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Críticas de "El manantial de la doncella"
El manantial de la doncella
Notable
Ingmar Bergman
(1960)


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El Manantial de la DoncellaEl Manantial de la Doncella
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
manulynk   Barcelona (España)
Su valoración: Excelente 19 de Agosto de 2008
Tras “El séptimo sello”, el realizador sueco Ingmar Bergman volvía a la Edad Media para contarnos, a su manera, una antigua leyenda nórdica, sobre el origen de un manantial. El film, con un ritmo tranquilo y sosegado nos narra la violación y asesinato de una joven, Karin, por parte de tres ladrones, y de la posterior reacción del padre (interpretado por el gran Max Von Sydow), poco acorde con sus profundas creencias religiosas. Sin embargo, lo importante de este film no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.

Bajo una capa de aparente sencillez, lo primero que destacaría por encima de todo es la acentuada dualidad que preside el film. No tanto el bien y el mal, sino algo más complejo si cabe: la pureza (representada por Karin) y la impureza (los tres ladrones), la religión (la devota familia de la joven) y el paganismo (de nuevo los tres ladrones), y todo perfectamente representado en una puesta en escena que acentúa esa dualidad en la que contrastan los luminosos espacios exteriores y naturales, con los claroscuros de unos interiores desnudos y descarnados en los que la presencia de una Karin vestida de blanco resalta aún más su pureza.

Por otro lado, los dos principales acontecimientos del film tienen lugar uno en el exterior, en plena naturaleza y el otro en la oscuridad de la casa, pero los dos son rodados con la misma frialdad y crudeza, despojada al mismo tiempo de énfasis por parte de Bergman, sirviéndose de dos estupendas metáforas (la pureza del agua, y el fuego del odio respectivamente), que acentúa la crudeza de los hechos que nos muestra. Manteniendo un punto de vista totalmente imparcial (el punto de vista de un Dios que todo lo ve pero no hace nada?).

Hay pocas películas que con tan poco nos expliquen tantas cosas. El film de Bergman, sin entrar en profundidad en temas filosóficos como en otras películas, nos habla principalmente de la irracionalidad porque se rige el mundo. La familia de Karin, a pesar de seguir estrictamente los preceptos religiosos, acaba siendo castigada doblemente por la desgracia de perder a su hija y por dejarse llevar por la venganza. De alguna forma, Bergman consigue unir en una sola imagen el desconcierto al comprobar lo absurdo de un mundo regido por el brutal azar y la grieta de la fé que ha provocado el citado hecho en las creencias de la devota familia, al mismo tiempo que, al igual que le pasaría a cualquiera, no saben dar salida a lo que acaban de contemplar.

Por ello se trata de un film conmovedor, impactante, crudo, y cuyo mensaje se transmite de una forma mucho más directa que cualquier disquisición ético-filosófica.
manulynk
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
abelitto   Tordesillas (España)
Su valoración: Muy buena 6 de Octubre de 2005
Hasta ahora, ésta es la película que más me ha gustado del escandinavo Bergman con diferencia. Se trata de una historia muy ágil para el espectador, fácil de entender (en comparación con otras películas Bergmanianas) y que introduce detalles clásicos del director sueco. Mantiene un estilo muy similar a su predecesora "El Rostro", rodada un año antes quizás en los mismos escenarios que ésta y repitiendo con varios de sus actores.
El tema de la muerte y la religión es una constante en la filmografía de Bergman, y esta película no es una excepción. Se trata del relato de una doncella que ha de viajar hasta la iglesia para realizar una ofrenda, al atravesar el bosque se separa de su acompañante y se encuentra con unos pastores con quienes comparte su comida. A partir de ahí los hechos se precipitan dando lugar a una historia intrigante dirigida con gran elegancia y maestría europea e incluyendo un final muy a la altura de los acontecimientos.
Recomendada.
abelitto
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Nanimo   erehwon (España)
Su valoración: Excelente 30 de Enero de 2010
“Antes de la batalla lavó el carro en el estanque de Samaria; lavó también sus armas; y la Reina lavó su cicatriz. Y el Rey de Israel entró en la batalla.

Y un hombre disparando su arco a la ventura, hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura; por lo que dijo él a su carretero: Toma la vuelta, y sácame del campo, que estoy herido.

Mas la batalla había arreciado aquel día, y el Rey estuvo en su carro delante de los Siros, y a la tarde murió: y la sangre de la herida corría por el seno del carro.

Y murió pues el Rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al Rey en Samaria. Y la sangre siguió corriendo por el seno del carro y no se lavó y los perros lamieron la sangre, pues así estaba escrito.”


