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Sinopsis
Siglo XII, las Cruzadas. Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), caballero respetado por el rey de Jerusalén y comprometido con el mantenimiento de la paz en Tierra Santa, emprende la búsqueda de su hijo ilegítimo Balian (Orlando Bloom), joven herrero francés que llora la pérdida de su mujer y su hijo. Godofredo convence a su hijo para que lo acompañe en su misió... Leer sinopsis completa
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24 de Mayo de 2005
42 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ridley Scott resucitó el género pleplum con "Gladiator" y la jugada le salió redonda: no recibió críticas muy favorables pero consiguió el Oscar a la mejor película.
Fue un gran espectáculo visual pero el argumento se caía por su propio peso en los primeros veinte minutos por las licencias geográficas e históricas que se permitían los guionistas.
Ahora le toca nuevamente al cine épico y de aventuras con tintes históricos. Nuevamente el guión se permite bastantes licencias aunque esta vez no resultan tan ofensivas ni dañinas como ocurría en "Gladiator" aunque la historia tiene algunas lagunas e incoherencias que bordan el ridículo. Mención especial para ese momento “Intacto” marítimo que parece una intro de una pantalla de un videojuego y sobre todo ese herrero de pueblo que sabe latín, tiene un manual de supervivencia en el desierto y se convierte en un estratega militar capaz de hacer sombra a cualquiera diestro general.
El primer error de Ridley Scott ha sido la elección del actor principal, Orlando Bloom no es capaz de transmitir nada al espectador, sus recursos son más bien nulos que limitados y el tufillo que desprende cada vez que le vemos en un primer plano es considerable.
Por el contrario me ha convencido el resto del reparto: grandes nombre y actores. Destacan Eva Green con registros estupendos y a la altura del proyecto y un enmascarado Edward Norton que aporta más en sus breves apariciones que Orlando Bloom en toda la película.
Se agradece que la historia aborde de una manera crítica las guerras y sus móviles reales: el dinero y el poder. También me parece interesante que retrate a los templarios como lo que realmente fueron: unos asesinos. También aplaudo su mensaje a favor de la paz y el entendimiento entre católicos, judíos y musulmanes.
Lo mejor de la película es el asedio a Jerusalén que aunque contiene momentos de un patetismo supino, las catapultas con pólvora en siglo XII no tienen desperdicio, consigue mantener en vilo al espectador.
Lo peor es que no se palpa en ningún momento nada épico y la culpa vuelve a recaer sobre la nula interpretación de Orlando Bloom.
En definitiva una película con más intenciones que aciertos que de momento puedo tolerar hasta un segundo visionado, pero siempre me quedará la sensación de que Ridley Scott está mas hundido que tocado.
Maldito Bastardo  |
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26 de Diciembre de 2009
44 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Curioso caso el de Scott, que puede pasar a la historia del cine por ser, a la vez, uno de los mejores y uno de los peores directores del mundo, aunque si hubiera que juzgarle sólo por sus últimas películas, no habría duda del lado hacia el que se inclina la balanza. En «El reino de los bodrios», ese monumento al anacronismo y al cartón piedra, Scott desprecia la verosimilitud, la psicología de los personajes, la verdad histórica y se desprecia a sí mismo y al talento que alguna vez poseyó (o que generosamente le atribuimos). Lo peor no es que trasplante al siglo XII la mentalidad (idealizada) del americano medio del siglo XXI, ni que confunda la épica con la violencia: lo peor es que se ha pasado definitivamente al enemigo, esto es, a los que consideran el cine como un agradable acompañamiento a la ingesta de palomitas y al magreo en una sala oscura. No es que desprecie yo esas actividades, pero sí me gustaría que las películas tuvieran mínima entidad artística que justificara su existencia.
