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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Redrum
Temuco (Chile)
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Su valoración:  |
13 de Enero de 2010 |
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Imprescindible para todos aquellos amantes del cine de género negro. En lo personal “Sed de mal”, después de “Citizen Kane” (1941) es la mejor obra del mítico director Orson Welles. Al comienzo de la cinta el propio Welles ruega de ante mano a los productores, que respeten los cambios y modificaciones hechas al filme después de muchas horas de duro trabajo por parte del director de “El cuarto mandamiento” (1942) ya que al parecer la cinta original sufrió varios cortes y permaneció durante muchos años mutilada, lo que mermó en la esencia del filme. De todas formas la obra de Welles puso un broche de oro a las películas de cine negro norteamericano, donde nos encontramos con un filme donde su director derrocha técnica cinematográfica por donde se le mire, con planos secuencia de larga duración, planos de sombras, primeros planos y contrapicados imposibles de realizar; donde la figura del corrupto policía Hank Quinlan (Orson Welles) parece un gigante traído directamente desde cuentos de terror. En este aspecto la presencia de Welles es impresionante y fundamental en el desarrollo de la historia, y no sólo por los kilos acumulados por el director a través de los años, sino por su caracterización y su desplante tanto delante como detrás de las cámaras.
El popular plano secuencia
El largo plano secuencia por excelencia de 3 minutos con el que inicia la película tardó 15 días en llevarse a cabo y se transformó en un plano mítico dentro de la historia del cine. Este tipo de plano secuencia es un prodigio dentro de la historia del séptimo arte, ya que fue muy efectivo como inicio del filme desde aquel plano especifico de la bomba, hasta cuando la cámara se abre hasta mostrar a los protagonistas y el límite fronterizo entre los dos países donde se desarrolla la trama, en definitiva el plano secuencia nos muestra un resumen de lo que será la cinta, algo sino me equivoco nunca antes visto, aunque Alfred Hitchcock ya utilizara esta técnica en "Under Capricorn" (1949) con resultados no muy positivos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El filme mutilado
En cuanto a la historia de la mutilación del filme, después de terminado el rodaje los productores de Universal vieron el material y se extrañaron del camino tomado por Welles. Consideraron que la película era demasiado confusa, por lo que la reeditaron e incluso rodaron escenas adicionales (con otro director) a espaldas de Orson que para ese momento se encontraba en España tratando de cumplir su sueño de rodar una adaptación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Éste primer corte de los productores fue estrenado en el año 1958 y significó un enorme fracaso comercial y de crítica. A su regreso a Los Ángeles, Welles lamentó la decisión de los productores e insistió en que, para que la obra pudiese considerarse suya, se debían seguir una serie de indicaciones para realizar un nuevo corte del filme. Las indicaciones para la nueva edición fueron plasmadas por Welles en un extenso documento de 58 páginas que dirigió a la Universal, compañía productora de la película. Éste documento (que se creía perdido y del que por fortuna Charlton Heston guardaba una copia), sirvió de base para realizar en 1997 una nueva versión restaurada de Touch of Evil, misma que fue estrenada en cines en 1998 y en DVD en el año 2000, 15 años después de la muerte Welles.
Redrum 
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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En una ciudad dividida por la frontera de Méjico con EEUU se produce un atentado en el lado estadounidense. Las víctimas son un reputado constructor y su compañera bailarina de un club de striptease en el lado mejicano. Dos agentes, cada uno de su lado en la frontera, Quinlan (Orson Welles) y Mike Vargas (Charlton Heston) vivirán una intensa división entorno al entramado del asesinato que acabará con un enfrentamiento entre ambos, perpretado más por las ansias de Quinlan de acabar con lo que cree que es la desfachatez de Vargas en descubrir la verdad, aunque por ello tenga que aplazar su luna de miel con su esposada Susan (Janet Leigh).
