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Críticas de "M, el vampiro de Düsseldorf"
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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poverello
Córdoba (España)
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Su valoración:  |
27 de Febrero de 2009 |
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Hay directores y películas que tiene el inmenso privilegio de haber cambiado la historia del cine; el caso que nos ocupa se lleva la palma por partida doble. Lang, con la majestuosa "Metrópolis" y la aparente simpleza de "Sólo se vive una vez" o "Perversidad", demuestra ser un hombre iluminado sin cuyo genio posiblemente no hubieran existido ni el Hitchcock ni el Welles que conocemos. Lo mismo podríamos decir de "M", porque faltaríamos a la verdad si tan sólo recurriéramos al recurso fácil de que cambió de registro un género, el film de Lang CREA un género, y del mismo modo que Sir Laughton se adelantó a su tiempo con "La noche del cazador"-para su desgracia, ya que la incomprensión de público y crítica haría que no volviera a dirigir-, Lang descubre lo psicológico y cruel de una forma que sería mil veces imitada y casi nunca igualada -siempre nos quedarán algunas gotas depuradas de Henry o Hannibal-. Y es que "M" asusta, esclaviza, cuestiona, porque la inigualable genialidad de su director para desbrozar lo tenebroso e inusitado del alma humana vuelve a ser su paradigmático legado.
poverello 
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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gaz
bilbo (España)
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Su valoración:  |
11 de Febrero de 2010 |
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M, El vampiro de Dusseldorf, dirigida por Fritz Lang en el año 1931 narra la historia de un asesino en serie. La película fue la primera obra sonora del director y está basada en una historia real.
El asesino (Peter Lorre, en una grandísima interpretación), seduce a las niñas comprándoles caramelos y después las asesina, aunque los asesinatos siempre aparecen fuera de plano, mientras nosotros vemos el plato vacío de la niña que no llega a comer, o el globo que llevaba en la mano volando sin rumbo. Cuando el asesino va a cometer un crimen escuchamos siempre la misma melodía que nos da la pista para saber qué es lo que pretende Hans Beckert (Peter Lorre) en ese momento.
Es una película en la que el suspense está presente continuamente, no por saber quién es el asesino (a quien le vemos el rostro muy al comienzo de la película), si no por saber cuándo le cogerán y qué harán con él, ya que no sólo la policía le persigue, si no que el hampa de la ciudad también decide organizar una persecución hasta atraparle, porque el gran control policial que hay está entorpeciendo su trabajo.
Se podría decir que esta emocionante película de Fritz Lang, al margen de la historia que narra (la del asesino de niñas), refleja la situación de la Alemania de principios de los años 30, cuando la república de Weimar estaba en sus últimos años y el partido Nazi a punto de llegar al poder. La oscuridad de la película, todas las sombras que refleja, los antros que enseña, las calles oscuras, grises, la inseguridad ciudadana…Todo esto nos está reflejando la situación política que se vivía en la que no había seguridad, la gente no creía en sus líderes políticos, y el paro y la ruina económica había acechado a mucha gente del país. Por otro lado, la comparación que hace Lang entre el hampa y la policía de la ciudad, refleja como la clase baja de aquellos años era tan eficaz o mejor, que la clase alta, o mirado desde al punto contrario que la clase alta del momento, era tan rastrera como los delincuentes de la ciudad.
Una película imprescindible (considerada como una de las obras maestras de Firtz Lang) en la que el director nos deja ver su talento, y su magnífica utilización de la iluminación y el sonido (como sabe utilizar la melodía que silba el asesino, aún siendo su primera película sonora). M, El vampiro de Dusseldorf, una película para ver y entender la sociedad de una época ya pasada.
gaz 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Jack Torrance
ALMERÍA (España)
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Su valoración:  |
13 de Agosto de 2011 |
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Fritz Lang nos enseña de nuevo magistralmente el buen uso de la puesta en escena, el encuadre, la perspectiva rompedora, etc. Sin embargo en este caso adolece de un final demasiado explicativo, con un exceso de diálogos que rompen un tanto el ritmo del resto de la cinta.
En cuanto a Peter Lorre, genial, como siempre. Su fisonomía y su buen hacer interpretativo dan perfecta cuenta de la desesperación, la crueldad y la obsesión del personaje protagonista, hasta el punto de llegar a detestarlo o a compadecerte de él según el momento de la película.
Obra maestra sin duda del expresionismo alemán, y una gran lección de cómo realizar un magnífico filme con escasos medios, pero con una enorme historia y unos actores y un director fuera de serie.
