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Noé

5,5
7.114
votos
Sinopsis
En un mundo asolado por los pecados humanos, Noé, un hombre pacífico que sólo desea vivir tranquilo con su familia, recibe una misión divina: construir un Arca para salvar a la creación del inminente diluvio. Todo comienza cuando, cada noche, Noé tiene el mismo sueño: las visiones de muerte provocada por el agua, seguidas de nueva vida en la Tierra. (FILMAFFINITY)
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user-icon Jlamotta   sevilla (España)
Buena
3 de Abril de 2014
63 de 95 usuarios han encontrado esta crítica útil
A primera vista, puede parecer descabellado pensar en Darren Aronofsky como autor de un biopic basado en el personaje bíblico Noé. Su estilo tirando a artificioso, exagerado a veces y tremendamente visual siempre, puede chocar con una historia que quizás reclamaba un poco más de serenidad y calma, incluso reflexión. Pero, repasando la carrera del director estadounidense, tal vez sea una decisión lógica después de todo. Porque el tema central del discurso cinematográfico de Aronofsky es la obsesión, en todas sus vertientes. Pi, fe en el caos y su obsesión por el descubrimiento de lo nuevo. Réquiem por un sueño y su obsesión por las drogas. La fuente de la vida y su obsesión por el amor. El luchador y su obsesión por las segundas oportunidades. Cisne negro y su obsesión por el éxito. En manos de Aronofsky las simples motivaciones del personaje se transforman en psicosis, afectan a su forma de vida modificando por completo su visión del mundo que les rodea. ¿Y qué es la historia de Noé salvo la obstinación de un hombre por cumplir la voluntad de Dios pase lo que pase, caiga quién caiga? Porque ese es uno de los grandes aciertos del director de El luchador, convertir el motor de la historia, el detonante, en el todo y más allá. Nos interesa Noé como persona incluso más que como personaje por su tratamiento cercano, casi documental al mismo. Somos testigos de su progresión, en ningún momento se nos esconden sus defectos ni sus carencias como hombre. No estamos presenciando la historia de un Dios ni de un elegido para la causa, sino la de un hombre temeroso que se agarra a sus creencias con todas sus fuerzas ante la falta de oportunidades y opciones. Es el relato de un hombre y su fe, que llevará hasta las últimas consecuencias. Es la cercanía con el personaje la que nos permite encarar con otros ojos una historia que la mayoría conocemos de memoria, pues incluso en los momentos oscuros la cámara permanece frente a él, radiografiando minuciosamente al monstruo que lentamente va mutando ante nosotros. Y, a pesar de tratarse de un cuento de la Biblia, hay alicientes en ella para los no creyentes pues la película no deja de ser una tremenda historia de amor, de superación personal, del hombre contra los elementos. Sinceramente, no veo motivos para la discusión ni para la polémica que ha generado debido a su contenido religioso. En lo referente a su literalidad o no de la Biblia, sus licencias, su flexibilidad argumental...vamos, se trata de un relato religioso aparecido en el mayor libro de ciencia-ficción de todos los tiempos, al menos en su trascendencia e influencia en la humanidad. La fuente original está poblada de metáforas, parábolas, mitos, leyendas, sinécdoques o fábulas para posibilitar la fácil comprensión de la doctrina cristiana. Por lo tanto, tiene el mismo sentido enfurruñarse porque haya ángeles convertidos en rocas que por la exclusión de Tom Bombadil de la trilogía cinematográfica de El señor de los anillos (incluso tiene más sentido esto último...). Y quién esto escribe es creyente en lo referente a un ente superior, llamémoslo Dios o simplemente fe, pero las sagradas escrituras están repletas de serpientes parlanchinas, mares abiertos o palomas venerables. Es decir, figuras. La exageración es un modo de realzar el relato y, puesto que todo es muy interpretable, no veo lugar para una discusión sobre la exactitud de la película de Aronofsky respecto a literatura.