Junto con las prodigiosas “Ciudadano Kane” (1941) y “El Cuarto Mandamiento” (1942), éste indiscutible clásico del cine negro que deja la trama principal a un lado para narrarnos de forma vertiginosa un enfrentamiento entre sus protagonistas, “Touch of Evil” (1958) no solamente confirma que Orson Welles es un maestro en la técnica sino que tiene su hueco particular de autor en el Meca del Cine. Prueba de ello nos sugiere el malabarista plano-secuencia de tres minutos. Todo un desafío al cámara, actores y a la paciencia de un equipo pero un regalo al cinéfilo. Y tal vez Alfred Hitchcock lo habría hilvanado o aprovechado para desenlazarnos sorpresas a posteriori. Aunque el director inglés experimentó con dicha pirueta en varios planos ensamblados como si fuera uno, tal obra de teatro cinematográfica que representa la trama criminal en un solo escenario en “La Soga” (The Rope, 1948) o como haría Brian de Palma en “Snake Eyes; Ojos de Serpiente” (Snake Eyes, 1998) para introducirnos en la trama del asesinato de un político en un estadio en que se disputa un combate de boxeo.
Orson Welles se permite rodar a su libre albedrío sin dar explicaciones a nadie. Y si para ello tiene que ponerse también delante de las cámaras y con cuarenta y tres años de edad, aparentando sesenta, mejor aún. El blanco y negro envejece y el postizo disimula pero no su oriunda y magnánima presencia que engulle la pantalla. Pero si además a su personaje de Quinlan le añadimos un perfil de villano homófobo, racista, corrupto pero de trágicos pasados, que anda a cuestas con un bastón y sentido del olfato detectivesco más astuto que un ratón, y que se jacta de su carácter y decadente, el resto de la historia es Historia (fenomenales y reflexivos encuentros de cáliz crepuscular que tiene su personaje con Tanya, interpretada por una Marlene Dietrich teñida de oscuro).
Welles nos brindó con otra obra maestra absoluta. Imprescindible para todos los amantes del Cine.
Ignasi Borràs 
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Reaccionario
Málaga (España)
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Su valoración:  |
29 de Enero de 2012 |
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Reconozco que no se muy bien como valorar una película así. Por un lado uno percibe grandes logros. Pero por otro, errores casi infantiles. Decir que Orson Welles es un gran director de cine es una obviedad pero la sensación que me deja es que es sobre todo grande por su capacidad de crear, de hacer lo que le venga en gana, de mover la cámara, de acortar los planos, en fin de crear desde un punto de vista estrictamente técnico. O sea, un gran realizador.
Pero, desgraciadamente para Orson, una película es algo más que la factura técnica. Hay que construir una historia, elaborar un guión, dar un trasfondo a los personajes, etc. En definitiva, rellenar la obra con contenido. Y ahí "Sed de Mal" fracasa por completo. La historia detectivesca hace aguas a los pocos minutos, el "duelo" interpretativo entre Charlton Heston y Orson Welles se diluye, la trama de la mujer es desastrosa y la historia sigue unos derroteros que rozán lo absurdo.
Aunque la banda sonora o la actuación de Orson Welles son excelentes, hay demasiadas cosas que chirrían: el primer encuentro de la mujer con el mafioso es lamentable, la propia figura del jefe mafioso es de pena, el plan que tejen contra la mujer es absurdo, el devenir de la historia es incomprensible y la evolución de Quinlan tampoco tiene mucha lógica.
Al final percibes "Sed de Mal" como una obra fallida, pretenciosa, rimbombante, con una puesta en escena que desentona con la pobreza del guión y que por eso mismo deja ver sus lagunas con mayor claridad.
