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Para una aficionada a todo ese cine oriental de excelente calidad que nos llega de China, Japón, Corea del Sur y otros lugares, en el que se incluye ese cine dedicado a los pueblos perdidos en medio de la nada, a esa población rural que entiende poco del frenesí urbano, esta película es una propuesta como mínimo interesante. No ha pasado de ese grado, pero al menos deja con buen sabor.
Se trata de cine social de ritmo lento, sin prisas, que muestra a la gente llana y humilde de los extensos interiores de China, y que trae aromas a tradiciones atávicas.
Sin más decoración que unos paisajes abruptos e inacabables, seguimos los pasos del experimentado juez Feng, de su secretaria que está a punto de jubilarse, y de un joven juez primerizo que empieza a estrenarse en el complicado oficio de ser juez ambulante.
Las grandes distancias en un país enorme como China, y la enorme dificultad que se le plantea a la numerosísima población para acceder incluso a los servicios más básicos, conllevan la aplicación de medidas como los tribunales ambulantes. Un equipo formado generalmente por un juez y algún ayudante se aventura por zonas de difícil acceso para administrar justicia en diversos poblados y aldeas distribuidos por la intrincada geografía china.
Estos poblados tienen poco acceso al mundo exterior y viven casi aislados y sujetos a sus leyes locales y a sus costumbres cerradas e inamovibles. Leyes propias que en muchos casos contradicen o discrepan con la justicia institucionalizada, representada por el juez ambulante.
De este modo, el juez Feng año tras año se halla ante una dura tarea, porque es condenadamente difícil administrar una justicia razonable y equitativa y que sea aceptada por los lugareños. Éstos tienen sus propios conceptos erráticos de la ley, y además median conflictos y rencillas entre clanes y la desorbitada testarudez y un feroz orgullo, ya que al tratarse de aldeas pequeñas, la imagen pública es más importante y más delicada de lo que pueda parecer. Cualquier mínima disputa puede derivar en un baño de sangre si no interviene una mente lúcida y acostumbrada a lidiar con tanta obstinación.
Vamos de pueblo en pueblo, conociendo costumbres, conflictos y el modo en que se van resolviendo o no. El viaje anual del juez Feng es mucho más que un viaje de trabajo. Es un viaje existencial en el que la soledad le persigue, la amargura por lo perdido, los quebraderos de cabeza de su delicado oficio, y la lucha consigo mismo. Observamos su interacción con sus compañeros de viaje. Con su secretaria sensata y llena de fuerza interior. Con el jovencísimo juez novato, impulsivo y rebelde, recordando a Feng quizás una juventud que le duele recordar. Y con las gentes de la aldea y sus férreos códigos de honor.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Un viaje que, según creo yo, se queda a medias en cuanto a profundidad y en cuanto al tempo narrativo, el cual aporta poco y llega a pesar un poco en ocasiones. Aporta sus mensajes analíticos y nostálgicos, pero no me llega lo bastante hondo.
Tal vez lo que más me llega es esa sensación de sentirse disminuido, derrotado y cansado.
De sentir que la vida a menudo es un tránsito escarpado y lleno de problemas, que acaba conduciendo irrevocablemente hacia una soledad absoluta.
Vivoleyendo 
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