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| 26 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
16 de Febrero de 2011 |
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1) Buñuel volvió a España para rodar (se lo facilitó una coalición entre Bardem y Portabella con el mexicano Alatriste) y sus fetichismos se empataron con las raíces. El mundo íntimo y la antropología local se correspondían. Lloraba al pisar las calles de sus andanzas estudiantiles. Dormía en el suelo de un apartamento en el piso 17 de la Torre de Madrid y tiraba aviones de papel a la Plaza de España.
El presupuesto, 5 millones de pesetas, era exiguo, sobre todo en comparación con los 480 de “King of Kings”, también rodada en España, pero le sacó partido porque dejó varias secuencias únicas.
Por primera vez trabajó con Fernando Rey, que se convirtió en su ‘alter ego’ para varios títulos franceses posteriores. Silvia Pinal era la novia de Alatriste. Algunos mendigos eran auténticos, como “El Leproso”. La ropa la consiguieron cambiándosela por nueva a indigentes verdaderos.
El rodaje se convirtió en peregrinaje de intelectuales. Pese a la furiosa incomprensión de los exiliados en México, por primera vez un artista republicano importante rompía el cerco y regresaba a trabajar a la península. Y todo fluía sobre el sustrato vivo de Galdós, Valle, Goya y Solana, con actores ibéricos. Hasta la censura colaboraba, al corregir un final muy directo y cambiarlo por una insinuante partidita trilateral.
2) Buñuel, conocedor de sus mecanismos creativos, era capaz de dar cuenta de cómo gestó sus películas, casi siempre a partir de una imagen, de una de sus persistentes fantasías. De adolescente estaba enamorado de la reina Victoria Eugenia e imaginaba colarse en Palacio y servirse de un narcótico para poseerla. Se cambió por un viejo hidalgo traumatizado por la muerte de su esposa en la noche de bodas, y a la reina por una virginal novicia. Los mendigos vendrían después, para que Viridiana intentase poner en práctica con “sus” pobres el ideal caritativo.
Viridiana era el nombre de una santa medieval francesa de la que Buñuel había oído hablar en el colegio zaragozano.
3) Con dos claras mitades, iniciadas ambas por el plano de unos pies infantiles saltando a la comba, el tema resultante es el anacronismo de la inocencia; con cierto toque sadeano, la virtud es arrollada, ultrajada: en la primera parte por el retorcido don Jaime, en la segunda por el machismo incontinente del hijo (Rabal) y por los troglodíticos mendigos.
[Sigue en el spoiler por falta de sitio. Disculpen la extensión, pero don Luis es mucho don Luis]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: 4) El mayor impacto lo causó, con razón, la cena pantagruélica y orgiástica de los mugrientos pordioseros hablando en sainete y bailando beodos al son del Aleluya haendeliano entre risas desdentadas. Pero es también enorme el montaje que alterna el ‘ángelus’ en la huerta con los ruidosos avances de las obras, presentados con brusquedad, en contraste con la mística quietud de la oración. Como de costumbre, Buñuel se despacha contra la técnica y su empuje inexorable, personificado por Rabal y su grosera modernidad acosadora, contra la que escasa resistencia pueden ofrecer Viridiana y su ilusorio programa compasivo y regenerador.
Buñuel no idealiza a los mendigos ni pretende ser comprensivo. Escéptico ante posibles redenciones, los muestra en su cruda zafiedad, taimados y míseros. Lo dice de otro modo en la escena de Canelo, el perro atado al carro y liberado en esfuerzo inútil.
Sigue usando los animales para insertar metáforas: la abeja rescatada del agua, la paloma desplumada, el gato que cae sobre su presa…
Y sigue por supuesto con los personales fetichismos (sobre todo los pies) que cargan la cinta de tórrida electricidad, un erotismo apenas subliminal: las piernas despojadas despacio de sus medias, la ubre que la novicia casi agarra para ordeñarla, el colgante mango de la comba… Pero los pies aparecen constantemente: muchos personajes son presentados a partir de sus pies, incluso el ahorcado. Pies que cuelgan, que saltan, caminan, calzan alpargatas, sandalias, botas, son lavados, visten zapato de mujer siendo masculinos. Junto con las frecuentes cuerdas, dan a la narración un sabio y sólido ritmo.
5) “Viridiana” se presentó en Cannes con pabellón español y ganó la Palma de Oro. Un funcionario franquista recogió ufano el galardón. Todo el mundo sacaba pecho hasta que el vaticano “L’Osservatore Romano” encontró blasfema la obra y montó descomunal escandalera. Aunque el propio Franco, tras verla dos veces en El Pardo, no halló nada excesivo en lo que le pareció una baturrada, el funcionario fue defenestrado. Más allá de prohibirse la película, se decretó inexistente y se destruyeron sus copias. Un hijo de Buñuel logró pasar a Francia unos rollos en la furgoneta de unos toreros, y de allí llegaron a México, desde donde Alatriste distribuyó con éxito el film al mundo.
Igual que toda la obra mexicana de Buñuel, “Viridiana” no se exhibió oficialmente en España hasta pasados unos años de la muerte del dictador.
