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| 109 de 123 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
22 de Septiembre de 2007 |
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1) Cine y espacio
Señala José Manuel García Roig, en su libro ‘Mirada en off (Espacio y Tiempo en Cine y Arquitectura)’ la distinción que hace Manny Farber de los tres tipos básicos de espacio que encontramos en el cine, a saber:
- El campo de la pantalla
- El espacio psicológico del actor
- El área de experiencia y geografía que abarca la obra cinematográfica
Pues bien, a mi entender, ‘La conversación’ es uno de los más acabados y cumplidos ejemplos de buen uso del segundo tipo de espacio. No podemos evitar la sensación de que continuamente hay algo o alguien que vigila, dentro y fuera del encuadre.
Desde el zoom inicial hasta los planos de la casa desollada, sentimos en la piel la claustrofobia.
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2) Diálogos vs. Efectos de sonido
Todo sucede a través de los oídos de Harry Caul (Gene Hackman). Los sonidos nos ayudan a reconstruir la realidad subjetiva del personaje, cuyo punto de vista nunca se abandona, tanto si lo que vemos queda al alcance de sus ojos como si no. Ahí está el milagro de la cinta.
Mediado el metraje, “la película se vuelve muy parca en el uso de los diálogos. Creo que eso induce al espectador a escuchar los sonidos como si se tratara de palabras. Es decir, empieza a buscar significado en la banda sonora porque no hay palabras «en primer plano» que le distraigan. No hay gran diferencia entre los efectos de sonido de la primera mitad y los de la segunda. Lo que sí es diferente es la evaporación gradual del diálogo, que al final queda reducida a «la conversación» en sí y a los efectos de sonido.”
Esa manera magistral de concebir los aspectos sonoros de la historia, recuerda vagamente a lo mejor del dúo Lynch-Badalamenti.
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[No desvelo nada de la trama en el spoiler]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: 3) Harry Caul vs. HGW XX/7
El nombre del protagonista es fruto de una errata. En principio, Coppola quiso llamarlo Harry Caller (como homenaje al Harry Haller de ‘El lobo estepario’); después, se decidió por Harry Call pero su secretaría escribió «Caul» (membrana amniótica) en vez de «Call» (llamada). Este equívoco “proporcionó a Francis una metáfora visual para la película, la de un hombre que siempre lleva una gabardina traslúcida, prenda que recuerda a una membrana amniótica, y que se oculta tras una cortina de plástico o de una mampara de vidrio esmerilado cuando se ve amenazado o cuando algo malo va a ocurrir… Francis hace que Harry deletree su apellido en varias ocasiones para que nos quede claro.”
Al ver, hoy en día, ‘La conversación’, es difícil no pensar en la celebrada ópera prima de Florian Henckel-Donnersmarck, ‘La vida de los otros’. La diferencia entre ambas cintas radica en la profundidad con la que ambos directores abordan el tema del profesional de las escuchas y su posición moral frente al trabajo y frente a los sujetos sometidos a su vigilancia. Ambos parten de la neutralidad más absoluta, muy bien caracterizada por una puesta en escena aséptica e impersonal, auténtica prolongación de la psique del personaje-espía.
A mi juicio, Coppola, merced al enorme talento de Walter Murch como montador de sonido, consigue penetrar mucho más hondo. Henckel-Donnersmarck apenas profundiza. La visión que ofrece del escuchador es digna y epidérmica: no vemos ni sentimos su interior.
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4) Noches sin luna
Aun a riesgo de quedar como un incorregible gafapasta, he de recomendar muy vivamente un libro excepcional: ‘El arte del montaje (una conversación entre Walter Murch y Michael Ondaatje)’. De él proceden los fragmentos que cito en el presente texto.
Ya veréis, es pura cinefilia.
“Uno se fija más en las estrellas en noches en que no hay luna. Cuando brilla la luna, lo único que se ve es la luna. El diálogo es la luna, y las estrellas son los efectos de sonido.”
Servadac 
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| 63 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
22 de Junio de 2005 |
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Una pequeña y personal obra de Coppola que tiene un punto de partida parecido al de Blow Up de Antonioni. Es del mismo año que el padrino II y el viejo Francis siempre dijo que se sentía más orgulloso de este thriller. Una cinta que sólo en los 70 podía hacerse, o al menos sólo en esa década era habitual (me viene a la mente ”La ofensa” de Lumet como un film con el que, de alguna manera, tiene puntos en común). Una película que comienza como una investigación pero que, poco a poco, va introduciéndonos en la torturada inestabilidad emocional de un Hackman colosal en la composición de este taciturno y solitario católico que arrastra el peso de la culpa. Lo que realmente importa al final es la obsesión del protagonista y no tanto el resultado de sus indagaciones como técnico de seguridad privada o el vuelco final.
Mientras la veía no podía dejar de sentirme admirado por la realización de Coppola. Vuelve a demostrar su clase como director y el estado de gracia en que estaba en los 70, casi ninguna secuencia está rodada para cumplir el expediente, en todas deja algo de su maestría. La puesta en escena es de una precisión apabullante. Sólo el larguísimo y lento picado de la presentación de la película ya merece la pena, aunque no se viera nada más. El tempo lento de Coppola y la contenida interpretación de Hackman encajan perfectamente en esta historia en la que no podemos olvidar la magnífica interpretación de los secundarios.
