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| 22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Cuando una historia sale de las entrañas, puede ser que acabe pareciéndose a algo como “Candilejas”. Cuando una historia surge de las cosas que se quieren contar o de dramas internos que nos abaten mientras caminamos a lo mejor nos sale algo similar a lo que Charles Chaplin nos contó con “Candilejas”.
Candilejas es una línea de luces que nos alumbra lo esencial del escenario. Chaplin crea una historia formada por un guión maravilloso, lleno de enormes decepciones y muchísimo optimismo. Su guión, es una línea de luces con la que crea un autorretrato intimista. La historia está envuelta en unas actuaciones maravillosas embriagadas en una enorme banda sonora.
Chaplin nos da una lección de humanidad, y sobre todo, su gran afán de superación. De hacer lo que tu corazón quiera sin rendir cuentas a nadie y sin que los obstáculos que en muchas ocasiones nos auto-imponemos nos impidan llegar a nuestro objetivo.
El objetivo de Chaplin, siempre fue el hacernos reír, aunque particularmente, a mí casi siempre me hace llorar. Benditas las lágrimas que caen si su causa se llama Charles Chaplin.
Chagolate con churros 
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| 21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dromedario
Toledo (España)
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Su valoración:  |
2 de Diciembre de 2008 |
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Entró en el teatro observando las paredes agrietadas, las sillas plegables y el olor a viejo que desprendían las cortinas de la entrada; ocupó su asiento a regañadientes -cómo era posible que el periódico lo enviara allí para escribir sobre ese espectáculo- y extrajo del bolsillo de la chaqueta la pluma estilográfica con la que tantas críticas había firmado; abrió el cuaderno y escribió en la parte superior de la hoja: “Teatro Decadencia. Hora: 20:30. Actuación de dos viejos payasos (o dos payasos viejos). Por los rasgos de los clowns seguramente lo de siempre: humor desfasado, caídas previsibles, gags impotentes”.
Se atusó el bigote y resopló por segunda vez en la escena que daba inicio a la representación. A su izquierda un grupo de niños acompañados de sus padres reían, sin parar. Fijó su atención en el chico rubio que señalaba la cara apenada de uno de los actores y por primera vez sonrió. Decidió hacer sus primeras anotaciones en la libreta: “Coreografía correcta, payasos bailarines con adecuada compenetración, emoción mejorable. Una sonrisa, cero carcajadas”.
Al acabar la función se atusó de nuevo el bigote y frunció el ceño, se había equivocado; apuntó: “Sonrisas amargas: incontables. Carcajadas: cero”. Por la forma acelerada de los movimientos y el fascinante poder del número supo, finalmente, que aquella actuación era otra cosa, que la risa iba en otra dirección, que había presenciado algo grande y diferente, indefinible; lo primero que le vino a la mente fue magia y lo escribió: “Sin aviso apareció la magia en el escenario. Desaparecida durante tanto tiempo, hoy, ha renacido”, para posteriormente añadir: “Lágrimas evaporadas, melancolía pura y sin fisuras”; y guardó la pluma tras tachar alguno de los comentarios anteriores correspondientes al comienzo de la obra.
Mientras recogía el abrigo contempló los ojos llorosos de uno de los intérpretes; tras la vista nublada se intuía un adiós, un punto y final a un personaje, a una vida.
Adiós, y él también se despidió.
Dromedario 
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| 30 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
23 de Diciembre de 2008 |
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El arquetipo o ideal de Candilejas se encuentra entre las páginas de un cómic: Watchmen, cuyo guión es de Alan Moore. Basta con cambiar el nombre del payaso y...
Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde:
- El tratamiento es sencillo. El gran payaso Charles Chaplin actúa por la noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso le animará.
El hombre se echa a llorar y dice:
- Pero, doctor... yo soy Chaplin.
===
Una escena: El dúo final con Buster Keaton
Una frase: "El hambre no tiene conciencia"
Una pega: De todos los estilos teatrales, ¿por qué escoger el melodrama?
Una reflexión: La vida es infinitamente más dura con los cómicos gastados que el director de Candilejas (Charles Chaplin) con Calvero (Charles Chaplin). La complacencia de la cámara con el personaje principal y las miradas arrobadas de Claire Bloom ofrecen un autorretrato maquillado de Calvero. Y eso es trampa. Sobre todo si, como repite el comediante en varias ocasiones, lo que se desea es la verdad.
Servadac 
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| 22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Robert Kincaid
Samarqand (Uzbekistan)
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Su valoración:  |
2 de Diciembre de 2008 |
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“El público, esa muchedumbre, ese monstruo sin cabeza.”
Una desmemoriada sociedad estadounidense recibió con frialdad la última obra chaplinesca por aquellas tierras. Una oda a la vida de uno de los mayores genios del cine. Cada pincelada de la obra del cineasta tiene cabida en esta nostálgica visión sobre el crepúsculo de un artista, que en tiempos fue venerado como el que más, pero que en la actualidad no es más que una sombra, un nombre.
Es cierto que no vemos a un personaje, vemos a Chaplin, y por momentos a Charlotte. ¿pero quién es capaz de discernir cuál es realidad y cual ficción…?
Charles Chaplin es único en crear una felicidad desde el inicio hasta el fin. Un sentimiento universal. Hasta en una drama tan mayúsculo como este no pude dejar de sonreír. Porque tiene ese don, el don de transmitir esa felicidad, incluso aunque no quieras ser partícipe de ella.
Te invita a vivir.
Robert Kincaid 
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| 17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
2 de Marzo de 2011 |
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Cuando un cineasta tiene en su haber peliculones como “Luces de la ciudad”, “Tiempos modernos” o “El gran dictador” no debería extrañarnos ni un pelo que la crítica se empecine, irremisiblemente, en adjudicarle alguna que otra obra menor. Y más teniendo en cuenta que monstruos de la talla de Ford, Hitchcock o Wilder, por ejemplo, tienen —de ésas— más de una, de dos… y de tres, incluso.
La cuestión, sin embargo, es que a mi —personalmente— no me parece que “Candilejas” tenga nada de obra menor. En absoluto. Y no porque me considere un chapliniano experto, precisamente. “Candilejas” no es una obra menor porque de menor no tiene nada. Así de sencillo. Empezando por su propia estructura narrativa (dura más de dos horas y la ves en un plis), continuando por su propio trasfondo metafórico (la más triste y hermosa oda al fracaso que he visto en mi vida) y acabando por su propio contingente íntimo y personal. Como dicen por ahí: Chaplin visto por el propio Chaplin. Más puro, auténtico y genuino, imposible.
La separa del diez, eso sí, cierta obsesión por subrayar o remarcar mediante los diálogos (excelentes, por cierto) una serie de ideas sobre el mundo del espectáculo que el propio personaje interpretado por Chaplin, Calvero, nos transmite paralelamente a través de sus propios gestos y, sobre todo, de sus propias miradas. Algo que, sin lugar a dudas, me parece redundante y paradójico tratándose, precisamente, de Chaplin. Su tan cacareado sentimentalismo, en cambio, no me molesta para nada. Todo lo contrario. Quizás porque, en el fondo, soy un sentimental.
Taylor 
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