Jack Torrance 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Cronopio
Buenos Aires (Argentina)
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Su valoración:  |
16 de Septiembre de 2011 |
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Film número 13 de Fritz Lang, tras “La mujer en la luna” (1929). Se trata de su primera obra sonora, y la penúltima antes de su huída de Alemania. Una obra maestra: por su perfecta construcción narrativa; por su carácter fundacional en lo que al género se refiere; por su arriesgada apuesta en la utilización del sonido; por el aprovechamiento integral de una actuación protagónica insuperable; y, en definitiva, por la forma en la que las partes acaban redondeando un todo de sublime calidad cinematográfica. Un film único e irrepetible.
Se rodó enteramente en Staaken, un barrio perteneciente al distrito de Spandau (Berlín). Producido por Seymour Nebenzal para Nero-Film, se estrenó el 11 de mayo de 1931, en Berlín.
Düsseldorf. 1930. Hans Beckert (Lorre) es un asesino en serie que se ceba en las niñas de la ciudad, a quienes seduce con regalos y golosinas, para luego violarlas y asesinarlas. La policía, a pesar de los métodos de vanguardia que emplea en la investigación, no puede dar con el criminal, y sus constantes redadas ponen en jaque la actividad de los clanes delictivos. Éstos, para no ver entorpecidos sus negocios, ponen en marcha un plan para capturar ellos mismos al asesino, quien, de pronto, se ha convertido en una amenaza y en un ente maligno para toda la ciudad (pueblo inocente, fuerzas del orden, crimen organizado). Beckert, mientras tanto, continúa debatiéndose en la dualidad de su propia personalidad trastornada, que le lleva a comportarse como un monstruo.
El guión es de Fritz Lang en colaboración con su esposa, Thea von Harbou (“La tierra en llamas”, Murnau, 1922). Se basa en una serie de artículos publicados por Egon Jacobson referentes a un caso real ocurrido en la ciudad de Düsseldorf en 1930, acerca de un asesino de niñas llamado Peter Kürten. El libreto, pieza clave en la construcción de la obra, es sólido y, a la vez, fluido, sin que se perciban defectos en su función discursiva. Elabora una descripción perfecta del estado de alarma bajo el que se encuentra la ciudad, y retrata con formidable recurso la paranoia colectiva que se apodera de los ciudadanos. Incorpora el recurso pionero de la voz en off para la narración de los procesos policiales que se ponen en marcha para la captura del criminal.
El film presenta una estructura claramente dividida en tres bloques:
1) El estado de alarma de la ciudad. La psicosis colectiva que campa por las agitadas calles de Düsseldorf. La vida traumática y solitaria del asesino. Sus crímenes.
2) Los ingentes esfuerzos de la policía por encontrarle. La investigación empantanada por la falta de pistas. El complot de los jefes del hampa con los vagabundos.
3) La busca y captura del hombre sin contemplaciones. La criatura social convertida en presa de una comunidad ávida y hambrienta de justicia. El juicio ambiguo presidido por ladrones, asesinos y carteristas. La sentencia final.
---Continúa en Spoiler---
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La fotografía en B/N, de Fritz Arno Wagner (“Nosferatu”, Murnau, 1922) es magistral y totalmente vanguardista. Envuelve el entorno de la ciudad en un marco oscuro y desolado, de tragedia constante y sempiterna. Juega con las sombras para crear e incrementar la inquietud, y elabora planos de inconmensurable capacidad expresiva. Estéticamente, enmarca al film dentro de un expresionismo tardío, y se vale de movimientos de cámara fluidos y de gran soltura para crear unos planos secuencia sencillamente impresionantes. Añade, además, inclinaciones que dan relieve al lenguaje visual, y tomas desoladoras que evidencian hechos nefastos sin mostrarlos (el balón abandonado, el globo atorado en los cables, el plano picado de la escalera vacía y silenciosa).
La música se basa en un fragmento de “En la gruta del rey de la montaña”, cuarto movimiento de la Suite nº 1 “Peer Gynt”, Opus 46, del compositor romántico Edvard Grieg (1843-1907). Los fragmentos silbados son interpretación del propio Fritz Lang, y tienen una importancia capital en desarrollo del film, ya que el silbido representa la presencia del asesino y el advenimiento de un nuevo crimen. Cabe destacar la arriesgadísima apuesta del cineasta en la aplicación del recurso sonoro; en lugar de relegar el lenguaje sonoro a un segundo plano, Lang enfrenta la nueva herramienta otorgándole un papel importantísimo en el lenguaje narrativo, e incorporando el silbido como “leitmotiv” de toda la obra. También es destacable el uso de los silencios, método infalible para crear tensión y desasosiego. De esta manera, el director prácticamente inventa el uso descriptivo del recurso sonoro.