Para coronar el zurullo cinematográfico de Scott, ahí está Orlando Bloom. Qué majo este chico, con su barbita bien cuidada (qué estilistas los barberos del siglo XII) y su melenita al viento. A mí me gusta Bloom porque estudió en la misma escuela de actores que la puerta de mi casa. Ambos tienen la misma expresividad y los mismos recursos, a veces uno los confunde. Veo a Orlando Bloom en la gran pantalla y le digo con orgullo a mi cabra Rifiuti: «Fíjate, es igualito que nuestra puerta». Las arengas de esta película, por ejemplo, podría haberlas interpretado mi puerta, por no hablar de las escenas de amor (en las que quizá mi puerta hubiera estado menos contenida). Es cierto que Orlando Bloom tiene unos pezoncillos de los que carece la puerta, pero en todo lo demás son igualitos (además, en «El reino de los bodrios» sólo nos muestra sus pectorales una vez en una escena prescindible –en realidad, todas las escenas son prescindibles en esta película–).
Voy a hacer un book con mi puerta y se lo voy a mandar a Scott, que en una de estas me la contrata para su próxima película.
Macarrones  |
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5 de Junio de 2008
16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Año 1184; en tiempo de las Cruzadas: Balian (Bloom), hijo ilegítimo de Godofredo (Neeson), partirá hacia Tierra Santa para servir a la causa de la paz. Allí conocerá y se sentirá atraído por la princesa Sibylla (Green). Tras la muerte del rey Balduino, su hermano, se romperá el frágil equilibrio de paz con los musulmanes y estallará la guerra por la conquista de Jerusalén. Balian liderará la defensa de la ciudad y de sus habitantes.
Retorno de Ridley Scott, tras el éxito de “Gladiator”, al cine épico de gran espectáculo. Pero ni Scott es Mankiewick, ni “El reino de los cielos” es “Cleopatra”. Lejos quedan los buenos tiempos del director que nos sorprendió con “Los duelistas”, nos deslumbró con la inquietante “Alien” y nos marcó a fuego con la sublime “Blade Runner”.
Los bellísimos ojos de Eva Green…
…y poco más, es lo que nos ofrece esta superproducción que naufraga, víctima de sus propios excesos, en su intento de conjugar espectáculo con el retrato intimista de unos personajes difuminados y perdidos entre las paginas de un guión irregular, descompensado y discurso errático, que casi nunca encuentra el tono adecuado.
El cine es imagen, pero antes que imagen es palabra escrita: es GUIÓN, y el guión de “El reino de los cielos” se resiente de la abusiva utilización de la espectacularidad como fin en si misma y de un mensaje confuso, políticamente correcto, que bebe más al sol de los tiempos actuales que de los que se supone transcurre la acción del film.
El film adolece de una dirección un tanto impersonal; un esteticismo cargante; una puesta en escena demasiado condicionada al espectáculo visual; una fotografía barroca y en exceso preciosista; unos movimientos de cámara forzados y de una banda sonora efectista, de reconocibles ecos de auto plagio.
Sin embargo, no todo es negativo en “El reino de los cielos”. Destaca el trabajo de un elenco de secundarios de lujo, con Liam Nelson, Jeremy Irons y un soberbio Edward Norton; el prodigio de sensibilidad de la magistral secuencia de la muerte del rey Balduino, -con mucho la mejor del film-, y la larga, tensa e imaginativa secuencia final, de montaje trepidante y buen pulso narrativo.
Mención especial merece la labor interpretativa de la pareja protagonista: La de un inexpresivo Orlando Bloom que, sin dar la talla, paradójicamente firma su mejor interpretación hasta el momento, y la de “esa locura que atiende al nombre de Eva Green”, -en palabras de Antonio Gasset-, la autentica revelación del film, que compone una fascinante y conmovedora Sibylla. Que inunda y desborda los límites de la pantalla con la luz cegadora de sus increíblemente bellos ojos azules, en algunos de los más impactantes e inolvidables primeros planos que uno recuerda haber visto en años.