De hecho, entiendo más las controversias originadas con La última tentación de Cristo de Scorsese o La pasión de Cristo de Mel Gibson. La pasión de Cristo, curiosamente, sigue a rajatabla los pasajes de la Biblia en los que se basa, decidiéndose por mostrar la violencia relatada en todo su esplendor, sin cortapisas, sin apartar la mirada. Obviamente, una versión tan violenta (y excelente, por otra parte), aunque fuera supuestamente respetuosa con el material original, no está bien vista en una sociedad mojigata como la nuestra donde la censura y las restricciones a los videojuegos, el cine o el arte en general son más duras que las sufridas por los verdaderos delincuentes en la vida real. La última tentación de Cristo es directamente una maravillosa salvajada que trasciende cualquier análisis religioso, donde los límites solo los marcan la imaginación y el excepcional talento narrativo de Scorsese y Schrader. Pero, como digo, son casos más radicales de adaptaciones bíblicas. En realidad, lo que más me llama la atención de este ambicioso proyecto es la producción a lo Jerry Bruckheimer que parece estar inspirado en las historias bíblicas de los Simpsons (particularmente en el fragmento de Bart sobre David y Goliat). Por unos instantes, Aronofsky abandona el tratamiento del hombre y transforma al personaje en un héroe de acción made in Hollywood, sin escatimar en una grandiosidad y espectacularidad que se agradece por momentos, pero que resulta excesivamente pomposa en otros debido a una carga épica momentáneamente innecesaria. Ya conocemos los delirios de Aronofsky, un director que elige el exceso antes que la contención. Y, aunque eso le penaliza en ocasiones, también es justo decir que sus transiciones entre escenas son de una gran belleza, dando fe de un soberbio uso de colores extremos y vivos que dotan de una extrañeza visual (para este tipo de producciones) a localizaciones, escenarios e incluso objetos inanimados. Es el toque autoral y personal del director de El cisne negro el que aflora en un montaje de unos tres minutos sobre la creación de la vida en el planeta, dando pie a una verdadera obra de arte que funciona asimismo como sobresaliente cortometraje, apoyada en una majestuosa pieza musical de Clint Mansell. Aunque también es de justicia reconocerle a Russell Crowe su sólida interpretación de Noé, captando sin aparente esfuerzo su debilidad, su grandeza, su caída a los infiernos de la locura y, como no, su humanidad.

Sigo en spoiler sin ser spoiler
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Jlamotta
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user-icon R'as Al Ghul   Madrid (España)
Floja
7 de Abril de 2014
43 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rocambolesca pseudo-adaptación del pasaje bíblico aliñada con un indigesto popurrí cultural. Darren Aronofsky anda a caballo entre revisionismo y conformismo. El resultado es algo que no me esperaba de él: un peligrosamente desorientado manoseo de un tema muy sensible. Hay momentos en los que la trama parece insinuar más cercanía a la interpretación talmúdica del Génesis (el cineasta es judío), mientras que otros lo hacen con los manuscritos apócrifos. El resultado es infinitamente menos interesante de lo que suena: una mezcolanza confusa y explosiva. La película parece a ratos un intento de conciliar ciencia y filosofía con religión (¿o era al revés?), si bien, el realizador no duda por otra parte en incurrir sin tapujos en lo puramente fantástico. Un punto a parte lo constituyen las delirantes licencias y anacronismos, que bien podrían haber sido sacados de algún pasaje de Dan Brown. Sonrojantes gazapos producidos precisamente por el fallido intento de explicar los de las Escrituras navegan a través de un guión absurdo y errático. Hacia la segunda mitad, esta versión de la hazaña del patriarca parece más bien un pretexto del director para elaborar una reflexión personal en torno a sus propias inquietudes antropológicas, algo que sería muy legítimo si ése hubiera sido el planteamiento desde el principio, pero no es así. Da la sensación de que no se ha sabido conciliar lo grandilocuente con lo intimista, lo clásico con lo sombrío, lo divagante con lo hipotético, lo dogmático con lo gnóstico, lo humano con lo fabulesco, lo dramático con lo alegórico. El ensayo moral enturbia el retrato legendario a la vez que la estructura mítica limita los recursos expresivos. No funciona como la concepción cruda y descarnada del relato que aspira a ser, ni tampoco como sincretización con el canon de una disertación autoral original. No es ni esto ni aquello, ni lo uno ni lo otro, ni lo suficientemente grandiosa, ni lo suficientemente detallista. En definitiva, no es ni chicha ni limoná. Es simplemente, y nunca mejor dicho, un truño pasado por agua.
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R'as Al Ghul
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user-icon Caith_Sith   Gijón (España)
Interesante
10 de Abril de 2014
16 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de Darren Aronofsky nunca ha sido fácil. Ya desde su primera película, "Pi, fe en el caos" (1998) dejaba claro que no iba a tomar el camino sencillo, aunque esto no impidió que la dura "Requiem por un sueño" (2000) le pusiera en el mapa de forma global, un film sobre el abuso de las drogas que no dejaba indiferente ni se cortaba para mostrar las consecuencia de éstas en la vida de varios personajes. El salto sin red llegó con la (en mi cabeza) extraordinaria "La fuente de la vida" (2006), una de esas cintas que dividen opiniones de forma radical, y continuó su senda con dos trabajos aclamados por público y crítica, e incluso ganadores de premios, como son las notables "El luchador" (2008) y "Cisne negro" (2010). "Noé" ha tardado algo más de tiempo en llegar, estando de hecho en preparación desde después del lanzamiento de "Pi", siendo un proyecto que Aronofsky quiso sacar adelante numerosas veces, algo que consiguió -en parte- en forma de cómic y, ahora, como película. Un film que (de nuevo) vuelve a terrenos pantanosos, que no espera contentar a nadie y que se limita a ser su visión del relato bíblico. Ante todo, Darren es un autor, y lo es (casi) hasta las últimas consecuencias.

