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| 26 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2008 |
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Gran film de cine negro, una de las realizaciones más acreditadas de Orson Welles. Éste interviene como director, guionista y actor. El guión se basa en la novela "Badge of Devil" (1956), de Whit Masterson. Se rueda en exteriores de Venice (LA) y en los platós de Universal Studios (Universal City, CA), con un presupuesto de serie B. Producido por Albert Zugsmith para Universal, se estrena el 23-IV-1958 (LA).
La acción dramática tiene lugar en Los Robles, pequeña localidad fronteriza situada a caballo entre Méjico y EEUU, en 1957, a lo largo de un par de días. El inspector de la policía mejicana Ramón Miguel Vargas (Heston) llega al lugar con su mujer Susan (Leigh) en viaje de luna de miel. Poco después se produce en la zona estadounidense una explosión de un automóvil, que cuesta la vida a dos personas. Se hace cargo de la investigación el inspector americano Hank Quinlan (Welles), asistido de su ayudante Pete Menzies (Calleia). Vargas, mejicano, es joven, honesto, riguroso y respetuoso con la ley. Quinlan, de unos 55 años, es obeso, amargado, vanidoso, despótico y carece de escrúpulos. Basa su trabajo en el olfato de sabueso que le asiste, sin reparar en artimañas. Susan, americana, es coqueta, ingenua, inexperta y frágil.
El film es una obra clásica de cine negro. Supone el retorno de Welles a Hollywood, a instancias de Charlton Heston, tras algo más de 8 años de ausencia del país. Ésta fue la última realización del autor en EEUU. La Universal modificó su trabajo introduciendo algunas grabaciones nuevas, cortes y cambios de montaje, que provocaron el rechazo del autor, razonado y fundamentado en un detallado informe escrito. Con motivo de la restauración del film en 1998 y gracias a los archivos de la productora, se pudieron introducir casi todas las modificaciones sugeridas por Welles en su informe (15 en total).
El relato presenta un mundo inquietante y tenebroso, poblado de personajes siniestros, malvados y crueles, movidos por la vanidad, la ambición y la crueldad. La atmósfera que se crea es densa, angustiosa y perversa. Los Robles deviene símbolo de un mundo dominado por el caos, la corrupción y el desgobierno, en el que se confunden el bien y el mal, porque se han perdido las referencias. La venganza, el odio, el chantaje, el secuestro de personas, la violación y el asesinato se han adueñado de la ciudad. En este escenario se entabla entre Quinlan y Vargas una lucha feroz y sin cuartel, que ejemplifica el enfrentamiento entre el bien y el mal. Welles encarna la figura de un servidor público deshonesto, brutal y diabólico. A través de él y de sus colaboradores palpita en el ambiente la presencia del mal y de su poder destructivo. De su mano la verdad se transforma en una ficción, la justicia en un capricho, el orden en el imperio del más fuerte, la honestidad en la aspiración de los proscritos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La fuerza de la narración principal se ve potenciada por el desarrollo de las terroríficas peripecias que en paralelo vive Susan, víctima de maquinaciones terribles. La obra plantea diversas cuestiones de interés, como el abuso de poder por parte de la policía, la impunidad de sus actuaciones delictivas, la falsa percepción por parte de algunos de que la ley no basta para garantizar la justicia, la creencia de que la defensa de la justicia puede basarse en el uso de medidas injustas, ilegales y criminales, el fracaso del hombre poderoso, la posibilidad del arrepentimiento y la improcedencia de los prejuicios étnicos. Son particularmente impresionantes las escenas del arrepentimiento del policía corrupto, del secuestro de la chica, del asesinato del colaborador de la policía, de la explosión del automóvil de Linneker, de las sabias respuestas de la pitonisa y la final.
La música, de Henry Mancini, suma composiciones latinas, rock, jazz, mixtas (jazz y percusión latina) y las melodías de la pianola. La partitura se divide en 19 cortes, de los que sobresalen "Tania's Theme", "Blue Pianola", The Chase" y "Main Tittle". La fotografía, de Russell Metty ("Espartaco"), en B/N, construye angulaciones inverosímiles, hace uso de movimientos vertiginosos de cámara, muestra perspectivas extremas, proyecta sombras inquietantes y contrasta el claroscuro. Combina planos torcidos, oblicuos, picados y contrapicados. Ofrece travellings largos, encuadres de gran complejidad, una inusual profundidad de campo y planos secuencia tan emotivos como el inicial. Las imágenes resaltan la excentricidad de los personajes y la atmósfera opresiva del film. Gran interpretación de Welles, de los protagonistas y del conjunto del reparto. Destacable intervención de Dietrich como pitonisa de oscuro pasado y de Mercedes McCambridge ("Johnny Guitar") como líder de la banda juvenil del mafioso Joe Grandi. Film memorable.
Miquel 
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
14 de Septiembre de 2010 |
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Jamás de los jamases se me ocurriría renegar de mi cercanísima vinculación con el proletariado cinéfilo ni de mi insobornable predilección por ese cine de género tan convencional y eficiente que tantas y tantas horas me ha mantenido absorto delante de una pequeña o gran pantalla. Pero, de vez en cuando, también me apetece ver CINE. Cine de verdad. En mayúsculas. Y ello implica que, esporádicamente, esa denodada apuesta por el cine de entretenimiento pierda fuelle en pos de, digámosle, cierta avidez. Una avidez estética, reflexiva, sinergética... Artística, vamos. A mi me gusta llamarla sed. Sed de cine.