Ambicioso y parcialmente fallido ejercicio cinéfilo donde la forma se impone al fondo.
Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona, 5 de junio de 2008
Harry Lime  |
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Driver
Highway 101 pacific coast (Estados Unidos)
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24 de Febrero de 2011
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Yo no caí seducido ante Gladiator. Muchos lo saben. Y eso que considero la película en sí más que correcta y de momentos muy épicos. Su importancia en la historia del cine de aventuras, es manifiesta. No es que nada me parezca que salió mal, de hecho todo está genial en "Gladiator" de Scott. Crowe está magnífico, mola el histrionismo de un Phoenix desatado, banda sonora arriesgada, pero muy válida finalmente. Tampoco le tengo manía. Simplemente no me encandila; pero admito que el problema es mío
Sin embargo, y a pesar de que la segunda incursión en la épica de Ridley Scott es una película fallida , con todo lo que ello conlleva, cada vez me gusta más. El reino de los cielos es una grandiosa producción que se queda en menos de lo que es...de los dolares que lleva detrás. Eso es un fallo, o al menos lo debería ser. El actor Orlando Bloom no tiene hechuras de protagonista, le queda grande el traje. La película es fría, sin magia aparente, desangelada. Sin embargo, a más visionados de ella, yo particularmente me siento seducido por los pequeños detalles. Toda la falta de carisma que uno espera reencontrar en el segundo visionado, adquiere matices y encantos sencillos. El final, bien visto, incluso funciona perfectamente. Ridley Scott, en cierta estética "blue" (azul y triste), sí se le nota haciendo un buen trabajo.
Hay que mirarla con otros ojos, con otro presión sanguinea. En la mayoría de las películas épicas los protagonistas luchan por la libertad, por su vida. En esta lo hacen por el entendimiento.
Luego la estética del film, ese final tan sencillo y su sútil en intención banda sonora (magnífica), se ajustan y funcionan finalmente. Deja cada vez más poso.
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"Este es tu juramento- bofetón-. Y esto es para que lo recuerdes". También, pero mejor esta cita.
"- Venimos por esta ruta para encontrar a Balian. Defensor de Jerusalem.
- Yo soy el herrero.
- Y yo el rey de Inglaterra.
-...yo solo el herrero."
Quizás a Orlando Bloom le quedaba holgadito el personaje de Balian. Pero puede que el personaje de Balian, al final, se ciñera a Orlando Bloom...
Driver  |
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11 de Enero de 2012
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Qué tendrá esta película que se le pueden perdonar tantas cosas? Empiezo citando las que pienso son sus carencias para entrar en situación. Por ejemplo, el poco tacto a la hora de conducir determinadas subtramas que o bien carecen de importancia suficiente para llegar a interesar, o han sido elegidas como simples eslabones para redirigir con cierto desánimo el argumento central. Sus diálogos, no vacíos pero sí generalmente comunes, se permiten albergar entre sus palabras algunas perlas de muy digna mención, pero en su mayoría demuestran las carencias de un guión que no ha querido profundizar ni en una trama más labrada ni en unos personajes más carismáticos. Al parecer estas carencias se debieron a las limitaciones impuestas por los productores de la cinta (craso error, que buscaba el éxito comercial y taquillero por encima del interés en construir una obra perdurable). Después de estas líneas, alguno podrá pensar ¿para qué voy a ver esta película? La razón es simple: con todo lo citado consigue ser una de las mejores cintas épicas que podamos encontrar.
