Vivir (Ikiru)
8,2
12.985
Drama
Kanji Watanabe es un viejo funcionario público que arrastra una vida monótona y gris, sin hacer prácticamente nada. Sin embargo, no es consciente del vacío de su existencia hasta que un día le diagnostican un cáncer incurable. Con la certeza de que el fin de sus días se acerca, surge en él la necesidad de buscarle un sentido a la vida. (FILMAFFINITY)
26 de enero de 2008
26 de enero de 2008
69 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cambiar paella por andaricas, chiringuitos por chigres, top less por chubasqueros amarillos y solares por monte verde. Muy verde. Eso es cruzar El Negrón.
Cruzar El Negrón y dejar atrás la soleada estepa castellana. No hay luz al final del túnel. Hay una nube gris fija que dota de sobriedad a sus gentes, a sus pueblos, a sus montes.
Empaparse de vida, de agua. Eso es cruzar El Negrón.
No hay luz para el cine oriental, sino un largo plano secuencia retratando el alma humana.
Eso es... no hay luz, no hay nada, cuando lo cruzas de vuelta a Hollywood.
Volver a los héroes después de gozar de las personas, a la magnificación absurda después de disfrutar de los hermosos detalles cotidianos... volver al hortera y al maricón de playa.
No hay luz al final del túnel para Kanji Watanabe. Pero aún hay vida; hacer feliz a alguien y buscar justicia, es la mejor manera de aprovechar sus pocas horas.
Cruzar El Negrón y dejar atrás la soleada estepa castellana. No hay luz al final del túnel. Hay una nube gris fija que dota de sobriedad a sus gentes, a sus pueblos, a sus montes.
Empaparse de vida, de agua. Eso es cruzar El Negrón.
No hay luz para el cine oriental, sino un largo plano secuencia retratando el alma humana.
Eso es... no hay luz, no hay nada, cuando lo cruzas de vuelta a Hollywood.
Volver a los héroes después de gozar de las personas, a la magnificación absurda después de disfrutar de los hermosos detalles cotidianos... volver al hortera y al maricón de playa.
No hay luz al final del túnel para Kanji Watanabe. Pero aún hay vida; hacer feliz a alguien y buscar justicia, es la mejor manera de aprovechar sus pocas horas.

Eso es vivir.
Esa es la verdad que se esconde en la sombra que proyecta el Sueve.
Eso es lo que puedes toparte si cruzas El Negrón que separa cines tan dispares.
Las horas tontas, las horas perdidas, las horas malgastadas en conocer las capas más externas de los demás... que se queden en la estepa, que dos días dentro de un alma valen más que una vida entera entre pieles humanas.
Puxa Kurosawa.
Esa es la verdad que se esconde en la sombra que proyecta el Sueve.
Eso es lo que puedes toparte si cruzas El Negrón que separa cines tan dispares.
Las horas tontas, las horas perdidas, las horas malgastadas en conocer las capas más externas de los demás... que se queden en la estepa, que dos días dentro de un alma valen más que una vida entera entre pieles humanas.
Puxa Kurosawa.
29 de noviembre de 2005
29 de noviembre de 2005
57 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Enorme film sobre las miserias humanas realizado por el maestro Kurosawa durante la posguerra japonesa. Desde que falleció su mujer el señor Watanabe lleva muerto por dentro treinta años. Desde entonces no ha realizado nada notable ni se ha preocupado lo más mínimo por el prójimo a pesar de ser el jefe de Obras Públicas en el ayuntamiento. Un cáncer de estómago le da seis meses para hacer algo por la comunidad... y por él mismo.
Comienzo memorable dónde el grupo de mujeres es zarandeada de oficina en oficina hasta finalizar de nuevo en el punto de partida. El cáncer estomacal de Watanabe es el vehículo que utiliza Kurosawa para mostrarnos, primero cuando está vivo, la mediocridad en la que se convirtió la vida de Watanabe y segundo, cuando está muerto, el mundo que fue la vida de Watanabe sirviéndose de sus compañeros de trabajo que se muestran tal como son.
