|
| 19 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
|
Su valoración:  |
6 de Abril de 2007 |
|
|
Película muy interesante y silenciosa. Excelente para ver un día como hoy, un viernes de Semana Santa en que todo el populacho anda haciendo bulla de cachondeo o bulla de trompetas, masas y religiosidad de jarana por las calles, parece ser que en honor de la crucifixión de Jesús, aquel tipo extraordinario, nazareno-judío, que vivió hace unos dos mil años.
Me ha parecido llamativo, bello y deliciosamente captado, la lluvia, su sonido y su imagen sobre el bosque casi cubierto de nubes; también ver a los monjes comiendo, charlando al sol o jugando sobre la nieve de una ladera, y además en su día de cortarse el pelo de la cabeza; así mismo, ver lo bien equipados que están hoy en día los monjes de clausura —pues si esta es una de las congregaciones más austeras, ¿qué comodidades no tendrán en las menos austeras?—; e igualmente me ha gustado mucho la escena donde un monje joven da masajes a otro anciano, con pomada, sobre sus brazos y espalda desnudos, y hermoso el acompañamiento de un monje anciano que ya no se vale por sí solo, de otro más joven.
De todos los monjes que salen en el documental, el que más feliz me ha parecido, y con toda lógica, ha sido el viejo encargado de la huerta y las tareas campestres, al que se le ve que pasa más horas al aire libre y en tareas directas con la naturaleza; pues como es sabido por todos desde que el mundo es mundo religioso, la mejor oración y la que más satisfacción da es la que se hace en el templo de la naturaleza, no en los templos construídos por la mano de hombres.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 35 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
|
|
Si te sobran tres horas de tu vida y quieres relajarte puedes a) pegarte una siesta, b) leer una novela, c) ver la tele, d) pasear y e) un amplio etcétera de opciones que Philip Gröning parece ignorar, ya que, para ofrecernos un oasis de paz y tranquilidad en este mundo nuestro tan ruidoso y estresante, ha rodado una peli en la que a penas se habla y a penas sucede nada.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El tío se metió en un convento de monjes de clausura en los Alpes franceses y se puso a filmar el día a día en la Orden de los Cartujos (y según afirma con orgullo, pidió permiso con 16 años de antelación, supongo que para que a los monjes les diese tiempo de ducharse y arreglarse un poco).
Y bueno, supongo que si buscas un día a día más aburrido que el de estos clérigos no lo encuentras. Sopor es poco.
Muchos críticos profesionales han calificado la peli de "experiencia única" y no nos queda más que darles la razón.
Tú entrás en el cine, te apalancas y te dispones a relajarte. Pero empieza la peli y es como si te enterrasen vivo. Intentas no toser ni estornudar ni aclararte la garganta. Si tienes la suerte de estar en un multisalas puedes oir los diálogos de la peli de al lado. Durante la primera media hora quién más quién menos aguanta sin problemas, pero luego te mueves un poco y chirría un poquito el asiento y todo el cine te presta más atención a tí que a la pantalla. Si por un casual te suenan las tripas te conviertes en el rey de la fiesta. Un padré cabrón ha traído a sus dos hijos y al cabo de una hora estos sollozan tan silenciosamente como podían. Un abuelito hace ruidos con los dientes. Cualquier pedete se magnifica como en una cueva con eco. Si entrase una mosca en la sala se armaría un escándalo. Resulta que pocos miran la pantalla porque en la pantalla no sucede nada digno de verse. La experiencia mística está en este lado del telón. Los que abandonan la sala tienen veinte ojos quemándoles el cogote. Media docena de personas duermen, y su respiración te taladra los tímpanos. Una hippie saca un porro y empieza a poner cara de que está alcanzando la paz interior, pero en la otra punta de la sala un joven gafotas está mordiéndose las uñas desesperado y suena así: "¡CLAC!... ¡CLAC!... ¡CLAC!". El aliento espiritual de la película no termina de llegar al corazón del espectador de películas normales, y para relajarse un poco más hay quién se quita los zapatos. Al opresivo silencio hay que sumarle ahora un opresivo olor a pinreles. Los brazos izquierdos se mueven cíclicamente, los ojos nesitan ver cómo avanzan las manecillas de los relojes para confirmar que la flecha del tiempo no se ha detenido. De repente la entropía empieza a parecerte una cosa cojonuda. Se supone que Dios está en todos lados, pero ahora sospechas que también ha abandonado hace rato. Si te concentras puedes oir tu propio corazón, golpeando rutinariamente, sin alegría, sin esperanzas. El vacío se ha apoderado de tu alma. ¿Quizá esto que sientes es aquello que decían de la paz interior? ¿Qué hora es? En la fila de atrás un señor saca una cuchilla de afeitar y empieza a pegarse cortes en la muñeca, pero la calma de la película te permitie oir el blub-blub de los primeros borbotones y logras salvarle la vida.