Archilupo 
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
11 de Abril de 2009 |
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Las imágenes de esta premiadísima película nos llevan a un mundo de obsesiones, fetichismos y fijaciones psicoanalíticas. Detalles de universo de fantasía infantil e iconografía personal. El efecto es inmediato. La imagen del subconsciente buñueliano esboza mendigos, perros, campos enquistados en el tiempo y objetos de obvia simbología (cuerdas, crucifijos, navajas…). Esa simbología recadera, pretendidamente corrosiva, suele parecerme en el aragonés un hallazgo resultón, pero de valor creativo cuestionable en ocasiones (borregos entrando en capillas y sutilezas por el estilo).
Pero esas imágenes tienen valor no tanto por su ingenio sino por su condición de broma, de declaración de cineasta coñón, incisivo y mala baba. De Quevedo y Valle- Inclán. Nos brinda, a su vez, humor de picaresca ancestral y reminiscencias surrealistas –rasgos que brotan de la memoria engastándose irracionales en el metraje; sin perder su efecto por mucho guión que adapte esas corrientes instintivas a la lógica del relato-.
Señalaría como curiosa, así, la forma de Don Luis de ofrecer su enrevesada y propia colección de planos y, pese a la enraizada particularidad de ese mundo íntimo, dar una visión que coincida exactamente con lo que nos llega de la España de la época. Sentimos la represión de los instintos, la gazmoñería de la caridad inútil, la hipocresía de la religión… Pero lo sentimos sin discurso, sin alegoría presuntuosa, sino a través del olor a patria ermitaña de pantorrillas polvorientas, faldas deshilachadas y embarazos de bancal, sobre unas zarzas. España como refugio de abejas y perros. España de los 60 también; pragmática, sexual, con su pujanza de paleta modernidad. España de tute y rock n´ roll que llegaba con fuerza, abandonando en el suicidio a los propietarios de pueblos de cal blanca castellana.
Compendio de época y universo íntimo, extraña miscelánea de contexto y obsesión. Observación interpretada, liberación de lo visible en lo invisible. País a través del cedazo caleidoscópico de la memoria.
Bloomsday 
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| 23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
15 de Enero de 2007 |
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Fue un fenómeno y un hito en el cine español, pasando incomprensiblemente por encima de la inepta censura dada su fuerte carga crítica, presentada a Cannes ganando la Palma de oro, tras lo cual se inició el escándalo y quedó prohibida, no pudiéndose estrenar aquí nada menos que hasta 1977.
Es posiblemente la cumbre del gran artista que fue Buñuel, lo que supone altísimas cotas de calidad, una obra que llega al fondo y lo destroza con su malévolo humor, poniendo en solfa de manera corrosiva la beatería cristiana, junto a sus supuestos valores como la virtud, la caridad o la pureza. Viridiana es un ser insensatamente puro y no hay nada más frágil que esto, ya que resulta presa fácil de la maldad humana.
Está filmada con ese perfeccionismo técnico que alcanzó el maestro con los años y es al mismo tiempo una de sus obra más retorcidas pero también accesible, con secuencias que aún impactan, como esos rezos que se intercalan con imágenes de los obreros trabajando a destajo que parecen ir empujando y enterrando la fe, la afamada foto en la mesa dispuestos los mendigos a la manera de La última cena o el simbólico final que pasó desapercibido al franquismo pese a esconder más bien poco la evidencia de su transgresor erotismo.
El cine de Buñuel es imperecedero y Viridiana aún no ha sido desbancada como la gran obra maestra de nuestro cine.
Curiosamente su origen fue una invitación a Buñuel de Franco para un proyecto en España (deseoso seguramente de mejorar su imagen en el exterior) y él, combativo e imbatible, decidió hacer ésta película. Genio y figura.
Ennis 
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| 19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Buñuel en su plenitud creadora. Cómo le gustaba provocar y escandalizar a los mojigatos al viejo Don Luis y claro, acá se dió el gustazo de dar rienda suelta a todos los temas que lo obsesionaban y no dejó títere con cabeza. Siempre pegando palazos a la Iglesia, a la institución matrimonial, al clero y el colmo de la provocación, exponiendo que los pobres son pobres y por algo és. Había que tener cojones para mostrar tanto hace 48 años y sín que le tiemble el pulso. Esto sí que era pura transgresión. La historia de un viejo perverso y muy rico, que se enloquece por su hermosa sobrina monjita (estupenda Silvia Pinal) sirve como catalizador para tirar mierda a toda la sociedad. Obra maestra de todos los tiempos y una de las mejores películas de Buñuel, cada vez que la veo siento cómo se lo extraña a Don Luis. Pasarán los años y seguirá sin ser superada. IMPRESCINDIBLE.
Miss_Clonazepan 
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| 17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LeonNewman
Leon (España)
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Su valoración:  |
25 de Febrero de 2008 |
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Le pasaba a Buñuel lo mismo que a Fellini: cuando hacían películas para sí mismos (simbólicas, herméticas, indescifrables) era mejor pasar de ellos. Se pongan como se pongan los puretas, OCHO Y MEDIO o EL ÁNGEL EXTERMINADOR son películas poco digeribles. Pero cuando hacían películas para los demás (concretas, abiertas, inteligibles) a veces les salían obras maestras como esta de Buñuel, VIRIDIANA, o como aquella de Fellini, LAS NOCHES DE CABIRIA.
La escena de los dos perros atados al carro es una de mis preferidas de siempre. La inutilidad de la compasión, lo baldío de intentar corregir al ser humano... Espléndido Paco Rabal y estimulante (por bella y enigmática) Silvia Pinal.
LeonNewman 
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