Creo que el sepelio es la clave de Vivir. Todos sus compañeros y jefes están reunidos mostrándole respeto, y al comienzo de esta larga secuencia disparan dardos envenenados hacia Watanabe porque saben perfectamente que ha sido la única persona que ha realizado algo por la comunidad. Curiosamente, a medida que pasan los minutos y el sake va surtiendo efecto, las loas hacia el personaje van in crescendo. Todo ello moderadamente. Al fin y al cabo, todos saben muy bien que al elogiar a Watanabe muestran su propia mediocridad.
Comienzo memorable dónde el grupo de mujeres es zarandeada de oficina en oficina hasta finalizar de nuevo en el punto de partida. El cáncer estomacal de Watanabe es el vehículo que utiliza Kurosawa para mostrarnos, primero cuando está vivo, la mediocridad en la que se convirtió la vida de Watanabe y segundo, cuando está muerto, el mundo que fue la vida de Watanabe sirviéndose de sus compañeros de trabajo que se muestran tal como son.
Creo que el sepelio es la clave de Vivir. Todos sus compañeros y jefes están reunidos mostrándole respeto, y al comienzo de esta larga secuencia disparan dardos envenenados hacia Watanabe porque saben perfectamente que ha sido la única persona que ha realizado algo por la comunidad. Curiosamente, a medida que pasan los minutos y el sake va surtiendo efecto, las loas hacia el personaje van in crescendo. Todo ello moderadamente. Al fin y al cabo, todos saben muy bien que al elogiar a Watanabe muestran su propia mediocridad.

Takashi Shimura
Takashi Shimura interpreta de forma magistral su personaje. Pocas veces he visto en pantalla alguién que me pareciese tan honesto, real y mágico como este hombre. Matrícula de honor para él y para Kurosawa. Muy buena.
9 de julio de 2007
9 de julio de 2007
53 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá del místico insterticio que disocia la vida de la muerte, más allá de una profunda reflexión sobre nuestra propia existencia, más allá de una mordiente crítica a la inquebrantable burocracia nipona..., “Ikiru” es un conmovedor canto a la esperanza.
Kurosawa no pretende entristecernos, no pretende hacernos partícipes de ese dolor que desgarra las entrañas de Watanabe. El maestro evita profundizar en la inexorable desolación que padece todo enfermo terminal y, sin imaginarlo siquiera, suministra a futuros cineastas* la simiente necesaria para sobrecoger al espectador con un mensaje arrebatadoramente vitalista.
Hoy no tengo ganas de hablar de los aspectos técnicos de relevancia que atesora “Ikiru”. Haberlos, haylos. A montones. No es necesario ser un gafapasta para apreciarlos, pero la peli de Kurosawa me ha dejado tocado y no me apetece ser ni frío ni analítico.
Gracias, Sensei.
(*) “Mi vida sin mi”, de Isabel Coixet, podría ser un buen ejemplo.
Kurosawa no pretende entristecernos, no pretende hacernos partícipes de ese dolor que desgarra las entrañas de Watanabe. El maestro evita profundizar en la inexorable desolación que padece todo enfermo terminal y, sin imaginarlo siquiera, suministra a futuros cineastas* la simiente necesaria para sobrecoger al espectador con un mensaje arrebatadoramente vitalista.
Hoy no tengo ganas de hablar de los aspectos técnicos de relevancia que atesora “Ikiru”. Haberlos, haylos. A montones. No es necesario ser un gafapasta para apreciarlos, pero la peli de Kurosawa me ha dejado tocado y no me apetece ser ni frío ni analítico.
Gracias, Sensei.
(*) “Mi vida sin mi”, de Isabel Coixet, podría ser un buen ejemplo.
9 de agosto de 2008
9 de agosto de 2008
36 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película del maestro Akira Kurosawa que nos invita a reflexionar sobre el valor de la vida y la muerte a través de la experiencia del carismático (por su falta de carisma) protagonista.