No puede dejar de mencionarse la actitud con la que Fritz Lang encara la construcción del personaje principal, encarnado de forma soberbia por Peter Lorre. La complejidad del Hans Beckert languiano resulta patente, por ejemplo, en la secuencia del espejo, donde el perturbado contempla su rostro gesticulante y parece espantarse de sí mismo. Son sublimes, a nivel narrativo, sus momentos de dudas y tormentos interiores. En todo caso, en lo que el director hace hincapié con el mensaje del film es en el concepto del perturbado mental surgido de la propia sociedad, un elemento cancerígeno que ha degenerado por la conducta social errabunda de un país que veía caer a la débil República de Weimar y elevarse, como una sombra amenazadora, al Nacionalsocialismo. El asesino, el criminal, el insensible violador, observado, bajo el prisma de una nación enferma, como la envilecida criatura social.
Dirección apabullante y extraordinaria de un Fritz Lang que estableció, con esta obra inconmensurable, la piedra angular de su filmografía. Tan sólo la secuencia inicial, llena de expresividad y enunciativa del horror venidero, es un ejemplo de la maestría con la que está llevado adelante el proyecto. Film de una modernidad indestructible, es, probablemente, la más grande película alemana de todos los tiempos.
Sencillamente magistral.
Cronopio 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grijander
L'Olleria ( Valencia ) (España)
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Su valoración:  |
29 de Noviembre de 2011 |
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M, el vampiro de Düsseldorf es, para muchos, la mejor obra de la ya de por sí exitosa carrera del maestro Fritz Lang. La película es, además, la primera incursión del director en el cine sonoro.
Fritz Lang es uno de los mejores directores de la historia del cine y de eso no hay ninguna duda. Unos se quedan con Metrópolis, otros con M, otros con Furia, pero nadie es capaz de desmerecer a las otras. El cineasta de Viena es uno de los pocos que tienen una filmografía extensa y con una nota media cercana al sobresaliente y eso se debe a su particular forma de ver la sociedad de una forma espantosamente intimista. Lang se zambulle en la crueldad social en muchas de sus películas y, en esta, pone dicha crueldad como rival de un asesino sin alma que está totalmente loco. Lang nos muestra cómo los delincuentes y las fuerzas de la ley pueden llegar a tener el mismo objetivo, nos enseña la diferencia entre el modo de afrontarlo de unos y otros y, como resultado, nos hace plantearnos en qué momentos el fin justifica los medios y pone en entredicho cualquier sistema judicial en el que, nos apunta de forma sutil, siempre es el diablo quien está respaldado. Los eternos planos de Lang construyen secuencias que permanecen en la retina del espectador y que se cuelan bajo su piel, haciendo del silencio un idioma tenebroso y mostrando al mundo que a veces no escuchar nada es el sonido más macabro del mundo. Con ello, consigue de paso convencer a los más escépticos de la época sobre el poder del sonido en el cine, haciendo de la combinación entre la palabra y la imagen muda una experiencia inolvidable. El maestro no se excede en nada, ni en su retrato de una sociedad en constante tensión ni en su aterradora visión del mundo, y eso es gracias, entre otras cosas, a que elige con precisión qué es lo que quiere mostrar y qué es lo que quiere que intuya el espectador.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La interpretación de Peter Lorre es legendaria. Su discurso final, en el que puede verse al monstruo destapando su alma, es propiedad de los amantes del cine, que pueden comprobar ahí lo que es ser un auténtico intérprete. Su tarea no es nada fácil, pues su personaje, oscuro de por sí, se convierte en mito por obra y gracia de Lang, y Lorre debe sacarse de la manga uno de los mejores monólogos de la historia para lograr que el espectador entienda a su personaje por dentro, y lo consigue. Buen trabajo el de un Theodor Loos que se mete en su personaje para ir apuntando detalles relevantes que construyen la forma definitiva de la historia, aunque si hay un secundario que destaque ese es Otto Wernicke, que tiene un peso decisivo en la trama y que echa mano de un aplomo impresionante para mantener a un personaje que en la película intenta ser derribado a toda costa.
Resumiendo, que es gerundio: M, el vampiro de Düsseldorf, está considerada por muchos como la mejor película del expresionismo alemán. Sea la mejor o de las mejores en esa faceta, en lo referente al cine en conjunto es una soberana e indiscutible obra maestra de obligada visión y revisión. Soberbia.
Grijander 
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