Así pues, cada vez que me noto sediento de cine suelo hacer dos cosas. O bien opto por echar mano de alguna de esas “1001 películas que hay que ver antes de morir” (*) o bien voy a tiro hecho y reviso alguno de esos peliculones que vi hace tropecientos mil años y cuyo nostálgico y brumoso recuerdo exige de inmediato una nueva oportunidad. Ese fue el caso de “Sed de mal”. Una peli que no había vuelto a ver desde mediados de los ochenta y que me apetecía mogollón revisar de nuevo.
Como podréis deducir, mi elección no pudo ser más acertada. Y no sólo porque me gustó más que la vez anterior sino porque, sencillamente, aluciné. Aluciné con ese arranque estelar. Con ese pletórico y portentoso despliegue de talento narrativo y visual. Picados, contrapicados, travellings, planos-secuencia, primeros planos, luces, sombras, humo, papeles revoloteando… Dios bendito… ¡Ni un puto mal plano! Aluciné y comprendí que el argumento para Welles -como también para Hitchcock, Kubrick o Leone- no dejaba de ser un mero pretexto para plasmar en el celuloide sus más íntimas y profundas obsesiones. En el caso de “Touch of evil”, la siniestra y ambigua frontera entre el bien y el mal. Un contexto físico y abstracto a la vez que Welles nos describe a través de una atmósfera lúgubre, destartalada y putrefacta. Pero también a través de un memorable ‘face to face’ entre Vargas (Heston) y Quinlan (Welles). Sin lugar a dudas, el detective más grotesco y abyecto del cine clásico americano.
(*) Steven Jay Schneider. Ed. Grijalbo. 10ª Edición, actualizada. Enero de 2010.
Taylor 
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| 39 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
28 de Noviembre de 2005 |
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Notable film del genio llamado Orson Welles. Buen comienzo con el espectacular plano secuencia que nos brinda. El aspecto técnico es una constante en Sed de mal; contrapicados, travellings y mucho movimiento para un film rodado en interiores durante su mayor parte.
Quinlan es, posiblemente, uno de los polis más desagradables que haya protagonizado nunca una película. Independientemente del aspecto técnico antes mencionado, para mí el mayor logro del film es la interpretación de Orson Welles. Un policía tan obeso, desagradable, prepotente y malvado no se ha visto jamás de esta manera en una pantalla de cine. Es la virtud principal de Sed de mal.
Charlton Heston aunque no sea mejicano convence en su papel y Marlene Dietrich aunque breve en sus apariciones sigue siendo una de las actrices más bellas que han existido jamás. Recomendable.
Txarly 
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| 24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Max
Asturias (España)
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Su valoración:  |
11 de Octubre de 2007 |
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Los años no pasan por esta brillante película que resulta mucho más moderna y transgresora que la mitad de películas que desfilan por nuestras pantallas en la actualidad. Ya desde un comienzo, con ese conocido y deslumbrante plano secuencia que abre la película nos damos cuenta de que estamos ante un verdadero ejercicio de estilo por parte de uno de los directores tecnicamente más dotados de la historia. Welles deleita al espectador con milimétricos, planos imposibles, contrapicados y más contrapicados, travelings interminables y así un continuo derroche de genialidad. Pero no solo se conforma con dar una clase magistral en la realización si no que se reserva para sí el mejor papel de la película, el del policía corrupto Hank Quinlan, un personaje tremendamente despreciable como repugnantemente entrañable. A todo esto añadir la soberbia ambientación que envuelve todo el film y con la que nos mete desde el primer minuto en esa oscura y peligrosa ciudad fronteriza. La cinta tiene una sublime puesta en escena y la excelente composición de un Henry Mancini en estado de gracia. Sed de Mal es una de las grandes obras de la filmografía de un genio tan peculiar como Orson Welles, una razón más para amar el cine y una de las películas que más lo dignifican como arte.
Max 
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| 20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gilbert
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
30 de Agosto de 2009 |
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"Touch of evil" no es una película redonda, pero demonios tal vez sea la más genial de Orson Welles. Vale que la historia no es nada del otro mundo, pero deja poso, vaya que si deja.
Desde luego, cuando Welles logra volcar su genio egotista en la obra se sale. Parece que aquí quiere rizar el rizo de su Harry Lime, de la película "The third man" de Carol Reed, del aprendió algo, porque aunque la mitología cuenta que fue Welles el secreto director, no es cierto, Reed también tenía talento. Esta película es prima hermana, y deudora, de aquella. Si Harry Lime era un ser despreciable por el que sentíamos simpatía, este Hank Quinlan es asqueroso, racista, tramposo y da mucho repelús. Y aún así logra Welles su propósito. Sin duda ayuda reconvertir la cítara en una pianola, y un par de deslumbrantes apariciones de Marlene Dietrich en estado de gracia.
Es curioso y paradójico como Orson Welles con su gran ego ha compuesto alguno de los mejores personajes secundarios del cine. Tal vez porque es el mejor actor entre los directores que dieron el salto al primer plano.
Gilbert 
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