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| 24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Con una única sala a su estreno para toda la Comunidad de Madrid vuelven a planear los fantasmas de escasa distribución que tiene Todd Solondz. Director insobornable como pocos no ha decidido tantear proyectos más comerciales con otros más autorales para poder subsistir en condiciones adversas. Ni siquiera su presencia en Venecia y el premio al mejor guión le ha valido nada más que cierta predisposición de los medios a ‘más de lo mismo’. Como si el director en sus películas fuera un mero exhibicionista que generará polémica gratuita a gusto del discreto desencanto burgue-cinéfilo. Autor independiente como pocos cada película suya supone una pequeña celebración bastarda y personal.
“La vida en tiempos de guerra” no es una continuación de “Happiness” en un sentido cinematográfico porque no comparte ni siquiera una mínima expresión generacional y sociológica. Es en sí un viaje y cuento como el de la protagonista de “Palíndromos”, donde el papel era interpretado por diferentes actrices en un juego buñueliano. O el tratado de la ficción de “Storytelling” e incluso el protagonista podría ser el consorte de Dawn, la protagonista de “Bienvenidos a la casa de muñecas”.
Posiblemente “La vida en tiempos de guerra” no sea la cinta más redonda de Solondz y no llegue a la genialidad con la que consiguió el Premio de la Crítica en Cannes, pero gana por acumulación de elementos y por ser el filme independiente más político, humano y comprometido del cine americano que ha cerrado la década pasada.
Solondz nos da pistas de su camino desde esa ‘infantil’ puesta en escena de la habitación de Timmy donde la guerra inunda su pequeña porción del universo aunque sigue patrones previos de su visión de la disfuncional familia americana. Helen sigue depresiva pese a estar ‘forrada’ de Emmys y ‘forrarse’ a Keanu Reaves y Joy sigue sembrando el fantasma del suicidio a sus pervertidas parejas. Bill sale de la cárcel y quiere conocer si sus vástagos seguirán el desequilibrado camino familiar...
Solondz usa la banda sonora como elemento disuasorio e introductorio. Contradice la imagen venidera y emocional de sus personajes. Pero más trazo y retrazo de “Happiness” aparece un discurso crítico sobre el perdón y el olvido, frunciendo un pasaje desolador que describe a la sociedad americana actual. Sin posibilidad de olvidar no cabe el perdón y menos en tiempos de guerra.
Pese a sus conceptos las secuencias de sexo pretenden horrorizar más que atraer por excitación. Los cuerpos desnudos cincuentenarios parecen ridiculizar el sexo como componente atractivo y seductor del cine americano contemporáneo. La delicadeza aquí se localiza en tulipanes estancados en planos oníricos y nebulosos, en encuentros inexistentes y recurrentes que nunca llegan a producirse. Porque el clímax dramático ha dado paso a un discurso de una sociedad en guerra condenada a ser perseguida y vivir junto a sus fantasmas.
Maldito Bastardo 
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| 13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dr Jigsaw
Buenos Aires (Argentina)
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Su valoración:  |
28 de Enero de 2010 |
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El director de Happiness, Storytelling y Palindromes vuelve a presentar personajes que se balancean en los límites de la verguenza, el racismo, lo superficial y la locura. De estos temas recurrentes en su filmografia se asoma la controversia de la pedofilia y el suicidio en los Estados Unidos.
Tuve la suerte de ver este film en el marco del 24 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La sala estaba llena, y como había ocurrido con Palindromes cuando se presentó en un Festival de Buenos Aires, gran parte de los espectadores fue abandonando el lugar. En la otra punta de estos, estábamos aquellos que nos reíamos de las desgracias que sufrían los personajes dejando de lado nuestra opinión a favor o en contra de las situaciones que les sucedían en el film.
El reparto es exquisito y aprovecha al máximo la originalidad del guión creado por Solondz.
Ciarán Hinds ("There Will Be Blood") como un padre perseguido por su pasado, Paul Reubens ("Pee-wee's Big Adventure") que atormenta a Shirley Henderson ("Harry Potter"), con una apariencia marcada por el trastorno. Sin olvidarnos de Allison Janney ("The West Wing") como una madre que sin importarle nadie a su alrededor esta decidida a encontrar el amor nuevamente.