Una experiencia única, incluso para los no creyentes, sin lugar a dudas.
Nota: un cate, y que dios les bendiga.
Listocomics Puntocom 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 29 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Gilbert
Barcelona (España)
|
Su valoración:  |
5 de Enero de 2007 |
|
|
Acompañé a una amiga a ver este documental. Como iba mal dormido ese día iba preparadísimo para echarme el gran siestón de mi vida, ya que como dicen en otras críticas que esto es para gente de sensibilidad especial y que hay que mirar con otros ojos; y como ya he demostrado mi nula "sensibilidad" en esta web y siempre he mirado con los mismos ojos... pues no me llevé la almohada porque cantaba mucho, que si no...
Encima nada más entrar en la sala descubrí que la copaba el Imserso... uf cabezadita colectiva pensé.
Pues no, me equivoqué del todo. Y eso que creo que a este documental le hace falta un hilo conductor, porque parece montado a brochazos, pero es tan único que merece la pena verlo. Y además creo que hay que verlo en pantalla grande.
Sólo diré que cuando acaba la proyección sólo sientes una cosa: paz.
Gilbert 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Quim Casals
Barcelona (España)
|
Su valoración:  |
8 de Noviembre de 2006 |
|
|
Interesantísima propuesta documental no apta, claro está, para espectadores impacientes. El director, Philip Gröning, sí predicó con el ejemplo ya que tuvo la paciencia de esperar dieciséis años desde que pidió permiso para rodar en un monasterio de la Orden de los Cartujos hasta que se le concedió.
Otras condiciones, en principio para no entorpecer el ritmo de vida de la congregación, eran que durante el rodaje debía permanecer conviviendo con los monjes y que debía contar con el mínimo equipo posible —es decir, unas condiciones técnicas de rodaje casi "Dogma"—.
Sin embargo, y quizá sin pretenderlo, los monjes se revelaron como unos muy sutiles y certeros asesores cinematográficos, ya que el resultado inevitable de dichas condiciones es una mirada "desde dentro" que sortea, además, el riesgo de un esteticismo pictórico, más decorativo que espiritual, que con más medios podría haberse obtenido.
Personalmente, debo decir que, como espectador, sí me ha llegado el aliento profundamente espiritual que la película pretende transmitir; aunque, paradójicamente, no tanto en los momentos en que vemos a los monjes, de manera individual o colectiva, orar (creo que era Orson Welles quien decía que la oración es un acto tan sumamente privado que es de las pocas cosas que la cámara de cine, ese ojo que todo lo ve, jamás podrá captar) como en los momentos de quehaceres cotidianos, repetidos en silencio una y otra vez, e incluso lúdicos, como cuando juegan en la nieve (esta última escena se beneficia, además, de la dimensión trascendente que adquieren las montañas y el cielo y se acerca a la grandiosa humildad del Rossellini de "Fancesco, juglar de Dios").
A destacar, finalmente, la impagable elocuencia de los primeros planos de los monjes mirando directamente a cámara y el avión que pasa.
Quim Casals 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Francesc
L\'Hospitalet (España)
|
Su valoración:  |
8 de Noviembre de 2006 |
|
|
Para una mente apresurada, la propia del hombre moderno, esta película podría condensarse en cinco minutos. Pero los ciclos que una y otra vez se repiten en la película, con la madre naturaleza como única fuente de efectos sonoros, consiguen que en el espectador se cree una especie de silencio interior, que hace que permanezca atento a cada detalle que se muestra por pantalla.
Es un silencio interior fecundo, que permite intuir el porqué de que esos hombres se encierren de por vida en un monasterio con una regla, la de San Bruno, que pasa por ser de las más exigentes. Creo que es una experiencia enriquecedora, incluso para los no creyentes.
Para mí, lo más destacado son los planos fijos en los que el director usa un granulado bien grueso, que hace que los paisajes y los recodos de las casas se vean muy texturizados, con otros ojos, ¿con ojos de silencio quizá?
Francesc 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|