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La mejor oferta

7,1
13.474
votos
Sinopsis
Virgil Oldman (Geoffrey Rush), un hombre solitario y excéntrico, es un experto en arte y un agente de subastas muy apreciado. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento o emoción hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven (Sylvia Hoeks) que le encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. Esta joven, que sufre una extraña enfermedad psicológica que la mantiene aislada del mundo, transformará ... [+]
Críticas ordenadas por:
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10 de septiembre de 2013
183 de 190 usuarios han encontrado esta crítica útil
Soberbia. Me ha encantado.

Cuando leo otras críticas percibo que muchas de ellas no valoran la película porque no han entendido parte de la trama.
Esta crítica desmenuza las historias paralelas, aquello que se intuye pero que no se ve.

Por ello, escribo en spoiler las pistas que va dejando la historia y las motivaciones de los personajes, para que SÓLO DESPUÉS DE VERLA, se puedan interpretar y recordar ciertos aspectos que redondean la película.

Quien lea este spoiler antes de ver la película se va a destrozar el visionado, pero quien lo lea después espero que contribuya a su valoración y disfrute.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Rapunzel
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23 de julio de 2013
78 de 109 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es inevitable referirnos a un momento muy concreto de la peli: la secuencia en la que él (Geoffrey Rush) ve la cara de ella (Sylvia Hoeks). Hasta entonces Tornatore, sabiamente, ha escondido su rostro.

Esa ocultación es eficaz a los efectos de la definición del personaje principal; en el rostro invisible y agorafóbico de ella se encuentra y reconoce la misantropía del protagonista, la metáfora de su distancia táctil con el mundo y su colección de guantes. El romance que se apunta es decadente, extraño. Es enfermizo. Hasta ahí, compro las resonancias hitchcockianas y obsesivas de “Vértigo” que se han señalado previamente. Hasta ahí.

¿Por qué decide, pues, Tornatore mostrar el rostro de la prota? Es tan evidente la cagada que es absurdo pensar que es un error. Tornatore lo hace por algo, tiene un sentido (además el guion es suyo). Esa secuencia “contra natura” pilla al espectador a contrapié y contradice el inicio del film, no puede ser una mala decisión. No puede ser un fallo. Tornatore busca algo. “Necesita” mostrar el rostro de la actriz. Desde un punto de vista de análisis estructural del relato esa opción es algo estudiado y premeditado. El director sabe que estéticamente es una mala opción –porque previamente ha jugado al misterio de la ocultación–, y aun así, lo muestra. ¿Por qué?

Pretende un giro, un cambio en el tono. El proceso es justo el inverso que Hitch empleó en “Vértigo”. Allá donde el inglés usaba el subterfugio del suspense para el drama metafísico, el italiano emplea el drama como excusa para el thriller.

Sin rostro habría mística y habría espectro, la peli transitaría por la decadencia de referentes italianos previos (el cine Visconti, films como “Alma perdida” --Dino Risi. 1977--, etc). Pero esta secuencia hace evidente que Tornatore no maneja ese tipo de argumento. Necesita un desarrollo convencional que justifique el giro final. Necesita un desarrollo de género, no de autor. Esa escena es una bofetada de pragmatismo narrativo que te saca del ensueño previo; el romance de los protagonistas pasa a tener rostro porque la peli, definitivamente, no va de lo que creíamos que iba.

Y en ese preciso instante el espectador avezado intuye que se la van a meter doblada.

Tornatore cambia el centro de gravedad de la peli a mitad de metraje dejándonos a algunos con la miel en los labios. A partir de ese momento, en mi opinión, todo se convierte en una letanía previsible de lugares comunes propia del más rutinario de los best seller.

Después de esa escena todo se ve venir. O, mejor dicho, por culpa de esa escena todo lo que viene después se ve venir.
Bloomsday
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7 de junio de 2013
57 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca he sido un entusiasta de “Tornatore”, ni de su afamada “Cinema Paradiso”. Reconozco que su cine es honesto, amable y entregado, pero veo en sus imágenes un exceso de autocomplacencia y una sensibilidad tan blanda que a veces revolotea en torno a la sensiblería. Con esta premisa empecé a ver “La mejor oferta”, temiéndome que la película transitaría por esos mismos parámetros, pero esta vez a “Tornatore” le ha funcionado.

A pesar de algún fallo de guion, a nivel de credibilidad de la historia, y alguna torpeza narrativa, la película funciona en su propuesta y en su puesta en escena. Los movimientos de cámara, a veces algo gratuitos, acaban atrayendo al espectador y envolviéndole con esas imágenes suntuosas que la historia requiere. Los personajes están bien perfilados y algunos extraordinariamente interpretados (Geoffrey Rush, como siempre) y consiguen integrarte en sus vidas, hasta empatizar, que es a lo que un buen cineasta aspira, en este tipo de narraciones.

Los mejores momentos en esta ancestral historia, de seducciones encubiertas y amistades conjuradas, son los que muestran el acercamiento emocional de ese “offsider” de la fisicidad emotiva que es el protagonista. Ambientando el espacio en una decadente y antaño aristocrática casona asistimos, a través de los solemnes movimientos de cámara, a esa entrega desesperada, negado ya cualquier control.