(El análisis a fondo, en el "spoiler")
(El análisis a fondo, en el "spoiler")
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No hace falta conocer el diálogo de "esta noche seré tu Mefistófeles" para percatarse de que Ikiru es una adaptación de la obra Fausto, de Goethe. El ser humano enfrentándose al sin sentido de una existencia que, intensa o gris en su extensión, acaba en el vacío.
El punto de partida es distinto en ambas obras; en el caso de Fausto, al reflexionar éste sobre una vida que ha dedicado al conocimiento y que no le ha llevado a ningún lado. EN el de Ikiru, al enterarse el protagonista de que su final es próximo. El Sr. Watanabe no cuenta con la ayuda del Maligno, pero persigue el mismo fin que Fausto: trascender, sobrevivir a la muerte, darle un significado a su vida.
Fausto crea "una tierra libre con un pueblo libre". El Sr. Watanabe, un parque en un barrio marginal enfrentándose a mafiosos con intereses económicos en la zona y a burócratas sin interés ni iniciativas.
Sin duda, mi escena favorita es la de la percepción del Sr. Watanabe del "instante supremo" en el columpio del parque. Es una secuencia intensísima: meciéndolo en la melodía, Kurosawa nos transmite mediante empatía la euforia de su protagonista al rozar el Absoluto y conseguir que "la huella de sus días no se pierda en los Eones"
El punto de partida es distinto en ambas obras; en el caso de Fausto, al reflexionar éste sobre una vida que ha dedicado al conocimiento y que no le ha llevado a ningún lado. EN el de Ikiru, al enterarse el protagonista de que su final es próximo. El Sr. Watanabe no cuenta con la ayuda del Maligno, pero persigue el mismo fin que Fausto: trascender, sobrevivir a la muerte, darle un significado a su vida.
Fausto crea "una tierra libre con un pueblo libre". El Sr. Watanabe, un parque en un barrio marginal enfrentándose a mafiosos con intereses económicos en la zona y a burócratas sin interés ni iniciativas.
Sin duda, mi escena favorita es la de la percepción del Sr. Watanabe del "instante supremo" en el columpio del parque. Es una secuencia intensísima: meciéndolo en la melodía, Kurosawa nos transmite mediante empatía la euforia de su protagonista al rozar el Absoluto y conseguir que "la huella de sus días no se pierda en los Eones"

Takashi Shimura
En definitiva... Ikiru, magistral adaptación de la genial obra de Goethe por parte de uno de los más grandes directores de todos los tiempos: Akira Kurosawa.
Imperdonable no verla.
*Nota importante: VER EN V.O CON SUBTÍTULOS
Imperdonable no verla.
*Nota importante: VER EN V.O CON SUBTÍTULOS
21 de marzo de 2010
21 de marzo de 2010
45 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tengo en gran estima al director Akira Kurosawa autor de obras cinematográficas que aprecio profundamente como “Rashomon”, “Dersú Uzalá” o “Kagemusha” entre otras. Sé de su honda sensibilidad, y del compromiso con la vida y con el arte que siempre lo caracterizó. Pero como no rindo culto a personalidad alguna y soy profundamente leal a mi sentir y a la interpretación que cada cosa me inspira, tengo que decir que, “VIVIR” es, para mi gusto, una salida en falso del director japonés.
Daré mis razones: 1. El personaje protagónico, Kanji Watanabe, me resulta burdo y de tan poca inteligencia como el peor de los burócratas. No por nada se pasó treinta años de su vida sentado tras un escritorio donde apenas respiraba y colocaba algún sello o alguna firma en papeles oficiales. 2. Conocida su enfermedad, lo que aprende luego es muy poco. Comienza por someterse a los pronósticos estadísticos que, ni siquiera le dicta el médico sino un paciente experimentado que conoce el lenguaje que procede cuando un paciente tiene cáncer. “Le queda un año de vida” es la frase lapidaria que escucha y que él asume como sentencia divina. Desde entonces, no lucha por superar la enfermedad sino por vivir lo mejor que puede los días que le faltan. Y eso que llaman “vivir” se lo enseña un escritorcillo al que ha hecho un pequeño favor: Van a las máquinas de juego, a una sala de striptease, a un burdel, a una discoteca… El mensaje no puede ser más pobre. ¿Esto se llama vivir?
