cuando lo que cuenta no tiene forma de sostenerse en pie. Los personajes son todos ellos meras caricaturas, un intento bastante penoso de acercarse a una estética anime, algo que a Chapero-Jackson le debe perseguir bastante y tiene cierta intención de hacer ver que a sus cuarenta años aún es un chaval guay, por eso, debe ser por eso, porque si no tiene ninguna otra explicación, a mitad del viaje convierte a los personajes en dibujos anime y se monta un videoclip de rap sin venir a cuento.
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Y cuando ese viaje por fin termina, que termina y ya, no hay más explicaciones y por supuesto no nos detenemos a pedirlas, nos llega lo inevitable, la conclusión final, no hay manera de escapar de ello, nos persigue como esa oscuridad, y está claro que la protagonista ha aprendido mucho rodeada de esos samuráis con leds de luces y la capucha puesta, aprende tanto que es capaz de dar un discurso en clase, poético por supuesto, y es que a partir de la mitad de la película sólo se puede hablar como si estuviésemos en un rap, que es más bonito y queda más chulo, y es capaz de encontrarse y de ser sí misma, y eso nos lleva a lo aún más inevitable, una vomitiva escena final, también dibujada con lápices de Alpino, porque así todo resulta más guay.
Bien, supongamos que somos superhéroes, y somos capaces de atravesar todo este viaje que Chapero-Jackson monta por culpa de su evidente crisis de los cuarenta y centrémonos en otros aspectos de la película (sí, la llamaremos así porque la echan en los cines, pero queda más apropiado usar el término: “cosa”). La hiperreferencia que se gasta Chapero-Jackson me hastía en exceso, parece que en cada plano quiere meter un homenaje o guiño hacia cualquier cosa que haya visto u oído a lo largo de su vida. Además el realizador madrileño se muestra claramente obsesionado por dotar a cada plano de una fuerza y una garra que no sólo no son necesarias si no que además por el abuso de esto acaban siendo un montón de planos grandilocuentes carentes de cualquier tipo de magnetismo. La tendencia hacía la hipérbole y el subrayado son apenas dos simples cualidades más en un guión absolutamente demencial, adornadas de frases con bonitas ritmas que tienden hacía lo poético pero careciendo de cualquier tipo de arte en su formación. ¡Y sus protagonistas! Una panda de aspirantes actores salidos de la lamentable cantera de la televisión española, cada uno más ridículo que el de al lado.
Es posible que Chapero-Jackson estuviera acabando de rodar su corto, cuando llegaron los señores de Telecinco y le dijeron: “Alarga esto un poquito que te financiamos tu primera peli” y que así fuera como naciera Verbo, es una posibilidad como otra cualquier otra pero que me gustaría pensar que es real. Me cuesta creer que una persona en su sano juicio pudiese escribiese esto, y me cuesta más aún pensar que hubo otro alguien que dio luz verde a un proyecto tan demencial y absurdo como este, un cine pretencioso, aburrido, carente de alma, sin chispa, sin brillantez, ridículo, espantoso… No cabe duda de que Verbo es una película bastante distinta a la mayoría del cine español que se suele hacer, pero por suerte eso es así, si las producciones arriesgadas que se quieren tomar en España se parecen a Verbo, casi es mejor que sigamos tirando de lo de siempre, al fin y al cabo no nos llevaremos ningún susto cuando veamos el resultado.
Lo mejor: El prólogo inicial.
Lo peor: Que no se acabe cuando Alicia trata de pasar a través del espejo.
Banacafalata  |
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16 de Noviembre de 2011
17 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
No hay que ser demasiado ácido contra este primer largometraje de Eduardo Chapero. La película es buena, como mínimo aceptable y digna de verse.
Lanza un mensaje de confianza, de acicate, de ánimo, a los seres humanos desorientados, perdidos, que se sienten segregados o viviendo sin sentido, como si este mundo no tuviera que ver con ellos. Y el mensaje es: NO TE SUICIDES, no te rindas, aguanta lo que te echen o sacúdetelo de alguna manera, pero sé tú mismo avanzando, resistiendo, sacando de ti un poder que tienes siempre contigo: practicar la valentía, el simple atrevimiento de SER.
Le doy 7 puntos a esta película que viene a ser como ¡ánimo!, como un ariete contra la desgana, la rendición y la negatividad existencial.
Azurcine  |
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9 de Noviembre de 2011
16 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuántas ganas teníamos de ver Verbo, el primer largometraje del excelente cortometrajista Eduardo Chapero Jackson. Pero... sorpresa: Verbo no es la pelicula que esperábamos. Ni está rodada siguiendo los cánones habituales, ni se ciñe a un género reconocible, ni parece tener influencias claras. Verbo es una rareza que se mueve entre lo gótico y lo subterráneo, el mundo grafitero y las letras de Violadores del verso. Es muy naïf. Muy emo, diríamos ahora.
Es casi una película adolescente. Pero difícilmente encontrará su público, porque por una parte su mensaje es demasiado obvio y porque su estética asusta a los que en verdad podrían ser su público potencial. Asumiendo que Verbo será un fracaso de taquilla, y aunque esto se deba en parte a que la película resulta demasiado surrealista y que en algunos momentos apenas se sostiene en pie, me niego a creer que es la tontería que dijeron los cronistas de San Sebastián y Sitges. Efectivamente, Verbo es especial. Mejor o peor, pero singular; convezca más o menos, noto detrás de sus imágenes la personalidad de un autor no tan novel que merece tener una carrera sólida. ¿Se puede decir lo mismo de todo el cine patrio?