"Noé" no es sin embargo la película que alguien esperaría encontrar teniendo en cuenta exclusivamente su temática. Ni siquiera, partiendo de un realizador como Aronofsky. A medio camino entre el blockbuster épico, con batallas multitudinarias, violencia salvaje y criaturas de fantasía como gólems de piedra; y el cine de autor (con un retrato de personajes por encima de la media, aunque eso no signifique que sea tampoco muy complejo), es paradigmático que sea justamente esa mezcla, apenas funcional, la que haga que la película sea como poco interesante. Fallida en parte, pero también con instantes valiosos, momentos en los que se puede ver quién está detrás (ese tramo que aborda la psique humana, fruto de la obsesión, la fé ciega) de sus imágenes. No todo son efectos digitale de ILM; hay algo debajo. Le cuesta salir y lo hace a ritmo de Clint Mansell, que vuelve a aliarse con el realizador para componer una banda sonora bastante sólida en la que las imágenes se apoyan sin ningún tipo de reserva.

Los temas que se abordan son los razonables partiendo del relato en que se basa, no hace falta describirlos. No obstante, en esa diferencia de estilos reside algo curioso: si la primera hora de la película (aproximadamente), en la que se concentra todo lo previo al gran diluvio, la segunda mitad es considerablemente intimista. Los personajes están presentados, así como los conflictos que existen entre ellos. Lamentablemente en algunos casos Darren -y su coguionista Ari Handel- pecan de ser demasiado esquemáticos, introduciendo elementos que rompen la lógica interna del propio film, como todo lo que ocurre con el hijo mediano de Noé (un poco a loa Anakin Skywalker). La representación de ciertos momentos también roza el absurdo(1), algo que detallaré en spoiler para no destrozar el visionado de la película a nadie que esté pendiente de verla, pero que tienen más que ver con la forma en que se filman que con el contenido de por sí.

Crowe, Connelly y compañía no hacen un mal trabajo levantando a estos personajes, y decir lo contrario es negar la evidencia. Suya es la labor más complicada y es hacernos creer, al menos en parte, que lo que sucede en pantalla tiene algún tipo de validez. Lo consiguen cuando el guión se lo permite, pero también es cierto que ninguno de los personajes es tan sólido como otros que han construído con anterioridad estos mismos creadores. Así que al final, en Noé quedan buenas ideas mezcladas con otras que no lo son tanto, una película amorfa, casi fallida, pero que merece la pena ver porque en el fondo es el film 'cristiano' menos convencional desde "La última tentación de Cristo" (Martin Scorsese, 1988), sin ir demasiado lejos. Su mayor problema es que no es todo lo salvaje que podría, pero tampoco está domesticada en exceso. Se queda en tierra de nadie y su final, sea o no fiel a la historia bíblica, creo que podría ser bastante mejor(2). De nuevo, lo aclaro en spoiler. ¿Merece la pena "Noé"? Sí. Aún siendo la peor película de su director, hay arrojo y valentía en un film suicida que, camuflado como cine de autor, abraza directamente la épica del 'nuevo cine épico' que recuperó, en cierto modo, Peter Jackson con su "El señor de los anillos". Y tiene algunas partes magníficas (la historia de la Creación) que merecen verse en pantalla grande.