3. Después, la vida pone en su camino a la empleada a la que antes no veía. Toyo es una joven agraciada y sobre todo, de una lucidez que alecciona. Watanabe sale con ella, le regala unos calcetines, pero comete la indelicadeza de decirle porqué se los dio. Y, una frase de ella luego, resulta contundente:”Usted no puede hacer responsable a su hijo (de haberse convertido en momia), a no ser que él le hubiera pedido que se convirtiera en momia”. De nada sirve al padre semejante destello, porque nada cambia en la relación con el muchacho.
Lo que hace luego, se sobrevalora inmerecidamente y ni siquiera como espectadores tenemos ocasión de sentir y de tener nuestra propia percepción sobre lo ocurrido. Kurosawa se dedica a poner a una docena de burócratas del ayuntamiento a rendir culto a la personalidad de Watanabe, y son sus frases y sus versiones, lo único que nos da una idea de los últimos días del viejo burócrata. Esto resulta pobre narrativamente, y desde el punto de vista ideológico, es claramente conductista, ya que no deja al espectador libertad alguna.
Y si vamos a lo visual, la película no ofrece nada novedoso ni auténtico. El estilo, curioso en Kurosawa, es de tinte occidentalizado (canción al piano americana, se canta el “happybirthday”…) y, en general, la ambientación posee muy poco atractivo.
En lo que a mi respecta, “VIVIR” es un filme fácil de olvidar.
Daré mis razones: 1. El personaje protagónico, Kanji Watanabe, me resulta burdo y de tan poca inteligencia como el peor de los burócratas. No por nada se pasó treinta años de su vida sentado tras un escritorio donde apenas respiraba y colocaba algún sello o alguna firma en papeles oficiales. 2. Conocida su enfermedad, lo que aprende luego es muy poco. Comienza por someterse a los pronósticos estadísticos que, ni siquiera le dicta el médico sino un paciente experimentado que conoce el lenguaje que procede cuando un paciente tiene cáncer. “Le queda un año de vida” es la frase lapidaria que escucha y que él asume como sentencia divina. Desde entonces, no lucha por superar la enfermedad sino por vivir lo mejor que puede los días que le faltan. Y eso que llaman “vivir” se lo enseña un escritorcillo al que ha hecho un pequeño favor: Van a las máquinas de juego, a una sala de striptease, a un burdel, a una discoteca… El mensaje no puede ser más pobre. ¿Esto se llama vivir?
3. Después, la vida pone en su camino a la empleada a la que antes no veía. Toyo es una joven agraciada y sobre todo, de una lucidez que alecciona. Watanabe sale con ella, le regala unos calcetines, pero comete la indelicadeza de decirle porqué se los dio. Y, una frase de ella luego, resulta contundente:”Usted no puede hacer responsable a su hijo (de haberse convertido en momia), a no ser que él le hubiera pedido que se convirtiera en momia”. De nada sirve al padre semejante destello, porque nada cambia en la relación con el muchacho.
Lo que hace luego, se sobrevalora inmerecidamente y ni siquiera como espectadores tenemos ocasión de sentir y de tener nuestra propia percepción sobre lo ocurrido. Kurosawa se dedica a poner a una docena de burócratas del ayuntamiento a rendir culto a la personalidad de Watanabe, y son sus frases y sus versiones, lo único que nos da una idea de los últimos días del viejo burócrata. Esto resulta pobre narrativamente, y desde el punto de vista ideológico, es claramente conductista, ya que no deja al espectador libertad alguna.
Y si vamos a lo visual, la película no ofrece nada novedoso ni auténtico. El estilo, curioso en Kurosawa, es de tinte occidentalizado (canción al piano americana, se canta el “happybirthday”…) y, en general, la ambientación posee muy poco atractivo.
En lo que a mi respecta, “VIVIR” es un filme fácil de olvidar.
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