Esta vez la emotividad que ha puesto “Tornatore” en su película le ha funcionado y sus pretensiones modestas, en cuanto lo que quería contar, han conseguido transmitir al espectador, de una manera tan sencilla como efectiva, las grandezas y miserias que, en lo más profundo, esconde el corazón humano.
Manu_el_Ruiz
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6 de julio de 2013
47 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocas veces una película me ha hipnotizado tanto. En su conjunto, “La mejor oferta” posee las cualidades suficientes como para tener al espectador enganchado. No en vano, pienso que su desenlace final peca de poco original, aunque logra de una forma muy conseguida y acertada, hacernos pensar sobre lo visto una vez finalizado el film.

Me ha gustado mucho la forma en la que nos presentan a Virgil Oldman (Geoffrey Rush), un reputado tasador y subastador inglés que lleva una vida solitaria y lleva una forma de vida un tanto peculiar. Llevando una vida rutinaria en la que es un auténtico experto en su campo, verá como poco a poco su modo de vida cambia al empezar a tasar una valiosa colección de arte de Claire (Sylvia Hoeks), la propietaria de una finca, la cual sufre una extraña agorafobia que impide que se vean personalmente.

Si alguien me pregunta por qué me ha gustado el film de Tornatore, diré lo siguiente: Para empezar Geoffrey Rush (“El discurso del Rey“, 2010). El actor australiano lo borda, realizando una más que solemne interpretación, consiguiendo algo muy importante que es llegar al espectador y sentirse identificado con sus temores, sus preocupaciones, miedos, etc.

Hay ciertos momentos en los que la tensión que sufre el protagonista la llega a padecer el espectador. Momentos incómodos, lugares en los que uno no debería estar, etc. Ya en sí, la caracterización del personaje de Virgil Oldman es curioso de por sí. Un hombre de ya cierta edad, adinerado, que puede permitirse cualquier lujo y con una forma de vida un tanto excéntrica no pasa inadvertido. Pero aún así, lo que más me gusta es lo que uno acaba viendo entre líneas, siendo ahí cuando ves su verdadero interior. Mirando más allá, ves a una buena persona, sola, que se está marchitando y que pese a que tiene bajo control su vida, no es capaz de poder tener una relación con una mujer.

Sin hacer olvido del resto del engranaje, Jim Sturgess (“El atlas de las nubes“, 2012), Donald Sutherland (“American Gun“, 2005) y Sylvia Hoeks (“Tirza“, 2010) me han gustado por partes iguales, destacando quizás un poco la interpretación de Sutherland, quien ya con una curtida experiencia parece que ni actúa, siendo un personaje también carismático, pese a que su rol casi de mero secundario.

Su trama es otra de sus cualidades, adentrando al espectador en el mundo del arte, la restauración, falsificaciones y los conocimientos que vamos viendo a través del propio Virgil, quien logra que lleguemos a palpar casi como él mismo hace, las obras de arte y llegamos a contemplar su belleza y lo que hay más allá. Sin olvidarnos también de la evolución que sufre el propio protagonista en la que vamos viendo como poco a poco, por diversas circunstancias, Virgil va abriendo su corazón.

Todo ello se hace mas disfrutable gracias a una magnifica fotografía que nos deleitara con majestuosos planos acompañados, eso sí, por una fabulosa banda sonora compuesta por el ya magnificado Ennio Morricone (“Malèna“, 2000). Para la ocasión, realiza unos temas muy llamativos, significantes y que son una delicia para el oído. Da gusto una vez acabada la película, volver a escuchar algunos temas como “Un Violino” o “La migliore offerta”.

Así pues, y válgase la redundancia, creo que pagar por ver lo nuevo de Tornatore, quizás puede ser “la mejor oferta” de cartelera. Yo quedé satisfecho y repetiría.
SCuenca
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9 de julio de 2013
32 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaya por delante que el cine de Tornatore, aun reconociéndole sus valores, me irrita a menudo por la manipulación facilona que suele hacer de las emociones con un excesivo subrayado (mediante la música, la fotografía) que en mí causa un efecto distanciador.

No es este el caso sin embargo de "La mejor oferta", una película que me ha atrapado de principio a fin y que considero mucho más redonda que la célebre "Cinema Paradiso" del mismo autor.

Con un interesante juego de espejos entre la falsificación de las obras de arte y la falsificación de los sentimientos, Tornatore (que también firma el guión, espléndido) va construyendo con vigoroso pulso narrativo un fascinante rompecabezas lleno de misterio y profundidad emocional. Y todo ello aderezado con un mcguffin que habría hecho las delicias del mismo Hitchcock, cuya "Vértigo", por cierto, es homenajeada en una de las escenas.

No en vano, esta es una película muy "hitchcockiana", aunque bebe también de otras fuentes, como Polanski o el mejor "giallo", en sus encuadres y atmósferas irreales, sus personajes grotescos y la enrevesada resolución argumental. Todos estos elementos combinados dan como resultado una obra muy potente y original.

Los actores, todos muy bien, si bien la interpretación de Geoffrey Rush, cargada de matices en cada gesto, supera con creces a las del resto del elenco y va más allá de todo elogio. La estupenda música de Morricone, que aparece justo cuando debe, también merece mención aparte.

Como pegas, a algunos la factura técnica les resultará en ocasiones artificiosa y empalagosa, y los minutos finales pueden ser algo sentimentaloides (Tornatore es lo que tiene). Sin embargo, estos dos supuestos peros no son tales en "La mejor oferta", sino que están al servicio de la esencia de la película y tienen aquí, al menos casi siempre, una justificación artística, la de subrayar esa excesiva atmósfera de incómoda irrealidad que permea la película. Esta vez los tics de Tornatore no restan, sino que suman, para conformar una obra que desprende magia, elegancia, suspense, belleza y sentimientos. Sin duda, una excelente oferta.
Hitchcock10
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