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Críticas de "Las amistades peligrosas"
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| 21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
10 de Febrero de 2007 |
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La mejor de todas las adaptaciones por una simple razón: contiene dos de las mejores interpretaciones de la historia del cine. Me refiero a las de Glenn Close y John Malkovich, claro, porque la Pfeiffer "sólo" lo hace de puta madre y a la Thurman le falló su físico, que no su talento (era casi tan alta como el propio Malkovich y su cuerpo ya estaba muy desarrollado como para pasar eficazmente por niña indefensa; y, aunque la prefiero infinitamente a Drew Barrymore, que llegó lejos en el casting de esta película para el papel de Cécile, en este sentido me pereció más adecuada la Fairuza Balk de Valmont).
Por otro lado está un guión magnífico ganador del Oscar que el dramaturgo Christopher Hampton se empeñó en escribir tras haber adaptado con éxito la novela al teatro.
Este Valmont es el más cínico, mendaz y temible de todos los vistos hasta el momento en imágenes. Es al que menos le tiembla el pulso a la hora de destruir su verdadero amor –porque es el más incapaz de reconocerlo– y el que mejor oculta sus mentiras –porque es el único que le dice "no puedo evitarlo" a Madame Tourvel en persona sin más gesto de compasión hacia ella que apartar su, en el fondo, arrepentida mirada–. Algo muy similar se puede aplicar a la Marquesa de Merteuil, de doble cara: la recatada, que muestra en público, y la perversa, que descubre en privado; y todo lo contrario a la Señora de Tourvel de Pfeiffer, que es la más cándida y angelical de todas, la que más sufre y a la que más me costaría a mí engañar.
Stephen Frears lo vio claro –vaya que si lo vio– y sus constantes primeros planos, que en manos de otro director más incompetente habrían cargado demasiado al espectador, consiguieron ponerme más tenso que el copiloto de Steve Wonder. Es lo que tiene contar con esos actores, que te puedes permitir no sólo quebrantar las reglas del cine, sino cambiarlas en beneficio propio.
En definitiva, una de las mejores exploraciones jamás hechas en el cine (y en la literatura) sobre la seducción, la manipulación, la debilidad, la venganza y, por ende, sobre la mezquina naturaleza humana.
jastarloa
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| 11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LaT3x
Madrid (Antigua y Barbuda)
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Su valoración:  |
19 de Octubre de 2006 |
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El poder de las palabras cobra su máximo esplendor en esta película en la que el guión está cuidado de forma milimétrica.
Evidenciando algunos escalafones sociales, la película se centra en otro tipo de escala: la (a)moral, en la que Glen Close y John Malkovich ocupan los lugares más privilegiados y nos brindan actuaciones memorables, cargadas de personalidad.
Los falsos juegos de seducción elaborados con gran maestría gracias a la casi total ausencia de moralidad, nos muestran lo maleable que son las personas y lo fácil que es obtener de ellas lo que se desea. En estos juegos nos encontramos ante diálogos lapidarios que merecen ser escuchados cientos de veces y transmitidos de boca en boca.
Las interpretaciones cargadas de erotismo y sensualidad que embriagan al espectador con un exquisito aroma de falsedad y ética clásica a partes iguales, hacen desear a todas y cada una de las bellezas que aparecen por la pantalla, sin importar su edad.
Las piezas musicales no se quedan atrás en toda esta puesta en escena, con una música de época en la que Xerxes del maestro Haendel pone la guinda a un pastel delicioso al que le falta muy poco para alcanzar un 8... (quizás si lo vuelvo a degustar dentro de un tiempo, paladee nuevas texturas y sabores que hagan asentar a ese 8 en una cama del siglo XVIII).
No puedo evitarlo, os la recomiendo... no puedo evitarlo.
LaT3x
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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MacPerchin
Madrid (España)
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Su valoración:  |
22 de Octubre de 2005 |
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Puede ser una película de época, puede estar ambientada en palacios, pero la temática sigue siendo algo tan cotidiano como los arriesgados juegos sentimentales, la manipulación de aquellos que creiamos inferiores... Que muchos y muchas hemos practicado sin remordimientos acerca de a quién perjudiquen y cómo.
Pijos egoistas que obtienen el castigo justo a su crueldad, triunfadores vencidos, justicia divina, y las victimas, que como siempre son los de alma más pura.
Interpretaciones que sólo unos pocos directores pueden conseguir de unos pocos actores que exclusivamente ellos pueden lograr.
Narrativamente es perfecta y el guión mordaz hasta decir basta, todo un ejercicio de lucidez e iluminación.
Es de las pocas películas que se pueden ver cientos de veces sin llegar a cansar, con permiso de los Goonies.
Mención especial al esculptórico busto de Uma Thurman... Ay mamá.