(Reyes, 23, 34-38)
Nanimo
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polelo   Jérica (España)
Su valoración: Buena 14 de Octubre de 2007
Impresionante ambientación y puesta en escena ayudada por una magnífica fotografía.
La tensión psicológica "bergmaniana" impregna algunos momentos puntuales con gran acierto, pero otros decaen, sobre todo el principio.
La línea argumental me parece de lo más flojo, Bergman intenta sacar punta y construir una historia a partir de un suceso puntual al que irá envolviendo por delante y por detrás. La primera parte del film intenta crear de Karin una imagen de niña pija repelente y malcriada, incipientemente coqueta, su contrapunto con Ingrid no acaba de funcionar muy bien, parece que hay "algo" que nos hemos perdido y la película no lo acaba de resolver.
En general en toda la película Bergman juega con un resorte psicológico empático, más propio de otros directores y un tanto gratuíto, tengo que reconocer que gracias a ello nos hace más dura la escena de la violación (y asesinato) por habernos creado un vínculo afectivo en la descripción de la víctima aunque sea a través de darnos a conocer sus caprichos, coqueterías y devaneos.
Bergman trata el tema religioso de una manera mística un tanto extraña en él. En algunos momentos del film, como cuando hacia el final los personajes se dirigen al bosque, parece que el director vaya a expresar un universo más personal, basado en los comportamientos humanos y en sus relaciones, algo más propio del maestro, pero ese mensaje quedará dinamitado en la última escena.
El reduccionismo entre Cristianismo (orden, moral, justicia) y las creencias atávicas (Odín y los dioses premedievales escandinavos) como todo lo contrario, la Fé como camino hacia la civilización, debería de haber sido superado con un discurso más rico, con más matices, más maduro y contemporaneo, sin embargo en la confesión de Ingrid se deja muy claro este extraño (extraño en Bergman) reduccionismo. La propia venganza de Tören quedará muy mal resuelta, se busca en la misma una desproporción que por si mismo la haga injustificable, cuando la venganza como tal debería de ser injustificable y más en un Rey que debe de impartir justicia, pero encima se estropea todo todavía más con el alegato final, presentandola como un descarrío ocasional que encima encontrará el perdón representado en el "signo divino" del manantial al el que corren sus protagonistas para lavar sus pecados.
La consecuencia de todo ello es que finalmente los personajes no serán conscientes de haber llegado a cada uno de los acontecimientos por su propio actuar, por sus intereses, por sus celos, por sus sentimientos, sino que encontrarán una explicación y un acomodo en lo metafísico-religioso (invocación a Odín-castigo divino, etc...). Realmente es una discurso absolutamente Anti-Bergman difícil de justificar en el contexto de su filmografía.
polelo
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Cronopio   Buenos Aires (Argentina)
Su valoración: Notable 17 de Septiembre de 2011
Film número 22 de Ingmar Bergman, tras “El rostro” (1958). A modo de profunda reflexión acerca de la condición humana y, una vez más, de la existencia e intervención de Dios, y valiéndose de una historia muy sencilla, el maestro sueco logra una de sus obras más reconocidas, merced a su imponencia visual carente de artificios y a su mensaje directo.

El film se rueda en escenarios naturales de Styggeforsen (Dalarnas Iän, Suecia) y en los estudios de Svensk Filmindustri (Estocolmo, Suecia). Producido por Allan Ekelund para Svensk Filmindustri, se estrena el 8 de febrero de 1960 (Suecia). Gana, al año siguiente, el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

El rey Töre (Sydow) envía a su bella hija Karin (Petterson) al altar de la Virgen, para llevar y entregar unas velas en ofrenda, tal y como es costumbre cada verano. Acompaña a la joven doncella Ingrid (Lindblom), una joven descarriada que vive con la familia real, que ha quedado embarazada en pecado y que, sin que nadie lo sepa, profesa un profundo odio hacia Karin. Por el camino, ambas muchachas se separan y la hija del rey, siguiendo el trayecto en solitario, se topa con tres campesinos aparentemente afables.

El guión, de Ulla Isaksson (“El umbral de la vida”, Bergman, 1958) desarrolla una historia simple y de estructura minimalista, y extraída de la balada anónima “Töres dotter i vänge”, cuyos versos recitan: “Allá donde fue violada y asesinada una bella campesina, nacerá un manantial de agua purísima”. El libreto es más bien escaso, pero logra un enorme poder comunicativo a través de la fuerza de las imágenes y del significado de los muchos silencios (acompañados de lenguaje no verbal) que contiene la cinta. Entre otros temas, se toca, y muy de cerca, el enfrentamiento entre el Dios de los cristianos y el pagano Odín, considerado dios principal de la mitología nórdica. Destaca en escalofriante monólogo del párroco acerca del humo agonizante.

La estructura del film es sencilla y lineal. Bergman otorga a los primeros minutos la apariencia de un cuento de hadas, más allá del tormento que sufre Ingrid debido a su condición. El paseo por el bosque también tiene tintes idílicos y de fábula medieval; la aparición de ciertos símbolos (el cuervo, el sapo negro) sirven a modo de presagio, de anuncio de tragedias inevitables. Es entonces cuando el cuento de hadas se quita la máscara, dejando paso al horror, a la representación de los más bajos impulsos humanos, y al consiguiente silencio de Dios, un silencio que Bergman ilustra de manera magistral, dándole forma de respuesta impasible en el mismo estatismo de la naturaleza que rodea al hecho trágico.

---Continúa en Spoiler---
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Cronopio
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