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Caith_Sith
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user-icon Maggie Smee   Shangri-la. Andalucía (España)
Floja
5 de Abril de 2014
20 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Qué lástima. Pensé que Aronofsky, cuya carrera es bastante sólida, podía en esta ocasión no solamente mantener a flote el mismísimo Arca de Noé, sino también combinar sus constantes metafísicas con el presupuesto de lujo. Y una vez más no ha sido así, como ya ha ocurrido en otras ocasiones en la historia del cine de Hollywood. Se ve que la maquinaria absorbe al creador (el director, conviene aclararlo ya que tocamos tema bíblico) dando como resultado un despropósito con ingredientes variados: batallitas mamporreras emulando el estilo y casi estética de “Conan” en cualquiera de sus derivaciones, gigantes de piedra a lo Transformers, toque religioso, aunque de lo más alejado del cine más logrado para rozar un tono casi pelum-telefílmico y ciertas licencias que las reservamos por si alguien, aún a pesar de la advertencia decide verla, pero que no benefician en absoluto a la película, y que en su último tercio sobre todo renquea a más no poder y se torna farragosa. No sé si el haber rodado “Noé” a lo De Mille hubiera sido más entretenido o más vistoso, pero a pesar de contar “Noé” con un presupuesto bestial no luce, aunque visualmente pueda ser “bonita” en ningún momento es rotunda, ni solemne ni visceral. Tiene exceso de trucos digitales y por ejemplo, destaco el tramposo diseño artístico del interior del arca que es confuso, no se sabe bien como es por dentro, ya que parece que es más grande que el Poseidón cuando a los guionistas les conviene. Creo que siento preferencia por el Noé que encarnó Huston en la versión que él dirigió titulada “La Biblia: en su principio” y de la que por ejemplo, tenía una de las más logradas bandas sonoras que se han hecho para el cine comercial- religioso, muy arriesgada, y que corría a cargo de Toshiro Mayuzumi. Aquí Clint Mansell hace una miscelánea musical que, como en las escenas de batallas, nos llega a recordar los compases que se utilizaban en los westerns más clásicos cuando atacaban los apaches. Y de colofón, una hermosa canción que cierra los créditos finales cantada por Patti Smith, aunque no pega ni cola. En su guión se apuntan intenciones todas ellas curiosas pero que se van desvaneciendo o no son aprovechadas, perdiéndose en vaguedades. Los actores, aunque discutible la elección de muchos de ellos, se ve algunos ponen intención en ciertos momentos, pero aún así no es suficiente. Ocasión perdida para el cine religioso- espectacular que es un género muy denostado, pero que creo que hoy día es imposible producir, ya que sería conveniente despojarlo de tanto efectito por ordenador, no digo rodarlo en Cinemascope, Todd- Ao o utilizando los 70 milímetros, pero sí que requiere un despliegue artístico y sobre todo técnico de “vieja escuela” que no se puede pagar y en el peor de los casos donde ya no quedan casi profesionales que lo pudieran desempeñar. Por cierto, como detalle de la represión actual que hay en el cine norteamericano, la versión de Huston, del año 1966, retrataba con elegancia los desnudos de Adán y Eva, y aquí se opta en una breve secuencia por poner a Adán y Eva fluorescentes, como si de dos extraterrestres se tratase. Salieron a imagen y semejanza del creador, pero será que ¡hemos cambiado tanto!
Maggie Smee
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user-icon Francisco Javier Millan   Zaragoza (España)
Regular
7 de Abril de 2014
19 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que la Biblia es uno de los textos más enigmáticos escritos por el ser humano, y aunque mi lado lógico me hace pensar que todo lo que se cuenta en ella es mentira o es un simple cuento, soy de los que piensan que encierra pasajes basados en sucesos reales pero magnificados hasta el extremo.
Dentro de este contexto el director Darren Aronfsky, considerado por algunos (no por mí) un visionario, se acerca a las sagradas escrituras y más concretamente al Antiguo Testamento. Un tiempo oscuro de la humanidad repleto de cataclismos y situaciones sangrientas, con un Dios mucho más cruel que benévolo.
El problema de Aronofsky es la coctelera a la que ha sometido a la historia, aunque parte de la culpa de ello puede estar en los sucesivos montajes creados por la productora con el fin de contentar a todas las partes.
En la película podemos encontrar, elementos del creacionismo más rancio (Adán y Eva, la manzana, la serpiente, …) mezclados con la teoría de Darwin (que parece filmada por Terrence Malick), pasando por seres de piedra (“los ángeles caídos”) más propios de “El señor de los anillos” y sus secuelas, y escenas oníricas del jardín del Edén, con criaturas luminosas que parecen ser … extraterrestres. Sí, sí, lo habéis leído bien.
Un pastiche descomunal que encuentra el tono en muy pocos momentos y cuyo ritmo es en muchas ocasiones tedioso, como ya ocurría en aquella insoportable película titulada “Cisne negro”.
Y todo además en un intento de crear un contexto histórico totalmente anacrónico y a la vez realista, pero lleno de incoherencias, donde lo de menos es la historieta de los animales y el diluvio, con el fin de dejarnos atrapar en un discurso más propio de la Nueva Era, vestido de película épica postmoderna.
Además aquellos que se atrevan a verla descubrirán como de manera habilidosa se ha escondido de los trailers cualquier atisbo de personajes fantásticos, lo que revela una confianza dudosa para con el producto por parte de sus responsables.
Los espectadores se harán un sinfín de preguntas cuando la vean: ¿de qué se alimentan los protagonistas, del aire?; ¿qué se supone que es aquel incienso que hace dormir a los animales durante 40 días y 40 noches?; ¿cómo los alimentan, por vía intravenosa?; ¿cómo es posible que el villano se esconda en plan polizón sin ser descubierto?; ¿cómo van a repoblar el planeta o es que al final los hijos se acostaran con sus propias hermanas o madres?; ¿por qué Anthony Hopkins parece el abuelo cebolleta?
Aún así me quedo con su enigmática banda sonora y su ambientación, quizás de lo más logrado del conjunto.
En definitiva un producto completamente desenfocado.
Francisco Javier Millan
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