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| 41 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
20 de Agosto de 2007 |
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En el mundo del ajedrez se considera al actual ajedrecita norteamericano Joshua Waitzkin, Maestro Internacional de AJEDREZ, como el posible sucesor de Bobby Fischer, pues ya con 11 años logró hacerle tablas en una partida de ajedrez simultáneo nada más y nada menos que a Kasparov. La película nos cuenta la infancia de este niño tomando en todo momento a Bobby Fischer como la referencia y paradigma a seguir, pues al igual que Bobby Fischer, siendo un niño de corta edad empezó a jugar al ajedrez sin que nadie previamente le enseñara y a dar muestras asombrosas de ser un genio de esta disciplina.
Bobby Fischer, hombre peculiar y libre donde los haya, huyó de su agobiante patria "patriotera" en 1972, a raíz de ganar el campeonato mundial, y desde entonces estuvo desaparecido muchos años, nadie sabe dónde, aunque aparecía y desaparecía de nuevo de vez en cuando hasta ser detenido en Japón en 2004 por orden de los EE.UU. que lo reclaman por antipatriotismo, pero tuvo la suerte de que en el 2005 el Congreso de los Diputados de Islandia le brindase la nacionalidad, ciudadanía y el pasaporte, regalo de esa nación tan civilizada, a un genio humano al que había que respetarle su deseo simple de querer disponer de su vida, de ser un hombre cosmopolita antes que someterse al convencionalismo de ser un patriota o nacionalista. ¡Ojalá aprendieran la lección los necios del nacionalismo, de cualquier nacionalismo, que surgen como los hongos venenosos en los bosque de humedad y vida, y que no ven más allá que la programación enajenadora a qué son sometidos por tipos frustrados y etnocentristas, de su entorno, familia o zona geográfica!
El film nos agarra el interés y va comparando a este jovencito actual en su proceso de crecimiento, con el admirado campeón mundial Bobby Fischer, probablemente el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos, el hombre que no sólo llegó a ser número uno de ajedrez mundial sino que además perdió su corona de manera no jugada, desapareció y tuvo el coraje de enfrentarse a las autoridades de su país, de quienes no les gusta admitir órdenes.
Una buena película acerca del ajedrez, de un niño ajedrecista y de su peculiar modo de vivir yendo de torneo en torneo, etc. Para ver y disfrutar.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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tolstoievska
vitoria (España)
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Su valoración:  |
30 de Enero de 2008 |
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Este comentario es en recuerdo del gran jugador fallecido hace pocos días. Por ello, igual que esta interesante película, está principalmente dedicada a todos los que conocen el ajedrez, y han disputado alguna vez una gran partida o una serie de choques a lo largo de un campeonato.
La película sigue los pasos de un niño que es genial en el campo de batalla de 64 casillas, y que es capaz de realizar partidas rápidas con adultos prácticamente desde su infancia. Con esos adultos fascinados y apasionados por esas partidas callejeras y no oficiales. Desde luego ésta “En busca de Bobby Fischer” es una obra que aborda un juego que puede llegar a enganchar de un modo insospechado, y en el cual, como bien sabía Fischer –el excéntrico, ingenioso y mordaz jugador-, se desata una guerra cruenta y destructiva, donde cada movimiento puede llevar al adversario a una derrota casi tan devastadora como si nos disparasen a la cabeza en un campo de batalla real.
Al final el niño protagonista tendrá que enfrentarse a ese otro niño de aspecto despiadado e invencible. Y la incertidumbre de saber si podrá derrotarlo crea un buen suspense en el espectador. Un película muy interesante.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Volviendo a Fischer; ¿qué decir de este genial jugador? Pues quizás que era tan clarividente y astuto cuando se trataba de jugar dentro del tablero, como imprudente, inadecuada y destructiva era su conducta en el mundo real. Los buenos jugadores de ajedrez saben que a veces tenemos que retroceder un paso y devolver una pieza a la casilla de la que no debimos sacarla, para seguir teniendo posibilidades de ganar la partida. Lo contrario; empecinarnos en ganar el juego siguiendo la misma estrategia, es sencillamente suicida. En el mundo real sucede lo mismo, pero Fischer tenía en el mundo real la torpeza e imprudencia de la que nunca pecó dentro del tablero, donde no se le escapaba ningún movimiento. Así se entiende que odiase a su madre por ser comunista, o a los americanos por ser americanos, o a los judíos, pese a que tenía sangre judía en sus venas. ¿Pero realmente los odiaba? ¿O más bien era un excéntrico y un paranoico de mucho cuidado que no se sabía muy bien si decía algo en serio o si se reía de nosotros? ¿Cómo interpretar que al poco de caer las torres gemelas dijese que Estados Unidos se merecía eso y más? ¿No suena un poca a ganas de provocar?
