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Críticas de "Sed de mal"
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| 18 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Para comenzar, un arriesgado travelling (el más famoso, seguramente, junto al de las trincheras de Kubrick), a ritmo de jazz y con su propia "presentación, nudo y desenlace" (primer plano de la bomba, grúa, beso y explosión).
Por medio, un poquito de todo: drogas, puñetazos, caracterizaciones legendarias, tecnología, corrupción, secuestro, secundarios de lujo... y el ojo de Welles mirando con libertad, algo no habitual, y desde luego, sí de agradecer, porque tenía la mirada retorcida, y eso nunca agradó a los magnates de la industria.
Y Charlton Heston, el motivo de colgar esta opinión hoy, un actor que me fue gustando más conforme más películas vi de él; al principio no era santo de mi devoción, es verdad, por su continuo gesto de trascendencia, pero que tras verle interpretar a personajes precisamente trascendentes (El Cid, Ben-Hur, George Taylor...) terminé aceptando con agrado.
Y para concluir, pues esa famosísima frase lapidaria.
Sines Crupulos 
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| 17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
14 de Junio de 2006 |
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O cómo convertir una película de género en un magnífico ejercicio de estilo. Desde la celebérrima y virtuosísima primera secuencia queda patente lo que se va a presenciar: una auténtica apoteosis del estilo barroco e hipertrofiado de Orson Welles. Grúas, picados y contrapicados; encuadres y puntos de vista que deforman la realidad; ritmo trepidante, movimiento continuo... y esa galería de monstruos que pululan por el universo fronterizo de la película, añadiendo más oscuridad, si cabe, a la ya de por sí tenebrosa atmósfera que lo impregna todo. En realidad, poco importa la inverosimilitud del guión, o lo absurdo de las situaciones y los personajes, porque lo esencial es el ambiente retratado, que emana, fundamentalmente, de un inmenso Welles en el papel de Hank Quinlan. El detective tiene tal potencia, que se merienda la película de cabo a rabo -muy bien acompañado, eso sí, por la música de Mancini. Es inevitable pensar en lo que podría haber llegado a realizar Orson Welles si alguien le hubiera enseñado a frenar ese permanente afán de lucimiento propio. Un talento descomunal, incuestionable. A la altura de su ego.
Servadac 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Entrañable
El Maycar (España)
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Su valoración:  |
25 de Febrero de 2008 |
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Orson Welles, un genio maltratado e incomprendido en su momento que solo tuvo a su alcance en una ocasión la maravillosa combinación libertad + dinero (y claro, le salió "Ciudadano Kane" con... ¡¡¡26 años!!!).
En esta película da una clase magistral de realización. La fotografía, los encuadres, la puesta en escena... simplemente perfectos. Y punto.
En cuanto al montaje, tuve la suerte de ver la versión de 1998 montada según los deseos del propio Welles, no puedo comparar con el original porque no lo he visto (aunque dicen que le destrozaron la peli).
En la primera hora de película el ritmo es sensacional, y a lo largo de toda la obra el estilo visual es genial. La actuación de Welles, de lo mejorcito.
Puntos flacos de la película: Heston no está muy creible como policía mejicano, y cuanda habla castellano rechina bastante. Tampoco me gustó el actor que interpreta al portero del motel, demuestra que no es "tan fácil" interpretar un personaje perturbado mentalmente. Además, en mi opinión la trama pierde algo de interés, tensión y ritmo a partir de que se cumpla la primera hora, y el personaje de Dietrich no está muy bien desarrollado.
Muy recomendable sobre todo por ver como se debe hacer una buena puesta en escena.
Lo mejor: Welles, como actor un 9 y como director un... 25.
Lo peor: Los diálogos en castellano de Heston.
Entrañable 
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
18 de Julio de 2006 |
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"Un buen detective, un pésimo policía".
Casi con estas palabras termina esta maravillosa cinta del gran maestro de la cámara, el inigualable Orson Welles. Con ellas, uno tiene la sensación de haber sido "maravillosamente engañado" por esta libre adaptación de una obra menor como es el "Badge of Evil" de Whit Masterton que Welles dirigió por expreso deseo y exigencia del reputado Heston a la Universal.