La sensación que queda al final es haber visto una película extraña, apasionante por momentos y claustrofóbica en otros, pero sobre todo completamente libre. Por ello digo que es muy de los 70, una década en que las películas (incluidas las comerciales) gozaban de una libertad que ahora sólo encontramos en el cine independiente y en autores que, pese a estar consagrados, siguen manteniendo su compromiso con el cine personal. Una película considerada menor entre los monumentales Padrinos y A. Now, pero que no decepcionará a los amantes del buen cine.
Bloomsday 
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| 37 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
19 de Enero de 2009 |
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Cuando se te agotan los adjetivos, la única palabra capaz de condensar y hacer justicia a lo que una peli te ha transmitido es CINE. En mayúsculas. Así de claro. Así de simple. Así de rotundo.
Sin embargo, consciente como soy de mis incuestionables limitaciones cinéfilas y literarias, me siento completamente incapaz de añadir nada a lo que ya han aportado dos monstruos como Servadac y Bloomsday en sendas críticas. Me conformo, pues, con que veáis “La conversación” y, a posteriori, leáis detenidamente lo que de ella han escrito mis colegas. Sólo así comprenderéis por qué siento devoción por Ford Coppola. Uno de los diez mejores directores de la historia del cine. No sólo la trilogía de “El Padrino” o la mayestática “Apocalypse Now” lo certifican. Joyas de menor renombre como “Rumble fish”, “Cotton club” o “La conversación” lo ratifican con creces.
Un último ruego. Meteos en la piel de Harry Caul. Escuchad esas grabaciones. Rebobinadlas cuantas veces sea necesario. Compartid con Harry su obsesión por el trabajo, su sentimiento de culpabilidad, su traumática infancia, sus pesadillas, su angustia, su tremenda soledad...
No os costará demasiado. Palabra. Francis y Gene os lo ponen a huevo.
Vaya dos.
Taylor 
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| 35 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
28 de Julio de 2008 |
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«Cuando veo a uno de esos pobres viejos, siempre pienso lo mismo: pienso que una vez fue un niño pequeño, que tendría un padre y una madre que le querrían mucho. Y ahora, mírale derrumbado en un banco callejero. ¿Dónde está ahora su padre, su madre, su familia?»
Este comentario es el centro, la enjundia, la esencia y lo crucial del presente filme. Se repite una y otra vez por medio de una voz muy dulce, dulcísima, de la protagonista femenina de la película. Con esa dulzura se va embadurnando melifluamente al espectador-oyente hasta embaucarlo, infantilizarlo, hipnotizarlo, dejarlo listo para arrojarle sobre el rostro, cuando menos se lo espera, la realidad sorprendente e imposible de imaginar. También el citado comentario es toda una descripción indirecta del personaje principal Harry Caul, interpretado por un magnífico Gene Hackman, un hombre cuya vida aparentemente es de éxito, de ser el mejor en su profesión concreta, pero que en el fondo resulta un clamoroso fracasado en el amor, en las relaciones sociales, un tipo sin familia, arrumbado triste y amargamente en un rincón de la vida, cuya inteligencia y existencia no está siendo vivida al servicio de la satisfacción, el bien o la felicidad sino al servicio del mal, los cabrones y la negativa infelicidad que ronda por doquier en este mundo. He aquí el quid de la cuestión, el quid de esta película.
Excelente trama, excelente ejecución de filme intrigante y anidador de enorme intriga. Por algo es considerada con toda lógica, "La conversación", como una de esas películas magistrales que ningún aficionado al cine debería perderse entre todas las produciones que pueda ver a lo largo de su vida.
Sorprendente es también el papel secundario y corto del entonces un desconocido Harrison Ford, haciendo de gran ejecutivo empresarial cuya imagen a exhibir es una mezcla de belleza y de misterio.
Fej Delvahe
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En definitiva, la tesis de esta película se revela en el mismísimo final donde queda de manifiesto como la dulzura puede ser muy contraproducente no sólo para la sangre (genera diabetes) sino a todos los niveles, la dulzura de algunas personas es un arma de camuflaje, una forma de embaucar, engañar y así darle luego la gran tarascada en la yugular a los cándidos ingenuos que se han ido quedado cautivos ante la mansedumbre, suavidad y tono melifluo expuestos como una red atrapadora. Por algo un sabio refrán español dice: «DE LAS AGUAS MANSAS ME LIBRE DIOS QUE DE LAS BRAVAS YA ME LIBRO YO»
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 28 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sersolo
Malealea (Lesotho)
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Su valoración:  |
10 de Octubre de 2007 |
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Francis Ford Coppola terminó "La conversación" en medio de sus dos obras maestras "El Padrino I y II" y se siente tan orgulloso de esta gran obra de suspense y espionaje como de la reconocidísima saga de la mafia.
"La conversación" comienza como un film de intriga. Harry Caul (Gene Hackman) y su equipo de escuchas graban la conversación de una pareja que da vueltas alrededor de un ajetreado parque. Poco a poco Caul se obsesiona con esta grabación y comienza a verse cómo es el personaje que interpreta Hackman. Una persona torturada y arrepentida de sus actos pasados, que intenta resolver un caso de conspiración para poder perdonarse a sí mismo por lo que hizo tiempo atrás.
Un ser humano culpable de sus actos, solitario, tímido y desconfiado que se siente más cómodo escuchando conversaciones ajenas que en una conversación propia con sus amigos. El film se convierte en el retrato de una persona perturbada. El final es simplemente estremecedor, una imagen perdurable en la memoria.
Sersolo 
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