Un director marginado como sus personajes pero por decisión propia, tema que lo aleja de la distribución comercial.
Dr Jigsaw 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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He visto cuatro películas de Todd Solondz, "Bienvenido a la casa de muñecas", "Happiness", "Palíndromos" y "La vida en tiempos de guerra". De la primera no recuerdo casi nada, la segunda me gustó muchísimo, la tercera me resultó tan extraña que no lo tengo muy claro y la cuarta...sí, pero no.
Hasta los directores indies hacen secuelas, incluso de pelis que no parecen especialmente destinadas a secuelas como "Happiness". Aquí usa un recurso que de algún modo ya utilizó en "Palíndromos", cambiar a todos los actores que interpretaban a los personajes, a veces por gente de físico relativamente similar (el caso de las tres hermanas protagonistas), otras veces por gente muy distinta (caso del personaje de Allen que pasa de ser un gordo blanco a un negro delgado).
La película recupera el tono de "Happiness", ya que "Palíndromos" tenía un tono un tanto distinto y "Storytelling" no la he visto pero también tenía pinta de ser otra historia. Esto supone que es el Solondz que más me gusta, el que refleja la vida cotidiana de unos personajes deprimentes usando diálogos dramáticos, a la vez que divertidos y punzantes. Y lo hace en una manera inusual pero no tan experimental como en "Palíndromos".
Pero por otro lado, al reutilizar antiguos personajes, inevitablemente vuelve a temas parecidos. Se concede especial atención a la historia del padre pederasta que está bien contada pero no ofrece nada particularmente nuevo.
Eso es un poco el resumen del filme. La mayoría de las cosas que pasan ya fueron tratadas, y mejor, en "Happiness", lo que te hace preguntarte si no hubiera sido mejor crear un filme en un tono similar pero con personajes totalmente nuevos.
Si alguien no ha visto "Happiness" por un lado se perderá un poco al comienzo, por otro lado seguramente acabe entendiendo todo perfectamente y quizá conecte con ello, aunque si sólo va a ver una película de este director por probar yo le recomendaría aquella.
En cualquier caso este filme sigue siendo bastante bueno en comparación con muchos otros estrenos, si eres de los que aceptan este tipo de comedia negrísima sobre personajes muy tristes. Dos claves: diálogos y actuaciones. Aspectos importantes que no se ven en muchas otras películas. Allison Janney, Charlotte Rampling, Michael Lerner y el niño Dylan Riley son quizá los que más destacan en su interpretación. Este último es quizá el que aporta mayor novedad con respecto a "Happiness" en la que no se destacaba tanto el punto de vista de un niño. Ciarán Hinds tampoco está nada mal. Los otros, entre los que se incluye mi mito erótico de niñez Ally Sheedy, ofrecen buenas actuaciones pero sus historias están poco desarrolladas o tienen menor interés.
Cartoonnetwork 
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| 5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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IRONIRICO
MADRID (España)
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Su valoración:  |
30 de Agosto de 2010 |
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Nueva película del director de 'Happiness'. Y 'Happiness' es lenta, sí, pero es mordaz y divertida. Esta secuela recoge el estilo, la forma de contar la historia, incluso el tipo de música asociado al hilo argumental de la historia, pero no contiene ni el ingenio ni la soltura de la primera.
Tiene un par de momentos acertados en alguna que otra conversación, pero en general se hace tediosa y sin ritmo.
El estilo de la película es el mismo que en 'Happiness': conversaciones entre los personajes que ponen de manifiesto la farsa particular que viven cada uno de ellos en un mundo especialmente decadente. La forma es la misma también: intercala una conversación tras otra, así hasta el final de la película. La música, cursi y pastelosa, agudiza la decadencia y el supuesto mundo de rosa que aspiran a tener cada uno de los personajes.
El conjunto, como consiguió ya en 'Happiness', muestra una parte de la sociedad que, vista desde fuera, es simpáticamente enferma pero que, desde dentro, lucha contra sus contradicciones, tan enraizadas en su cultura. La enfermedad es puramente psicológica y las contradicciones son la culpa y el perdón.
