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| 16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
30 de Marzo de 2008 |
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Film nº 22 de Hitchcock, penúltimo de su etapa inglesa. El guión de Sidney Gilliat y Frank Launder adapta la novela "The Wheel Spins" (1936), de Ethel Lina White. Se rueda en exteriores de Hampshire y en los platós de Gaumont Studios y Studios Lime (RU). Gana un premio de la neoyorquina NYFCC (director). Producido por Edward Black, se estrena el 1-XI-1938 (EEUU).
La acción tiene lugar en Brandika, país centroeuropeo imaginario, y en Londres, a lo largo de unos días de la primavera de 1938. Iris Matilda Henderson (Lockwood) es una muchacha de clase alta que regresa a Londres para casarse. El tren en el que viaja, el rápido Transcontinental Internacional, sufre una avería a causa de una avalancha de nieve. Pasa la noche, junto con los otros pasajeros del tren, en un hotel de la montaña, donde conoce a una anciana encantadora, Miss Fray (May Witty), y a un músico modesto, Gilbert Redman (Redgrave).
El film suma misterio, intriga y comedia, a la que añade elementos de drama, acción y aventuras. Se considera que es uno de los trabajos mejor logrados de la etapa inglesa del realizador. Mantiene a lo largo del relato un nivel alto de suspense. Como es contumbre en Hitchcock, un hecho insólito desestabiliza la vida de los actores. A partir de éste, los protagonistas se movilizan para afrontar un problema, ante la indiferencia e inhibición general. El realizador se sirve de sorpresas, situaciones inesperadas, confusiones y mascaradas, para mantener vivo el interés del espectador. Añade elementos visuales que refuerzan la tensión psicológica (imágenes vertiginosas, maceta que cae el vacío...). Extrae humor de la caricaturización de diferentes nacionalidades, identificando a los ingleses con la obsesión por el críquet, a los franceses con la pasión por el amor, etc. Se sirve de otros recursos humorísticos, como la apariencia de babel lingüística que adquiere el hotel a causa de la acumulación de clientes. El disfraz de monja enlaza suspense y humor. El sentido del misterio se refuerza con la presencia de la duda y la incertidumbre. Se hace uso del silencio como factor potenciador del suspense. La presencia del tren responde a una de las constantes del realizador, que en esta ocasión da cabida a gran parte de la acción.
Es interesante seguir la evolución psicológica que experimenta Iris a lo largo del relato: pasa de la indiferencia propia de una chica rica, que lo tiene todo, a comportarse como una muchacha responsable y preocupada por los hechos que la rodean. Contiene sutiles referencias críticas al nazismo.
La música, de Louis Levy ("Sabotaje", 1936), ofrece un magnífico preludio, alegres composiciones populares alpinas y melodías de acordeón, piano, viento y orquesta. La fotografía, de Jack Cox ("El número 17", 1932), presenta negros sólidos y firmes, blancos intensos, perspectivas amplias y profundas, planos de cámara subjetiva (mareo de Iris) y una excelente gestión del espacio escénico (tren). Película deliciosa y fascinante.
Miquel 
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| 13 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El director más infantil del cine ataca de nuevo. Mientras Walt Disney me hace reír el inglés me hace llorar de pena. El falsificador más famoso del cine empezó a hacer de las suyas desde muy temprana edad. Y mudo deberían ser sus películas. Deberían sacar teles especiales para su cine con un precio más barato que las Samsung. De la intriga decir que en los asilos están de enhorabuena; ya que dicen las personas de más edad que nunca antes un director las había sacado tan aseadas. El cine de Hitchcock debería ser de uso obligatorio en las guarderías. Los niños se lo agradecerían. El dicho "más infantil que el mecanismo de un chupete" le viene al poco pelo del inglés. Alarma en el expreso es sencillamente bochornosa.
RONNIE JAMES DIO 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Messer E Vork
Rotglá y Corbera (España)
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Su valoración:  |
5 de Septiembre de 2011 |
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Hitchcock se inventa el nevado país de Brandiquia para ambientar una de las últimas películas inglesas antes de cruzar el charco aHollywood. Desde luego, no hay que extrañarse de su marcha porque el orondo cineasta apuntaba maneras. Con un reparto muy solvente, encabezado por la guapa Margaret Lockwood y Michael Redgrave (ambos muy acertados en sus respectivos roles), nos muestra un conjunto de personajes de los que hasta se puede extraer alguna que otra lección (spoiler1).
La cinta comienza con una introducción de 25 minutos donde prima un tono cómico, aunque hay algunos ganchos de misterio para ir abriendo boca. Esta introducción es, en mi opinión, un poco excesiva y podría haberse reducido (por ej, quitando la escena en la que los dos ingleses coinciden en el cuarto con la criada, que no aporta demasiado y que, como chiste, tampoco es la panacea), aunque por lo demás está bastante bien. En el momento en que el tren se pone en marcha, empieza ya el misterio (aunque los toques cómicos seguirán siendo abundantes) y la mejor parte del film, cuando la pobre chica intenta encontrar a la señorita Froy, sin recibir más que negativas que cuestionan su cordura, con el único apoyo de su odiado y extrovertido ex-compañero de hotel (romance típico pero que no desentona). Una vez se descubren los interrogantes, la cinta empieza un ligero bajón, donde presenta una serie de fallos y faltas de acierto que detallaré en spoiler2, pero que no logran que esta deje de ser una obra muy interesante y que merece la pena verse, ya sea para pasar un buen rato o para ver los comienzos de Hitchcock.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: S.1:
Es curioso que la prota sea la única que busca a la señorita Froy por humanidad, pese a que no la conoce de nada. El aventurero la ayuda, al inicio, más por galantería que por convencimiento en la existencia de Froy. Y el resto de los que no están en el ajo, a pesar de saber que ella existe, lo niegan. Y es que el ser humano es así, cuando ve que un problema que ni le va ni le viene puede fastidiarle si se mete, en la mayoría de los casos optará por no meterse y salvar sus intereses, ya sean capitales (ocultar un perjudicial adulterio) o insultantemente triviales (no perderse el cricket).