Resumirla a 'nueva versión de Alicia en el país de las maravillas', 'cuento sobre las oscuridades de la adolescencia' o 'crítica a las recientes políticas inmobiliarias' me parece plausible, en parte cierto, puede que fácil, a mi gusto insuficiente. Verbo es mucho más. Algo diferente. Puede que sea lo más extraño que ha parido el cine español desde El corazón del guerrero de Daniel Monzón. Y ahora nadie duda que Monzón es uno de los grandes. Ojalá suceda lo mismo con Chapero Jackson. Se lo merece. Aunque, incluso queriendo defender Verbo, hay que reconocer que parte de sus rimas son ripios.
Una contradicción que toca el cielo para acto seguido caer en el ridículo más absoluto. La locura, que puede ser lucidez, de un Quijote de instituto. Hay que verla, aunque sea para despotricar sobre ella.
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal  |
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Driver
Highway 101 pacific coast (Estados Unidos)
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14 de Abril de 2012
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Cómo poder acercarse a un película cuando su director se hace llamar chapero-Jackson? Desde luego apoyándote en la intención de echarse uno unas risas juveniles.
Pero resulta que este Chapero, es uno de los más brillantes jovenes cineastas de toda Europa. Resulta que sus trabajos anteriores en formato corto, son muchísimo más que notables.
Este aval se nota en el lenguaje visual articulado muy, muy maduro en una opera prima. A otros directores les costaría 2 filmes mínimo para desplegar tal talento. Por ello Chapero-Jackson, demuestra ser un superdotado, un excelente narrador puramente visual que propone puestas en escena sugerentes, con estilo sobrio y elegante, con recursos magníficos(ese regalo a la madre con piedrecitas hanselianas y su culmen, es una delicia, una muestra de excelencia porpia del final de "Senderos de gloria"; hechos filmados, importancia de escenas que hablan por sí misma de la manera más convincente).
De nuevo Seseña, o Valleverde, o cualquier ciudad dormitorio de Madrid, o ya casi Toledo...En alguna parte del secarral de cuyo nombre no quiero acordarme. Y también en el retratismo, Chaperillo-Jackson se marca unos planos de cinematografía sobria, sin estridencias que nada tienen que envidiar a un Erice o Saura- mucho mejor que Rosales o Guerin-. Cine de contexto, eso sí, simplemente.
Porque el joven Chapero-Jackson, no tiene historia. O mejor dicho, su historia con contexto (argumental esta vez) quijotesco, para espectadores sin acné resulta demasiado amateur. Y esto es muy decepcionante. Pues la dicotomía entre una hipertrófica y madura demostración de buen hacer y buen "ojo" y un raquítico discurso argumental y guionístico, hace a espectador no valorar el talento de una parte formal de chapeau, ni las intenciones inocentes de una películilla de género SCI-Fi patrio que sigue el camino Matrix obediente a todas sus fórmulas y pasos.
Una pena que se puede justificar por las exigencias de la comercialidad en el largometraje. Aún así, les aconsejo encarecidamente que vean los cortos de este gran cineasta - y pésimo guionista, en la acepción puramente mankiewicziana-, que puede darnos grandes alegrías en un futuro.
Irónica esta propuesta titulada "verbo". Mejor ahorrarse en su visionado la verborrea, y verla sólo narrada en imágenes. Se enterarán muchísimo más de lo que pasa.
P.D: Sr. Kurt. Puedo entender que tenga usted que poner ventanitas con publicidad selectiva que utiliza información de mi asiduidad a otras páginas para conocer mis gustos personales. Lo que no entiendo es como me sale una ventana de eDarling, con un maromo que se llama Antonio y que dice que le gustaría conocerme, cuando yo no entro en páginas gay ni nada parecido. ¿?
Driver  |
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1 de Noviembre de 2011
19 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pues sí... queremos ciencia ficción española, pero buena. Como premisas mínimas, pido coherencia, credibilidad, sinceridad limpia de mercadotecnia barata y adolescencio-filia descarada...
Queremos ciencia ficción española hecha con cariño, no solo al euro, sino al producto bien hecho.
Queremos lo que empezó en 1905 con "El hotel eléctrico" de Segundo de Chomón, o con "Madrid en el año 2000", de Nemesio Sobrevila (1925). Queremos el afecto y cariño que Vicente Aranda puso a su "Fata Morgana" en 1965, o el que le puso Antonio mercero a maravillas como "La cabina" (1972) y "La Gioconda está triste" (1977).
La ciencia ficción española no es nada nuevo, y para que sea buena no necesita ni efectos especiales ni súper técnicos en informática, porque aquí, a falta de pasta, tenemos mucha más imaginación que en Hollywood.
¿Me he ido demasiado lejos? ¿Demasiado para los de la LOCSE? Bueno, pues me actualizaré un poco:
Queremos ciencia ficción española que, cuando menos, esté hecha con la sensatez de "Eva", que no necesita niños cachas ni niñas monas.
Verbo es, sencillamente, lo más prescindible, pretencioso y falso que he visto este año... y eso que también me tragué "El rito".
Lucky Tovar  |
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