Reaccionario 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Coucteau
Paris (Francia)
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Su valoración:  |
3 de Enero de 2011 |
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El plano/secuencia de más de tres minutos, prenuncia que estamos ante una obra innovadora y transgresora, como casi todo lo que se propuso Orson Welles. Un manierismo de sombras y perfiles abastece la atmósfera luctuosa y asfixiante que embarga al inspector Vargas (Charlton Heston), réplica transfronteriza (ya se sabe que los espejos siempre reflejan algo con una simetría que soporta un eje imaginario, en este caso, una linde casi imaginista) del duro (o agotado) y alcoholizado Hank Quinlan (Orson Welles), inspector del lado estadounidense encargado de investigar la explosión de un vehículo con dos personas a bordo, justo después de haber sobrepasado la aduana fronteriza. Porque la frontera es otra metáfora, la metáfora de los límites, en este caso del bien y del mal, de la línea que separa el deber de lo inmoral. Orson Welles, en su dilatada filmografía no es dado a grandes o ampulosas metáforas, sino a pequeños detalles metafóricos, minuciosos y casi inapreciables gestos o movimientos de cámara que casi siempre cobran un significado, conllevan un lenguaje muchas veces maniqueo, por el mero juego de luces y sombras (algo que sucede también en El tercer hombre). En este caso, esta obra maestra de 1958 es un ejemplo de film noir impecable, y aunque el guión es del propio Welles, está basado en la novela de Whit Masterson, Badge of evil. Como pontificaría el genial Welles años después en su inclasificable film, Fraude (Fake), hasta lo aparentemente más sencillo, lo más trivial, está repleto de una gran complejidad.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Este es el caso, Janet Leigh (que para mí realiza un papel algo flojo, desmerecido) como la víctima propiciatoria del clan de los Grandi, con un agitado tío Grandi (Akim Tamiroff), que ya trabajase con Welles en Mr. Arkadin, me resulta un narcotraficante y patriarca algo mendaz, zangolotino, asustadizo, quizá deliberadamente descrito así el personaje para engrandecer de pánico la figura del terrible Quinlan, el cual recuerda con melancolía una pianola, su sonido monótono y nostálgico del burdel que regenta la meretriz y pitonisa gitana Tanya (Marlene Dietrich), su antigua amante (resumirá al final su existencia con la frase: “un buen hombre, un mal policía”). La hondura interpretativa del propio Welles deja huella, un marchamo indeleble en la retina, su peso, su gravedad, sus ojos alcohólicos, su mirada prófuga y negrísima (“siempre que estoy ebrio recuerdo a mi esposa, también cuando estoy sobrio”). “Sed de mal” es narrativa a pinceladas de contrapicados, travellings imposibles y luces-sombras de un barroquismo exhausto. Su narración visual es prolija también en retratos, como la de la propia Janet Leigh, pre-Psicótica, si se me permite el término, parece que denudándose o desnudándose para la Psicosis que después vendría junto a Anthony Perkins. Orson Welles, dejando a un lado su impresionante interpretación, parece distinguir la esencia de las pequeñas paradojas, de manera, que una idea tan simple como la de una grabación la forja y transcribe en algo nuevo: la propia conciencia de un hombre (recuérdese el eco que sobre el puente el corrupto Quilan cree intuir), conciencia que finalmente queda grabada para ser escuchada retrospectivamente mientras agoniza, como su peor infierno, intentando lavar sus manos manchadas de sangre en el arroyo infecto, cloaca putrefacta que es el caudal de corrupción donde ahora su alma reclama inútilmente su perdón. La banda sonora del eximio Henry Manzini, es otro de los pilares sobre los que la propia figura de Welles resulta liviana y ligera como el aire. “Sed de mal” es un ejercicio de estilo de tal calibre, que dicen, durante su presentación en Europa, el propio Truffaut alucinase por tal despliegue efectista, con angulaciones difíciles y encuadres inverosímiles. Hay en esta película un final trágico pero dignificante, un desenlace liberador y dramático.
Coucteau 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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stikma
la laguna - tenerife - canarias (España)
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Su valoración:  |
10 de Febrero de 2011 |
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Sin tener en cuenta todo lo que de por sí representa esta obra maestra, para mí tiene un significado especial puesto que fué la conexión entre el cine de mi época y el que yo llamo clásico, ya que no deja de ser un eslabón, y me incitó a probar de verdad a conocer el tremendo abanico de grandes películas del cine negro, que mejor manera que hacerlo con "Sed de mal", por su alto contenido policíaco, político y racial, una versión extendida que representa un homenaje a un artista y a una carrera.
La película se centra en la extensa pero estrecha línea de la frontera y presenta un ritmo y una fluidez propia, repasando todas las clases sociales y basándose en dos cargos de la ley extremos, con lo que la riqueza es tremenda, la trama se basa en intuición, observación, rastreo callejero, manipulación o corrupción en el trabajo sucio y muestra que a algunos soldados no les gusta la guerra, aunque lleven treinta años en ella, la importancia del prestigio y la reputación en la vida; sin olvidar el ingrediente racista implícito, las raíces del odio frente a la búsqueda de la justicia plantean un buen dilema sobre cómo funcionan las cosas o cómo deberían funcionar en la lucha contra el crimen y quedan bien representadas en esta sucia pelea de tapaderas y parches, un duro enfrentamiento entre el bien y el mal que termina matizado para demostrar que la verdad absoluta o la justicia nunca pueden estar hermanadas con la traición, que en la búsqueda de objetivos siempre hay que tocar en la puerta del diablo.
stikma 
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