Más que la historia en sí, esta cinta destaca sobremanera por los inigualables movimientos de cámara, como el plano secuencia del inicio de tres minutos de duración y a través de una grua fija, donde se pone al espectador en antecedentes de esta oscura trama fotografiada en blanco y negro y de manera magistral por Russell Metty y con la inestimable colaboración de Henry Mancini fusionando ritmos latinos, jazzísticos y rockanroleros.
Todas estas loas artística, habituales por otra parte en la filmografía de este genio no son obstáculo alguno para presenciar una cinta grande en toda su magnitud.
Si a todo ello unimos las espléndidas actuaciones de Heston, Janet leigh, Marlene Dietrich, Joseph Calleia y sobre todo del propio Welles en su inolvidable personaje de Hank Quinlan nos encontramos con una fantástica cinta de cine negro y melodrama, de la mano del cineasta más innovador en toda la historia del cine.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En el famosísimo plano secuencia iniciático , Welles utiliza la grúa fija para enfatizar los momentos de tensión. Nos encontramos en la frontera de México y EEUU.
En territorio mexicano, alguien ha puesto una bomba en el interior de un descapotable en el que van dentro Rudy Linnekar, el cacique contrabandista del pueblo de la parte americana de la frontera, y una amante bailarina de strip-tease de Cabaret.
En un momento de dicho plano secuencia, el descapotable coincide con una pareja, que a pie, también hace cola en la aduana. Que el coche va a estallar es seguro, pero el espectador siente cierta congoja de que el coche estalle en la multitud que se agolpa a las colas de la aduana.
La pareja está formada por Miguel Vargas (interpretado correctamente por Heston), un afamado policía de narcóticos mexicano y su reciente esposa americana Susan y deciden cruzar la frontera a la parte americana para asistir a una fiesta de policía de narcóticos y agentes de hacienda y empezar su luna de miel.
Pero cuando el coche estalla en la parte americana, entra en acción un orondo y mastodóntico detective Hank Quinlan, un policía dedicado 30 años a ese "sucio oficio", y sin otra recompensa que una existencia sombria y más tras la muerte de su esposa a manos de un mestizo, degollada con cinta de envalar.
Sus indisimulados gestos racistas harán sospechar a Vargas de la irrazonable y torticera acusación de Quinlan a un vendedor de zapatos y ex trabajador de una fábrica del reciente difunto, amante de la hija de éste.
Sus métodos son fascistas, aunque se basen en las punzonadas en una pierna lisiada a modo de esclarecedoras intuiciones reveladoras.
Quinlan cuenta en principio con la ayuda de Menzies (Calleia), y del fiscal Schwartz, así también como con la ayuda de Tanya (enigmática como siempre Dietrich), una gitana regente de un negocio de "lectura del futuro". Quinlan se refugia en su tugurio entre cajas de whisky y el incesante sonido de una pianola a medio ritmo cuando las cosas van mal.
"...¿Futuro?, ¿qué futuro? en la vida de Hank Quinlan no hay futuro. Se ha acabado".
En la trepidante escena final; Tanya y Schwartz entablan la siguiente conversación esclarecedora;
Schwartz: "..¿qué tipo de hompre era Quinlan?
Tania: "...Era ese tipo de hombre; un buen detective"
Scwhwartz: "...y un pésimo policía..."
burton 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2008 |
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Gran film de cine negro, una de las realizaciones más acreditadas de Orson Welles. Éste interviene como director, guionista y actor. El guión se basa en la novela "Badge of Devil" (1956), de Whit Masterson. Se rueda en exteriores de Venice (LA) y en los platós de Universal Studios (Universal City, CA), con un presupuesto de serie B. Producido por Albert Zugsmith para Universal, se estrena el 23-IV-1958 (LA).