S.2:
Los protas saben que hay una conspiración en la que están altas esferas (una de las implicadas es una aristócrata de postín y está casada con un ministro). Deducen que el misterioso paciente vendado es Froy (porque la monja que está a su lado haciendo de enfermera no es tal, pues ninguna monja lleva zapatos de tacón alto). Parecen listos, pero no lo son, ya que acuden al doctor para que les ayude. Hijos míos, si la "enfermera" está en el ajo... ¿por qué no va a estarlo el médico?
La "monja". No me termina de convencer. Se supone que cuando se entera de que la persona a la que está vigilando es inglesa como ella y va a ser asesinada, traiciona a los que le pagan. Lo de que se entere de que va a ser un asesinato no cuela. Ella se ha metido lo suficiente en el tema como para saber que está participando en un secuestro. Podía haberse imaginado lo peor sin necesidad de que se lo confirmaran. Pero, sin embargo, se rebela cuando se entera de que Froy es inglesa, de hecho eso es lo primero que la contraría, con lo cual sus motivaciones parecen ser patrióticas y no humanitarias. ¿Hubiera hecho lo mismo si Froy hubiera sido búlgara?
Los villanos de rango, el doctor y la baronesa, tienen demasiados escrúpulos a la hora de mancharse las manos de sangre. El médico, que recordemos pretende asesinar a la señorita Froy en medio de una operación, en lugar de envenenar a los protagonistas lo que quiere es adormecerlos. Y, cuando ambos descubren que la monja les ha traicionado, en lugar de matarla la atan y amordazan, bajándose del tren a fin de que sean los soldados quienes hagan la escabechina. Y ¿por qué se bajan del tren? ¿No habría sido más sencillo quedarse armados y encañonar a los pasajeros ingleses, a fin de evitar que haya resistencia cuando sus soldados se acerquen? Aunque, claro, a ellos no les gusta mancharse las manos.
El tiroteo, que de pequeño era mi escena favorita, resulta tremendamente pobre visto a ojos de un adulto del siglo XXI. Puede que en los años 30 fuese un momento tenso y apasionante, pero lo cierto es que ha envejecido muy mal en comparación con el resto del desarrollo del film
Convertir al abogado adúltero y cobarde en un estúpido pacifista que aboga por rendirse y es asesinado en el intento me parece fuera de lugar.
Messer E Vork 
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| 6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Karlos
Galiza (España)
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Su valoración:  |
28 de Noviembre de 2007 |
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Esta es una película preciosa de la etapa británica del maestro Hitchcock. Está llena de intriga y humor, y radia vitalidad.
Tiene una primera parte introductoria donde se nos lleva hasta Bandrika, un país europeo imaginario donde se encuentran los pasajeros de un tren que regresa a Inglaterra cuyas vías se han obstruido a causa de una avalancha. Este escenario sirve a Hitchcock para hacer todo un repaso sarcástico de algunas costumbres francesas, alemanas y sobre todo británicas: el cricket, la frivolidad, el gusto por el flirteo...
La segunda parte está ambientada en un tren, donde se desarrolla la trama de misterio, igualmente salpicada de un finísimo y elegante humor inglés, que es lo que hace que esta película apenas haya envejecido frente a otras de su misma época y autor, y de hecho se ve con sumo gusto aún hoy en día. Tiene su mérito el hacernos ver un auténtico viaje en tren cuando en el estudio Hitchcock sólo disponía de un único vagón viejo y oxidado, y unos pósters que utilizó como fondo móvil para simular el movimiento.
Los personajes secundarios, empeñados en negar la existencia de Mrs Froy por diversos motivos, enriquecen enormemente el valor del filme: los dos aficionados al cricket, la pareja adúltera y el doctor Hartz.
En fin, magnífica e inolvidable. El que la vea, repetirá seguro.
Karlos 
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Alejandro
Cádiz (España)
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Su valoración:  |
25 de Abril de 2010 |
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Alarma en el expreso es una de las últimas películas de la etapa británica del maestro Alfred Hitchcock. Es una película que está muy bien, aunque sí es verdad que no alcanza la fuerza que luego tendría su cine americano. Pero aún así, es una gran película donde se ve la mano del maestro en muchos detalles. Los actores están geniales, las dos protagonistas femeninas, la chica y la vieja están muy bien en sus papeles. Hitchcock convierte una situación cotidiana como es el viaje en un tren, en una experiencia extraordinaria para los personajes donde puede ocurrir cualquier cosa. Es una cinta disparatada como lo iba a ser también Con la muerte en los talones, donde la verosimilitud queda en entredicho y es eso lo que nos mantiene pegados a la pantalla durante toda la película. Hitchcock, como siempre, atrapa al espectador en una intriga in crescendo que no te suelta hasta el final. Es una película en la que no falta tampoco ese humor que Hitchcock imprimía a sus películas. En definitiva, una de las grandes películas de la etapa británica que es digna de ver para cualquier amante del cine de Hitchcock.
Alejandro 
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