Para llegar a este punto, Ridley Scott (“Robin Hood“, 2010) centra toda su atención en unos escenarios impresionantes sobre los que se libran espectaculares batallas. Su impecable ambientación (la celestial fotografía e insuperable dirección artística acompañan un fantástico trabajo digital) nos empuja hasta dejarnos en medio de la historia protagonizada por Balian (Orlando Bloom), un joven herrero que llora en su interior el reciente fallecimiento de su esposa e hijo. Su padre (al que desconocía), un reputado caballero cruzado llamado Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), llega hasta su hogar para ofrecerle formar parte de las Cruzadas y llevarlo consigo hasta Jerusalén, lugar en el que Balian conocerá a la bella princesa Sibylla (Eva Green) y se irá ganando la reputación de hombre justo. El disfrute de todo el imperioso despliegue visual del que hacen gala la mayoría de las escenas proporciona una evasión total que hace que esta sea una de esas películas que se hacen más cortas de lo que son. No es sólo su acción, es cómo ésta se va desarrollando, los pequeños detalles, la pasión que se ve en esas secuencias, el espíritu del que uno se logra contagiar, la épica que un maestro como Ridley sabe montar con facilidad.
El mensaje de la película invita a una nueva reflexión sobre la convivencia entre todas las religiones y culturas, lamentándose de que la ceguera de muchos desemboque en millones de muertes, en la involución de los pueblos y en la creación de unas murallas invisibles que a día de hoy siguen separando civilizaciones.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Como Scott no se casa con nadie y se porta bien con todos los bandos de esta contienda, romperé una lanza a favor de la polémica diciendo que, a día de hoy, de los dos contendientes que protagonizan esta historia, la religión cristiana ha sabido adaptarse a los tiempos y ha ido evolucionando conforme a éstos, mientras que en la musulmana apenas hay diferencia respecto a algunas escenas de la cinta. La paz, la convivencia y el respeto a todas las culturas no puede ser real mientras que alguno de los bandos no ceda o se integre en la realidad que vivimos: se puede seguir siendo fiel a una creencia sin necesidad de querer imponerla o hacerla de piedra frente al paso de los años.
Si hay una palabra que pueda describir la mayoría del reparto de esta película es “cumplidor”. No hay destellos ni emoción en las interpretaciones generalizadas del elenco pero al menos todos lucen un nivel más que aceptable, el justo para poder conferir a la historia que se narra credibilidad y realismo. Orlando Bloom despacha su rol casi sin pestañear, demostrando serenidad, entrega y respeto por su personaje. La mirada de Eva Green puede hechizar a quien quiera, y su personaje es posiblemente el más profundo de la cinta. Otros como Liam Neeson, Jeremy Irons , Alexander Siddig o Ghassan Massoud suben el listón de calidad gracias a sus buenas interpretaciones, sobre las que también se apoyan los trabajos de un abominable Brendan Gleeson como Reinaldo de Châtillon o un difícilmente evaluable Edward Norton como el Rey Baldwin, resguardado tras una máscara metálica. Grata presencia de David Thewlis.
La espectacularidad no está reñida con la rigurosidad y por ello la película puede ser además un buen documento histórico, ya que en líneas generales y contrastando los hechos que reproduce, parece fiel a la Historia y es un excelente modo de acercanos a la crudeza de aquellas vivencias y al retrato de todos esos personajes inmortales (probablemente algún entendido podrá rebatir lo que digo, o incluso matarme, pero al menos en esta cinta no se encuentran patadas bestiales a los libros). Harry Gregson-Williams (“Cowboys & Aliens“, 2011) pone el broche de oro con una mágica banda sonora que adapta sus partituras en función del momento de la trama que acompaña (espléndidas las que tienen su toque árabe), resultando sus notas bellas, emocionantes y penetrantes, adjetivos con los que también se puede calificar a “El reino de los cielos” de este inspirado Ridley Scott que una vez más quiso dejar constancia de su firmeza y frescura como director. Cómo se agradece que alguien como él siga apostando por este cine tan indispensable en el séptimo arte, siempre garantizando que su mano firme dará como resultado una extraordinaria película. Y así, los defectos que describí en el primer párrafo de esta reseña quedaron enterrados allá por Tierra Santa.
Sandro Fiorito  |
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