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| 9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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sarastro
madrid (España)
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Su valoración:  |
16 de Julio de 2005 |
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Cuando acabas de ver esta película sólo te queda una cosa por hacer: dar gracias a Dios por el nacimiento de Buster Keaton, demiurgo de esta absoluta obra maestra. Con "El maquinista de la General" descubres por qué al cine se le ha llamado el Séptimo Arte. Y también descubres el legado imperecedero que dejó Keaton para la historia, sin el que personajes como Mister Bean o Charlot hubieran podido existir. Si no la has visto, tienes que hacerlo cuanto antes para poder ir al cielo de los cinéfilos.
sarastro 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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McCunninghum
Villacanicas del Hoyo (Santo Tomé y Príncipe)
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Su valoración:  |
1 de Abril de 2010 |
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En una escena de “Los soñadores” de Bertolucci, el personaje de Teo (interpretado por el hijo de Philipe Garrel, que dirigiría la cara oscura de la misma historia en su magnífica “Les amants reguliers”) discute con el personaje yanqui (Michael Pitt) acerca de quién es mejor: Keaton o Chaplin. El yanqui no duda: Charlot. Teo, indignado, sostiene que los americanos nunca han comprendido a Keaton. O lo uno o lo otro. Hay que elegir. Dilema kierkegaardiano, vital.
Esta diatriba ha perseguido históricamente la figura de Keaton, perfectamente difusa bajo la omnímoda sombra del genial Chaplin. En la elección que la propia historia del cine ha hecho acerca de su propia constelación, aparece la elección de una visión del mundo en particular. Visión del mundo que se ha reproducido (la imagen debordiana del espectáculo como un mundo invertido y proyectado). Porque, no nos llevemos a engaño: la oposición Keaton/Chaplin representa una decisión política y una posición ideológica, más allá del gusto cinéfilo por el slapstick o la comedia moralizante. Lo que la oposición Keaton/Chaplin desvela es la oposición entre el humanismo y su contrario, el inhumanismo, encarnado en la figura del individualista sin afectos: Cara de palo.
La histórica elección humanista no puede sorprendernos: es la democracia. Chaplin, sempiterna encarnación de los derechos del hombre y la humanidad (y no sólo en su primerísimo y famoso speech), representa sus ideales cuando elige para sí la figura del mediador (evanescente) social, como explica en repetidas ocasiones el pensador cinéfilo Slavoj Zizek: simboliza la mancha que se sitúa en el centro del conflicto, como un obstáculo o nudo que, tras su mágica aparición y desaparición, cohesiona al grupo, alejándose. Sin embargo, Keaton, ¿qué papel representa? ¿Qué figura política encarna?
Arriba mencionábamos el inhumanismo: antes de llevarnos las manos a la cabeza; por oposición a la elección democrática, lo inhumano representa lo no democrático. Se diría: el anarquismo, y bien que se diría. Frente al marginado cohesionador (la figura del Otro vinculante que Chaplin, como buen judío occidental, representa), el aislado, el des-vinculado. Sus figuras son varias, casi todas francesas: el acéfalo, el de la comunidad inconfesable, el despoblador habitante del cilindro… No es baladí que fueran los franceses cahieristas (esos jóvenes salvajes, esos bebés), todos capitidisminuídos, los que re-descubrieran a Keaton para la historia del cine. Y que su filme surrealista de los 60 (el así llamado “Film”, como el textículo de Samuel Beckett en que se basa), fuera una aterradora película sobre la pérdida del propio rostro, además del sentido. Más allá de una Cara de Palo, la mirada desierta.
(sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Keaton no es un marginal y/o marginado porque está precisamente y siempre fuera del grupo. Como la propia Guerra, que pasa a su lado sin él enterarse, o como los grupos que él cree dirigir y nunca le siguen en sendos gags al comienzo del filme de “El maquinista…” Su humor no es el entrañable y amable de Chaplin, aquel en el que su propio cuerpo y su rostro son ya una incitación a la sonrisa cándida, sino el humor cruel que mete a una mujer en un saco, la tira, la pisotea: el primer amor de Keaton es como el del Beckett en “Primer Amor”: una onanista paranoia misógina. Keaton, incluso, le hace el amor a las máquinas: sus gags son muy frecuentemente dispositivos mecánicos (como en “La casa eléctrica”), que juegan, para su/nuestro alborozo, con las personas y con él mismo. Lejos el anti-maquinismo de “Tiempos Modernos”. La de Keaton, como la del futurismo o el dadaísmo, es una primitiva mirada protopunk.
El de Keaton nunca fue un rostro amable. Tenía el angulado gesto de un aristócrata o un alucinado: no en vano, se parece a Antonin Artaud. Su soledad es la del loco-vivo, y no el vagabundo feliz. El final uniformado de “El maquinista…” con beso y todo, no puede ser sino un sarcasmo: obtiene el uniforme por un tiempo, en cuanto se quite el disfraz, podrá verse lo que realmente es. Y entonces sí quedará solo. Pero no como Chaplin: Keaton no habrá proporcionado felicidad a raudales ni candor a espuertas, dejando al grupo bien ahíto de humanidad y buenos sentimientos.
Como Teo, personaje de la película que a una generación bien joven le introdujo en la estética de la Nouvelle Vague y el 68, como el joven Garrel del que me enamoré soñando, la elección de Keaton es una elección vital. Porque no tener que elegir es la esencia de la libertad distante, también de un inhumano individualismo (el complejo Bartleby), pero elegir puede ser un acto de amor. ¿Y qué es si no la cinefilia? ¿Y la verdadera democracia, esa comunidad inconfesable por venir? Lo dicen esos franceses, esos keatonianos.
McCunninghum 
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| 10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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pachocho
Pontevedra (España)
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Su valoración:  |
4 de Septiembre de 2005 |
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Si eres amante del ferrocarril, esta es una de esas películas que pasan a formar parte de tu vida. Hoy en día el ferrocarril ya no es lo que era; antes había que saber mucha más mecánica, y las locomotoras eran para los maquinistas lo que un hijo para una madre. La película, entre otras cosas, refleja en ciertas partes el cuidado y mimo que antaño se brindaba a estos aparatos de vapor. Insisto, si te gusta el ferrocarril, esta película es un pilar básico de las películas de ferrocarriles. Tambien es interesante, aunque más moderna, una película llamada "los apuros de un pequeño tren", de EALING STUDIOS, aunque es muy difícil de conseguir,`pero si puedes mírala, tiene un argumento fantástico.
pachocho 
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| 7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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claudia
san andres tuxtla (México)
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Su valoración:  |
19 de Julio de 2006 |
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Cuando terminé de verla, no encontraba respuesta: que tiene esa película que mantuvo a mi inquieta hija de 5 años, hora y pico sentada viéndola y disfrutándola? A ver: no tiene sonido...no tiene color... no tiene calidad técnica...no tiene efectos especiales por computadora... Entonces la sonrisa de mi pequeña me dio la respuesta:
Tiene ARTE!!!!!!
claudia 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
10 de Marzo de 2009 |
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Keaton recrea aquí las grandes novelas de aventuras norteamericanas tras la guerra civil, porque El maquinista de la general es una película de aventuras con todo el romanticismo de las novelas de amor de entonces, que siempre andaban metidas en una buena historia, ya fuera de guerra o de los truhanes que surgieron a continuación por la ribera de los grandes ríos sureños.
Keaton creó su estilo como Lloyd, Groucho y Chaplin los suyos, uno de charlatán y los otros de taimados, pero iguales de expresivos.
Después de ellos hubo actores, buenos y menos buenos, pero ya tuvieron que interpretar el papel de turno, ellos no; tenían de antemano el papel, incluso antes que la película.
fantomas 
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