La película trata este tema, pero nada más. Tampoco consigue profundizar ni arrojar luz: los personajes hablan y hablan pero detrás no hay nada más que un problema enquistado. El director parece querer exteriorizar de nuevo con esta película un sentimiento de impotencia que parece perseguir al ciudadano medio americano. Pero en este caso satiriza menos, refleja con menor intensidad, aburre más y, sobre todo, parece haber estado menos inspirado en el guión, que a ratos te invita al sueño y, al cabo de la primera hora, la dejarías si no fuera porque estás en el cine.
'La vida en tiempos de guerra' me ha parecido aburrida, incluso tediosa, con algún que otro punto audaz que consigue hacerte sonreír. Una película que es un interminable diálogo y que sólo habla de un tema y además de forma circular, no puede considerarse para mí buen cine.
En 'Happiness' supo retratar la decadencia porque se centró en ella sin desviarse del tema. Esta segunda parte se ve obstaculizada por los complejos que en ella se reflejan: la culpa y el perdón. La decadencia ya no es la protagonista, sólo una herramienta para sugerir un problema cuya solución parece querer encomendarla a los dioses, no parece poder solucionarse en este mundo. La guerra, marco de fondo de la película, tiene el mismo problema: verse envuelto en ella parece fortuito; pero para salir la única forma que parecen encontrar es, de nuevo, desentenderse del problema, dejando todo como al principio, a punto para una secuela.
IRONIRICO 
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dmon1987
Burgos (España)
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Su valoración:  |
1 de Agosto de 2010 |
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El cine de Todd Solondz es uno de los más singulares que existen actualmente en el mundo del celuloide. Después de su ópera prima Bienvenido a la casa de muñecas, tan tierna como cruel, trazada como la fábula del lobo escolar que devora al marginado, creo una de las obras más originales de los últimos años: Happinness. En ella, demostró su tremendo savoir-faire en el mundo de la marginalidad, porque, si algo conoce el director americano, es sin duda lo raro, lo desagradable, aquellas partes de la sociedad que agachan la cabeza mientras el resto hace como que no existen.
La vida en tiempos de guerra viene a ser una especie de continuación de la anterior, muy parecida en la temática, aunque algo menos fresca que su predecesora. Mantiene el humor negro, y una alta dosis de cinismo como armadura para soportar las bofetadas de realidad que uno recibe más de una vez. Solondz sigue sirviéndonos una familia disfuncional, sin reglas ni mandamientos dogmáticos, similar a la de algunas series como A dos metros bajo tierra, o la genial Weeds. Auspiciado por unas interpretaciones que equilibran lo hilarante y lo compungido, aparece por encima de los demás, dentro del oasis satírico y excéntrico propuesto por el director, Alison Janney.
Y es que, en lo bueno y en lo malo, Solondz es el equivalente americano de uno de los auteurs más valorados del celuloide. Comparte con Almodóvar esa necesidad por mostrar al desplazado, el freak, a la atracción de feria que solo se encuentra cómodo entre sus iguales, pero tiene que convivir entre un grupo ajeno a la par que peligroso. El manchego bucea entre el travestismo y la homosexualidad mientras que el de New Jersey suele utilizar como base familias sin cabeza visible, madres sobrepasadas por las circunstancias, y sobre todo niños inocentes sobre los que se traza la historia.
La vida en tiempos de guerra se caracteriza también por enseñar o sugerir, de forma más o menos explícita, una serie de escenas de sexo que rozan lo repulsivo por quienes las protagonizan. Esto le sirve al realizador para soslayar los baches de un guión más que aceptable y mantener al espectador atento, aunque sea a base de provocar asco en los estómagos más sensibles. Por si fuera poco, la película se atreve a desafiar a los tabúes más recónditos, y no tiene problema en entrar en terrrenos delicados y controvertidos como la pedofilia. Al final no queda muy claro el mensaje, pero siempre quedará como un ejercicio valiente, que habla sin tapujos y no trata de ofrecernos ningún tipo de moraleja. Muestra lo que quiere sin doblarse ante las exigencias de una sociedad que no critica, aunque la ofrece como viciada, vil y mezquina.
En definitiva, recomendable por insólita y diferente al resto pero eso sí, cuidado que empiezo a ver la trampa y el cartón de Solondz, y veremos lo que le dura su rollo rarito sin reciclarse.
@dmontesvigo
Dmon1987 
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