Pero claro, estas actitudes Fischer las pagó con creces, y tras disputar esa partida de ajedrez contra Boris Spaski en la década de los noventa, tuvo que vivir exiliado y amenazado por su propio gobierno. Por suerte, tras un paso por Japón, recibió asilo político en Islandia, donde años antes había terminado con la supremacía en el ajedrez de los soviéticos.
Entre sus partidas más admiradas es significativa una de sus aperturas contra Spaski. Fischer realizó un movimiento con el que sólo había arrancado una vez en toda su vida –pues era muy arriesgado- y con el que desconcertó a todos los que seguían la partida. Era un movimiento que parecía suicida. Una apertura que en otras manos le habría llevado a la derrota segura, y sin embargo, en manos de Fischer se convirtió en una obra de arte con la que encerró y derrotó a su contrincante. Sorprendido y aturdido por el inusual e innovador planteamiento que le convertía en cazador cazado.
Tras su muerte, Kasparov –al que Fischer decía odiar tanto como a Karpov- fue interrogado sobre el rumor que circulaba en relación a una partida disputada entre ellos dos en la red, y sobre el nombre del vencedor. Kasparov dijo que efectivamente había jugado contra Fischer, pero que decir si derrotó a su rival, o si la partida terminó en tablas, era en último caso banal, pues ahora estaba centrado en sus actividades políticas y sus batallas eran otras.
Quizás Fischer siga jugando al ajedrez en el cielo, o simplemente esté tumbado observando una bonita puesta de sol; sólo que ahora lo hará desde una dimensión o perspectiva diferente.
tolstoievska 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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mery_v
Madrid (España)
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Su valoración:  |
3 de Abril de 2007 |
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El director Steven Zaillian es, por primera vez en su carrera, guionista y director de un mismo film. Tras su trabajo en "Juego de Patriotas" nadie esperaba un película con estas características, pero demuestra que puede con todo.
El joven actor Pomeranc es guaido por su padres (Joe Mantegna y Joan Allen) en su prometedora carrera en el "arte del ajedrez" (vean la película para entender esta expresión). Contratan a uno de los grandes en este arte (que coincide con uno de los grandes en el cine, el aclamado Ben Kingsley) para que le acompañe en su aprendizaje, resulta ser un gran conocerdor del desaparecido Bobby Fischer. Gracias a las jugadas de este gran maestro el niño aprender no sólo a jugar con maestría, sino a madurar y a ver la vida con otra perspectiva.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Encantadora escena en la que el padre regaña a su hijo por perder un torneo (saca la dama demasiado pronto) y el niño, bajo la intensa lluvia, confiesa no querer seguir jugando para no decepcionarle.
mery_v 
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| 9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LeonNewman
Leon (España)
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Su valoración:  |
28 de Septiembre de 2007 |
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Para todos los que creemos tener un hijo con talento (o sea, casi todos), una excelente película que nos advierte sobre el peligro de volcar en los niños nuestros propios sueños de grandeza. Los niños, en primer lugar, son niños, y además, por mucho que nos empeñemos, siempre salen por Antequera. Aquí se trata de niños jugando al ajedrez, pero su mensaje es universal: lo mismo vale para el niño que destaca en su equipo de fútbol o que toca el piano con inusitada facilidad.
Pedante, molesta e irritante la banda sonora. Una cosa es recalcar el dramatismo de las escenas y otra, muy distinta, disparar las fanfarrias. El guión es a veces un poco confuso: algunos personajes, como el de Ben Kingsley, van y vuelven sin saber muy bien la razón. Estupendo Joe Mantegna, y repelente, como siempre, Joan Allen.
LeonNewman 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Foox
Granada (España)
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Su valoración:  |
13 de Septiembre de 2007 |
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Esa es la cuestión de fondo que permanece en todo el film.
Un niño resulta ser un portento jugando al ajedrez, brillando con luz propia en torneos y frente a grandes maestros, pero... ¿qué pasa con su niñez? ¿y qué más le deparará la vida aparte de dedicarse únicamente a ello?
Es un dilema que se plantea en todo niño prodigio, el cual puede llegar a encontrase aislado de la sociedad y con un subdesarrolle emocional precisamente por potenciar su superdotación (generalmente por la propia familia).
Basada en la vida del ajedrecista JOSHUA WAITZKIN, éste mismo se decidió por vivir una vida más completa, siendo karateka, escalador y montañero, buceador e inquieto explorador, además de maestro internacional en ajedrez.
Foox 
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