MacPerchin
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Obra maestra de Stephen Frears que tiene como marco histórico la Francia del siglo XVIII y como contexto social su aristocracia decadente. El filme nos muestra con singular sadismo la guerra de los sexos, un intenso juego de seducción en el cual pierde el que se enamora y como las emociones y los sentimientos son los que al fin de cuentas manejan nuestros actos y ante los cuales la razón tiene la última palabra, además de mostrarnos el fuerte apego a los valores morales y la falsedad en esa época. El triangulo protagónico es insuperable y magistral. Glen Close manejando el maquiavelismo con maestría, John Malkovich la perversión y la seducción y Michelle Pfeiffer la virtud a punto de ser doblegada. Son de esas actuaciones que me dan ganas de aplaudir. Todos manejando un dominio escénico y versatilidad sublimes, aunque claro, ayudados por la brillante dirección de Frears. Sus movimientos, gesticulaciones, miradas, simplemente deslumbrantes. Cabe destacar también el trabajo de unos jovencísimos Keanu Reeves y Uma Thurman. El guión, profundo e inteligente, es indudablemente una de las mejores adaptaciones de la historia. Hay diálogos que me sorprenden, sobre todo los de la Marquesa de Merteuil y sus teorías filosóficas. El vestuario es uno de los más admirables y exquisitos, deleite constante, al igual que la decoración y la banda sonora.
“Entonces, en ese instante en que cruce la galería, sentí intensamente cuanto la quería y lo que acababa de hacer. Aspiración de lujo, matrimonio encumbrado, todo me resalto como una llaga en mi propia alma. Y yo que me ofrecía en subasta a las mundanas feas con fortuna, que me ponía en venta, acababa de cometer el acto más ultrajante con la mujer que nos ha querido demasiado… Flaqueza en el monte de los olivos, o momento vil en un hombre que no lo es, llevan el mismo fin; ansia de sacrificio, de reconquista mas alta del propio valer. Y luego, la inmensa sed de ternura, de borrar beso tras beso las lagrimas de la mujer adorada, cuya primera sonrisa tras la herida que le hemos causado es la mas bella luz que pueda inundar un corazón de hombre”
Horacio Quiroga,
”La muerte de Isolda” (Cuentos de amor de locura y de muerte)
Demian de Megara
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ernesto
bilbao (España)
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Su valoración:  |
19 de Agosto de 2007 |
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Llevo muchos años considerando Las amistades peligrosas como una de las grandes películas de las últimas décadas. Y eso que solo la había visto una vez, cuando salio en vídeo, hace ya unos diecisiete años. La he vuelto a ver con miedo, pensando q a lo mejor era todo una ilusión que había ido creciendo en mi memoria. Pero no, las sensaciones han vuelto a ser las mismas. Da igual que la viera a los 17, o ahora con 34, la película de Stephen Frears sigue siendo prodigiosa.
Las amistades peligrosas es una película en la que todo funciona con la perfección de un mecanismo de relojería suiza. No tiene puntos débiles.
El punto de partida, sobre el que se sustenta el esqueleto de cualquier película, es una obra ya clásica, de una precisión implacable y atemporal, es tan actual ahora como hace doscientos años. La esencia de la obra está captada en todo su esplendor por el guión de Christopher Hampton. Los diálogos son como bales que se disparan unos a otros, las situaciones son maliciosamente divertidas, aunque en el fondo esconden una carga de crueldad que da miedo.
Stephen Frears se pone al servicio de este guión, no con la idea de lucirse como director, sino con la clara intención de que lo que luzca en todo momento sea la perfección de una obra que no necesita adornos para brillar. La presencia de un director que no se hace notar es algo que ayuda a disfrutar de una historia que se sobra ella misma para entusiasmar al espectador. Ese rasgo de humildad cinematográfica caracteriza toda la carrera del director, donde abundan las buenas películas.
Para el final dejo lo que para mi es una de las cumbres interpretativas del cine de los últimos treinta años, el magistral reparto. Una de esas ocasiones en que disfrutar del trabajo de los actores provoca una gran variedad de sensaciones. Glenn Close ha sido, y sigue siendo, una de las grandes y aquí está absolutamente impresionante como la viperina y manipuladora Marquesa de Merteuil. Con esta película debió haber ganado el Oscar que todavía no tiene. Lo de John Malkovich me da mas pena. En esta película está brillante, seductor, atractivo, despreciable, y no se cuantas cosas más. Lo malo es que después nunca más ha vuelto a hacer nada parecido. La tercera en discordia es una de mis debilidades Michelle Pfeiffer. Aquí esta vulnerable, confusa, deprendiendo sensualidad dentro de su recatado envoltorio. Sus encuentros con John Malkovich la llevan más allá del elogio. Junto a ellos un reducido grupo de excelentes interpretes donde destaca la belleza y juventud de una desbordante Uma Thurman.
El vestuario, la decoración, la fotografía y sobre todo una partitura perfecta de George Fenton redondean una película a la que me resulta imposible poner ni una sola pega.
Y para el recuerdo unos quince últimos minutos más magistrales si cabe, repletos de emoción y con un plano final de Glenn Close que vale su peso en oro.
ernesto
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