La acción dramática tiene lugar en Los Robles, pequeña localidad fronteriza situada a caballo entre Méjico y EEUU, en 1957, a lo largo de un par de días. El inspector de la policía mejicana Ramón Miguel Vargas (Heston) llega al lugar con su mujer Susan (Leigh) en viaje de luna de miel. Poco después se produce en la zona estadounidense una explosión de un automóvil, que cuesta la vida a dos personas. Se hace cargo de la investigación el inspector americano Hank Quinlan (Welles), asistido de su ayudante Pete Menzies (Calleia). Vargas, mejicano, es joven, honesto, riguroso y respetuoso con la ley. Quinlan, de unos 55 años, es obeso, amargado, vanidoso, despótico y carece de escrúpulos. Basa su trabajo en el olfato de sabueso que le asiste, sin reparar en artimañas. Susan, americana, es coqueta, ingenua, inexperta y frágil.
El film es una obra clásica de cine negro. Supone el retorno de Welles a Hollywood, a instancias de Charlton Heston, tras algo más de 8 años de ausencia del país. Ésta fue la última realización del autor en EEUU. La Universal modificó su trabajo introduciendo algunas grabaciones nuevas, cortes y cambios de montaje, que provocaron el rechazo del autor, razonado y fundamentado en un detallado informe escrito. Con motivo de la restauración del film en 1998 y gracias a los archivos de la productora, se pudieron introducir casi todas las modificaciones sugeridas por Welles en su informe (15 en total).
El relato presenta un mundo inquietante y tenebroso, poblado de personajes siniestros, malvados y crueles, movidos por la vanidad, la ambición y la crueldad. La atmósfera que se crea es densa, angustiosa y perversa. Los Robles deviene símbolo de un mundo dominado por el caos, la corrupción y el desgobierno, en el que se confunden el bien y el mal, porque se han perdido las referencias. La venganza, el odio, el chantaje, el secuestro de personas, la violación y el asesinato se han adueñado de la ciudad. En este escenario se entabla entre Quinlan y Vargas una lucha feroz y sin cuartel, que ejemplifica el enfrentamiento entre el bien y el mal. Welles encarna la figura de un servidor público deshonesto, brutal y diabólico. A través de él y de sus colaboradores palpita en el ambiente la presencia del mal y de su poder destructivo. De su mano la verdad se transforma en una ficción, la justicia en un capricho, el orden en el imperio del más fuerte, la honestidad en la aspiración de los proscritos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La fuerza de la narración principal se ve potenciada por el desarrollo de las terroríficas peripecias que en paralelo vive Susan, víctima de maquinaciones terribles. La obra plantea diversas cuestiones de interés, como el abuso de poder por parte de la policía, la impunidad de sus actuaciones delictivas, la falsa percepción por parte de algunos de que la ley no basta para garantizar la justicia, la creencia de que la defensa de la justicia puede basarse en el uso de medidas injustas, ilegales y criminales, el fracaso del hombre poderoso, la posibilidad del arrepentimiento y la improcedencia de los prejuicios étnicos. Son particularmente impresionantes las escenas del arrepentimiento del policía corrupto, del secuestro de la chica, del asesinato del colaborador de la policía, de la explosión del automóvil de Linneker, de las sabias respuestas de la pitonisa y la final.
La música, de Henry Mancini, suma composiciones latinas, rock, jazz, mixtas (jazz y percusión latina) y las melodías de la pianola. La partitura se divide en 19 cortes, de los que sobresalen "Tania's Theme", "Blue Pianola", The Chase" y "Main Tittle". La fotografía, de Russell Metty ("Espartaco"), en B/N, construye angulaciones inverosímiles, hace uso de movimientos vertiginosos de cámara, muestra perspectivas extremas, proyecta sombras inquietantes y contrasta el claroscuro. Combina planos torcidos, oblicuos, picados y contrapicados. Ofrece travellings largos, encuadres de gran complejidad, una inusual profundidad de campo y planos secuencia tan emotivos como el inicial. Las imágenes resaltan la excentricidad de los personajes y la atmósfera opresiva del film. Gran interpretación de Welles, de los protagonistas y del conjunto del reparto. Destacable intervención de Dietrich como pitonisa de oscuro pasado y de Mercedes McCambridge ("Johnny Guitar") como líder de la banda juvenil del mafioso Joe Grandi. Film memorable.
Miquel 
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